Pero lo absolutamente determinante ha sido la forma en que los gobiernos estadounidenses, la politica estadounidenses, había planteado la superación del fordismo, es decir, el sistema neoconservador. Como todos sabemos, la liberalizaciones y las privatizaciones han sido extremas, el welfare ha sido prácticamente destruido. Pero era evidente que la sociedad estadounidense, siendo una sociedad condenadamente rígida hacia abajo, es decir, firme en sus necesidades y en sus exigencias, no renunciaba ni a procurarse ni a comprarse una casa, ni las familias renunciaban a mandar a los hijos a la escuela.
Sucede entonces que en un determinado momento el capital y el gobierno se han visto obligados a reabrir el welfare. Pero lo reabren de manera completamente privatizada. En vez de socializar los gastos de la sanidad, de la enseñanza, etc… de cubrirlos directamente por parte del Estado, se ha comenzado a privatizar, es decir, a pedir a la gente que pague. Como la gente podía hacerlo solo en parte, pero sobre todo tenía que pedir préstamos para poder pagar, se ha creado una enorme deuda que en un determinado momento ha estallado. Máxime cuando, no contentos con obligar a la gente a ahorrar y gastarse el salario para sobrevivir, los banqueros y, en general el mundo financiero -ojo, dirigido no sólo por delincuentes, sino también por grandes profesores universitarios, de Harvard, de Yale, todos los galardonados recientemente con el Nobel de economía- han encontrado el modo de distribuir, de extender esta deuda en general sobre la sociedad, renovando sus formas, prestándose unos a otros los títulos de deuda y sobre todo prestándolos a otras instituciones financieras fuera de los EE.UU.
Dado que la globalización no es un sueño, sino un realidad, esta crisis, -que ha estallado desde abajo en EE.UU, donde no ha sido una crisis bancaria inventada, sino surgida de un déficit de gasto que debía sancionar la paz social; y cuando este déficit ha saltado por los aires, la crisis ha estallado por esto- se está expandiendo a todo el mundo, porque el mundo es global y no hay soberanía, ni Estado soberano ni banca nacional que pueda defenderse. Llegados a este punto hay dos caminos absolutamente evidentes. Por un lado está el tránsito del nivel financiero al nivel empresarial, de la producción en general. Es una auténtica recesión económica que se impondrá en breve en todas partes. Ya ha sido ampliamente anunciada: todos los índices de crecimiento para el año próximo se limitan para los países centrales a un crecimiento del orden del cero coma algo, para los países emergentes de cifras de un dígito, llegándose al 10 por cien de forma muy excepcional. Por lo tanto, se estabiliza la recesión, es decir, se estabiliza lo que es una gran destrucción de riqueza pública. Aquí nos encontramos con interpretaciones muy extrañas que vienen de personas de la derecha que fingen una autocrítica diciendo: “Ah, estos banqueros delincuentes nos han dejado sin blanca!” El hecho es que las finanzas se han convertido actualmente en un instrumento productivo como los demás. Ya Marx reconocía ampliamente que las finanzas eran un instrumento fundamental para ampliar el campo de las inversiones. Dentro de la globalización, por ejemplo, todo el proceso que ha llevado a países enormes como China e India al umbral de la madurez industrial, todo el gran desarrollo de autonomía, fuera de la dependencia, que se ha dado en América Latina, no hubiera sido posible sin los grandes recursos, la gran organización de las finanzas. Por otra parte, hoy es difícil distinguir el capital productivo de bienes materiales del capital que se organiza en las finanzas. Por el contrario, es casi imposible, no hay posibilidad de distinguir el beneficio de la renta, y la renta financiera se ha tornado absolutamente hegemónica. No hay ningún gran industrial italiano que no esté también en Mediobanca: es decir que no decida los destinos financieros del país con todo lo que ello supone. El problema central es comprender cómo hacer para parar esta deriva: yo creo que esto solo puede hacerse relanzando completamente la capacidad de las poblaciones, de la gente que trabaja, de reconquistar sus niveles de ingresos y por lo tanto de reabrir circuitos de vida, de consumo y de relativa liberación dentro de este ámbito. Pero todo esto no puede hacerse sino a través de las luchas, porque está claro que la forma en la cual hoy el capital se afirma es mediante la represión del consumo más elemental, del consumo de reproducción, por supuesto en los niveles que hemos alcanzado. Y en ese plano se trata de luchar porque –si ahora los capitalistas quieren reconstruir sus fortunas, ¿qué hacen?– deben continuar oprimiendo, comprimiendo las necesidades de subsistencia y reproducción de las multitudes y esto me parece muy difícil.
Estos son evidentemente los problemas que se abren y que le provocan a uno un cierto vétigo frente a lo que está sucediendo. Y esto relanza una vez más la necesidad absolutamente fundamental de un verdadero “New Deal”. Pero cuidado, cuando digo “New Deal” me refiero a lo que verdaderamente fue aquel periodo de reformas (y recuperaciones) después de la crisis de 1929, la Gran Depresión de los años Treinta,: el New Deal fue la reapertura del conflicto de clase. Su protagonista, el presidente estadounidense Roosevelt, se da cuenta de que para luchar contra los capitalistas responsables de la crisis, necesita volver a poner en juego a la clase obrera, la fuerza de los trabajadores, y llega incluso a ayudar desde el Gobierno para formar los nuevos sindicatos: la CIO nace entonces, en 1933, como respaldo a una posibilidad de que la sociedad respire fuera de los ritmos impuestos por la empresa dominante capitalista. Hoy esto debe volver a proponerse en un plano más general: hoy nosotros debemos evitar los peligros de la guerra, porque recordemos que las grandes crisis, las “crisis darwinianas” del sistema, son crisis que a menudo inducen a la guerra, porque el egoísmo se organiza como guerra, el egoísmo en crisis, el egoísmo frustrado se organiza como guerra. Precisamente en esta fase, podemos salvar el mundo si relanzamos al máximo las luchas de la que es clase obrera actual, esto es, la clase obrera social, la que produce realmente de manera general.
Etiquetas: CRISIS FINANCIERA, RESULTADOS DE LA GUERRA, ROBO

Noviembre 19, 2008 a las 8:26 am |
encontré ésta revista por ahí, tal vez ya la conocen, saludos se agradece mucho su trabajo.
http://www.posseweb.net/
Noviembre 19, 2008 a las 8:34 am |
Si no me equivoco, el vínculo ya está en la sección de ‘Revistas’. En cualquier caso, gracias por la recomendación, Rodrigo.
Salud,
Diego.