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La Teoría de Sistemas de Niklas Luhmann

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La reciente traducción del texto de Ignazio Licata sobre historia de la cibernética me ha traído a la memoria la existencia de este viejo artículo sobre Teoría de Sistemas. Tal vez a alguien pueda interesarle.

Diego L. Sanromán

La obra de Niklas Luhmann (1927-1998) constituye un audaz intento de ofrecer una respuesta original –o, más bien, de alcanzar una determinada Aufhebung conceptual- a problemas gnoseológicos y epistemológicos de larga data; así, la distinción sujeto / objeto, la cuestión de la objetividad del conocimiento o el estatuto epistémico que cabe asignarle a las llamadas ciencias sociales. Al propio tiempo, su trabajo sociológico se quiere continuador de una tradición abierta por “padres fundadores” como Spencer, Simmel o Weber: aquella dominada por la voluntad de elaborar un marco interpretativo general capaz de dar cuenta de las peculiaridades de la sociedad moderna. Continuista en su intención última de elaborar una teoría general de los sistemas sociales, Luhmann se presenta al mismo tiempo como rupturista respecto al esquema categorial empleado en el estudio de tales sistemas. Luhmann desmonta afirmaciones implícitas que todavía hoy configuran la mentalidad y la sensibilidad con que acostumbramos captar la realidad, y en este sentido su pensamiento resulta paradójico. Es decir, se trata de un pensamiento contrario a la opinión más extendida (para-doxa) y que, a pesar de enfrentarse con lo que se da por descontado y se asume como aproblemático, habrá de reconocerse al fin como cierto (Ramos, 137-8).

Pero el texto luhmanniano es también paradójico en un sentido más estricto. En este otro sentido, la paradoja no es tan sólo un enunciado chocante o sorprendente, sino que crea un círculo vicioso en el que tiene lugar un violento trastoque de una jerarquía lógica, de forma tal que se circula entre los niveles jerarquizados sin poder respetar esa jerarquía. Como bien señala Ramón Ramos, la “ilustración sociológica” que Luhmann protagoniza y el funcionalismo “contingente” que la metodiza convierten el sistema de conocimiento emergente en una continua paradojización del objeto estudiado (Loc. Cit.).

Ibáñez advierte cómo, paradójicamente, el carácter esencialmente paradójico del conocimiento (científico) se descubre primero en niveles mínimos de reflexividad, y alejados por tanto de la teoría social. Es el caso del principio de incertidumbre de Heisenberg, que afecta a los sistemas materiales y conforme al cual la determinación de la posición de una partícula en la investigación física supone la indeterminación del estado de movimiento de esa misma partícula. O bien del principio de incompletitud de Gödel que establece, para los sistemas formales, la imposibilidad de que una teoría sea al propio tiempo consistente y completa. Siendo lo esencial y común a ambos casos el reconocimiento de la intervención del sujeto en la constitución del objeto (material o formal) que el principio de objetividad había negado (Ibáñez, XI-XXV).

Danilo Zolo, por su parte, vincula la obra de Luhmann a toda una serie de estructuras conceptuales en las cuales la circularidad es asumida, si no siempre como una virtud argumentativa, casi siempre como un modelo heurístico de carácter general y fecundo. Además de los casos mencionados, Zolo refiere los siguientes (Zolo, 1995):

1. La autorreferencia lingüística de los procesos cognoscitivos (W. V. O. Quine y O. Neurath);
2. Las paradojas y las antinomias de recursividad o autoinclusión lógico-lingüística (B. Russell, K. Grelling y A. Tarski);
3. Las teorías del orden mediante fluctuaciones y de las estructuras disipativas en la física de los procesos irreversibles (I. Prigogine);
4. La reflexividad de los mecanismos de autorregulación homeostática o autocatalítica en biología molecular y en neurofisiología (L. von Bertalanffy, M. Eigen y H. von Foerster);
5. La retroactividad en cibernética de primer y segundo grado (W. R. Ashby y H. von Foerster);
6. Los procesos de morfogénesis espontánea y de autoorganización de los grupos sociales (F. A. Von Hayek);
7. La noción tradicional de autoconsciencia psíquica de los sujetos individuales, en los primates antropomorfos y en el hombre (H. Maturana, G. Pask y el constructivismo radical de N. Luhmann).

Pero el constructivismo radical de Luhmann no es sólo una más de todas estas respuestas a la insatisfacción producida por las categorías explicativas de carácter lineal, sino que además se presenta como una arriesgada síntesis de conceptos y categorías -gestados en buena parte de ellas- en el marco de una teoría general de sistemas radicalmente reformada merced a la centralidad de un concepto de autopoiesis asimismo adaptado a las necesidades teóricas del modelo luhmanniano. Podría decirse que anima la obra epistemológica –o, sin más, a la obra- de Luhmann esa pretensión de unidad omniabarcante ya presente en la teoría de sistemas originaria, sólo que ahora es el concepto de autopoiesis el que establece el puente entre el territorio de las llamadas Geisteswissenschaften y el de las Naturwissenschaften. Así, lo que haría posible un estudio de los sistemas vivientes, psíquicos y sociales con un instrumental conceptual análogo sería la propia condición de sistemas autopoiéticos autorreferentes que presentan tanto los unos como los otros.

Ahora bien, ha de tenerse en cuenta que, como el propio Luhmann afirma, la reflexión teórica sigue en todo momento el destino de la realidad sobre la que se proyecta. Por lo que la versatilidad y la fertilidad explicativas del nuevo paradigma debe estar en último término en su capacidad de dar cuenta de la propia deriva de la sociedad moderna. En sociedades caracterizadas por una enorme complejidad estructural como es la contemporánea, asevera Luhmann, es preciso inventar un nuevo vocabulario con el fin de hacer frente a la hiperdiferenciación funcional que les es propia y describir adecuadamente su dinámica. Pero no basta con elaborar nuevas categorías heurísticas, hay además que plantear nuevas cuestiones (Muñoz Dardé, 4). El nuevo paradigma está llamado pues a proveer tanto los nuevos conceptos como las nuevas preguntas.

Como señalábamos más arriba, a Luhmann le une con la sociología clásica su apreciación del carácter único de la modernidad y el interés por habérselas con esa modernidad desde una teoría general capaz de dar cuenta de sus procesos constitutivos. Como los autores ya citados, como Durkheim o Parsons, Luhmann viene a describir la evolución social como un paulatino proceso de diferenciación. Sólo en tales términos es posible explicarse la transición de la sociedad tradicional a la sociedad moderna. Según Luhmann, es posible distinguir tres tipos diversos de diferenciación – segmentario, estratificatorio, funcional – que, por más que puedan estar presentes en cualquier tipo de sociedad con independencia de su particular nivel de complejidad, se corresponden en término generales con distintas fases de la evolución de las sociedades históricas.

En el caso de la sociedad tradicional predomina el principio estratificatorio e impera una diferenciación jerárquica que se apoya en pautas de desigualdad social conforme a la cual la clase superior ocupa un lugar privilegiado que le permite representar a la sociedad como un todo. Por el contrario, en la sociedad moderna el principio de diferenciación social dominante es el funcional. La aparición de la modernidad implica así, en la descripción de Luhmann, la emergencia evolutiva de círculos comunicativos cerrados que desarrollan cada uno una función propia. Las sociedades modernas son, pues, sociedades descentradas, sin centro o, si se prefiere, policéntricas, en tanto que están constituidas por una pluralidad compleja de subsistemas que realizan funciones cruciales para el conjunto sin que ninguno tenga supremacía sobre los demás.

Los sistemas, por su parte, son concebidos por Luhmann como el resultado de un procesamiento selectivo de la multiplicidad de posibilidades, hechos y circunstancias que se presentan en la realidad. Son, por así decir, reductores institucionalizados de complejidad que se caracterizan por su contingencia. La complejidad y la contingencia son, de hecho, elementos fundamentales en la descripción luhmanniana de la sociedad moderna como sociedad funcionalmente diferenciada. La complejidad alude a la existencia de un conjunto de posibilidades no desarrolladas pero desarrollables e implica la presencia de un “imperativo de selección” o Selektionszwang entre el cúmulo de opciones que se abren a la acción. El concepto de contingencia se refiera a su vez a la presencia de alternativas disponibles y a la existencia de un amplio cuadro de opciones o soluciones equifuncionales. No hay, por consiguiente, determinismo alguno en esta teoría. Cada solución afirmada en la lógica interna de cualquier subsistema supone que se descarten una multitud de posibilidades equivalentes. Esto explica que sociedades distintas den soluciones diversas a problemas similares, pero también constituye, según Luhmann, parte de la explicación del desencanto de la modernidad (Muñoz Dardé,8).

Pieza fundamental de la construcción teórica luhmanniana es, como mencionábamos más arriba, la incorporación a la teoría de sistemas del concepto de autopoiesis (Maturana). Dicho concepto tiene su origen, como es sabido, en la obra de los biólogos chilenos Maturana y Varela. Los dos científicos trataban de dar respuesta a una pregunta con la que los biólogos no tiene en principio porqué habérselas en el desarrollo normal de su labor científica: “¿qué es la vida?”. O más exactamente: “¿conforme a qué criterios y bajo que circunstancias puede hablarse de individualidades biológicamente independientes? ¿qué es, en fin, un ser vivo?”. Ahora bien, si la pregunta excede a la investigación biológica en sentido estricto, su respuesta, por el contrario – afirman los dos autores chilenos -, puede encontrarse en la práctica científica ordinaria. El de autopoiesis resulta ser así un concepto harto problemático y evanescente en grado sumo, que se dice del nivel organizativo de los sistemas vivientes pero no de su nivel estructural y cuyo valor operativo real en la práctica del estudio de tales sistemas es escaso cuando no sencillamente nulo. Sin embargo, no es éste el lugar para discutir con amplitud las inconsistencias epistemológicas en que incurren Maturana y Varela ; bástenos con advertir que Luhmann no sólo acepta acríticamente el concepto de autopoiesis, sino que además lo considera el umbral que conduce a un cambio radical de paradigma científico.

Lo que en cualquier caso interesa a Luhmann resaltar del concepto de autopoiesis es que alude a la capacidad de los sistemas para constituir por sí mismos sus propias identidades y diferencias y para procesar sus propias informaciones y las conexiones que establecen con su entorno. Como señala Maturana, los sistemas autopoiéticos son sistemas organizacionalmente cerrados e informacionalmente abiertos. Dicho de otro modo: su cierre operativo autorreferente constituye la condición de posibilidad de su apertura comunicativa hacia el entorno.

“El cierre del modo operativo autorreferente supone más bien una manera de ampliar los posibles contactos con el entorno; y al constituir elementos capacer de determinarse mejor aumenta la complejidad de posible entorno para el sistema” (Luhmann, 1984; p.63).

Lo que constituye la unidad del sistema, sus elementos, procesos y límites, los produce él mismo. Al propio tiempo, el sistema genera las descripciones y los relatos con que se narra a sí mismo su propia historia. El sistema describe, comprende y observa. Y observar equivale a discriminar, presupone la introducción de un esquema de diferencias mediante el cual los sistemas descomponen la inabarcable e irrealizable unidad del mundo. Y la diferencia fundamental de la que parte es aquella que se establece entre sistema y entorno, de modo tal que en cada ocasión nos vemos obligados a determinar cúal es la referencia sistémica de la que partimos y cuál es, desde esta perspectiva sistémica, su entorno.

Luhmann advierte cómo, desde una perspectiva histórica es posible descubrir una clara correspondencia entre la asunción tradicional de un mundo ontológicamente – es decir, con la ayuda de la distinción entre ser y no ser – descriptible y un instrumental lógico con sólo dos valores y la existencia de una sociedad en la que las diferencias entre distintas descripciones del mundo y de la sociedad no llegan a ser demasiado grandes y pueden ser decididas de forma vinculante desde puntos de vista indiscutibles; desde la punta o desde el centro del sistema. De conformidad con esta antigua doctrina, tanto el ser como la naturaleza contenían elementos capaces de reflejar el propio ser o la propia naturaleza. Y es a esto a lo que se refería la atribución de racionalidad. Es claro que con ello se describía entonces un orden social que asignaba a partes de la sociedad – la vida urbana o la de la nobleza – posibilidades preferentes de racionalidad. La disolución de este orden comienza tal vez, y siempre según Luhmann, con el nominalismo de la Baja Edad Media, y en todo caso en el siglo XVII. Y el fin del trayecto o punto de llegada puede situarse en el momento en que el título de racionalidad se otorga a racionalidades de alto rendimiento que sólo cubren fenómenos parciales y sólo orientan sistemas funcionales altamente diferenciados. La historia de la racionalidad europea o moderna es de este modo susceptible de ser descrita como la historia de la disolución de un continuum de racionalidad que había unido al observador del mundo con el mundo (Luhmann, 1997; pg. 51 y ss.).

La forma de diferenciación dominante en la sociedad contemporánea, orientada por funciones, ya no permite un punto de partida para la descripción de la sociedad en la sociedad. Las sociedades modernas son, como señalábamos al principio, sociedades descentradas, cuya primera característica consiste precisamente en la pérdida de centralidad de la verdad, sea ésta normativa o científica. Cada ciencia, cada teoría, se observa y observa a las demás, y a las observaciones de las demás. Y ahora interesa no sólo lo que se observa, sino sobre todo cómo se observa y desde dónde se realiza la observación.

¿Dónde ha quedado pues el observador? – se pregunta Luhmann. ¿Dónde el poeta en un mundo ya repartido? Caben tres posibles salidas al problema. La primera es designar al observador como sujeto extramundano, es decir como Dios. Pero esta respuesta no conduce más que a dificultades aun mayores. Pues, si observar equivale a distinguir trazando una diferencia, el sujeto extramundano habrá de distinguirse del mundo para poder observar, opción que nos envía recursivamente a preguntarnos por el lugar del sujeto, o bien simplemente sería incapaz de observación alguna. Otra posibilidad consiste en ignorar el problema, al entender que todos los observadores tienen que observar en el mismo sentido, por lo menos si su pensamiento ha de ser cierto y su actuación razonable. Como ya hemos visto, esta solución resulta inalcanzable por mor del mismo proceso de diferenciación funcional en que consiste la modernidad. Una última salida posible consiste, en fin, en ponerse de acuerdo en torno al pluralismo. Así a cada objeto se le concede una perspectiva propia, su propia interpretación pero sólo en el marco que permite el mundo no obstante objetivo. Pero, como ya sabemos, el relativismo radical luhmanniano niega toda posibilidad de descripción de un mundo objetivo, ajeno a las diferencias tematizadas por los propios sistemas. Como concluye categóricamente Luhmann, “en su fase final, el racionalismo occidental apenas si puede poner de manifiesto sus propias debilidades con más claridad” (Ib., pg. 59).

La cuestión esencial, sin embargo es sí tales manifestaciones han de seguir siendo consideradas como a-normales, como síntomas de una patología de la racionalidad. Y la respuesta es no. Si algún mérito ha tenido el llamado pensamiento posmoderno – en realidad, moderno-demasido-moderno – ha sido justamente el de dar a conocer que la sociedad contemporánea había perdido la confianza en lo correcto de las descripciones de sí misma. En la sociedad no hay una representación vinculante de la sociedad. Pero esto no ha de ser considerado un final – afirma Luhmann -, sino antes bien el principio de una reflexión en forma de autoobservaciones y autodescripciones de un sistema que tienen que ser propuestas y realizadas en el sistema mismo, dentro de un proceso que a su vez es observado y descrito.

La propia dinámica de la modernidad ha favorecido el desarrollo de posibilidades para las cuales no existe estrictamente una lógica ni una epistemología reconocidas. Se trata de posibilidades de observación de observadores o, dicho de otro modo, de posibilidades propias de la cibernética de segundo grado.

Un observador puede observar a otro observador (o a sí mismo) con vistas a aquello que puede ver y con vistas a aquello que no puede ver. En realidad, sólo se ve lo que se puede designar con determinadas distinciones que especifican ambas partes de la distinción. No se ve empero lo que en el contexto de la distinción no funciona ni como una parte ni como la otra, sino como el tercero excluido. Y éste es justamente el lugar del propio observador: el observador es, en términos de Serrres, le parasite de sus observaciones. Pero precisamente eso es lo que otro observador puede a su vez ver y designar, aunque siempre tan sólo como otro observador que sólo ve lo que ve y no ve lo que no ve (von Foerster).

Se comprende bien ahora el lugar que ocupa la reflexión epistemológica en una teoría social que se quiere teoría general de los sistemas sociales. Se trata en el fondo de una exigencia lógica de un desarrollo teórico que evoluciona de forma circular, o aún mejor, en espiral. Es su propia condición de teoría cibernética de segundo orden la que implica la necesidad de construir, y no con mero carácter instrumental o en tanto que esclarecimiento apriorístico de sus presupuestos teóricos, una teoría del conocimiento como momento insalvable en la elaboración de la propia teoría sistémica. Los reenvíos lógicos son continuos en un sistema – la sociología – que se observa a sí mismo observando a sistemas que observan.

Como ya hemos indicado supra, la más reciente teoría de sistemas orienta la observación del mundo a una (y a ninguna otra) determinada distinción: la del sistema y el entorno. Esto conduce al empleo de lo que Luhmann llama “conceptos autológicos transversales” (Luhmann, 1997; pg.70), pues el observador, en tanto que lleva a cabo observaciones operativamente y las enlaza recursivamente, tiene por fuerza que reconocerse como sistema en un entorno. El narrador aparece en lo que narra. Se encuentra en la misma situación que Epiménides el cretense: implicado en su propia aserción, la aserción pierde a su vez la independencia respecto a su objeto (Ramos, 141).

Para escapar del círculo diabólico de lo paradójico y hacer de la paradoja un dispositivo dinámico y creativo (Entparadoxierung), Luhmann recurre al cálculo formal de Spencer Brown y a su concepto de re-entry. Spencer Brown utiliza como único operador la marca. Éste define la unidad operativa de distinction and indication, es decir, la unidad de una distinción en la que la distinción misma representa una de las partes.

“We take as given the idea of distinction and the idea of indication, and that we cannot make an indication without drawing a distinction” (Spencer Brown, 1969; pg.1).

La figura de re-entry alude precisamente a la necesidad de que la distinción entre dentro de lo distinguido. Es el caso de las articulaciones fundamentales de lo que designábamos como “continuum de la racionalidad europea” (acción / naturaleza, pensamiento / ser): la acción produce ella misma la distinción entre acción y naturaleza y el pensamiento aquella otra entre pensamiento y ser. La distinción aparece así en una parte – y no en la otra – de lo distinguido. Es también el caso de la distinción sistema / entorno: el propio sistema aparece en y establece la distinción. Y en ninguno de estos casos es posible escapar hacia una “jerarquía de tipos” à la Russell, hacía un metalenguaje que no se contuviese a sí mismo de forma paradójica en las distinciones que el mismo establece en sus operaciones. El concepto de re-entry presenta, sin embargo, la doble ventaja de mantener el propio cálculo (formal) libre de paradojas y reconocer al propio tiempo que toda diferencia desemboca en paradoja en cuanto la intercambiabilidad simétrica de ambas partes se rompe por una de las partes por medio de una re-entry.

La transfiguración de las modernas estructuras sociales desemboca de esta suerte en un nuevo concepto de racionalidad, constructivista – pues se opone a una descripción ontologista del mundo – y policontextural – en tanto que orientadora de subsistemas funcionales operativamente cerrados -, que determina la textura de la nueva teoría social.

“Una teoría que asuma estas consideraciones puede ser una teoría de la sociedad, pero entonces tiene que anclarse en el sistema científico y conformarse con ser sólo teoría de la sociedad. Producirá una comprensión de la realidad que tendrá en cuenta la circunstancia de que el observador de primer grado no tiene que vérselas con construcciones sino con objetos. Ya no reconocerá ninguna representación vinculante, sino que se encontrará a sí misma – ¡no sólo a los otros! – en un mundo constituido de manera policontextural. Tendrá que hacer, cuánto más refleja su propia contextura, el doloroso sacrificio del autodesinterés, compensado por la certeza incluída de que también hay otros puntos de partida para la racionalidad y la observación de segundo grado” (Luhmann, 80).

BIBLIOGRAFÍA.

IBAÑEZ, Jesús – El regreso del sujeto. Siglo XXI de España Editores, Madrid, 1994.
IZUZQUIZA, Ignacio – La sociedad sin hombres. Niklas Luhmann o la teoría como escándalo. Anthropos, Barcelona, 1990.
LUHMANN, Niklas – “La autopoiesis de los sistemas sociales”. En Zona Abierta, Nº 70/71 (1995), Traducción de Leopoldo Moscoso.
Macht. Ferdinand Enke Verlag, Stuttgart, 1985-
Observaciones de la modernidad. Racionalidad y contingencia en la sociedad moderna. Paidós, Barcelona, 1997. Traducción de Carlos Fortea.
– “Problemas con el cierre operativo”. En Anthropos 173/174, Julio – Octubre 1997.
La teoría política en el Estado de Bienestar. Alianza, Madrid, 1993. Traducción de Fernando Vallespín.
Soziale Systeme: Grundriss einer allgemeine theorie. Suhrkamp, Frankfurt, 1984.

MATURANA, H.R. y VARELA, F.J. – De máquinas y seres vivos. Universitaria, Santiago de Chile, 1973.
MUÑOZ DARDÉ, Verónica. – “La teoría de los sistemas sociales autopoiéticos de N. Luhmann”. En Zona Abierta, Nº 70/71 (1995).
NAVARRO, Pablo. – “Objetividad social, subjetividad social, y la noción de complementariedad teórica en sociología”.

RAMOS, Ramón. – “Dios, Epiménides y Tristram Shandy: destinos de las paradojas en la sociología de N. Luhmann”. Ambos artículos en Anthropos 173/174, Julio – Octubre, 1997.
SPENCER BROWN, G. – The laws of Form. Allen and Vukin, London, 1969.
VALLESPÍN, Fernando. – “La otra posmodernidad: la teoría de sistemas de N. Luhmann”. En Historia de la teoría política (6). Alianza Editorial, Madrid, 1995.
ZOLO, Danilo. – “Autopoiesis: crítica de un paradigma posmoderno”. En Zona Abierta 70/71 (1995). Traducción de Leopoldo Moscoro.

LUHMAN EN LA WIKIPEDIA.

Lectura recomendada: EMILIO LAMO DE ESPINOSA, ¿PARA QUÉ LA CIENCIA SOCIAL? ¿PARA QUIÉN ESCRIBIMOS?

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26 thoughts on “La Teoría de Sistemas de Niklas Luhmann

  1. Gioconda Páez Moreno dijo:

    Gracias por incorporar este artículo que he podido consultar de manera inmediata a propósito de la revisión de una propuesta de planificación del desarrollo para el largo plazo basada en la teoría de sistemas. Me sirve para remitirme a la fuente, esto es los escritos de Luhmann.

  2. colaboratorio1 dijo:

    Bueno, no sé cómo interpretar eso de “me sirve para remitirme a la fuente”. ¿He de decir ‘gracias?

    No. Es broma. Me parece magnífico que el texto te haya servido para algo. De eso se trata.

    Salud,
    Diego.

  3. arturo dijo:

    Hola: voy a citar esta fuente en mi tesis de maestría y quisiera aclararme: ¿el título es La teoría de sistemas de Niklas Luhmann y el autor Diego L. Sanromán?

  4. colaboratorio1 dijo:

    Eso es: ‘La Teoría de Sistemas de Niklas Luhmann’. Y el autor soy yo mismo: Diego L. Sanromán.

    Todo un honor…

    ¿Puedo saber, por cierto, de qué trata tu tesis? ¿Vas a publicarla en la Red?

    Salud,
    Diego.

  5. Hola. Buenas tardes. Estoy buscando respuestas y me he topado con el material acerca de Luhmann. En realidad buscaba material acerca de la Teoría Fractal. Pero me pareció interesante el articulo para reflexionar en torno a las críticas necesarias a la lógica eurooccidental que aún cuando pareciera de avanzada a mí (desde mí lugar) me sigue pareciendo subersivamente dominante. Lo oculto. Bueno, son mis pareceres que no han de ser la realidad que es multiple y fractal.

    Agradecida por compartir el material.

    Ingrid

    Ps. tendrás el material de Danilo Zolo en digital? Digo el articulo que tu citas.

  6. Carolina dijo:

    Hola:
    Me parece buenísimo tu articulo… pero tengo una duda demasiado grande.
    Estoy haciendo mi tesis sobre organizaciones en crisis y la teoría de sistemas es mi pilar fundamental, pero a la vez, la tesis debo situarla en una época o corriente de pensamiento y este es mi gran problema.

    La teoría de sistemas, tengo la sensación de que pertenece a la posmodernidad, pero no me gustaría equivocarme en algo tan importante. ¿Me podrías ayudar?

    Muchas Gracias

  7. colaboratorio1 dijo:

    Una primera orientación puedes encontrarla aquí: VALLESPÍN, Fernando. – “La otra posmodernidad: la teoría de sistemas de N. Luhmann”. En Historia de la teoría política (6). Alianza Editorial, Madrid, 1995 (El portal de la editorial es: http://www.alianzaeditorial.es/). También sería importante que lo consultases con tu director o directora de tesis; se supone que es alguien que, más o menos, controla tanto el tema que vas a tratar como las querencias e intereses de quienes formarán parte del tribunal ante el que tendrás que defender tu trabajo.

    Si la respuesta no te parece satisfactoria, vuelve a escribir y lo discutimos más en detalle.

    Saludos,
    Diego.

  8. colaboratorio1 dijo:

    “A grandes rasgos la teoría sociológica de Niklas Luhmann puede ser caracterizada de la siguiente forma:

    – La sociedad corresponde a un nivel emergente y está compuesta por comunicaciones, las cuales no se limitan sólo al lenguaje, sino a todas las posibles selecciones informativas que se permita realizar un sistema.

    – Los sistemas se configuran sobre la base de distinciones realizadas por observadores en la sociedad (por ende es imposible suponer una distinción que permita abarcarlo todo). Esa operación básica de distinguir un sistema se produce a partir de la distinción sistema/entorno.

    – Existen los sistemas sociales, los cuales corresponden a los sistemas que realizan su autopoiesis basándose en la comunicación. También existen los sistemas psíquicos, los que realizan su autopoiesis con base en su conciencia, y también los sistemas orgánicos lo que llevan a cabo químicamente su autopoiesis”.

    [De la entrada ‘Niklas Luhmann’ en Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Niklas_Luhmann%5D

  9. ZethLi dijo:

    excelente Articulo, bueno tengo una consulta, estoy realizando mi tesis sobres las condicionantes que fraccionan la cohesion en un grupo social, entonces uno de mis pilarees esta la teoria de los sistemas…
    Sin embargo..en el transcurso del avance del trabajo de campo, identifique que es necesario ver tambien la teoria del Conflicto, estoy en este dilema, evidentemente el representante de la Cohesion, es Emile Durkheim, y en realidad temo caer en el choque de posturas.
    no se si me puedes recomendar bibliografia.

    Saludos.. desde La Paz – Bolivia

  10. Pepe Pompín dijo:

    Alguien sabe de dónde podría descargar el libro de N. Luhmann “Introducción a la teoría de sistemas”?

    Gracias

  11. isabella dijo:

    ola!!!!

    oie lo un gran favor lo que pasa que tengo que hacer una sintesis de la toeria de luhmna…pero sinceramente no le entiiendo del todo me podrias ayudar plis….. graciiias

  12. Gerardo Martínez Morales dijo:

    Deseo felicitarlo por su sintesis de la concepción de Luhmann. Nos lleva a una perspectiva amplia de su teoría de los sistemas sociales.

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