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DIEZ TESIS SOBRE LA ELECTRÓNICA NO DEMOCRÁTICA. ORGANIZED NETWORKS REVISADO – Geert Lovink y Ned Rossiter

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La educación, sin duda, se encarga de cultivar las mentes y los cuerpos con el fin de proporcionar al capital la fuerza de trabajo que necesita. Las redes organizadas deben desempeñar un papel crucial a la hora de rechazar la tendencia a subyugar el trabajo y la vida a las exigencias de anestesia mental y agotamiento vital del capital postfordista. 

1. Bienvenidos a la política de la divergencia. Se observa una creciente paradoja entre la actual falta de modelos rígidos, la “tiranía de la ausencia de estructuras”, por un lado, y el deseo de organizarse a través de estructuras familiares como el sindicato, el partido y el movimiento, por el otro. Ambas opciones resultan problemáticas. A los activistas, sobre todo a aquellos de la generación del baby boom, no les gusta hacer conjeturas sobre las posibilidades de las redes porque éstas fluctúan demasiado; una preocupación alimentada quizá por la inestabilidad de sus fondos de pensiones. Las redes son bien conocidas por su falta fiabilidad y sostenibilidad. Y aunque pueden alcanzar unas dimensiones inauditas y tienen el potencial de practicar una política global en tiempo real y desde abajo, también se desintegran al mismo ritmo. Al igual que las iglesias protestantes y las sectas cristianas, los partidos políticos de izquierdas y las estructuras sindicales tradicionales pueden ofrecer a las personas una estructura muy necesaria en sus vidas. Es difícil encontrar argumentos que rebatan el valor curativo, terapéutico, que pueden tener dichas organizaciones en sociedades y barrios que se encuentran bajo una gran presión de desintegración. Lo que observamos es que bajo estas dos estrategias se hallan modelos divergentes. No es que compitan entre sí, pero tampoco es que se solapen necesariamente.

2. Ciñámonos a la síntesis. Piensa globalmente, actúa localmente. Parece algo obvio, y debería serlo. ¿Pero qué hacer en una situación de brechas, rupturas y tensiones crecientes? Resulta ingenuo pensar que los dirigentes de los viejos sindicatos vayan a renunciar a la posición que han alcanzado, del mismo modo que los partidos políticos tampoco pondrán en peligro sus compromisos institucionales por un grupo de modernillos amantes de lo digital. La cuestión, por tanto, radica en cómo estructurar coaliciones temporales sin dejar de ser conscientes de los intereses y las culturas divergentes. Estamos presenciando cómo se está produciendo este fenómeno de forma muy particular entre los bloggers activistas y, por ejemplo, los Hermanos Musulmanes en Egipto. En lugar de ‘gestionar’ esas tecnologías que perturban el curso acostumbrado, se debería estudiar la posibilidad de ponerse decididamente del lado de las nuevas generaciones y sumarse a la perturbación. Ya va siendo hora de que la política radical se ponga al volante y acabe con la respuesta compulsiva de apuntar a las ‘consecuencias perjudiciales’. Deshagámonos de pedagogías morales y conformemos el cambio social que concebimos.

 

3. La nueva técnica se llama escalabilidad aplicada. ¿Cómo resolver el misterio de la escalabilidad y de la transformación de las cuestiones que nos ocupan para lograr una proliferación crítica de la protesta con potencial revolucionario? Vista la tendencia de las redes a acabar convirtiéndose en guetos de autoafirmación (las multitudes están formadas por hombres), podemos decir que, en muchos sentidos, las redes aún deben entrar en la esfera de ‘lo político’. La construcción de coaliciones que preste atención al proceso del movimiento transescalar se concebirá de forma que cree una relación inmanente entre las redes y lo político. Además, facilitará en gran medida la comprensión teórica y analítica de las redes. La tensión precipita el deseo de manifestarse, de expresarse y de actuar. Y ya es hora de que las redes se pongan manos a la obra.

4. Creemos Indymedia 2.0. Acabemos de una vez con la neutralidad de Wikipedia. ¿Dónde están los sitios de generación de redes sociales para los activistas? El buque insignia virtual del ‘otro movimiento globalizador’, Indymedia, no ha cambiado desde sus comienzos, a fines de 1999. Es evidente que el sitio ha crecido y que ahora encontramos un gran número de ediciones en numerosos idiomas y una diversidad de nodos locales y nacionales que muy raramente vemos en la red. Sin embargo, la base conceptual sigue siendo exactamente la misma. Los problemas se identificaron hace ya tiempo: existe una confusión entre el modelo de agente de noticias alternativo, el nivel organizativo práctico de la comunidad y los debates estratégicos. Indymedia se suele utilizar demasiado como ‘una CNN alternativa’. Y no hay nada malo en ello, excepto por el hecho de que el carácter de la industria de las grandes empresas de noticias está cambiando.

5. La revolución será participativa o no será. Poco sucederá si no se aborda el deseo. You Tube y MySpace son dos sitios alimentados con no poco deseo y son considerados, con más o menos razón, como el apogeo de los medios participativos. Sin embargo, no puede decirse que sean hervideros de activismo mediático. Flipados del Linux, dejad la exosfera al servicio de los cárteles del software libre. La política de la abreviatura, del G8 a la OMC, ha fracasado, precisamente porque es difícil traducir complejos arreglos del capitalismo global a la desordenada cotidianeidad. En cambio, los movimientos de ONG, en sus mejores momentos (no entraremos ahora en una enumeración de fracasos), han demostrado la eficacia de las redes situadas. Aún así, el problema del movimiento transescalar no desaparece. Esto quedó claro con el modelo de gobernanza colectivo, formado por diversos actores, adoptado por organizaciones gubernamentales, empresariales y de la sociedad civil durante la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información de la ONU (2003-2005). Aquí vimos cómo unas cuantas organizaciones de la sociedad civil se hacían con un asiento en la mesa de negociaciones, aunque el hecho resultó ser poco más que un mero acto de economía gestual pasajera. Al mismo tiempo, a medida que los participantes de las organizaciones de la sociedad civil ascendían por la escalera de la legitimidad política/discursiva, la lógica de sus redes empezó a desvanecerse. Ésta es la problemática a la que nos referimos cuando hablamos de redes y organizaciones estructuradas sin estructura aparente. La obsesión con la democracia proporciona otro registro de esta condición técnico-social.

6. Las fronteras de las redes están compuestas por “el elemento ‘no democrático’ de la democracia” (Balibar / Mezzadra). Este enfoque resulta especialmente útil cuando pensamos en ‘lo político’ de las redes, ya que apunta al hecho de que las redes no son, por defecto, estructuras abiertas, horizontales y globales. En realidad, ése es el error de gran parte del discurso sobre las redes. Pero no existe ninguna política de las redes si éstas últimas carecen de fronteras. En lugar de imponer la ‘democracia’ a las redes, sea a través del control o del software instalado, deberíamos investigar su naturaleza. Eso no significa que debamos apoyar abiertamente las ‘dictaduras benévolas’ ni las dirigencias totalitarias ilustradas. Por lo general, las redes crecen con fuerza a través de la informalidad a pequeña escala, sobre todo durante los primeros pasos de la existencia de las estructuras sociales.

7. Las fronteras de las redes constituyen los espacios de la política. A medida que las redes atraviesan el proceso transversal de transformación escalar, las fronteras de las redes se revelan como límites y como posibilidades. Si en Organized Networks hicimos hincapié en ‘el interior’ de una red, aquí nos centraremos en lo que sucede a los márgenes. Durante el proceso de crecimiento, el núcleo de una red cristaliza una gran energía. Transcurridos unos meses –o unos años en el caso de las más afortunadas-, el interior de las redes ya no existe; lo único que quedan son las ruinas de sus fronteras. Éste es un tremendo desafío para las redes: ¿cómo incorporar la frontera como condición para la transformación y la renovación?

8. No hay ciudadanos de los medios. Hay que buscar y reemplazar a los ciudadanos por los usuarios. Los usuarios también tienen derechos. El usuario no es una categoría no histórica, sino más bien el actor específico del sistema que no mantiene ninguna relación con las instituciones de la modernidad y su correspondiente discurso en materia de derechos. Lo que se necesita, por tanto, es una total reelaboración de los derechos de los usuarios dentro de la lógica de las redes. Del mismo modo que los ‘ciudadanos periodistas’, los gobiernos demócrata-liberales, los grandes medios y las instituciones globales manifiestas una constante efusividad en cuanto a sus credenciales democráticos, las redes organizadas se muestran igual de insistentes a la hora de conservar su política ‘no democrática’. Una política sin representación -¿desde cuándo representan las redes algo?- y, en su lugar, una política no representativa de las relaciones. No democrático no significa antidemocrático ni elitista. El relajar los lazos entre ‘democracia’ y ‘los medios’ ha resultado ser de una importancia estratégica. Recordemos que el ciudadano periodista siempre está ligado a los órganos mediáticos del Estado-nación. Las redes no son naciones. Es una época en que los canales, las plataformas y las redes abundan, ya no es necesario reivindicar el ‘acceso’. La democratización de los medios ha llegado a su fin. La gente está ya cansada de leer las críticas de siempre contra el New York Times, la CNN y otros medios de noticias con sesgo occidental y neoliberal tan evidente. Es hora de concentrar nuestros esfuerzos en la política del filtrado. ¿Qué información deseamos leer y reenviar? ¿Qué ocurre cuando descubres que estoy filtrando la información que te llega? ¿Sólo incluimos vínculos con ‘amigos’? ¿Y qué hacer con esta obsesión compulsiva por coleccionar ‘amigos’? ¿Se podría quizá sustituir a los amigos por camaradas? ¿Qué se podría objetar contra la tendencia a construir redes sociales? ¿No era eso con lo soñaban muchos activistas?

9. La gobernanza exige protocolos de discrepancia. La gobernanza de las redes se pone en tela de juicio muy evidentemente en las fronteras de las redes. El problema en este sentido está en el control. Las fronteras funcionan para regular la entrada pero, a la vez, también invitan a sociedades secretas a infiltrarse por otros medios. La contienda entre estas dos dinámicas puede entenderse como la batalla entre regímenes gubernamentales y deseos no gubernamentales. Aquí no tenemos que decidir, ya que tenemos agendas escindidas: en los momentos de caos anhelamos el orden y, simultáneamente, soñamos con torrentes de información libre. Esto nos lleva a la cuestión de la sostenibilidad. Si las fronteras de las redes están compuestas por elementos gubernamentales y no gubernamentales (administración frente al sabotaje inspirado y el deseo de infiltrarse), podemos también afirmar que las fronteras de las redes subrayan su fragilidad inherente. ¿Cómo convertir este punto en una fortaleza para el futuro de las redes? Siempre se producen solapamientos de identidad y estructuras sociales.

10. Elaboremos nuestra educación. En la actual coyuntura, encontramos una buena fuente de inspiración en la proliferación de redes, de iniciativas no alineadas, de investigaciones militantes centradas en la educación. La educación, sin duda, se encarga de cultivar las mentes y los cuerpos con el fin de proporcionar al capital la fuerza de trabajo que necesita. Las redes organizadas deben desempeñar un papel crucial a la hora de rechazar la tendencia a subyugar el trabajo y la vida a las exigencias de anestesia mental y agotamiento vital del capital postfordista. Y es a través de estas ‘edu-redes’ donde encontramos algunas de las actividades más inspiradoras de nueva inventiva institucional. Es a este campo, opinamos, adonde se pueden dirigir energías que actúen sobre prácticas de colaboración creativa. Lo que necesitamos es un empujón conceptual y una ulterior ‘arte de la traducción’ para migrar conceptos de un contexto al siguiente. Es hora de que reivindiquemos una posición de vanguardia y no dejemos el desarrollo de estas herramientas tecnosociales tan vitales al sector empresarial neoliberal. Lo que estamos diciendo sobre los nuevos medios e internet se puede extrapolar también a otros sectores de la educación y de la investigación. En la próxima década, la mitad de la población del mundo utilizará un teléfono móvil y dos mil millones de personas dispondrán de acceso a internet. ¿Cómo vamos a utilizar este potencial?

Extraído de Repensar la política en la era de los movimientos y de las redes, Colectivo Política en Red, Icaria-Más Madera / TNI, Barcelona, 2007, pp. 108-114. Traducción Beatriz Martínez Ruiz. Bajo Licencia Creative Commons.

ENLACE RELACIONADO: NOTES ON THE STATE OF NETWORKING.

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