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		<title>SOBRE FOUCAULT &#8211; Toni Negri (2004)</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Nov 2009 15:46:57 +0000</pubDate>
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Traducción: Diego L. Sanromán
Pregunta 1: ¿Los análisis de Foucault mantienen su actualidad para comprender el movimiento de las sociedades? ¿En qué terrenos le parece que deberían ser renovados, reajustados, prolongados?
Respuesta 1: La obra de Foucault es una extraña máquina; en realidad, no permite pensar la historia más que como historia [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=colaboratorio1.wordpress.com&blog=1847422&post=564&subd=colaboratorio1&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;"><strong><img class="size-full wp-image-565  aligncenter" title="negrifoucault" src="http://colaboratorio1.files.wordpress.com/2009/11/negrifoucault.jpg?w=300&#038;h=400" alt="negrifoucault" width="300" height="400" /></strong></p>
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<p style="text-align:justify;">Traducción: Diego L. Sanromán</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Pregunta 1</strong>: ¿Los análisis de Foucault mantienen su actualidad para comprender el movimiento de las sociedades? ¿En qué terrenos le parece que deberían ser renovados, reajustados, prolongados?</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Respuesta 1</strong>: La obra de Foucault es una extraña máquina; en realidad, no permite pensar la historia más que como historia presente. Probablemente, una buena parte de lo que Foucault escribió (Deleuze lo subrayó muy acertadamente) debería hoy ser reescrito. Lo que resulta asombroso –y conmovedor- es que en ningún momento cese de buscar; hace aproximaciones, deconstruye, formula hipótesis, imagina, construye analogías y cuenta fábulas, lanza conceptos, los retira o los modifica… Es un pensamiento de una inventiva formidable. Pero esto no es lo esencial; yo creo que lo fundamental es su método, porque éste le permite estudiar y a la vez describir el movimiento del pasado al presente y del presente al porvenir. Es un método de transición del cual <em>el presente representa el centro</em>. Foucault está ahí, en ese hueco, ni en el pasado, del que hace la arqueología, ni en el futuro, del que a veces esboza la imagen –“como en los límites del mar, un rostro sobre la arena”-. Es a partir del presente como resulta posible distinguir los demás tiempos. A menudo se le ha reprochado a Foucault la legitimidad científica de sus periodizaciones; es comprensible la actitud de los historiadores, pero al mismo tiempo me gustaría decir que no se trata de un verdadero problema: Foucault se encuentra allá donde se instale la problemática, y esto partiendo siempre de su propio tiempo.</p>
<p style="text-align:justify;">El análisis histórico se convierte, con Foucault, en una <em>acción</em>; el conocimiento del pasado, en una <em>genealogía</em>; la perspectiva futura, en un <em>dispositivo</em>. Para quienes proceden del marxismo militante de los años 60 (y no de las tradiciones dogmáticas caricaturescas de la Segunda y la Tercera Internacional), el punto de vista de Foucault se percibe, de forma natural, como absolutamente legítimo; se corresponde con la percepción del acontecimiento, de las luchas, y de la alegría de arriesgarse fuera de toda necesidad y de toda teleología preestablecida. En el pensamiento de Foucault, el marxismo queda completamente desmantelado, ya sea desde el punto de vista del análisis de las relaciones de poder o de la teleología histórica, del rechazo del historicismo o de cierto positivismo; pero, al mismo tiempo, el marxismo se ve también reinventado y remodelado desde el punto de vista de los movimientos y de las luchas, es decir, desde el punto de vista, en realidad, de los sujetos de tales movimientos y tales luchas: porque <em>conocer es producir subjetividad</em>.<span id="more-564"></span></p>
<p style="text-align:justify;">Pero antes de seguir avanzando, me gustaría volver atrás por un instante. Es habitual distinguir tres Foucault: hasta finales de los años 60, Foucault estudia la aparición del discurso de las ciencias humanas, es decir, de lo que llama una arqueología del saber y, al mismo tiempo, de su economía después de tres siglos, y lleva a cabo una gran lectura de la modernidad occidental a través del concepto de <em>episteme</em>; más tarde, en los años 70, vienen las investigaciones sobre las relaciones entre los saberes y los poderes, sobre la aparición de las disciplinas, del control y de los biopoderes, de la norma y de la biopolítica, es decir, una analítica general del poder y, al mismo tiempo, la tentativa de hacer la historia del desarrollo del concepto de soberanía desde su aparición en el pensamiento político hasta nuestros días; y finalmente, en los años 80, el análisis de los procesos de subjetivación bajo la doble perspectiva de la relación estética con uno mismo y de la relación política con los otros –aunque, sin duda, en este caso se trata de la misma indagación: el cruce entre la estética de uno mismo y la preocupación política es lo que también se llama ética-.</p>
<p style="text-align:justify;">En realidad, no sé si podemos distinguir tres Foucault, ni siquiera dos, pues antes de la publicación de <em>Dichos y Escritos</em> y de los cursos en el <em>Collège de France</em>, se tendía a no tener verdaderamente en consideración al último Foucault. Me parece, en efecto, que los tres temas sobre los que se centró la atención foucaultiana son perfectamente continuos y coherentes; coherentes en el sentido de que forman una producción teórica unitaria y continua.</p>
<p style="text-align:justify;">Lo que cambia es, probablemente, la especificidad de las condiciones históricas y de las necesidades políticas a las que Foucault se enfrentaba y que determinan de forma absoluta los campos por los que se interesa. Desde este punto de vista, asumir la perspectiva foucaultiana consiste también –se lo digo con mis propias palabras; sólo espero que también hubieran podido ser las de Foucault- poner un estilo de pensamiento (ese que reconocemos en la genealogía del presente, ese que no deja de reactivarse cuando habla de producción de las subjetividades) en contacto con una situación histórica dada. Y dicha situación histórica es una realidad histórica de las relaciones de poder. Foucault lo repite a menudo cuando habla de su pasión por los archivos y del hecho de que la emoción de su lectura procede de que nos narran fragmentos de existencia: la existencia, pasada o presente, ofrecida en papeles amarillentos o vivida día a día, es siempre un encuentro con el poder; no es más que eso, pero es algo enorme.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando Foucault se pone a trabajar sobre la transición de finales del siglo XVIII a comienzos del XIX –es decir, a partir de <em>Vigilar y Castigar</em>-, se encuentra frente a una dimensión específica de las relaciones de poder, de los dispositivos y estrategias que éste implica, es decir, en realidad frente a un tipo de relaciones de poder totalmente articuladas sobre el desarrollo del capitalismo. Éste exige un control total de la vida en la medida en que la constitución de una fuerza de trabajo, por un lado, y las exigencias de la rentabilidad de la producción, por otro, lo demandan. <em>El poder se convertía en biopoder</em>. Ahora, si bien es verdad que Foucault utiliza a continuación el modelo de los biopoderes para tratar de hacer una ontología del presente, se buscarán en vano, en los análisis consagrados al desarrollo del capitalismo, la determinación del paso del <em>Welfare-State</em> a su crisis, de la organización fordista a la organización posfordista del trabajo, de los principios keynesianos a los de la teoría neoliberal de la macroeconomía. Pero es verdad también que en esta sencilla definición de la transición del régimen de la disciplina al de control, a comienzos del siglo XIX, ya se puede comprender que lo posmoderno no representa una retirada del Estado con respecto al dominio sobre el trabajo social, sino un perfeccionamiento de su control sobre la vida.</p>
<p style="text-align:justify;">En Foucault, uno encuentra, en realidad, esta intuición desarrollada por todas partes, como si el análisis de la transición a la era post-industrial constituyese un elemento central de su pensamiento, cuando lo cierto es que nunca habla de ello directamente. El proyecto de una genealogía del presente, que estructura por completo su relación con el pasado desde comienzos de los años 70, y la idea de una producción de subjetividad, que permite, desde el interior del poder, tanto modificar y quebrar su funcionamiento como crear subjetividades nuevas, son impensables al margen de la determinación material de dicho presente y la transición que ha encarnado en él. <em>El paso de la definición de lo político moderno a la de lo biopolítico posmoderno</em>, he aquí lo que –a mi parecer- Foucault intuyó de forma extraordinaria.</p>
<p style="text-align:justify;">En Foucault, el concepto de lo político –y el concepto de la acción en un contexto biopolítico- difieren radicalmente tanto de las conclusiones de Max Weber y sus epígonos del siglo diecinueve como de las concepciones modernas del poder (Kelsen, Schmitt, etc.). Foucault fue probablemente sensible a sus tesis, pero tengo la impresión de que, a partir del 68, el marco cambia radicalmente y Foucault no puede dejar de tenerlo en cuenta. Para nosotros que continuamos utilizando a Foucault a su pesar, más allá de él mismo –y es un regalo el que nos hizo de una generosidad extraordinaria; Foucault fue un hombre de pensamiento generoso, es demasiado raro para que se insista lo suficiente-, no hay nada que renovar ni que corregir en sus teorizaciones: basta con prolongar sus intuiciones sobre la producción de subjetividad y sus implicaciones.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando Foucault, Guattari y Deleuze apoyan, por ejemplo, las luchas sobre la cuestión carcelaria en los años 70 construyen una nueva relación entre el saber y el poder: tal relación no concierne solamente a la situación en las prisiones, sino al conjunto de situaciones en las que pueden desarrollarse, conforme al mismo modelo, espacios de libertad, pequeñas estrategias de torsión del poder desde el interior del poder mismo, la reconquista de la propia subjetividad individual y colectiva, la invención de nuevas formas de comunidad, de vida y de lucha; en una palabra: lo que nosotros llamamos subversión. Foucault no es grande solamente por la notable analítica del poder que llevó a cabo, por sus fulgores metodológicos, o por la manera inédita en que entremezclo la filosofía, la historia y la preocupación por el presente. Foucault nos deja intuiciones cuya validez no cesamos de constatar; en particular, redefinió el espacio de las luchas políticas y sociales y la figura de los sujetos revolucionarios con respecto al marxismo “clásico”: la revolución, para Foucault, no es –o, en todo caso, no es sólo- una perspectiva de liberación; es una práctica de libertad. Es producirse a uno mismo y con los otros en las luchas; es innovar, inventar lenguajes y redes; es producir, reapropiarse del valor del trabajo vivo. Es volar el capitalismo desde su interior.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Pregunta 2</strong>: ¿No le parece que asistimos a una cierta marginación de Foucault por parte de la mayoría de las corrientes que afirman querer retomar la crítica social y política en Francia? ¿Qué ocurre en el resto de Europa (en Italia, por ejemplo) y en los Estados Unidos?</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Respuesta 2</strong>: Los medios académicos detestan a Foucault. Creo que se le marginó ya en los años 60; después, vino la promoción en el <em>Collège de France</em> para aislarlo aún mejor –y no solamente porque la Universidad no perdona el éxito a los intelectuales-. El positivismo sociológico a lo Bourdieu ha resultado sin duda muy fecundo, pero no ha sido capaz de asimilar el pensamiento foucaultiano, del que ha denunciado su subjetivismo. Ahora bien, evidentemente no hay subjetivismo en Foucault. Bourdieu, probablemente, se dio cuenta en sus últimos años.</p>
<p style="text-align:justify;">Lo que Foucault refuta siempre, en todos los rincones de su obra, es el trascendentalismo, las filosofías de la historia que no aceptan poner en juego todas las determinaciones de lo real frente a la red y al conflicto de las potencias subjetivas. Por trascendentalismo, en suma, entiendo todas las concepciones de la sociedad que pretenden poder evaluarla o manipularla desde un punto de vista externo, autoritario. No, tal cosa no es posible. El único método que nos permite el acceso a lo social es el de la <em>inmanencia</em> <em>absoluta</em>, el de la invención continua de la producción del sentido y de los dispositivos de acción. Como otros autores importantes de su generación, Foucault ajusta las cuentas con todas las reminiscencias del estructuralismo; es decir, con la fijación trascendental de las categorías epistemológicas que ésta prescribe (hoy en día, este error se reproduce con una cierta renovación del naturalismo, en funcionamiento en la filosofía y en las ciencias sociales…).</p>
<p style="text-align:justify;">Y luego, en Francia, Foucault es rechazado porque, desde el punto de vista de la crítica, no se inscribe en las mitologías de la tradición republicana: no hay nadie más alejado que él del soberanismo, aunque sea jacobino; de la laicidad unilateral, aunque sea igualitaria; del tradicionalismo en la concepción de la familia y de la demografía patriótica, aunque sea integradora, etc. Pero, entonces, ¿la metodología de Foucault no se reduce a una posición relativista, escéptica; es decir, a la degradación de una concepción idealista de la historia? No, de nuevo no. El pensamiento de Foucault propone fundar la posibilidad de la subversión –el término es más mío que suyo; Foucault hablaría de “resistencia”- mediante un liberación total con respecto a la tradición moderna del Estado-nación y del socialismo. Una propuesta que es del todo distinta de la del escéptico o el relativista; una propuesta que, por el contrario, se construye sobre la exaltación de la <em>Aufklärung</em>, de la reinvención del hombre y de su potencia democrática, después de que todas las ilusiones del progreso y de la reconstrucción común hayan sido traicionadas por la dialéctica totalitaria de lo moderno. En suma, Foucault podría apropiarse de la frase del joven Descartes: <em>Larvatus</em> <em>prodeo</em>, “camino enmascarado”.</p>
<p style="text-align:justify;">Cada uno de nosotros debe –creo yo- admitir lo siguiente: el nacional-socialismo es un puro producto de la dialéctica de lo moderno. Liberarse de él significa ir más lejos. La <em>Aufklärung</em>, nos recuerda Foucault, no es la exaltación utópica de las luces de la razón; al contrario, es la des-utopía, es la lucha cotidiana en torno al acontecimiento, es la construcción de la política a partir de la problematización del “aquí y ahora”, de los temas de la emancipación y la libertad. La batalla de Foucault en torno a la cuestión de las prisiones, llevada a cabo con el GIP a comienzos de los años 70, ¿le parece a usted relativista o escéptica? ¿O la toma de posición en apoyo de los autónomos italianos en el momento más difícil de la represión y del compromiso histórico en Italia?</p>
<p style="text-align:justify;">En Francia, Foucault ha sido a menudo víctima de la lectura que hacían de él sus amigos, sus alumnos y sus colaboradores. El anticomunismo ha desempeñado aquí un papel crucial. Se ha presentado la ruptura metodológica con el materialismo y el colectivismo como una reivindicación del individualismo neoliberal. Cuando deconstruía las categorías del materialismo dialéctico, Foucault era muy apreciado; pero también reconstruía las del materialismo histórico, y eso ya no valía. Y cuando la lectura de los dispositivos y el trabajo sobre la ontología crítica del presente hacen referencia a la libertad de las multitudes, a la construcción de bienes comunes, al desprecio por el neoliberalismo, entonces sus alumnos se retiran. Tal vez Foucault murió en buen momento.</p>
<p style="text-align:justify;">En Italia, en Estados Unidos, en Alemania, en España, en América Latina y ahora, cada vez más, en Gran Bretaña, no hemos conocido este perverso juego parisino que se ha puesto en marcha para marginar a Foucault de la escena intelectual. Foucault no ha pasado por la criba asesina de las <em>querellas</em> ideológicas de la intelligentsia francesa; se le ha leído en función de lo que dijo. La analogía con respecto a las tendencias de renovación del pensamiento marxista de finales de los años 70 también se ha considerado a menudo fundamental. Sin embargo, no sólo se reconoce la coincidencia cronológica: se trata, más bien, de la sensación de que el pensamiento foucaultiano ha de comprenderse en medio de toda una serie de tentativas –prácticas o teóricas- de emancipación y de liberación, en un enmarañamiento de preocupaciones epistemológicas y perspectivas ético-políticas que implica una crítica violenta de los partidos, de la lectura de la historia y de los sujetos que en ella se reconocen. Creo que los obreristas europeos y las feministas americanas, por ejemplo, han encontrado en Foucault numerosas pistas para la investigación y, sobre todo, la incitación a transformar sus metalenguajes en una lengua común, tal vez universal, para el mundo que viene, o en todo caso para el siglo que viene.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Pregunta 3</strong>: Michael Hardt y usted mismo escriben, en <em>Imperio</em>, que “el contexto biopolítico del nuevo paradigma es absolutamente central para nuestro análisis”. ¿Puede explicarnos el vínculo, que no tiene nada de inmediatamente evidente, entre las nuevas formas de poder imperial y el “biopoder”?</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Pregunta 4</strong>: Su deuda con respecto a Michel Foucault, de la que da fe a menudo, no está exenta de ciertas críticas. Así, escribe usted que Foucault no consiguió aprehender “la dinámica real de la producción en la sociedad biopolítica”? ¿Qué quiere decir con esto? ¿Hay que deducir de aquí que los análisis foucaultianos conducirían a una suerte de callejón sin salida político?</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Respuestas 3 y 4</strong>: Partiendo de estas dos cuestiones, quisiera tratar de esclarecer lo que, en <em>Imperio</em>, Michael Hardt y yo hemos tomado en préstamo a Foucault y aquello a propósito de lo cual hemos, por el contrario, hecho ciertas críticas. Al hablar de imperio, no solamente hemos tratado de identificar una nueva forma de soberanía global diferente de la forma del Estado-nación; hemos tratado de captar las causas materiales, políticas y económicas de tal desarrollo y, al mismo tiempo, de definir el nuevo tejido de contradicciones que necesariamente encierra. Para nosotros, desde un punto de vista marxiano, el desarrollo del capitalismo (incluida la forma extremadamente desarrollada del mercado mundial) echa raíz en las transformaciones, así como en las contradicciones, de la explotación del trabajo. Son las luchas de los trabajadores las que transforman las instituciones políticas y las formas de poder del capital. El proceso que ha conducido a la afirmación de la hegemonía de la regla imperial no es una excepción: después de 1968, después de la gran rebelión de los trabajadores asalariados en los países desarrollados y de los pueblos colonizados en el tercer mundo, el capital ya no puede (en el terreno económico y monetario, militar y cultural) controlar y contener los flujos de la fuerza de trabajo dentro de los límites del Estado-nación. <em>El nuevo orden mundial corresponde a la exigencia de un nuevo orden en el mundo del trabajo</em>. La respuesta del capitalismo toma forma en diferentes niveles, pero el de la organización tecnológica de los procesos de trabajo es fundamental.</p>
<p style="text-align:justify;">Se trata, en efecto, de la automatización de la industria y de la informatización de la sociedad: la economía política del capital y la organización de la explotación comienzan a desarrollarse cada vez más a través del trabajo inmaterial, la acumulación concierne a las dimensiones intelectuales y cognitivas del trabajo, a su movilidad espacial y a su flexibilidad temporal. La sociedad entera y la vida de los hombres se convierten así en objeto de un nuevo interés por parte del poder. Marx había previsto perfectamente (en los <em>Grundrisse</em> y en <em>El Capital</em>) tal desarrollo, al que él llamaba “subsunción real de la sociedad en el capital”. Foucault comprendió –creo yo- este paso histórico, puesto que, por su parte, describió la genealogía del control de la vida – tanto de la vida individual como de la vida social- por el poder. Pero la subsunción de la sociedad en el capital (así como la aparición de los biopoderes) es mucho más frágil de lo que creemos, y, en particular, mucho más frágil de lo que el capital mismo cree, o de lo que el objetivismo de los epígonos marxistas (como la Escuela de Francfort, por ejemplo) quiere reconocer.</p>
<p style="text-align:justify;">En realidad, la subsunción real de la sociedad (es decir, del trabajo social) en el capital generaliza la contradicción de la explotación a todos los niveles de la sociedad misma, del mismo modo que la extensión de los biopoderes abre la puerta a una respuesta biopolítica de la sociedad: no ya los poderes sobre la vida, sino la potencia de la vida como respuesta a tales poderes; en suma, esto abre la puerta a la insurrección y a la proliferación de la libertad, a la producción de subjetividad y a la invención de nuevas formas de lucha. <em>Cuando el capital se adueña de la vida entera, la vida se revela como resistencia</em>. Es, pues, en este punto en el que los análisis foucaultianos de la transformación de los biopoderes en biopolítica han influido en los nuestros sobre la génesis del imperio: en suma, cuando las nuevas formas del trabajo y de las luchas, producidas por la transformación del trabajo material en trabajo inmaterial, se revelan como productoras de subjetividad.</p>
<p style="text-align:justify;">Con todo, no sé si Foucault estaría totalmente de acuerdo con nuestros análisis -¡yo espero que sí!-; porque producir subjetividad, para Michael Hardt y para mí, es en realidad hallarse en una metamorfosis que conduce al comunismo. En otros términos, pienso que la nueva condición imperial en la que vivimos (y las condiciones sociopolíticas en las que construimos nuestro trabajo, nuestros lenguajes y, en consecuencia, a nosotros mismos) pone en el centro del contexto biopolítico lo que nosotros llamamos <em>lo</em> <em>común</em>: no lo privado o lo público, no lo individual o lo social, sino lo que, todos juntos, construimos para asegurar al hombre la posibilidad de producirse y reproducirse. En lo común, nada de lo que constituía nuestras singularidades queda suspendido o borrado: simplemente, las singularidades se articulan las unas con las otras para obtener un “agenciamiento” –el término es de Deleuze- en el que cada potencia se ve multiplicada por la de los otros, y en la que cada creación es también inmediatamente la de los otros.</p>
<p style="text-align:justify;">La vías que unen la revisión creativa del marxismo (a la que nos adherimos) con las concepciones revolucionarias de lo biopolítico y de la producción de la subjetividad elaboradas por Foucault son –creo yo- muy numerosas.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Pregunta 5</strong>: Las dos últimas obras de Foucault sobre los modos de la subjetivación parecen haber atraído menos su atención. ¿La construcción de una ética y de estilos de vida ajenos o resistentes al biopoder es una vía demasiado alejada de lo que ustedes proponen (la figura del militante comunista)? ¿O bien existen posibilidades de un acuerdo más profundo que nosotros no hemos percibido?</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Respuesta 5</strong>: Las últimas obras de Foucault han tenido una gran influencia sobre mí; creo que lo que acabo de decirle a propósito de <em>Imperio</em> lo muestra con claridad. Permítame que le cuente un recuerdo un tanto curioso: a mediados de los años 70 escribí un artículo sobre Foucault en Italia –sobre eso que hoy se llama el “primer Foucault”, el Foucault de la arqueología de las ciencias humanas-. Trataba de señalar los límites de ese tipo de indagación y esperaba una especie de paso hacia delante, una insistencia más fuerte sobre la producción de subjetividad. En aquella época, yo mismo estaba intentado salir de un marxismo que, sin bien resultaba profundamente innovador en el terreno teórico –puesto que se preguntaba si era factible un “Marx más allá de Marx”-, presentaba en cambio, en el terreno de la práctica militante, el riesgo de terribles errores.</p>
<p style="text-align:justify;">Quiero decir con esto que, en los años de lucha apasionada que siguieron a 1968, en la situación de feroz represión que los gobiernos de derecha ejercieron contra los movimientos sociales de protesta, muchos de nosotros corrimos el peligro de una deriva terrorista y algunos cedieron a ella. Pero, tras este extremismo, estaba siempre la convicción de que el poder era uno y solamente uno, de que el biopoder convertía a la derecha y a la izquierda en algo idéntico, que sólo el partido podía salvarnos –y si no el partido, las vanguardias armadas estructuradas como pequeños partidos en versión militar, en la gran tradición de los “partisanos” de la Segunda Guerra Mundial-. Nosotros comprendimos que esa deriva militar era algo de lo que los movimientos no se recuperarían; y que no sólo se trataba de una elección humanamente insostenible, sino de un suicidio político. Foucault, y junto a él, Deleuze y Guattari, nos pusieron en guardia contra dicha deriva. A este respecto, eran ellos los auténticos revolucionarios: cuando criticaban el estalinismo o las prácticas del “socialismo real”, no lo hacían de manera hipócrita y farisaica, como los “nuevos filósofos” del liberalismo; trataban de hallar el medio de afirmar una nueva potencia del proletariado contra el biopoder del capitalismo.</p>
<p style="text-align:justify;">La resistencia al biopoder y la construcción de nuevos estilos de vida no están, pues, alejados del militantismo comunista, si se acepta pensar que el militantismo es una práctica común de libertad y que el comunismo es la producción de lo común. Como en <em>Imperio</em>, la figura del militante comunista no se toma en préstamo de un viejo modelo. Al contrario, se presenta como un nuevo tipo de subjetividad política que se construye a partir de la producción (ontológica y subjetiva) de las luchas por la liberación del trabajo y por una sociedad más justa.</p>
<p style="text-align:justify;">Para nosotros, pero creo que también para los movimientos sociales de hoy en día, la importancia de las últimas obras de Foucault es, en consecuencia, excepcional. <em>La genealogía pierde aquí todo carácter especulativo y deviene política –una ontología crítica de nosotros mismos-, la epistemología es “constitutiva”, la ética asume dimensiones “transformadoras</em>”.<em> </em>Pero no se trata de un nuevo humanismo; o, más exactamente, se trata de reinventar al hombre en el seno de una nueva ontología: así, sobre las ruinas de la teleología moderna, recuperamos un <em>telos</em> materialista.</p>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://seminaire.samizdat.net/Une-contribution-sur-Foucault.html">Artículo-entrevista para <em>FSU-Nouveaux Regards</em>, agosto de 2004.</a></p>
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		<title>GÜNTER ANDERS, la bomba en bikini &#8211; Fabrice Hadjaj (2006)</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 06:44:55 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Decrecimiento]]></category>
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		<category><![CDATA[Teoría Crítica]]></category>

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El 5 de julio de 1946, una bailarina del Casino de París, llamada Micheline, presenta el &#8220;más pequeño traje de baño del mundo&#8221;: fue diseñado por Louid Réard, especialista en maquinaria recicladora de ropa interior, y lo llamará Bikini, nombre del atolón donde los americanos acababan de realizar sus nuevos ensayos nucleares. Nagasaki no [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=colaboratorio1.wordpress.com&blog=1847422&post=560&subd=colaboratorio1&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;"><img class="size-full wp-image-561  aligncenter" title="anders" src="http://colaboratorio1.files.wordpress.com/2009/10/anders.jpg?w=272&#038;h=405" alt="anders" width="272" height="405" /></p>
<p style="text-align:center;"> <br />
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<p style="text-align:justify;">El 5 de julio de 1946, una bailarina del Casino de París, llamada Micheline, presenta el &#8220;más pequeño traje de baño del mundo&#8221;: fue diseñado por Louid Réard, especialista en maquinaria recicladora de ropa interior, y lo llamará Bikini, nombre del atolón donde los americanos acababan de realizar sus nuevos ensayos nucleares. Nagasaki no había sido suficiente. Los tests se habían demostrado finalmente letales por la carbonilla radioactiva para personas que se encontraban muy alejadas del lugar de la explosión. El locutor de radio Kuboyama, además, falleció en el acto. ¿Nuestro fabricante no vio acaso una oportunidad comercial? ¿No demostraba que las cenizas radioactivas podrían llegar hasta nuestras playas? Los americanos llamaron a sus bombas, &#8220;Little Boy&#8221; o &#8220;Grandpa&#8221;. Ahora se imponía una familiarización inversa: no era la bomba la que tenía un nombre común, era la bañista quien debía convertirse en una &#8220;bomba sexual&#8221;. Designar el objeto no en términos de vida y de intimidad sino de explosión y muerte no es para nada inocente. Es cuando menos un mal augurio, y convendría escribir toda una estética sobre el &#8220;pasárselo bomba&#8221;, desde la juerga entre amigos hasta el atentado suicida pasando por el dripping y el zapping, para comprender hasta que punto los tres pequeños triángulos sostenidos por hilos son el signo, como una estrella de David explotada, de la desesperante amenaza atómica.</p>
<p style="text-align:justify;">Sucede que ya no vivimos en una época, sino en su prórroga. Günther Anders ya nos advirtió: nuestra existencia transcurre no solo bajo la inminencia de una muerte individual, sino de una destrucción planetaria. Su obra se esfuerza por sacar todas las consecuencias posibles de lo dicho. Como ya tiene sus años, sobre una cuestión tan actual, la podríamos creer obsoleta. Pues ni mucho menos. Durante mucho tiempo guardada en la sombra, como un gran vino de reserva, ha mejorado para ahora ofrecernos la sobriedad propia del momento de resaca de una borrachera. No es el entusiasmo ni el furor del momento lo que nos preocupa sino la excepcional pertinencia de conceptos que dominan el panorama actual y señalan a lo esencial. A este rigor se une la grandeza de un estilo que sabe conjugar la exposición con la palabra, el silogismo con la anécdota, la seriedad con el humor, con una mezcla de profundidad sutil y de alegría angustiosa que recuerda a Kierkegaard.<br />
<span id="more-560"></span> </p>
<p style="text-align:justify;"><strong>UNA VIDA EN EL SIGLO</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Es conveniente, como si su obra no fuera recomendable por sí misma, recordar que Anders fue un alumno de Heidegger y próximo a Husserl, que el joven Lévinas le tradujo en los años 30, que Sartre recibirá la influencia de su obra &#8220;Patología de la libertad&#8221;, que era amigo de Bertolt Brecht, de Walter Benjamin, de Herbert Marcuse, de Hans Jonas y, sobre todo, el primer marido de Hannah Arendt. Para ocultar algo su pedigrí, diremos sobre otro aspecto: su pobreza de judío errante. Antes de su reclutamiento por la fuerza en una asociación escolar paramilitar al final de la Primera Guerra Mundial que creíamos iba a ser &#8220;la última de las últimas&#8221;: ¡aquí le tenemos a los quince años en el frente, descubriendo a hombres convertidos en &#8220;material humano&#8221;, y temblando ante un cortejo de lisiados en el andén de una estación, como procesión del futuro! Después vino la fuga de París bajo el Reich: tuvo que soportar como el manuscrito de su obra capital contra el nazismo, <em>La catacumba molusa</em>, acabó escondida en la campana de una chimenea, entre jamones y salchichones,  para no poder encontrar un editor más que cincuenta años más tarde, cuando ya era demasiado tarde (mientras tanto, ciertas páginas habían cogido el olor de sus embutidos y les habían servido, a Hannah y a él, para aromatizar el pan de su frugal menaje). Después, el exilio en California: el filósofo va tirando de pequeños trabajos, se hace profesor particular de la hija de Irving Berlin, el compositor de Broadway, después trabajará en una pequeña fábrica de tejidos tipo pret-a-porter para que las amas de casa pudieran tener su tiempo libre. Mientras tanto prosigue su lectura de Marx y de Heidegger, esta doble experiencia de Hollywood y de la fábrica será para el fundamental. La agudeza de su pensamiento vendrá de ahí, que le eleva al rango de entre los mas grandes, como un Debord y siendo el complemento conyugal de Hannah.</p>
<p style="text-align:justify;">La primera noción de su gran obra <em>La obsolescencia del hombre</em>, es el de un nuevo sentimiento: la &#8220;vergüenza prometeica&#8221;. Entiende por esto la &#8220;vergüenza que se adueña del hombre delante de la humillante calidad de las cosas que él mismo ha construido&#8221;. Este sentimiento puede parecer loco. Se alimenta de la razón de nuestro culto a la eficiencia. Lo encontramos incluso en el maquillaje: los cosméticos ofrecen el preparado y el producto final masivo, este suplemento industrial que permite al rostro convertirse en una magnífica &#8220;cabeza góndola&#8221; (mediante esta locución, pretendo designar la hoy común mezcla entre Venecia y el hipermercado). La mujer puede hacer la competencia a las chicas de portada y otros envases atrayentes. ¡Qué bueno sería poder estar siempre en forma, ser reparado, eficaz y tranquilo como un portátil!. Sin estados de ánimo sobre todo. Puesto que lo aburrido, es tener un alma, con su farragosa angustia y metafísica. Sin embargo es difícil hacer ablación del alma, puesto que no es un órgano, y parece que incluso la cirugía estética no consigue más que afear. La maldición, en el fondo, está en que hemos nacido -<em>inter faeces et urinam</em>- y no hemos sido producidos según la inmaculada concepción de nuestros ingenieros. Recordamos ahora que Arendt caracterizó la esencia del totalitarismo por &#8220;el rechazo al nacimiento&#8221;: el individuo debe insertarse en un plan, un programa de felicidad que le precede y del que debe formar parte del engranaje, mientras que la novedad radical, el radical comienzo de su venida al mundo le son negados. Anders recoge esta noción pero para la sociedad liberal. No es ya fruto de una ideología. Se revela como una situación objetiva. ¡Felices los tiempos de las ideologías de las que nos podíamos defender violentamente! Ahora estamos metidos en un proceso que no necesita de ninguna cabeza pensante para ser orquestado. El mercado es ahora autónomo. No nos encontramos ya ante la cosificación del hombre, sino ante la pseudo-personificación de las mercancías, las cuales se convierten en nuestros modelos, nuestra matriz.</p>
<p style="text-align:justify;">El inconveniente de este punto de vista, es el de ser único. A menudo proclamamos la unicidad de la persona, pero realmente nos incomoda. Puesto que el summum, sería ser producido en serie. El fin de la nueva &#8220;Academia&#8221; no es, como la de Platón, elevarse solo hacia lo Único, sino descender multiplicado entre expositores y escaparates. La gloria está en ser un &#8220;dividuo&#8221;, disperso en su actividad, distribuido por las estanterías, transfigurado por la gran distribución.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>YUXTAPUESTOS COMO FUSILADOS</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Es necesario leer las extraordinarias páginas de <em>El mundo como fantasma y matriz</em>. Escritas en 1956, sus &#8220;consideraciones filosóficas sobre la radio y la televisión&#8221; son de mucha mayor frescura que nuestras actuales críticas. Nos metemos de lleno en el mundo audiovisual: Anders ha visto lo que había antes, y que se ha desmoronado. Este acercamiento al objeto en su origen nos hace comprender más profundamente su fin. La televisión, explica, ha substituido a la mesa familiar, no estamos más en círculo, reunidos en torno a una comida, sino yuxtapuestos como fusilados que el tubo catódico ametralla. Desde entonces, ya no hay más un interior ni exterior. Lo lejano se convierte en próximo, lo próximo, lejano: estamos en la no-distancia. Las peripecias de la familia de la comedia nos interesan más que nuestra propia familia. Los acontecimientos de todos lados llegan sin realmente llegar: la pantalla reduce todo a estado de figurita decorativa en el salón, entre la planta verde y el yorkshire. La violencia en la televisión no es nada en comparación con esta violencia de la televisión, incluso si lo que emite son escenas piadosas y sus programas de valor. Podemos pensar que estamos en la misa en nuestro sofá y ver el documental Shoah llorando sobre nuestras palomitas. ¿Es la realidad lo que se está aquí retransmitiendo?</p>
<p style="text-align:justify;">No, solo su fantasma, ni presente ni ausente, las reproducciones que presentan niegan, a diferencia de las imágenes del arte, su carácter de producción. Además la desinformación es en sí esencial a la información misma: el suceso retransmitido debe ser preparado para la audiencia, transformado en espectáculo, conforme a los estudios de mercado. Aunque nos traigan el mundo a domicilio, lo que nos ofrecen nos priva del mundo en su resistencia y su misterio. Nuestro fin es convertirnos en reproducciones de sus reproducciones. El bikini es el indicio: no está hecho para el cuerpo, sino el cuerpo para el. Es necesario para llevarlo puesto parecerse a B.B. en <em>Y Dios creo a la mujer</em> o a Ursula Andress en <em>James Bond contra el Dr. No</em>.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>CONSERVAR EL MUNDO</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Pero nuestra pequeña prenda, nos servirá también de divertimento pascaliano. Esta &#8220;bomba anatómica&#8221; está aquí para hacernos olvidar la bomba atómica. Anders prolonga aquí los análisis de Heidegger: el ser-para-la-muerte se convierte hoy en día en ser para la destrucción de la especie. Su libro, <em>La amenaza nuclear</em>, no es un inventario de los peligros que acechan a nuestro futuro: toma la medida trágica de lo que se ha realizado. La categoría de lo posible, lo sabemos desde Kierkegaard, es la categoría más pesada: el hombre está volcado sobre su futuro, de forma que sus virtualidades ya están presentes en sus proyectos y llevan la marca de esperanza o de desesperación. El futuro de nuestros días, es la probabilidad de una &#8220;muerte sin oración fúnebre&#8221;: la atomización universal, y nadie para llorarnos. ¿Tendrá lugar? No importa: &#8220;la posibilidad de nuestra destrucción es, incluso si no tiene finalmente lugar, la destrucción definitiva de nuestras posibilidades&#8221;.</p>
<p style="text-align:justify;">Ya no construimos, como en la década de los 50, refugios anti-atómicos en nuestro jardín, pero nuestra indiferencia nos salva del ridículo para meternos en la estupidez. El aparente coraje que mostramos no es más que un miedo a lo peor. En realidad, hemos interiorizado la amenaza que huimos a la superficie de nosotros mismos. Puesto que la amenaza tiene el efecto de una imagen no subliminal sino &#8220;supraliminal&#8221;: no la vemos porque es demasiado grande, y está presente a pesar nuestra. El nihilismo ya no es una opción extraña, está en el aire que respiramos: no dejamos de fabricar otros mundos virtuales en el desprecio definitivo de este mundo, puesto que ha defraudado el mito del progreso continuo. Los hombres nos parecen como &#8220;seres intermedios en un intermedio&#8221;. Ya no creemos más en la posteridad, y es el secreto del individualismo, de la crisis de la política, de la pérdida de la utopía como de la tradición. El arte mismo está invadido. En la paciente labor de la obra cien veces retomada, el jefe de obra se encuentra atascado para superar los siglos, para qué, si ya no quedan siglos&#8230;En su lugar nos apresuramos hacia lo fácil y lo provocador, en la urgencia de un éxito rápido.</p>
<p style="text-align:justify;">El drama, en todo esto, es la banalidad del mal cometido. Ya no hay necesidad de ser malvado para participar de lo peor: la división del trabajo nos convierte en unos irresponsables. Anders todavía piensa aquí en paralelo a su primera esposa: el tiempo de Eichmann no es ya el de Ricardo III, &#8220;decidido a ser un villano&#8221;. Basta tener la determinación de ser un funcionario sin imaginación. El pobre diablo que compra menos caro impone una bajada de costes y se convierte en cómplice de la explotación. La electricidad que consumo para escribir estas páginas colabora en la empresa nuclear. La guerra total será desencadenará incluso sin odio, debido a la concienzuda lectura de un detector de misiles transmitido por diversos subordinados. Máquinas y mercancías son los dioses de nuestra tragedia: proclaman el oráculo fatal y deciden más allá de nuestras cabezas la destrucción de nuestra Troya.</p>
<p style="text-align:justify;">&#8220;Hemos llegado a tal punto, dice nuestro pensador aun próximo a Marx, que quisiera declararme un &#8220;conservador&#8221; en materia ontológica, puesto que lo que importa hoy, por primera vez, es conservar el mundo tal y como es&#8221;. Por primera vez, no se rata de oponer una visión del mundo a otra, sino de luchar porque siga existiendo un mundo. De gritar hacia lo alto, esperando contra toda esperanza, e inculcar al prójimo el coraje de tener miedo.<br />
El bikini, con todo lo que exhibe, disimula el pavor que sería necesario tener en nuestras playas de veraneo. Es bajo el mismo sol que explotó Little boy. Bajo este sol que podemos conmemorar esta fecha tan monstruosa, según Anders, del 8 de agosto de 1945: las víctimas de Hiroshima salían todavía entre escombros, los habitantes de Nagasaki paseaban sin estar muy seguros, y los que ya habían lanzado su bomba sobre los primeros y se disponían, sobre los segundos, a renovar la experiencia, estaban firmando, en Nuremberg, el documento que codifica la noción de &#8220;crimen contra la humanidad&#8221;.</p>
<p><a href="http://www40.brinkster.com/celtiberia/bikini.html"> - FUENTE.</a></p>
<p><a href="http://www.decroissance.info/Gunther-Anders-la-bombe-en-bikini">- VERSIÓN EN FRANCÉS.</a></p>
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		<title>SPINOZIANA III. Tener comercio: Spinoza y los modos del intercambio &#8211; Maxime Rovere (2007)</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 14:39:52 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Clásicos Subversivos]]></category>
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		<category><![CDATA[Maxime Rovere]]></category>
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Traducción del francés: Diego L. Sanromán.
Resumen: Spinoza no elaboró un gran pensamiento sobre el comercio, pero lo practicó activamente. El presente artículo mide el impacto de dicha práctica sobre su filosofía política, tomando en consideración el modo en que la historia de las ideas se articula con la historia [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=colaboratorio1.wordpress.com&blog=1847422&post=552&subd=colaboratorio1&ref=&feed=1" />]]></description>
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<p style="text-align:center;">
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<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">Traducción del francés: Diego L. Sanromán.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>Resumen: Spinoza no elaboró un gran pensamiento sobre el comercio, pero lo practicó activamente. El presente artículo mide el impacto de dicha práctica sobre su filosofía política, tomando en consideración el modo en que la historia de las ideas se articula con la historia del autor e investigando cómo la elaboración de una metafísica del comercio le lleva a evacuar los negocios de su antropología.</em></p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">“[…] <em>en esta gran ciudad en que me encuentro, no habiendo hombre alguno, salvo yo, que no se dedique a los negocios, cada cual se halla tan atento a su provecho que bien podría yo permanecer aquí toda mi vida sin ser jamás visto por nadie. Me paseo todos los días entre la confusión de este gran pueblo, con tanta libertad y relajo como podríais hacerlo vos por vuestras alamedas, y no considero a los hombres que veo de manera distinta a como haría con los árboles que se hallan en vuestros bosques o a los animales que en ellos pacen</em>”. (1)</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando Descartes habla de Ámsterdam, es para maravillarse de que haya tantos comerciantes. Lo que le maravilla de los comerciantes es que no son ni filósofos ni teólogos; no son, a sus ojos, más que una multitud sin unidad, en la que cada cual se preocupa de sus propios asuntos. En la medida en que la actividad filosófica no afecte a sus beneficios, no representan ninguna amenaza para el pensador. De esta completa alteridad entre los comerciantes y el filósofo puede, pues, nacer una suerte de idilio en negativo, un amor en ausencia en el que los unos y los otros gocen de esa libertad que se reconocen en una recíproca indiferencia.</p>
<p style="text-align:justify;">Ahora bien, es en este medio de una inocencia tan bucólica en el que nace Spinoza un año más tarde, de un padre al que Descartes pudo haberse encontrado por la calle: un comerciante que, a partir de 1620, se dedica a la importación de frutos secos y de cítricos de España y Portugal, de aceite de Argelia, de pipas y de otras mercancías. Se sabe que el propio Spinoza dirigirá el negocio entre la muerte de su padre en 1654 y su excomunión de la comunidad judía en 1656. Durante dos años, pues, la sociedad Bento y Gabriel Espinoza fue dirigida por un futuro filósofo y, a la recíproca, se puede decir que el <em>Tratado teológico-político</em> y la <em>Ética</em> fueron escritos por un antiguo comerciante.<span id="more-552"></span></p>
<p style="text-align:justify;">¿Qué cambia todo esto? A primera vista, no demasiado: en ninguna de las obras de Spinoza puede encontrarse una teoría del comercio, de suerte que uno tiene la impresión de que, a pesar de un breve intervalo biográfico, Spinoza es un filósofo tan ajeno a las cuestiones comerciales como Descartes, y que su contribución a la historia del pensamiento económico consiste sobre todo en haber recogido algunos restos del naufragio del pensamiento de Hobbes. Pero, primera sospecha, el intervalo biográfico, de ser tal, se prolonga de forma sorprendente, puesto que, enseguida (a partir de 1661, es decir, cinco años después de haber dejado las especias) Spinoza es conocido como un hábil fabricante de lentes, de microscopios y de telescopios. No es el único que se ocupa del pulimiento de cristales ópticos: se trata de una actividad científica [savante] que comparte en particular con el físico Christian Huygens y con Johann Hudde, burgomaestre de Ámsterdam. Pero Spinoza, al contrario que ellos, también los vende. Por otro lado, rechaza la ayuda financiera de sus amigos, se lamenta en 1663 por tener que dar clases particulares, declina en 1673 el puesto que se le ofrece en la Academia de Heidelberg: el filósofo no está en venta, precisamente porque el vendedor es él.</p>
<p style="text-align:justify;">Un segundo punto nos incita a no minimizar el papel del comercio a ojos de Spinoza: en el <em>Tratado teológico-político</em>, cuyo objetivo es demostrar que la libertad de filosofar es compatible con la piedad y la paz pública, que incluso es deseable para alcanzarlas, llegado el momento de concluir, Spinoza pone Ámsterdam como ejemplo; y del mismo modo que Descartes, lo que muestra de Ámsterdam son los comerciantes, y del mismo modo que Descartes, lo que muestra de ellos es, de nuevo, su indiferencia:</p>
<p style="text-align:justify;">“[…] para conceder un préstamo a alguien, se preocupan solamente por saber si es rico o pobre, si obra habitualmente de buena fe o de forma fraudulenta. Por lo demás, la religión o la secta no les interesa en absoluto […]” (2)</p>
<p style="text-align:justify;">Lo que aparece como una mercantil indiferencia desde un punto de vista individual, se convierte en libertad política a escala de la comunidad: la imagen ya no presenta, como en Descartes, a cada cual a la búsqueda de su provecho, sino a todos liberados de una tutela inútil. A partir de entonces, el mundo de los comerciantes cambia de aspecto; ya no constituye solamente un medio natural para el filósofo, sino que provee el ejemplo de un espacio político que Spinoza tiene como propósito extender a todo el mundo. Que “todos los hombres vivan en la concordia cualesquiera sean su nación y su secta” es, sin duda, el deseo que orienta el <em>Tratado teológico-político</em>, pero lo que resulta impresionante es que, al término de la argumentación, la frase describe efectivamente lo que pasa en Ámsterdam, o al menos el modo en el que se tratan los negocios en la ciudad. La hipérbole, puesto que da a esta última el aspecto de un mundo perfecto, incita cuando menos a preguntarse sobre el estatuto arquetípico del comportamiento del comerciante para Spinoza.</p>
<p style="text-align:justify;">Y ciertamente, se puede sospechar con razón que  un pensador, para el cual “cuanto más se esfuerza cada uno por buscar lo que le es útil […] más está dotado de virtud” (3), de alguna manera, haya importado a la filosofía lo que hay de más comercial en el comerciante: a saber, el deseo de realizar intercambios y de sacar provecho de ellos. Al remontarse hasta los principios del obrar humano para deducir sus reglas, ¿no habría deducido Spinoza el deseo fundamental de un cierto comercio, que implicaría, como el otro, cálculo de intereses, obligaciones, garantías, etc.? No está claro que el comerciante pueda ser citado siempre como ejemplo; pero se puede intentar seguir la huella de cierto concepto de intercambio, y especialmente de intercambio fructífero, en toda la filosofía de Spinoza, y hasta el corazón de la <em>Ética</em>.</p>
<p style="text-align:justify;">Sin embargo, si bien el modelo del comercio se encuentra muy presente en dicha filosofía, casi nunca lo está bajo la forma de un objeto del discurso. En consecuencia, una investigación sobre las relaciones entre el filósofo y el comerciante en Spinoza no podría articularse más que en torno a la ausencia, cuando no la desaparición, de la cuestión económica propiamente dicha. Si bien su filosofía debe mucho al comercio, si tal vez puede plantearse como una manera de comerciar –sin mantener, sin embargo, el carácter fundamental de la relación comercial-, es necesario distinguir también lo que depende de la conceptualización filosófica y, en particular, de la historia de las ideas. Se nos habrá de permitir, pues, que mezclemos los métodos con el fin de determinar lo que la una debe a las otras. Puesto que hemos visto a Spinoza en la escuela de los comerciantes, podemos afrontar ahora las razones de la supresión teórica de lo económico en provecho de modalidades de intercambio enteramente replanteadas.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>1. La escuela de los comerciantes</strong></p>
<p style="text-align:justify;">El contexto histórico que constituye Ámsterdam en el siglo XVII es excepcional: la ciudad goza de una prosperidad que hace de ella un polo de atracción comercial sin equivalentes, “el milagro del mundo […], la auténtica Babilonia […], la tienda del Universo” (4). Uno ya no sabe a quién elegir, entre los observadores contemporáneos, para que cante las alabanzas de la Ámsterdam del Siglo de Oro, cuyos ecos se prolongan hasta los texto de los historiadores de hoy. Uno de los principales incentivos del fulgurante crecimiento que llevó la ciudad a la cumbre de su gloria es la función de depósito del comercio internacional que le fue atribuida tras la caída de Anvers (1585). Los barcos provenientes del Báltico traen trigo, madera, cáñamo, alquitrán, que enseguida son enviados hacia el sur; en el otro sentido, la sal llega desde Francia, y se envasan arenques, que después salen hacia el norte. Esto supone, por otro lado, una flota considerable: hacia 1670, la República dispone de entre 14000 y 15000 navíos, es decir, cinco veces más que Gran Bretaña. La plata fluye desde España. En suma, Ámsterdam es una ciudad muy rica, excepcionalmente rica, y esta riqueza se basa en el comercio. No resulta, sin embargo, inútil precisar que la empresa del padre de Spinoza es modesta y que sus finanzas disminuyen a partir de 1640 (lo sabemos en particular por sus contribuciones a la congregación Talmud Torah), de forma que el filósofo hereda sobre todo pagos atrasados. Pero también hereda el espíritu que preside las dos instituciones que son el soporte de la prosperidad de Ámsterdam: la Bolsa (creada en 1607) y el Banco (fundado en 1609).</p>
<p style="text-align:justify;">El Banco de Ámsterdam, fundado para regular la circulación monetaria y las operaciones de cambio, permitía evitar el transporte de fondos en metálico en las relaciones comerciales más o menos cercanas. En cuanto a la Bolsa, constituía un lugar único en el que vendedores y compradores podían encontrarse evitando los inconvenientes de la calle, el mercado o el almacén. Se trata, en suma, de dos innovaciones fundamentales en la evolución del aspecto concreto de los negocios: el Banco inaugura relaciones de dinero sin dinero (transacciones financieras sin moneda), la Bolsa el comercio de mercancías sin mercancías (negociaciones desvinculadas de los stocks). Se trata, sobre todo, de espacios en los que se encuentra lo que, en la misma época, es imposible casi en cualquier otro lugar y que van a proveer a la filosofía política de Spinoza de algunos de sus caballos de batalla: el carácter no confesional, la igualdad de estatus y la unión de los intereses.</p>
<p style="text-align:justify;">En la Bolsa, lugar de encuentro internacional, es comprensible que hubiese resultado difícil realizar segregaciones religiosas sin obstaculizar directamente el funcionamiento de los negocios; en ella están presentes, pues, según un contemporáneo de nombre von Zesen, “neerlandeses, alemanes, polacos, húngaros, suizos, franceses, españoles, rusos, persas, turcos”,  e incluso “hindúes y gentes de nacionalidad fuera de lo común” (5). En cuanto a la Banca, las condiciones de inscripción se reducen a una cifra: 300 florines para la apertura de una cuenta. No se requiere ninguna condición confesional.</p>
<p style="text-align:justify;">La igualdad de estatus se deriva necesariamente de lo anterior: ya no se es sino vendedor, comprador o portador. El lugar ocupado por un individuo en la red de intercambios prima sobre lo que éste represente en cualquier otro lugar y, en último término, suspende, como por ensalmo, toda consideración al margen de lo financiero o lo comercial. Esto resulta aún más destacado en el Banco que en la Bolsa, debido al secreto bancario: el anonimato asegura la eliminación de las determinaciones exteriores a la institución. No es que desaparezca toda jerarquía; pero el sistema bancario sustituye las normas teológicas y políticas por un criterio de evaluación inmanente (la importancia de la cuenta).</p>
<p style="text-align:justify;">Finalmente, el Banco, en la medida en que asegura para todos la seguridad de las finanzas de cada uno, ofrece un sorprendente ejemplo de unión de los intereses particulares. Y si bien la Bolsa no opera la misma unión, sí resulta evidente que es el lugar en el que la oferta encuentra la demanda: se trata, en consecuencia, menos de una fusión que de una convergencia de intereses.</p>
<p style="text-align:justify;">Hay aquí un conjunto de características que constituyen etapas importantes en la historia de las ideas y de las que Spinoza, antes incluso de extraer lecciones, va a beneficiarse directamente. Mientras es todavía un comerciante miembro de la comunidad judía, su actividad tiene lugar en las instituciones donde se organiza la prosperidad de Ámsterdam. Así, el extraño pasaje del <em>Tratado teológico-político</em> en el que una propuesta de resonancias utópicas se presenta como ya cumplida –al menos localmente- se encuentra en simetría con la experiencia del comerciante que se convierte en filósofo: el Spinoza comerciante puede experimentar la desvinculación de los asuntos comerciales de lo teológico; pero el Spinoza pensador deberá reclamarla para las especulaciones filosóficas.</p>
<p style="text-align:justify;">Ahora bien, es precisamente la Bolsa la que, en su evolución intelectual, desempeña el papel más importante, pues es aquí, por las relaciones que mantiene debido a su comercio, donde se topa en primer lugar con una cierta relación con lo religioso, y más tarde con la propia filosofía. No debe considerarse, pues, de manera difusa y como estructural la influencia sobre Spinoza de las ideas implicadas en el funcionamiento de las instituciones de Ámsterdam. Es preciso que señalemos qué singulares determinaciones se ejercieron sobre este hombre singular; no resulta, pues, indiferente para nuestro propósito el conocer los nombres de los que son, en efecto, los vectores de tales ideas en el caso de Spinoza.</p>
<p style="text-align:justify;">También Jarig Jellesz era negociante en especias y frutos secos; en el momento –incierto- de su encuentro con Spinoza, forma parte del círculo de los Colegiantes, que reúne a hombres que rechazan todo dogma teológico, todo ritual religioso, en provecho de una experiencia interior de Dios. Entre ellos, Spinoza encuentra a sus amigos íntimos, Peter Balling (otro comerciante), Simon de Vries (también comerciante) y el impresor Jan Rieuwertsz, que publicará el <em>Tratado teológico-político</em> y las <em>Opera</em> <em>póstuma</em>. Es posible que Van den Enden, que pronto acoge a Spinoza en su escuela y le inicia en el latín y en la filosofía cartesiana, le fuese presentado por su mediación. Falta la información para seguir en detalle el movimiento que lleva al comerciante judío, por su relación con los comerciantes, a convertirse en amigo de estos hombres versados, por otro lado, en las cosas del espíritu y después a querer liberarse él mismo de toda confesión (la excomunión es proclamada en 1656), y más tarde del comercio, para consagrarse al estudio. Aparte del papel ejemplar que pudo desempeñar Jarig Jellesz, que había renunciado a los negocios a partir de 1653, parece necesario distinguir, como grados, la tolerancia y la indiferencia con respecto a los signos. Desde antes de su excomunión, Spinoza pudo experimentar la tolerancia religiosa en el seno de las instituciones comerciales. Pero sus amigos no sólo pertenecen por su profesión al espacio de tolerancia que constituye la Bolsa: les anima una íntima indiferencia ante los signos exteriores de la religión. En suma, debido a su condición de comerciantes, no tienen costumbre de discriminar a los hombres según sus creencias; y debido a que son miembros de la secta de los Colegiantes, se sirven de su libertad para abstenerse de adherirse a una iglesia cualquiera (6). Realizan así de entrada lo que Spinoza, en el <em>Tratado teológico-político</em>, va a proponer extender a la sociedad entera: un espacio de intercambios externo a lo religioso.</p>
<p style="text-align:justify;">¿Qué ocurre, entonces, en el pensamiento de Spinoza, con el propio comercio? ¿Cuál es su lugar, puesto que se trata de la cuna de la teoría laica de lo político desarrollada en el <em>Tratado teológico-político</em>? Conforme a la letra del texto, de los más reducidos: ya lo hemos visto, Spinoza no evoca el ejemplo de Ámsterdam más que al final del tratado. Su propósito es, entonces, demostrar que la libertad de juzgar “es la única que puede impedir que los hombres se perjudiquen los unos a los otros, incluso si difieren en sus opiniones”.</p>
<p style="text-align:justify;">La fuerza del ejemplo –o de lo que Spinoza presenta como tal- puede explicitarse como sigue: los hombres de Ámsterdam difieren en su religión, y a este respecto podrían enfrentarse los unos a los otros. No es el caso, puesto que su preocupación primera es recuperar el dinero prestado y ganar sus causas, y la religión resulta, en cuanto a esto, irrelevante. Al contrario, al permitir a los hombres decir lo que piensan, se les permite precisamente pensar en otra cosa (distinta de lo que los enfrenta). Así, en lugar de crispar sus diferencias, hacen fructificar sus relaciones, llevando la prosperidad a los Países Bajos, “esta república tan floreciente” y la gloria a Ámsterdam, “esta ciudad tan prestigiosa”.</p>
<p style="text-align:justify;">Es muy significativo que, en el momento de ilustrar la libertad <em>política</em> de decir lo que se piensa, Spinoza tome como ejemplo el hecho de que las convicciones <em>religiosas</em> no intervienen en las relaciones de dinero. Se debe a que la libertad que el texto se propone defender es, en primer lugar, una libertad ilimitada de filosofar. Para las opiniones directamente políticas, el mismo capítulo admite la necesidad de un límite: hay, desde luego, discursos sediciosos. Y lo que es más, si Spinoza no toma el ejemplo de opiniones de este tipo, es porque, para él, el comercio no es en modo alguno exterior al campo político. En último término, el mismo hecho de comerciar supone una participación activa en la vida del Estado. Considerada en términos absolutos, dicha actividad constituye, si  se quiere, una suerte de opinión performativa que da testimonio de la lealtad del comerciante con respecto al soberano. El ejemplo hace así carambola: la libertad no solamente es propicia al comercio, el comercio también es propicio al Estado; luego la libertad es propicia al Estado.</p>
<p style="text-align:justify;">En la época en la que escribe el <em>Tratado teológico-político</em>, lo esencial para Spinoza se encuentra en el desplazamiento de lo teológico: el espíritu de los comerciantes es el lugar en el que aquel se produce, pues éstos separan las creencias religiosas de sus prácticas comerciales. No solamente se puede, sino que resulta deseable no referirse a dogmas cuando se trata de tales prácticas. Pero queda por precisar la situación política del comercio, algo que Spinoza hará parcialmente en el Tratado político:</p>
<p style="text-align:justify;">“Tiene a otro bajo su potestad, quien lo tiene preso o quien le quitó sus armas […], o quien le infundió miedo o lo vinculó a él mediante favores […]” (7).</p>
<p style="text-align:justify;">Es menos el comercio en cuanto tal que la relación dineraria la que Spinoza introduce, en primer lugar, en su teoría política, inscribiéndola de entrada en una relación de fuerza –o de poder-. Ahora bien, entre los cuatro medios de que dispone un hombre para ejercer poder sobre otro, la continuación del texto aísla amenazas y favores. El dinero es uno de los dos medios de prodigar favores; el otro es la gloria. La relación dineraria se inscribe así en lo que podría llamarse el trabajo político del afecto. Forma parte de lo que permite hacer emerger el poder político a partir de los poderes de cada uno, sin contrato, por el simple efecto de la esperanza y el temor. Conviene señalar, aunque ya volveremos más adelante sobre esto, que a partir de esta consideración Spinoza se prohíbe toda anticipación sobre la economía política; al concebir la constitución de lo político a partir de los afectos, no contempla más que una psicología, cuya fuerza está en considerar que la situación de lo político no es la propia de una trascendencia con respecto a los intereses de cada uno, sino que, por el contrario, se inscribe en el meollo de estos últimos. Ahora bien, tal inscripción queda precisamente asegurada por el dinero. Si se hace de tal manera que la salud de la ciudad aproveche de forma consciente a sus miembros, y en primer lugar a sus dirigentes, se obtiene una congruencia de intereses que hace que nazca el espacio político.</p>
<p style="text-align:justify;">Así, del mismo modo que la actividad del comerciante puede concebirse como una opinión performativa, también, a la inversa, puede verse en ella un favor concedido a aquél por la ciudad: pues es el soberano el que da al ciudadano el marco para ejercer su comercio con total seguridad. De esta manera, la reversibilidad de las relaciones valida la congruencia entre los intereses del comerciante, que comercia en una relación participativa con la ciudad, y de la vida de la ciudad, que se realiza mediante la acción de un individuo singular bajo la forma de una empresa singular. A partir de ese momento, el esfuerzo del soberano debe consistir en hacer perceptible para los ciudadanos dicha identidad de intereses, es decir, en obrar de tal manera que cada uno, al perseguir su propio interés, participe en el interés de todos. Para cada régimen político, Spinoza considera, pues, un funcionamiento económico que responde a este propósito: implicar a los actores de la vida política en los intereses del Estado. En una monarquía:</p>
<p style="text-align:justify;">“Otro elemento que desempeña un importante papel en favor de la paz y la concordia, es que ningún ciudadano posea bienes inmuebles […]. De ahí que los peligros derivados de la guerra son casi iguales para todos. En efecto, el afán de lucro hará que todos se dediquen al comercio […]” (8).</p>
<p style="text-align:justify;">El comercio tiene una fuerza de unión política tanto más palpable cuanto que establece intercambios frágiles, inmediatamente solidarios con el estado de paz. Desde el momento en que se haga comerciantes a todos los ciudadanos, todos tendrán interés en la paz, no sólo colectiva, sino también individualmente. Así, la conciliación de lo individual y lo colectivo reposa sobre un principio de congruencia entre paz y comercio: la paz, concebida como interés colectivo, es condición del comercio, concebido como interés individual. Al implicar a los ciudadanos en el uno, se les comunica el deseo por el otro: a través del comercio, entran en la política.</p>
<p style="text-align:justify;">El mismo principio se aplica al régimen aristocrático:</p>
<p style="text-align:justify;">“Las ganancias de los senadores deben ser tales que les resulte más ventajosa la paz que la guerra. Por eso se les asignará la centésima o la quincuagésima parte de las mercancías que se exportan del Estado a otras regiones” (9).</p>
<p style="text-align:justify;">Como vemos, Spinoza da un sentido muy literal a la idea de que el político está interesado en el comercio: institucionaliza los sobornos. El político es un interesado, sin más: en ausencia de contrato, es siempre el deseo –o dicho de otro modo, los afectos- el que estructura el campo político. Así, del mismo modo que el comercio, en el <em>Tratado teológico-político</em> servía como ejemplo de la emancipación respecto de la teología, en el <em>Tratado político</em> es el lugar en el que se percibe una segunda ruptura. Spinoza, en efecto, ha terminado de redactar su <em>Ética</em>, tomando definitivamente distancias con respecto a la moral. El <em>Tratado político</em> puede, pues, profundizar en la emancipación iniciada con el <em>Tratado</em> <em>teológico</em>-<em>político</em>: el principio de la inmanencia de los principios, proposición fundamental de la filosofía de Spinoza, conduce a una política sin otro fundamento que el interés de cada uno, el único en cuyo interior puede concebirse el interés de todos. En un campo político cuyo objetivo es constituir una estructura colectiva fundada sobre fuerzas individuales, el comercio interviene, pues, como término medio: la cópula que sella la realidad de los intercambios, así como su polivalencia (negocio privado y público a la misma vez).</p>
<p style="text-align:justify;">Falta, sin embargo, un eslabón en este dispositivo. ¿Cómo fundamentar las reglas del buen comercio? ¿Cómo hacer para que el comercio, que Spinoza vincula tan íntimamente a la paz, no sea en sí mismo una forma de guerra? Para cumplir con tal tarea prescriptita, la teología, como ya sabemos, queda excluida. La moral ya no es nada. La política no es, en sí misma, más que un efecto del afecto. De esta manera, el contexto teórico de la filosofía de Spinoza determina considerables modificaciones en el acercamiento al comercio como problema filosófico. La tarea que incumbe al filósofo cambia de sentido: ya no consiste en concebir cómo adaptar el comercio a imperativos exteriores a él mismo, sino en cómo adaptarlo a lo que resulta directamente del deseo que le sirve de fundamento. Ya no se trata, pues, como en la tradición filosófica que va de Aristóteles a Santo Tomás, de confrontar el comercio con el problema de la equidad, ni de buscar la justicia en la correspondencia entre distintas escalas de valores. Ya no se trata de pensar un comercio justo, sino un comercio libre.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>2. La desaparición de lo económico</strong></p>
<p style="text-align:justify;">“Se llama <em>libre</em> a aquella cosa que existe en virtud de la sola necesidad de su naturaleza […]” (10).</p>
<p style="text-align:justify;">Puesto que la libertad según Spinoza se concibe por referencia a una naturaleza, la cuestión del comercio libre podría enunciarse así: ¿de qué naturaleza es preciso deducir los modos de una libertad en el comercio? La respuesta de Spinoza a esta pregunta está muy lejos de ser clara, pues no aparece explícita en ningún lugar. ¿Quiere decir esto que, sencillamente, no se la planteó? Se trata, más bien, de que su respuesta implica dos aspectos: las relaciones entre comerciantes son en primer lugar, para Spinoza, el arquetipo de la libertad en el sentido de la independencia con respecto al poder teológico. Dicho de otro modo, la figura del comerciante tiene, para empezar, un alcance polémico; en la lucha del <em>Tratado teológico-político</em> contra el dominio de las autoridades teológicas y políticas sobre el pensamiento, dicha figura interviene como un arma, el argumento <em>de</em> <em>facto</em> según el cual la sociedad funciona tanto mejor cuanto menos se mezcla la religión. Se comprende así que Spinoza descuide preguntarse por los límites que han de imponerse a la libertad de comerciar, pues no utiliza esta última más que para dar apoyo a sus reivindicaciones de filósofo. A fin de cuentas, la libertad que reconoce en las relaciones económicas es por completo negativa; no tiene sentido más que por oposición a un poder que está desconectado de ellas y del que, en consecuencia, se trataría de liberar al campo filosófico. El comercio no interviene más que para apoyar a la filosofía en su reivindicación libertaria. En cuanto a lo que el filósofo piensa del comercio… Como pensador político, se diría que, en el <em>Tratado</em> <em>político</em>, más bien amplia sus derechos, puesto que son los de la fuerza. El dinero como fuerza siempre tendrá razón: pertenece, pues, al soberano hacerla suya (lo que no significa desposeer de ella al ciudadano).</p>
<p style="text-align:justify;">El comercio aparece así libre por definición, si bien negativamente. Pero esto no es todavía más que la mitad del problema: queda por determinar si el sistema de Spinoza permite concebir una libertad positiva en términos de comercio. Ahora bien, es precisamente en el momento en el que se consideran las cosas bajo este ángulo cuando desaparece la figura de los comerciantes. Desde la perspectiva de una libertad concebida positivamente, los intercambios comerciales se eclipsan. En la <em>Ética</em>, ya ni siquiera se plantea la cuestión: hay algo que los ha reemplazado. Y curiosamente, si los negocios mercantiles ocupan entonces un lugar muy marginal, es en virtud del lugar central que ocupa cierto concepto de <em>comercio</em>, casi enteramente vaciado de su sentido de actividad mercantil en beneficio de una acepción más vasta. En el latín del siglo XVII, la palabra <em>commercium</em> puede, en efecto, designar el negocio –y, por metonimia, el derecho, el lugar o la mercancía del negocio-, pero Spinoza y sus contemporáneos lo usan para designar toda relación, todo trato recíproco, todo contacto (entre los hombres, comercio de amistad o epistolar, o entre las cosas). El propio Spinoza da la definición de lo que entiende por este término: “Tener comercio con otras cosas es ser producido por ellas o producirlas” (11).</p>
<p style="text-align:justify;">Es de destacar que Spinoza no define el comercio como intercambio, sino como relación de producción; lo cual, incluso para un contemporáneo, constituye una notable inflexión de sentido. Desde este momento, se perfila una nueva perspectiva. Es, como veremos, de la naturaleza del <em>commercium</em> de donde se deducen las razones que explican la reducción del negocio al mínimo, no solamente como objeto de reflexión para Spinoza, sino incluso como parte de la actividad humana de la que la <em>Ética</em> pretende establecer las leyes naturales. Así, de la misma manera en que hemos podido observar cómo la figura del comerciante permitía desunir los campos de la acción falsamente entremezclados, ahora se trata de comprender cómo la libertad se desvincula a su vez de dicha figura. Se trata de recorrer el camino que lleva a la conclusión que el laconismo de los textos impone, a saber, que en definitiva el hombre libre se abstiene cuanto puede de hacer negocios, por la simple razón de que se ocupa exclusivamente de “tener comercio”.</p>
<p style="text-align:justify;">Considerado en su acepción metafísica, el comercio según Spinoza designa una relación que concierne a todas las cosas singulares, y es otro nombre de una ley general conforme a la cual:</p>
<p style="text-align:justify;">“[…] ninguna cosa que es finita y tiene una existencia determinada, puede existir, ni ser determinada a obrar, si no es determinada a existir y obrar por otra causa, que es también  finita y tiene una existencia determinada […]” (12).</p>
<p style="text-align:justify;">Si el comercio consiste en producir y / o ser producido, él es, en efecto, el implicado en la concatenación infinita que vincula la existencia y las operaciones de las cosas singulares. Está, pues, en juego una cierta figura de la causalidad como relación de producción, y tal relación no es en modo alguno específica del hombre. Sin embargo, en la medida en que el hombre es parte implicada, es posible descubrir, a partir de su propia constitución, lo que significa específicamente para él este comercio universal:</p>
<p style="text-align:justify;">“El cuerpo humano necesita, para conservarse, de muchísimos otros cuerpos, y es como si éstos lo regenerasen continuamente” (13).</p>
<p style="text-align:justify;">Es decir que no se trata solamente de una causalidad genética o, más bien, que la génesis del cuerpo humano no cesa nunca. La relación causal que mantenemos con las cosas no es algo superado, y si cesásemos de ser causados, cesaríamos inmediatamente de ser. De este modo, esa génesis permanente o regeneración es la necesidad que sella la unión fundamental de los dos conceptos, el hombre y tener comercio:</p>
<p style="text-align:justify;">“[…] nosotros no podemos prescindir de todo lo que nos es externo, para conservar nuestro ser, y que no podemos vivir sin tener algún comercio (<em>nullum commercium</em> […] <em>habemus</em>) con las cosas que están fuera de nosotros […]” (14).</p>
<p style="text-align:justify;">Conservar el propio ser, pues, no es proteger algo ya adquirido. En suma, no se conserva el propio ser, tan sólo se hacen esfuerzos por conservarlo; y el resultado no es jamás la conservación, el resultado es que uno lo regenera, que lo recrea, o más exactamente, que él mismo se recrea teniendo comercio con las cosas exteriores. Se abandona así la concepción de un <em>ser</em> fijo, delimitado, concepción que afirma la escisión entre un interior y un exterior, en provecho de un <em>tener</em> que consiste precisamente en cruzar de forma permanente dicha frontera: nuestro ser consiste en tener comercio.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero el exterior no es, por supuesto, más que un tener comercio infinito. Lo que se dice del hombre puede decirse, en definitiva, de todo: todo ser es un proceso productivo que atraviesa los límites de las cosas, que es paso de la causa al efecto, del exterior al interior y recíprocamente. No hay nada que no sea una etapa entre las causas y los efectos: “Vivimos en un cambio continuo” (15). De este modo, en el <em>Tratado de la reforma del entendimiento</em>, Spinoza puede describir cómo el espíritu, al pensar la relación entre las cosas, entra él mismo en relación con ellas y se convierte en parte implicada en la relación que las cosas mantienen entre sí:</p>
<p style="text-align:justify;">“[…] aquellas cosas que tienen comercio con otras, como sucede con todas las que existen en la Naturaleza, serán entendidas, y sus esencias objetivas tendrán ese mismo comercio unas con otras […]” (16).</p>
<p style="text-align:justify;">Algo que explicita un enunciado más simple: “[…] cuantas más cosas ha llegado a conocer la mente, mejor comprende también sus propias fuerzas y el orden de la Naturaleza […]” (17). Es decir que el hombre es hombre precisamente a medida que se integra en ese comercio general que es el tejido mismo de la Naturaleza. Desde este punto de vista, no hay especificidad alguna en el comercio humano: forma parte del tener comercio universal. Se llega así a una situación en la que, en el funcionamiento general de las cosas de la Naturaleza, se emplaza determinado concepto de comercio que designa las relaciones que existen entre las cosas o, más exactamente, que designa a las cosas en términos de relaciones. A partir de aquí, ya no queda sino deducir las reglas del comercio humano de ese comercio metafísico, como si este último fuese la idea misma de comercio… Situación extrañamente platónica. Se puede pone el acento a voluntad en este juego de ecos, pues uno de los aspectos de la respuesta de Spinoza consiste en hacer del conocimiento el modo supremo de dicho intercambio; ya que comprender el comercio de las cosas es, en sí mismo, entrar en comercio con ellas. Pero necesitamos considerar hasta qué punto un concepto semejante aclara directamente el lugar del negocio, que es un lugar vacío, en la filosofía de Spinoza.</p>
<p style="text-align:justify;">¿Qué es lo que, en el tener comercio de las cosas de la naturaleza, puede ofrecer un canon para el tener comercio del hombre que evacua casi enteramente el aspecto económico? En una carta a Oldenburg, Spinoza indica lo que es dicho patrón:</p>
<p style="text-align:justify;">“Todos los cuerpos están rodeados por otros, y determinados los unos por los otros a existir y a obrar de forma precisa y determinada, y siempre al servicio de una misma relación entre movimiento y reposo en todos ellos a la vez, es decir, en todo el universo. Se sigue de aquí que todo cuerpo, en tanto que existe modificado según un cierto modo, debe considerarse como parte del universo entero, convenir con el todo y estar en cohesión con el resto de los cuerpos” (18).</p>
<p style="text-align:justify;">El texto articula tres conceptos: parte, conveniencia, cohesión. Se trata, para Spinoza, de explicar a su corresponsal en qué sentido el hombre es una parte de la Naturaleza y participa en las relaciones que la constituyen. Al comienzo del razonamiento reconocemos la ley de causalidad propia de las cosas singulares, es decir, del tener comercio. Los conceptos que intervienen a continuación se sitúan directamente en su horizonte. Tejen un razonamiento del cual uno de los tres emerge como criterio susceptible de un uso ético, y es por medio de este concepto por el que la actividad mercantil se ve condenada a un lugar ancilar.</p>
<p style="text-align:justify;">La secuencia conceptual de la carta es la siguiente: toda cosa singular es una parte de un todo mayor; ahora bien, para que un todo exista, es preciso algo común a las cosas que lo componen. La existencia de esa característica común es lo que define al todo, y la conveniencia designa esto: no otra cosa que el hecho de que los elementos comparten una característica común (sin asumir el punto de vista del todo). En cuanto a la cohesión, es el esfuerzo que hacen los elementos para perseverar en su conveniencia o, dicho de otro modo, para asegurar la compatibilidad de sus naturalezas.</p>
<p style="text-align:justify;">En suma, lo que es central es la conveniencia: ella es la que define a las partes como elementos de un todo; ella es la que determina el esfuerzo de cohesión; dicho de otro modo, ella es el principio que permite a las cosas singulares determinarse a existir y a obrar las unas a las otras. De suerte que, en definitiva, el meollo del tener comercio es la conveniencia.</p>
<p style="text-align:justify;">Ahora ya disponemos de aquello que constituye el canon del comercio: el comercio más perfecto es aquel que se establece entre cosas que convienen perfectamente. Esto significa que, entre las relaciones que le es necesario mantener con las cosas de la naturaleza, el hombre privilegia aquellas que se establecen con las cosas que más le convienen. Con aquello que más nos conviene, tendremos mucho comercio; con lo menos nos conviene, el menor comercio posible.</p>
<p style="text-align:justify;">Esto es relativamente sencillo, pero no necesariamente fácil. Para el comercio de las cosas de la naturaleza, Spinoza fía en el afecto de Alegría; pues, “¿por qué saciar el hambre y la sed va a ser más decente que desechar la melancolía?” (19). Lo que constituye un primer punto. Pero, según el criterio de conveniencia, “nada puede concordar mejor con la naturaleza de una cosa que los demás individuos de su especie” (20). Así, no hay mejor compañía para un ser humano que otro ser humano. Es ahora cuando es preciso reconocer que, entre todas las relaciones posibles, las que hacen referencia al negocio no dependen de aquello que descansa en la conveniencia. La demostración es sencilla: el deseo que preside este tipo de intercambios lleva al enfrentamiento, no a causa de los hombres, sino de las cosas por medio de las cuales se produce tal relación. “Si nos imaginamos que alguien disfruta con alguna cosa que uno solo puede poseer, nos esforzaremos por lograr que ya no la posea” (21). La naturaleza humana tal como se elabora en la <em>Ética</em> es una estructura de intercambios; ahora bien, la fuerza de cohesión que define dicha estructura es puesta en cuestión en el momento en el que un objeto de deseo le es arrebatado. De forma que, si la fuerza de dicho deseo supera a la fuerza de cohesión, entramos en lo que Spinoza designa, en términos psicológicos, como pasión o, dicho de otro modo, coacción de las fuerzas exteriores. No sólo el interés de cada uno está entonces disociado del interés común, sino que incluso el individuo se encuentra disociado de su propio interés. La comunidad humana queda entonces anegada por la fuerza de los objetos de deseo. Es el fin de la concordia: “En la medida en que los hombres están sujetos a las pasiones, no puede decirse que concuerden en naturaleza” (22). Es, pues, no tanto el comerciante cuanto la mercancía la que simboliza, a ojos de Spinoza, la pasión misma. Puesto que, cada cosa del mundo y cada operación humana son los vectores de valores inmanentes, el camino del “tener comercio”, que permite a un hombre ponerse en relación con todos los hombres y con la Naturaleza, se separa del camino del comercio, mediante el cual los hombres se intercambian dinero y mercancías. En suma, el primero es aquel por el que se concibe la libertad en cuya búsqueda habíamos salido; por el segundo, no podría concebirse más que la servidumbre.</p>
<p style="text-align:justify;">Es entonces cuando aparece una tentación que Spinoza va a desechar: la de retirarse del comercio humano, que aparece en su obra bajo dos figuras. El retiro del eremita, retiro total, es inmediatamente recusado como una aberración. Pues el eremita, por su aislamiento, deja de ser un hombre para convertirse en una bestia salvaje (23); por otro lado, no se trata más que de una figura imaginaria e irrealizable, pues un hombre solo no podría jamás garantizar su propia existencia (24). Otra figura marginal y muy extraña: la ociosidad. En una sola palabra, la ociosidad es un semi-comercio: se disfruta de lo que los hombres producen, pero uno mismo no produce nada. Una disposición que implica, en cierto modo, una estafa, sobre la que Spinoza carga a propósito las tintas: “Porque los hombres que tienen mucho ocio, suelen maquinar crímenes” (25).</p>
<p style="text-align:justify;">Curiosa aserción, pero crucial si se quiere comprender qué lugar ha de asignarse a las actividades lucrativas. Pues está claro con esto que tal lugar no puede quedar vacío. En efecto, desde el momento en que el trabajo y el intercambio de sus productos constituyen la trama misma de la sociedad, la ociosidad, extracción fuera de esta red de intercambios, es una situación apolítica que suscita una separación que ya es ruptura. La consecuencia no es más que un efecto teórico de perseverancia, dado que la ociosidad es ya –casi- un crimen, o digamos un robo. Recíprocamente, esto significa que el Estado debe garantizar que una situación semejante de ociosidad no sea posible: la reversibilidad observada en el caso del comerciante virtuoso opera aquí, de la misma manera, para el ocioso vicioso. No es al hombre, sino al círculo –o dicho de otro modo, a la relación entre el Estado y el individuo-, al que se le puede adjudicar tal calificativo. Si la ociosidad inclina al pensamiento hacia el crimen, es porque se trata en primer lugar de una dolorosa exclusión de los dispositivos sociales.</p>
<p style="text-align:justify;">Al retiro filosófico, que es en suma el sueño de la independencia, Spinoza va a oponer, pues, la regla de la autonomía. Al contrario que la independencia, la autonomía se adquiere mediante la propia implicación en las relaciones. En particular, la autonomía financiera supone asumir la dependencia del hombre en tanto que animal social y, en consecuencia, realizar un trabajo y, gracias a él, ganar dinero. De este modo, el artesanado científico de Spinoza toma el aspecto de un compromiso personal en la red de comercio por la que circula el poder, con el cual intercambia lo justo para asegurar su libertad. Los imperativos elementales, conforme a los cuales es necesario tener dinero para subvenir a las propias necesidades, se convierten en Spinoza en la marca política de pertenencia del individuo a la comunidad y, a la vez, en el método ético mediante el cual se adquiere la libertad; lo que el pequeño comercio personal del filósofo que vende lentes ilustra incluso en sus restricciones: “Buscar el dinero […] tan sólo en cuanto es suficiente para conservar la vida y la salud y para imitar las costumbres ciudadanas que no se oponen a nuestro objetivo” (26). Así, la estructura metafísica del tener comercio desemboca en un retroceso hasta su mínima expresión del comercio económico. Se deja lugar en la vida del hombre libre a la actividad de comerciante; pero es el lugar mínimo de la supervivencia. El hombre que vive bajo la guía de la razón es financieramente autónomo, pero en tanto le sea posible, mantiene fuera de sí la dependencia material con respecto a la sociedad en provecho de una implicación derivada: la que consiste en pensar y en compartir –aunque discretamente- sus frutos. Es algo un poco más árido de lo que esperábamos, pero es que Spinoza se sitúa en una tradición del retiro directamente antigua. Es, pues, libre el comercio que se limita a las necesidades vitales.</p>
<p style="text-align:justify;">Se puede lamentar el hecho de que, a pesar de su deuda con respecto a las estructuras económicas de Ámsterdam, Spinoza no haya intentando pensar directamente la amplitud de los cambios ligados a dichas estructuras (las letras de cambio, las acciones). Su pensamiento se refiere a conceptos que no integran las nuevas modalidades de comercio: en un pasaje de la <em>Ética</em> en el que evoca el dinero, es en cierto modo como filósofo antiguo que observa que “el dinero ha llegado a ser un compendio de todas las cosas” (27), y sentimos la presencia de Aristóteles en las líneas siguientes, en las que condena a “aquellos que buscan el dinero, no por indigencia ni para subvenir a sus necesidades, sino porque han aprendido las artes del lucro, de las que están enormemente orgullosos”: todos los conceptos están retomados, casi textualmente, de <em>Política</em>, I, 9.</p>
<p style="text-align:justify;">Si Spinoza no tiene un pensamiento económico, es porque su perspectiva es humanista o, si se quiere, naturalista: concibe las cosas a partir de la naturaleza humana y con el solo fin de permitir que ésta se realice. Además, si bien la novedad de su propuesta depende de su ambición científica y de su método matemático, lo cierto es que no anuncia en absoluto ese acercamiento más global a los fenómenos humanos tal como van a elaborarlo los siglos posteriores. Lo que Spinoza puede aportar a una meditación de este tipo es un modelo psicológico, que se dota de los medios para comprender los fenómenos a gran escala como reacciones afectivas, precisamente porque no remite los afectos a un sujeto afectado, sino que, de entrada, se trata de una disposición estructural de fuerzas. A partir de aquí, ya no se podría denunciar en su pensamiento ese error del antropomorfismo que consiste en concebir la sociedad como un solo hombre: es, por el contrario, cada hombre el que Spinoza concibe como una sociedad.</p>
<p style="text-align:justify;">Entre Descartes y Spinoza, la diferencia del estatus concedido al comerciante es, sin duda, el lugar de enfrentamiento de grandes tradiciones: el espíritu aristocrático y el espíritu burgués, el espíritu católico y el espíritu protestante, pero quizá también, según los términos de Nietzsche, el <em>pathos</em> <em>de la distancia</em>, propio del filósofo que no quiere tener nada en común con el comerciante, pronto reemplazado por la consideración a su identidad y su dependencia: ambas expresan poderes.</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">NOTAS</p>
<p style="text-align:justify;">(1) Descartes, Carta a Balzac del 5 de mayo de 1631, <em>Oeuvres philosophiques</em>, t. I, Ed. F. Alquié, Paris, Garnier, 1963, p. 292<br />
(2) Spinoza, <em>Tratado teológico-político</em>, Cap. XX, 15. [Tomo la traducción de los textos de Spinoza de las ediciones de Alianza Editorial; sólo en algún caso he realizado alguna pequeña variación].<br />
(3) Spinoza, <em>Ética</em>, IV, 20.<br />
(4) Boussigault, <em>La Guide universelle de tous les Pays-Bas ou les Dix-Sept Provinces</em> [sic], Paris, 1673, p. 171, citado por Henri Méchoulan, <em>Amsterdam au temps de Spinoza</em>, Paris, PUF, 1990, p. 44.<br />
(5) Citado por Violet Barbour, <em>Capitalism in Amsterdam in the Seventeenth Century</em>, Baltimore, John Hopskins, 1950, p. 57<br />
(6) En este contexto, sólo falta la influencia del médico Juan de Prado sobre el joven Baruch para, mediante su rechazo de la comunidad judía, encender la chispa que llevará a Spinoza fuera de la sinagoga. Ver en particular I. S. Révah, “<em>Aux origines de la ruptura spinozienne</em>”, <em>Des marranes à Spinoza</em>, textos reunidos por H. Méchoulan, P.-F. Moreau y C. L. Wilke, Paris, Vrin, 1995.<br />
(7) Spinoza, <em>Tratado</em> <em>político</em>, Cap. II, 10.<br />
(8) Ibíd., Cap. VII, 8.<br />
(9) Ibíd., Cap. VIII, 31.<br />
(10) <em>Ética</em>, I, definición VII.<br />
(11) Spinoza, <em>Tratado de la reforma del entendimiento</em>, nota al fragmento 41.<br />
(12) <em>Ética</em>, I, 28.<br />
(13) Ibíd., II, Postulado IV, después de la proposición 13.<br />
(14) Ibíd., IV, 18, escolio.<br />
(15) Ibíd., V, 39.<br />
(16) <em>Tratado de la reforma del entendimiento</em>, 41.<br />
(17) Ibíd., 40.<br />
(18) Spinoza, Carta XXXII a Oldenburg.<br />
(19) <em>Ética</em>, IV, 45, escolio.<br />
(20) Ibíd., IV, Apéndice, Cap. 9.<br />
(21) Ibíd., II, 32.<br />
(22) Ibíd., IV, 32.<br />
(23) Ibíd., IV, 35, escolio.<br />
(24) <em>Tratado político</em>, II, 6.<br />
(25) Ibíd., VII, 20.<br />
(26) <em>Tratado de la reforma del entendimiento</em>, 17.<br />
(27) <em>Ética</em>, IV, Apéndice, Cap. 28.</p>
<p style="text-align:justify;"> ORIGINAL EN FRANCÉS EN <a href="http://asterion.revues.org/document908.html">ASTÉRION</a>.</p>
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		<item>
		<title>PENSAR la lucha &#8211; Daniel Bensaïd</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Oct 2009 15:09:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>colaboratorio1</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comunismo]]></category>
		<category><![CDATA[Actualidad de Marx]]></category>
		<category><![CDATA[Anticapitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica de la Economía Política]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Bensaïd]]></category>
		<category><![CDATA[Gestión Capitalista de la Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Karl Marx]]></category>
		<category><![CDATA[Marxismo]]></category>
		<category><![CDATA[Trotskismo]]></category>

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		<description><![CDATA[
[Traducción del francés: Diego L. Sanromán]
Hace 25 años, Marx era considerado un perro muerto en el mejor de los mundos liberales posibles. Su espectro sonriente está hoy de regreso. Su actualidad es sencillamente la del capital mundializado.
En la época de la mundialización victoriana, “la inmensa acumulación de mercancías” estaba todavía en sus comienzos. Pero Marx [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=colaboratorio1.wordpress.com&blog=1847422&post=545&subd=colaboratorio1&ref=&feed=1" />]]></description>
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<p style="text-align:justify;">[Traducción del francés: Diego L. Sanromán]</p>
<p style="text-align:justify;">Hace 25 años, Marx era considerado un perro muerto en el mejor de los mundos liberales posibles. Su espectro sonriente está hoy de regreso. Su actualidad es sencillamente la del capital mundializado.</p>
<p style="text-align:justify;">En la época de la mundialización victoriana, “la inmensa acumulación de mercancías” estaba todavía en sus comienzos. Pero Marx no se contentó con explorar la gran pirámide. Su crítica de la economía política aspiraba a penetrar su secreto, a descifrar sus hieroglifos, a demostrar su lógica. Para superar sus propios límites, el capital está obligado a ampliar sin cesar el círculo de su acumulación y a acelerar el ciclo de sus rotaciones. Al hacer de todo mercancía, el capital devora el espacio y desquicia el tiempo.<span id="more-545"></span></p>
<p style="text-align:justify;">La crisis de la mundialización capitalista revela la tendencia triplemente destructora del capital: de la naturaleza, de la sociedad, del humano. Al reducir toda riqueza al tiempo de trabajo cristalizado, la ley del valor pretende cuantificar lo incuantificable y atribuir a toda cosa un valor monetario, como si el tiempo largo de la ecología fuese reducible a las instantáneas de las fluctuaciones bursátiles.</p>
<p style="text-align:justify;">Allí donde los vulgares economistas asisten con la boca abierta al espectáculo de la crisis, Marx capta en su estado de gestación las contradicciones mortíferas de una sociedad esquizofrénica, en la que “el dinero grita su deseo”, de la misma manera que “el ciervo brama su ansia de agua fresca”.</p>
<p style="text-align:justify;">La vitalidad de los estudios marxistas, a menudo ignorada en Francia por falta de traducciones, demuestra la actual fecundidad de la obra de Marx. Ya en 1993, Derrida alertaba, sin embargo, de la tentación de “interpretar a Marx contra el marxismo con el fin de neutralizar o amortiguar el imperativo político en la tranquila exégesis  de una obra clasificada”. Lo peor sería, en efecto, convertirlo en un autor académicamente correcto o en un vulgar intelectual de izquierdas. Marx es un pensador del conflicto y de la lucha.</p>
<p style="text-align:justify;">¿Es preciso recordar, para salvar a este espíritu subversivo de la temible “attalización” que lo amenaza, que la crítica del capital tiene como corolario el comunismo?</p>
<p style="text-align:justify;">La herencia de Marx plantea, pues, la cuestión de saber si el término “comunismo” ha quedado comprometido por su uso estatal y burocrático hasta el punto de haberse convertido en impronunciable. Y, sobre todo, la de determinar de qué –utopía crítica, movimiento de emancipación, hipótesis estratégica- puede el comunismo ser nombre hoy en día.</p>
<p style="text-align:justify;">[Artículo publicado en <em>Le Nouvel Observateur</em>, n° 2337, semana del 20 agosto de 2009]<!--#contenu--></p>
<p><a href="http://www.preavis.net/breche-numerique/article1675.html">- VERSIÓN FRANCESA.</a></p>
<p><a href="http://multitud.ning.com/profiles/blogs/entrevista-a-daniel-bensaid">- MÁS BENSAÏD EN LA RED SOCIAL.</a></p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://multitud.ning.com">Visit <em>Multitud</em></a></p>
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	</item>
		<item>
		<title>CONTROL Y DEVENIR. Negri entrevista a Deleuze (1990)</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Sep 2009 17:07:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>colaboratorio1</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Control]]></category>
		<category><![CDATA[Disciplina]]></category>
		<category><![CDATA[Gilles Deleuze]]></category>
		<category><![CDATA[Marxismo]]></category>
		<category><![CDATA[Mayo del 68]]></category>
		<category><![CDATA[Posmodernidad]]></category>
		<category><![CDATA[Soberanía]]></category>
		<category><![CDATA[Toni Negri]]></category>

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		<description><![CDATA[
En su vida intelectual el problema de lo político parece haber estado siempre presente. Por una parte, la intervención en los movimientos de las prisiones, de los homosexuales, de la autonomía italiana, de los palestinos; por otra parte, la problematización constante de las instituciones, que se busca y se entremezcla en su obra desde el [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=colaboratorio1.wordpress.com&blog=1847422&post=539&subd=colaboratorio1&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;"><em><img class="size-full wp-image-540 alignnone" title="GillesDeleuze2" src="http://colaboratorio1.files.wordpress.com/2009/09/gillesdeleuze2.jpg?w=450&#038;h=311" alt="GillesDeleuze2" width="450" height="311" /></em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>En su vida intelectual el problema de lo político parece haber estado siempre presente. Por una parte, la intervención en los movimientos de las prisiones, de los homosexuales, de la autonomía italiana, de los palestinos; por otra parte, la problematización constante de las instituciones, que se busca y se entremezcla en su obra desde el libro sobre Hume1 hasta el libro sobre Foucault2 . ¿De dónde viene esta aproximación continua a la cuestión de lo político y cómo tal cuestión logra mantenerse siempre presente en el curso de su obra? ¿Por qué la relación movimiento-instituciones es siempre problemática?</em></p>
<p style="text-align:justify;">Me interesaban los movimientos, las creaciones colectivas, y no tanto las representaciones. En las “instituciones” hay todo un movimiento que se distingue a la vez de las leyes y de los contratos. Al comienzo me interesé más por el derecho que por la política. Yo encontraba en Hume una concepción muy creadora de la institución y del derecho. Y lo que me gustaba en Masoch y Sade3 eran las concepciones completamente torcidas, del contrato según Masoch y de la institución según Sade, relacionadas con la sexualidad. Aún hoy, el trabajo de François Ewald para restituir una filosofía del derecho me parece esencial. No es que me interese la ley ni las leyes (ley es una noción vacía y leyes son nociones serviles) ni siquiera el derecho a los derechos; lo que me interesa es la jurisprudencia. Porque lo que verdaderamente es creador de derecho es la jurisprudencia. Sería importante que ella no sólo quedara confiada a los jueces. Los escritores deberían leer no tanto el código civil sino, sobre todo, los atados de jurisprudencia. Hoy, por ejemplo, se sueña ya con establecer el derecho de la biología moderna; pero todo en la biología moderna, en las nuevas situaciones que ella crea, en los nuevos acontecimientos que hace posibles, es asunto de jurisprudencia. Y de lo que hay necesidad no es de un comité de sabios, moral y pseudocompetente, sino de grupos de usuarios. Ahí es cuando se pasa del derecho a la política. En cuanto a mi paso a la política lo viví en carne propia en Mayo del 68, a medida que entraba en contacto con problemas precisos y gracias a Guattari, gracias a Foucault, gracias a Elie Sambar. El Anti-Edipo4 fue por completo un libro de filosofía política.<span id="more-539"></span></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Los acontecimientos de Mayo del 68 fueron para usted el triunfo de lo intempestivo, la realización de la contraefectuación. Ya en los años anteriores al 68, en el trabajo sobre Nietzsche5 o incluso un poco más tarde en Sacher Masoch, lo político es reconquistado como posibilidad, acontecimiento, singularidad. Hay corto-circuitos que abren el presente hacia el futuro y que modifican las propias instituciones. Pero después del 68 esta evaluación parece matizarse: el pensamiento nómada se presenta siempre, en el tiempo, bajo la forma de la contra-efectuación instantánea; en el espacio, solamente un “devenir minoritario es universal”. ¿En qué consiste, sin embargo, la universalidad de lo intempestivo?</em></p>
<p style="text-align:justify;">Sucedió que me fui volviendo sensible, y cada vez más, a la posible distinción entre el devenir y la historia. Nietzsche decía que no se hace nada importante sin un “nubarrón no histórico”. No se trata de una oposición entre lo eterno y lo histórico, ni entre la contemplación y la acción: Nietzsche habla es de aquello que se hace, del acontecimiento mismo o del devenir. Aquello que la historia capta del acontecimiento es su efectuación en los estados de cosas, pero el acontecimiento en su devenir escapa de la historia. La historia no es la experimentación; ella es solamente el conjunto de condiciones casi negativas que hacen posible la experimentación de algo que escapa a la historia. Sin la historia, la experimentación quedaría indeterminada, incondicionada, pero la experimentación no es histórica. En un gran libro de filosofía, Clio, Péguy explicaba que hay dos maneras de considerar el acontecimiento, una que consiste en transcurrir el acontecimiento recogiendo la efectuación en la historia, el condicionamiento y el pudrimiento en la historia, pero otra que consiste en elevar el acontecimiento, instalándose en él como en un devenir, rejuveneciendo y a la vez envejeciendo en él, pasando por todos sus componentes o singularidades. El devenir no está en la historia, no es de la historia; la historia designa solamente el conjunto de condiciones, por recientes que sean, de las que nos apartamos para “devenir”, es decir, para crear algo nuevo. Eso es exactamente lo que Nietzsche llama lo intempestivo. Mayo del 68 fue la manifestación, la irrupción de un devenir en estado puro. Hoy se ha puesto de moda denunciar los horrores de la revolución. Eso no es nada nuevo, todo el romanticismo inglés está colmado por una reflexión sobre Cromwell muy análoga a la que se hace hoy sobre Stalin. Se dice que las revoluciones tienen un mal porvenir. Pero es que no se cesa de entremezclar dos cosas, el porvenir de las revoluciones en la historia y el devenir revolucionario de la gente. En los dos casos no se trata de la misma gente. La única oportunidad de los hombres está en el devenir revolucionario, lo único que puede conjurar la vergüenza o responder a lo intolerable.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>Me parece que Mil Mesetas6 , al que considero una grandiosa obra filosófica, es también un catálogo de problemas irresolutos, sobre todo en el campo de la filosofía política. Las parejas conflictuales proceso-proyecto, singularidad-sujeto, composición-organización, líneas de fuga-dispositivos y estrategias, micro-macro, etc., todo ello es sin cesar abierto y permanece abierto con una voluntad teórica inaudita y con una violencia que recuerda el tono de las herejías. No tengo nada en contra de semejante subversión, por el contrario… Pero algunas veces me parece escuchar una nota trágica, cuando no se sabe a dónde conduce “la máquina de guerra”.</em></p>
<p style="text-align:justify;">Estoy muy impresionado con la que usted me dice… Creo que ni Félix ni yo abandonamos el marxismo, aunque de dos maneras diferentes tal vez. Y es porque nosotros no creemos en una filosofía política que no esté centrada en el análisis del capitalismo como sistema inmanente que no cesa de repeler sus propios límites y que se los vuelve a encontrar en una escala ampliada, porque el límite es el propio capital. Mil Mesetas indica muchas direcciones de las cuales habría tres principales: primera, nos parece que una sociedad se define menos por sus contradicciones que por sus líneas de fuga, ella fluye por todas partes y es muy interesante tratar de seguir, en tal o cual momento, las líneas de fuga que se perfilan. Tomemos el ejemplo de la Europa actual: los políticos occidentales y los tecnócratas han hecho un esfuerzo enorme para construirla uniformizando regímenes y reglamentos, pero lo que comienza a sorprender es, por una parte, las explosiones entre los jóvenes, entre las mujeres, en relación con el simple ensanche de los límites (esto no es “tecnocratizable”). Y, por otra parte, que esta Europa ya está completamente superada, aún antes de haber comenzado, superada por los movimientos que vienen del este. Estas son muy serias líneas de fuga. Hay otra dirección en Mil Mesetas que consiste en tener en cuenta las minorías en vez de las clases. Y por último, una tercera dirección, que consiste en buscar un principio básico para las “máquinas de guerra”, las cuales no se definirían por la guerra sino por una cierta manera de ocupar el espacio-tiempo o de inventar nuevos espacios-tiempo: por ejemplo, no se ha tenido suficientemente en cuenta cómo la Organización de Liberación Palestina (O.L.P.) tuvo que inventar un espacio-tiempo en el mundo árabe. Los movimientos revolucionarios y también los movimientos artísticos son así máquinas de guerra.</p>
<p style="text-align:justify;">Dice usted que todo ello tiene un tono trágico o melancólico. Me parece ver por qué. Yo fui muy afectado por las páginas de Primo Levi donde explica que los campos de concentración nazis insertaron en nosotros “la vergüenza de ser hombres”. No que seamos todos responsables del nazismo, aclara él, como se quisiera hacernos creer, sino porque hemos sido manchados, mancillados por él: incluso los sobrevivientes de los campos de concentración tuvieron que pactar compromisos con el fin de sobrevivir. Vergüenza de que haya habido nazis, vergüenza de no haber podido ni sabido impedirlo, vergüenza de haber pactado compromisos, es todo aquello que Primo Levi llama la “zona gris”. Y sucede también que experimentamos la vergüenza de ser hombres en circunstancias irrisorias: ante la vulgaridad de pensamiento, ante una emisión de variedades, ante el discurso de un ministro, ante las declaraciones de las “buenas gentes”. Este es uno de los motivos más poderosos de la filosofía y forzosamente provoca una filosofía política.</p>
<p style="text-align:justify;">En el capitalismo sólo hay una cosa universal, el mercado. No hay Estado universal justamente porque hay un mercado universal del que los Estados son centros o Bolsas. Ahora bien, el mercado no es universalizante, homogeneizante, sino una fantástica fábrica de riqueza y miseria. Los derechos del hombre no nos harán bendecir los “gozos” del capitalismo liberal, del cual participan activamente. No hay Estado democrático que no esté comprometido hasta el fondo en esta producción de miseria humana. La vergüenza es que no tengamos ningún medio para defender y realizar los devenires, comprendiendo ahí aquellos que están dentro de nosotros mismos. Cómo girará un grupo, cómo recaerá en la historia, es algo que impone una perpetua “preocupación”. Ya no disponemos de la imagen del proletario al que le era suficiente tomar conciencia.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>¿Cómo puede ser potente el devenir minoritario? ¿Cómo puede la resistencia volverse insurrección? Al leerlo tengo siempre dudas sobre las respuestas que habría que darle a tales preguntas, incluso si en sus libros encuentro el impulso que me obliga a reformular teórica y prácticamente tales preguntas. Sin embargo, cuando leo sus páginas sobre la imaginación o las nociones comunes en Spinoza7 o cuando sigo en la Imagen-Tiempo8 su descripción sobre la composición del cine revolucionario en los países del Tercer Mundo y yo asumo con usted el paso de la imagen a la fabulación, a la praxis política, casi tengo la impresión de haber encontrado una respuesta… ¿O me equivoco? ¿Existe un modo por el que la resistencia de los oprimidos pueda volverse eficaz y lo intolerable definitivamente borrado? ¿Existe un modo para que la masa de singularidades y de átomos que somos todos pueda presentarse como poder constituyente o, por el contrario, debemos aceptar la paradoja jurídica según la cual el poder constituyente no puede ser definido sino por el poder constituido?</em></p>
<p style="text-align:justify;">Las minorías y las mayorías no se distinguen por el número. Una minoría puede ser más numerosa que una mayoría. Aquello que define la mayoría es un modelo al que hay que conformarse: por ejemplo, europeo medio, adulto, varón, habitante de las ciudades… Mientras que una minoría no tiene modelo, es un devenir, un proceso. Se puede decir que la mayoría no es nadie. Pero todo el mundo, bajo un aspecto u otro, es agarrado por un devenir minoritario que lo llevaría a caminos desconocidos si se decidiera a seguirlo. Cuando una minoría crea modelos es porque desea volverse mayoritaria, y sin duda es inevitable para su supervivencia o su salvación (por ejemplo tener un Estado, ser reconocido, imponer sus derechos). Pero su potencia viene de lo que ella ha sabido crear y que pasará más o menos por el modelo sin depender de él. El pueblo es siempre una minoría creadora y lo sigue siendo incluso cuando conquista una mayoría: las dos cosas pueden coexistir porque no se viven en el mismo plano. Los más grandes artistas (jamás los artistas populistas) apelan a un pueblo y constatan que “el pueblo falta”. Mallarmé, Rimbaud, Klee, Berg. En el cine los Straub. El artista no puede sino apelar a un pueblo, tiene necesidad de él en lo más profundo de su empresa, no tiene que crearlo y no lo puede hacer. El arte es aquello que resiste: resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia, a la vergüenza. Pero el pueblo no puede ocuparse de arte. ¿Cómo se crea un pueblo? ¿Con qué sufrimientos abominables? Cuando un pueblo se crea es por sus propios medios pero para reunirse con alguna cosa del arte (Garel dice que el Museo de Louvre contiene una cantidad abominable de sufrimiento) o para que el arte se reúna con aquello que le faltaba. La utopía no es un buen concepto: lo que hay es más bien una “fabulación” común al pueblo y al arte. Habría que retomar la noción bergsoniana de fabulación para darle un sentido político.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>En su libro sobre Foucault y también en la entrevista de televisión en el INA (Instituto Nacional Audiovisual), propone usted profundizar el estudio de tres ejercicios de poder: El Soberano, El Disciplinario y, sobre todo, el del Control sobre la “comunicación” que hoy se está volviendo hegemónico. Este último argumento remite, por una parte, a la más alta perfección de la dominación, que afecta también la palabra y la imaginación, pero, por otra parte, nunca antes como ahora todos los hombres, todas las minorías, todas las singularidades, están en la capacidad potencial de tomar la palabra y llegar con ella a un grado más alto de libertad. En la utopía marxista de los Grundrisse, el comunismo se configura justamente como una organización transversal de individuos libres, sobre una base técnica que garantiza las condiciones. ¿Es pensable aún el comunismo? ¿En una sociedad de comunicación es menos utópico que antes?</em></p>
<p style="text-align:justify;">Ciertamente hemos entrado en sociedades de “control” que ya no son exactamente disciplinarias. Con frecuencia se cree que Foucault es quien piensa las sociedades de disciplina y su técnica principal, el encierro (no sólo el hospital y la prisión sino también la escuela, la fabrica, el cuartel). Sin embargo, Foucault es uno de los primeros en decir que las sociedades disciplinarias son aquello que estamos abandonando y aquello que ya no somos. Entramos en sociedades de control que ya no funcionan por encierro sino por control continuo y comunicación instantánea. Burroughs comenzó el análisis de estas nuevas sociedades. Claro que no se deja de hablar de prisión, de escuela, de hospital: instituciones que están en crisis. Pero si están en crisis es precisamente en los combates de retaguardia. A tientas se implementan nuevos tipos de sanciones, de educación, de asistencia. Los hospitales abiertos, los equipos de curación a domicilio, etc., han aparecido desde hace un rato. Se puede prever que la educación será cada vez menos un medio cerrado y que se distinguirá cada vez menos del medio profesional como otro medio cerrado, pero que los dos desaparecerán en provecho de una terrible formación permanente, de un control continuo ejercido sobre el obrero-alumno o sobre el técnico-universitario. Se intenta hacernos creer en una reforma de la escuela, cuando lo que se está haciendo es liquidarla. Usted mismo analizó, hace tiempo, una mutación del trabajo en Italia, con formas de trabajo interino, a domicilio, que se han confirmado después (y nuevas formas de circulación y de distribución de los productos). A cada tipo de sociedad se puede hacer corresponder evidentemente un tipo de máquina: máquinas simples o dinámicas para las sociedades de soberanía, máquinas energéticas para las disciplinarias, máquinas cibernéticas y computadoras para las sociedades de control. Pero las máquinas no explican nada; hay que analizar los agenciamientos colectivos de los cuales las máquinas no son sino una parte. Frente a las próximas formas de control incesante en espacio abierto, puede suceder que los más duros encierros nos lleguen a parecer como pertenecientes a un pasado delicioso y benévolo. La investigación de los “universales de la comunicación” tiene por qué hacernos temblar. Es verdad que antes incluso de que se organicen realmente las sociedades de control, las formas de delincuencia o de resistencia a ellas (dos casos distintos) han aparecido también. Por ejemplo los virus de los computadores, que reemplazarán las huelgas y aquello que en el siglo XIX se llamaba “sabotaje” (el chapuz en la máquina).</p>
<p style="text-align:justify;">Pregunta usted si las sociedades de control o de comunicación no suscitarán formas de resistencia capaces de hacer posible cierto comunismo concebido como “organización transversal de individuos libres”. Yo no sé, quizá. Pero no en la medida en que las minorías puedan tomar la palabra. Tal vez la palabra, la comunicación, están podridas. Están penetradas completamente por el dinero, y no por accidente, sino por naturaleza. Es necesaria una desviación de la palabra. Crear siempre ha sido una cosa distinta que comunicar. Lo importante será tal vez crear vacuolas de no comunicación, interruptores, para escapar del control.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>En Foucault y en El Pliegue9 parece que los procesos de subjetivación son estudiados con mucha más atención que en sus otros libros. El sujeto es el límite de un movimiento continuo entre un adentro y un afuera. ¿Qué consecuencias políticas trae esta concepción del sujeto? Si el sujeto no puede reducirse a la exterioridad de la ciudadanía, ¿puede sí instaurar tal ciudadanía en el poder y la vida? ¿Puede el sujeto volver posible una nueva pragmática militante que sea a la vez “pietas” por el mundo y construcción muy radical? ¿Cuál es la política adecuada para prolongar en la historia el esplendor del acontecimiento y de la subjetividad? ¿Cómo pensar una sociedad sin fundamento pero potente, sin totalidad pero absoluta como en Spinoza?</em></p>
<p style="text-align:justify;">Se puede en efecto hablar de procesos de subjetivación cuando se consideran las maneras diversas como individuos y colectividades se construyen como sujetos: tales procesos no cuentan sino en la medida en que escapen a la vez de los saberes constituidos y de los poderes dominantes. Incluso si después ellos engendran nuevos poderes o vuelven a pasar por los saberes. Pero en su momento, los procesos de subjetivación tienen una espontaneidad rebelde. No hay ningún retorno al “sujeto”, es decir, a una instancia dotada de deberes, poder y saber. Más que procesos de subjetivación podría hablarse de nuevos tipos de acontecimiento. Acontecimientos que no se explican por los estados de cosas que los suscitan y en los que recaen. Los acontecimientos se elevan un instante y es ese momento el que es importante, es la oportunidad que hay que saber asir. O simplemente podríamos hablar del cerebro: el cerebro es exactamente el límite de un movimiento continuo y reversible entre un adentro y un afuera, es la membrana entre los dos. Las nuevas aperturas cerebrales, las nuevas maneras de pensar, no se explican por micro-cirugía; sin embargo, la ciencia debe esforzarse en saber lo que puede haber ocurrido en el cerebro cuando se empieza a pensar de manera diferente. Subjetivación, acontecimiento o cerebro, me parece que de alguna manera vienen a ser una misma cosa. Lo que más nos hace falta hoy es poder creer en el mundo. Hemos perdido el mundo o hemos sido desposeídos de él. Creer en el mundo es suscitar acontecimientos, incluso muy pequeños, que escapen del control o que den lugar a nuevos espacios-tiempo. Es lo que usted llama pietas. A nivel de cada tentativa es como se juzga la capacidad de resistencia o, por el contrario, la sumisión a un control. Y a la vez son necesarios creación y pueblo.</p>
<p style="text-align:justify;">Traducción: Edgar Garavito (†)</p>
<p style="text-align:justify;">* Esta entrevista fue publicada inicialmente en francés en la revista <em>Futur Antérieur</em>. Nro. 1, 1990 y luego en el libro <em>Pourparlers</em>. Minuit, 1990 (<em>Conversaciones</em>. Valencia: Pre-Textos, 1996). <strong>PUEDES ENCONTRAR EL LIBRO COMPLETO EN LA <a href="http://multitud.ning.com/group/biblioteca">BIBLIOTECA DE MULTITUD</a></strong>.</p>
<p style="text-align:justify;">
1 <em>Empirisme et subjectivité</em>. PUF, 1953 (<em>Empirismo y Subjetividad</em>. Barcelona: Gedisa, 1993).</p>
<p style="text-align:justify;">2 <em>Foucault</em>, Minuit, 1986 (<em>Foucault</em>. Barcelona: Paidos, 1989).</p>
<p style="text-align:justify;">3 <em>Presentation de Sacher Masoch</em>, 1967 (<em>Presentación de Sacher Masoch</em>. Madrid: Taurus, 1973).</p>
<p style="text-align:justify;">4 <em>El Anti-Edipo</em> (1972) fue un libro nacido de Mayo del 68, escrito en colaboración con Félix Guattari (<em>El Anti-Edipo</em>. Barcelona: Paidos, 1985).</p>
<p style="text-align:justify;">5 <em>Nietzsche et la philosophie</em>, PUF 1962 (<em>Nietzsche y la Filosofía</em>. Barcelona: Anagrama, 1990).</p>
<p style="text-align:justify;">6 <em>Mille plateux</em>. Minuit, 1980, en colaboración con Félix Guattari (<em>Mil Mesetas</em>. Valencia: Pre-Textos, 1993).</p>
<p style="text-align:justify;">7 <em>Spinoza, philosophie practique</em>, Minuit, 1981 (<em>Spinoza: Filosofía Práctica</em>. Barcelona: Tusquets, 2001).</p>
<p style="text-align:justify;">8 <em>Cinema 2: L´Image-Temps</em>, Minuit, 1983 (<em>La Imagen-Tiempo. Estudios sobre Cine 2</em>. Barcelona: Paidos, 1969. Véase también <em>La Imagen-Movimiento. Estudios sobre Cine 1</em>, en la misma editorial).</p>
<p style="text-align:justify;">9 <em>Le pli, Leibniz et le baroque</em>, Minuit, 1988 (<em>El Pliegue. Leibniz y el Barroco</em>. Barcelona: Paidos, 1989).</p>
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		<title>LA CONQUISTA del espacio, los Cyborgs, el poder&#8230;</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Aug 2009 11:05:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>colaboratorio1</dc:creator>
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		<description><![CDATA[EN EL CUARENTA ANIVERSARIO DEL ALUNIZAJE DE AMSTRONG, COLLINS Y ALDRIN

Multitud conmemora a su manera la llegada del hombre a la Luna. Os ofrecemos dos textos muy dispares, que además se acercan al acontecimiento de forma –por así decir- asintótica, bordeándolo, evitando el enfrentamiento directo.
El primero, por razones, obviamente cronológicas: cuando Clynes y Kline redactaron [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=colaboratorio1.wordpress.com&blog=1847422&post=523&subd=colaboratorio1&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;"><strong>EN EL CUARENTA ANIVERSARIO DEL ALUNIZAJE DE AMSTRONG, COLLINS Y ALDRIN</strong></p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-537" title="CYBORG" src="http://colaboratorio1.files.wordpress.com/2009/08/cyborg1.jpg?w=450&#038;h=225" alt="CYBORG" width="450" height="225" /></p>
<p style="text-align:justify;">Multitud<em> conmemora a su manera la</em> llegada del hombre a la Luna<em>. Os ofrecemos dos textos muy dispares, que además se acercan al </em>acontecimiento<em> de forma –por así decir- </em>asintótica<em>, bordeándolo, evitando el enfrentamiento directo.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>El primero, por razones, obviamente cronológicas: cuando Clynes y Kline redactaron el texto,</em> la conquista del espacio<em> aún no era una realidad tangible, sino más bien un proyecto a largo o medio plazo en el que, por otro lado, los hombres de ciencia y los ingenieros estadounidenses se disputaban el prestigio internacional frente a la superpotencia enemiga, la URSS. El texto en cuestión (</em>Cyborgs &amp; Space<em>) se publicó en forma de artículo en la revista  </em>Austronautics<em> en septiembre de 1960 y es sobre todo conocido por ser el primero en el que aparece el término </em>Cyborg<em> en un contexto tecnocientífico. En él, los autores argumentan la necesidad de modificar el organismo de los viajeros espaciales por medios electro-químicos con el fin de permitir su adaptación a entornos cuyas condiciones difieren de las terrestres. Que yo sepa, es la primera vez que el texto se ofrece en castellano.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>El segundo se publicó exactamente nueve años después del primero y apenas unos tres meses después del primer alunizaje. Apareció en las páginas del último número de la revista </em>internationale<em> </em>situationniste<em> y su autor es el venezolano Eduardo Rothe. Su contexto, perspectiva y orientación son, pues, muy diferentes del anterior. La lectura del </em>acontecimiento<em> es política, más que científico-ingenieril: la ciencia y la técnica modernas –viene a decir Rothe- han sido sometidas a las necesidades del capital; sin embargo, no se trata de una fatalidad:  bastaría con liberarlas y reintegrarlas revolucionariamente en el marco de una comunidad de “amos sin esclavos” para que dejasen de ser instancias alienantes y se convirtieran en instrumentos de emancipación.</em></p>
<p style="text-align:justify;">[Traducción de los textos: Diego L. Sanromán]</p>
<p style="text-align:center;">* * *</p>
<p style="text-align:center;"><strong>LOS CYBORGS Y EL ESPACIO</strong></p>
<p style="text-align:center;">Manfred Clynes &amp; Nathan Kline (1960)</p>
<p style="text-align:justify;">Los viajes al espacio suponen un desafío para la humanidad no sólo tecnológica sino espiritualmente, en tanto en cuanto invitan al hombre a tomar parte activa en su propia evolución biológica. Los avances científicos del futuro podrán ser utilizados para permitir la existencia humana en entornos que difieren radicalmente de aquellos producidos por la naturaleza tal como la conocemos.</p>
<p style="text-align:justify;">La tarea de adaptar el cuerpo humano a cualquier entorno de su elección será cada vez más fácil gracias al creciente conocimiento del funcionamiento homeostático, cuyos aspectos cibernéticos, por el momento, sólo están comenzando a ser comprendidos e investigados. En el pasado la evolución operaba alterando las funciones corporales para adaptarse a diferentes entornos. Desde ahora, será posible conseguirlo hasta cierto punto sin alterar la herencia mediante modificaciones bioquímicas, psicológicas y electrónicas ajustadas al modus vivendi humano actual. [<a href="http://www.mediafire.com/?zrrzzujnyhy">DESCARGAR TEXTO COMPLETO EN PDF</a>]</p>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://www.mediafire.com/?xq4yy4yzx2d">- ARTÍCULO ORIGINAL EN INGLÉS.</a></p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:center;"><strong><img class="aligncenter size-full wp-image-524" title="astronaut" src="http://colaboratorio1.files.wordpress.com/2009/08/astronaut.jpg?w=450&#038;h=552" alt="astronaut" width="450" height="552" /></strong></p>
<p style="text-align:center;"> </p>
<p style="text-align:center;"><strong>LA CONQUISTA DEL ESPACIO EN EL TIEMPO DEL PODER</strong></p>
<p style="text-align:center;">Eduardo Rothe (1969)</p>
<p style="text-align:justify;">1<br />
La ciencia  al servicio del capital, de la mercancía y del espectáculo no es otra cosa que el conocimiento capitalizado, fetichismo de la idea y del método, imagen alienada del pensamiento humano.</p>
<p style="text-align:justify;">2<br />
Hace tiempo que el poder del conocimiento se ha transformado en conocimiento del poder. La ciencia contemporánea, heredera experimental de la religión de la Edad Media, cumple –en relación con la sociedad de clases- las mismas funciones: compensa con su eterna inteligencia de especialista la estupidez cotidiana de los hombres. Canta en cifras la grandeza del género humano, cuando no es otra cosa que la suma organizada de sus limitaciones y de sus alienaciones. [<a href="http://www.mediafire.com/?maytykzeyzx">DESCARGAR TEXTO COMPLETO EN PDF</a>]</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">[<em>Desearía agradecer la ayuda involuntaria e inconsciente que me ha prestado Igor Sádaba en la traducción del artículo de Clynes y Kline; unos cuatro o cinco párrafos de mi versión no son, en realidad, míos, sino suyos y pueden encontrarse en el segundo capítulo de su libro </em><a href="http://www.edicionespeninsula.com/es/llibre/cyborg_11083.html">Cyborg. Sueños y pesadillas de las tecnologías</a>. <em>DLS</em>]</p>
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		<title>NOTICIAS. Biblioteca &#8216;Multitud&#8217; &#8211; De/rotaR Vol. I Nº 2</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Aug 2009 05:52:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>colaboratorio1</dc:creator>
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Multitud inaugura su BIBLIOTECA de libros en formato pdf. Ya hemos incorporado cerca de un centenar de títulos. Para hacer consultas, descargas o donaciones, sólo hay que hacer clic AQUÍ.
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&#8220;En este dossier se desarrollan dos tesis en principio contrapuestas: por una parte se afirma la especificidad de determinados territorios chilenos, para los cuales el golpe [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=colaboratorio1.wordpress.com&blog=1847422&post=528&subd=colaboratorio1&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;"><em><a href="http://multitud.ning.com/group/biblioteca"><img class="size-full wp-image-529 alignnone" title="biblioteca-digital" src="http://colaboratorio1.files.wordpress.com/2009/08/biblioteca-digital.jpg?w=450&#038;h=337" alt="biblioteca-digital" width="450" height="337" /></a></em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Multitud </em>inaugura su BIBLIOTECA de libros en formato pdf. Ya hemos incorporado cerca de un centenar de títulos. Para hacer consultas, descargas o <em>donaciones</em>, sólo hay que hacer clic <a href="http://multitud.ning.com/group/biblioteca">AQUÍ</a>.</p>
<p style="text-align:center;">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://www.de-rotar.cl/2009/08/2.html"><img class="aligncenter size-full wp-image-530" title="portada2v" src="http://colaboratorio1.files.wordpress.com/2009/08/portada2v.jpg?w=250&#038;h=320" alt="portada2v" width="250" height="320" /></a></p>
<p style="text-align:justify;">&#8220;En este dossier se desarrollan dos tesis en principio contrapuestas: por una parte se afirma la especificidad de determinados territorios chilenos, para los cuales el golpe de 1973 no es seña de ruptura desde el estado de derecho a la violencia, sino continuidad de esta última; por otra parte se afirma que la muerte de Allende prefigura la irrepresentabilidad de las experiencias fundadoras de una nueva era de la dominación a escala incluso planetaria. Pero esta contraposición puede ser reordenada desde el punto de vista de las luchas sociales que también es desarrollado en el dossier. El aporte que queremos leer, es precisamente el de una memoria descargada del rol socioterapéutico que suele desprenderse de los análisis del golpe de 1973 realizados por la izquierda. Esto posibilita un dossier que ya no separa la “lucha por la memoria” de la “memoria de la lucha”. La figura del Presidente Allende funciona como el sello de agua de todas estas escrituras; ninguna venera su memoria, pero está en la filigrana de todas ellas. Cuando la escritura funciona como un agenciamiento, es decir como una mudanza operada por fuerzas heterogéneas, Allende aparece como un tensor de los relatos; lo hace desde sus múltiples faltas: la consecuencia de un líder político que se extraña en tiempos de pospolítica; pero también su falta de atención con las potencias autónomas del mundo popular. Allende le “hace falta” al agenciamiento político contemporáneo, pero allí mismo lo pone en movimiento. “Un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo”, logró, en su radical faltarse a sí mismo, jalonar el proceso de una política sin intérpretes, pero cargada de signos y futuros&#8221;.</p>
<p style="text-align:justify;">DE LA <em>PRESENTACIÓN</em>. <a href="http://www.de-rotar.cl/2009/08/2.html">HAZ CLIC AQUÍ PARA ACCEDER AL ÍNDICE COMPLETO DE LA REVISTA.</a></p>
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		<title>LA MEGAMÁQUINA y la destrucción del vínculo social &#8211; Serge Latouche (1998)</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Aug 2009 15:32:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>colaboratorio1</dc:creator>
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[Traducción del francés: Diego L. Sanromán]
La megamáquina infernal
Lewis Mumford, y aún más Cornelius Castoriadis, nos enseñaron que la máquina más extraordinaria inventada por el genio humano no es otra que la organización social misma. Después de la metáfora del organismo, la metáfora de la máquina ha sido utilizada ad nauseam para referirse a la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=colaboratorio1.wordpress.com&blog=1847422&post=516&subd=colaboratorio1&ref=&feed=1" />]]></description>
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<p style="text-align:justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align:center;">
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<p style="text-align:justify;">[Traducción del francés: Diego L. Sanromán]</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La megamáquina infernal</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Lewis Mumford, y aún más Cornelius Castoriadis, nos enseñaron que la máquina más extraordinaria inventada por el genio humano no es otra que la organización social misma. Después de la metáfora del organismo, la metáfora de la máquina ha sido utilizada <em>ad nauseam</em> para referirse a la sociedad. Lo cierto es que, conforme a la visión cartesiana del animal máquina, las dos metáforas remiten a una misma visión mecanicista de la sociedad.</p>
<p style="text-align:justify;">El proyecto de racionalización siempre ha apuntado en último término, bien a través del orden técnico bien a través del orden económico, a la organización de la Ciudad. Frank Tinland señala, con razón, a propósito de la tecno-ciencia, que ésta de hecho siempre tiene que ver con un triángulo tecno-económico-científico [1]. La dinámica tecno-económica planetaria ha adquirido el aspecto de un macrosistema descentralizado bastante diferente de la megamáquina centralizada (como el Estado faraónico o la falange macedonia consideradas por Lewis Mumford), pero de buena gana la calificaría de infernal. Algo que merece ser precisado. Se trata, por un lado, de identificar dicha máquina, de especificar sus características y, por otro, de mostrar qué es lo que puede justificar el calificativo de infernal.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La máquina humana</strong></p>
<p style="text-align:justify;">El carácter maquínico del funcionamiento del mundo contemporáneo se manifiesta por el ascenso de la sociedad técnica y, al mismo tiempo, por el ascenso del sistema técnico, pero también por el hecho de que los hombres mismos se han convertido en engranajes de un gigantesco mecanismo. Cada vez con mayor razón se puede hablar de una cibernética social [2]. Ésta destaca, en un primer momento, por la emancipación, con respecto a lo social, de la técnica y de la economía y, más adelante, por la absorción de lo social por lo tecno-económico.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La emancipación y el desencadenamiento de la técnica y de la economía</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Si la técnica es, en su esencia abstracta y, como tal, insignificante, tan vieja como el mundo, la aparición de una sociedad en la que la técnica ya no es un simple medio al servicio de los objetivos y valores de la comunidad, sino que se convierte en el horizonte insuperable del sistema, en un fin en sí misma, data del periodo de la ‘emancipación’ de las regulaciones sociales tradicionales, es decir, de la modernidad. No alcanza toda su amplitud más que con el hundimiento del compromiso entre mercado y espacio de socialidad realizado en la nación, o lo que es lo mismo, con el fin de las regulaciones nacionales, sustitutos provisionales y finalmente últimas secuelas del funcionamiento comunitario. Se puede datar con mucha precisión este salto, paso de la cantidad a la cualidad, de lo que ha dado en llamarse tercera revolución industrial. El coste de las técnicas, sus efectos positivos o negativos (piénsese en Chernobil), sus dinámicas son inmediatamente transnacionales. Si el mundo obedece a las leyes del sistema técnico, tal como las analiza Jacques Ellul, la capacidad de su legislador se encuentra reducida en igual medida. Lo que quiere decir que el soberano, ya se trate del pueblo o de sus representantes, se ve notablemente desposeído de su poder en beneficio de la ciencia y de la técnica. Las leyes de la ciencia y de la técnica se sitúan por encima de las del Estado. Es en gran parte por haber olvidado este hecho por lo que los totalitarismos del Este, que se encontraban en contradicción con las leyes de la ciencia y de la técnica tal como éstas funcionaban en el mundo moderno, terminaron por derrumbarse. Entre las consecuencias de este aumento del poder de la técnica se encuentra la abolición de la distancia, la creación de lo que Paul Virilio llama la ‘teleciudad’ mundial y el surgimiento de la ciudad-mundo, lo que provoca el efecto inmediato de un hundimiento del espacio político. “A partir del momento –declara Virilio- en que el mundo queda reducido a nada en cuanto extensión y duración, en cuanto campo de acción, de forma recíproca, no hay nada que pueda ser mundo; es decir que yo, aquí, en mi torreón, en mi ghetto, en mi apartamento (<em>cocooning</em>), puedo ser el mundo. Dicho de otro modo, el mundo está en todas y en ninguna parte. Esto fue lo que el feudalismo, más tarde la monarquía y finalmente la república rompieron” [3].<span id="more-516"></span></p>
<p style="text-align:justify;">Una de las consecuencias de este repliegue sobre uno mismo es la reaparición de las guerras privadas. Lo feudal y lo privativo van de la mano. Fue necesaria la monarquía, y más tarde el Estado-nación y la Revolución para que se superase esta noción de conflicto privado. Ha resurgido ayer mismo en el Libano, y hoy en Yugoslavia o en Ucrania. La desaparición de las distancias que crea esta teleciudad mundial crea inmediatamente también la desaparición del espacio nacional y la reemergencia de ese caos que destruye la base del Estado-nación y engendra esos fenómenos de descomposición con los que los media nos entretienen a lo largo de la jornada.</p>
<p style="text-align:justify;">La transnacionalización de la economía es el complemento indispensable de la emancipación de la técnica. Se trata también de algo extremadamente antiguo que reaparece bajo formas nuevas. Desde los orígenes, el funcionamiento del mercado ha sido transnacional, incluso mundial. Durante muchos siglos se dio un concubinato entre el mercado y el Estado-nación. A partir de una base local, aunque ya en parte transnacional (Liga Hanseática, funcionamiento de los mercados financieros entre Génova y el norte de Europa desde los siglos XII y XIII), fue preciso que la economía se crease progresivamente un mercado nacional. La nación fue el espacio de compromiso sobre el que se desarrolló el mercado. Sin embargo, una vez concluida la conquista del espacio nacional, el mercado siguió su curso. Sobre todo después de los años 70, la economía fundamentalmente se ha transnacionalizado. Siempre han existido firmas transnacionales bajo el capitalismo (los Fugger, Jacques Coeur, los Medici); lo novedoso es que, ya no sólo las finanzas o el comercio son transnacionales, sino también la producción misma. Renault fabrica sus motores en España. Los ordenadores IBM se fabrican en Indonesia, se montan en Saint Omer, se venden en Estados Unidos, etc. La división del trabajo se ha internacionalizado, y las empresas se han transnacionalizado por completo.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando yo empezaba mis estudios, distinguíamos dos tipos de economías: las economías autocentradas y las economías extrovertidas. Las economías desarrolladas eran economías nacionales que presentaban un cuadro de input-outpout ‘negro’, es decir, que los distintos sectores nacionales eran interdependientes (la industria química francesa consumía materias primas francesas, etc.). Se decía que existía un tejido industrial coherente y muy sólido. Por oposición, las economías del Tercer mundo presentaban cuadros vacíos, es decir, que importaban lo que consumían y exportaban lo que producían. Se decía que tales economías eran extrovertidas, mientras que las economías occidentales eran autocentradas.</p>
<p style="text-align:justify;">Todo ha cambiado. La propia dinámica de las economías autocentradas las ha llevado a extrovertirse. Lo que producimos (productos agrícolas, armamento, etc.) lo exportamos; lo que consumimos (productos electrónicos), en gran medida, lo importamos. Estadísticamente, nuestras economías son tan extrovertidas como las del Tercer mundo. Una de las apuestas del <em>Tratado de Mastrique</em> consiste no sólo en impulsar dicha transnacionalización a nivel europeo, sino en permitir además que las firmas japonesas, estadounidenses, etc. colonicen el espacio europeo y en aumentar la fluidez de los intercambios económicos, o lo que es lo mismo, en obedecer a las leyes de la economía. Sin duda, el principal objetivo del GATT y del <em>Uruguay Round</em> es extender dicha liberalización de los intercambios a la agricultura y los servicios. Al igual que la ciencia y la técnica, las leyes de la economía desposeen al ciudadano y al Estado-nación de la soberanía, pues se presentan como una constricción que no se puede más que gestionar y, en ningún caso, poner en cuestión. Si no se puede hacer otra cosa que gestionar las constricciones, entonces el gobierno de los hombres es substituido por la administración de las cosas; el ciudadano ya no tiene razón de ser. Se le podría reemplazar por una máquina de votar –o sea, de decir siempre que sí- y el resultado sería el mismo.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La maquinización de lo social</strong></p>
<p style="text-align:justify;">La emancipación de lo técnico y de lo económico no significa que lo social se mantenga al margen de tales mecanismos, ni que conserve su autonomía, que la política, en particular, podría y debería utilizar tales máquinas en función de sus propios proyectos. Muy al contrario y como ya se ha sugerido, la autonomización de lo técnico y de lo económico, su desinserción de lo social, vacían a este último de toda substancia. La autonomización no puede producirse más que al precio de una incorporación y de una absorción de lo social por las máquinas y, finalmente, del hundimiento de aquél. Los hombres, su voluntad, sus deseos, son captados, desviados, por la lógica del todo. Los ciudadanos son convertidos en usuarios. Ciertos aspectos de esta megamáquina ya son bien conocidos y fueron analizados hace tiempo. Marx, en particular, analizaba el mundo moderno como un sistema cuyo núcleo, el modo de producción capitalista, era una auténtica mecánica. Marx habla incluso de un doble molinillo que reproduce a los proletarios como fuerza de trabajo siempre condenada a ser triturada por el capital y, al mismo tiempo, mediante el mismo mecanismo que reproduce al propio capital, siempre dispuesto a utilizar cada vez más fuerza de trabajo. Adam Smith, con su mano invisible, es el gran profeta de la gran maquinaria moderna, gracias al esclarecimiento de los maravillosos automatismos del mercado. Los hombres de las Luces, fascinados por los autómatas, desearon conscientemente que lo social estuviese regulado de forma maquínica. Dicha maquinización participa del proyecto de la modernidad de una racionalización total de lo social. El resultado ha superado con creces sus esperanzas.</p>
<p style="text-align:justify;">Estos mecanismos y automatismos, ya antiguos, han conocido nuevos perfeccionamientos, y la incorporación de nuevos engranajes ha permitido dar aún más amplitud a la máquina. Los consumidores, condicionados por la publicidad, responden a las solicitaciones del sistema de producción del mismo modo que los productores reaccionan ante las exigencias y las señales del mercado. Los ingenieros, al dar de sí todo lo que pueden, contribuyen –llegado el caso, contra su voluntad- al crecimiento ilimitado de las técnicas. Estas técnicas generan medios cada vez más novedosos y refinados para desposeer a los ciudadanos del dominio de sus propias vidas. Por otro lado, acrecientan las desigualdades entre el Norte y el Sur y alimentan la carrera de los medios de destrucción. Los propios responsables políticos funcionan como engranajes del mecanismo. Se convierten en ejecutantes de obligaciones que les superan. La mediatización de la política profesional acentúa el fenómeno de forma caricaturesca. La dimensión esencial actual del juego político ya no es el <em>savoir-faire</em>, sino el <em>faire-savoir</em>. La política se transforma cada vez más en mercado (desarrollo del marketing político). Esto es algo relativamente nuevo y deriva del carácter ahora transnacional del funcionamiento de la máquina. La mundialización de la máquina y su mecanización total son fenómenos recientes y en vías de conclusión. Las nuevas tecnologías aceleran un proceso de desterritorialización puesto en marcha por la abstracción del mercado desde el siglo XII. Los satélites de telecomunicaciones, la interconexión de los bancos de datos, los servidores de gestión de las bolsas y las agencias de todo tipo crean esferas inmediatamente transnacionales. Ya hoy en día, la velocidad de los medios de comunicación vuelve cada vez más arcaicas las reglamentaciones nacionales y exige la aparición de una organización mundial. El espacio aéreo europeo parcelado constituye un auténtico rompecabezas para los responsables del tráfico y representa un despilfarro financiero enorme. El anonimato generalizado de la megamáquina tecno-social desmoraliza las relaciones sociales y políticas de las colectividades humanas. Las constricciones que pesan sobre el hombre político, así como sobre el ingeniero, el productor o el consumidor, concluyen en una renuncia a toda consideración ética. La eficiencia es el único valor que circula por la máquina reconocido por todos. Sin embargo, esta eficiencia convertida en un fin en sí misma es autodestructora y hace de la máquina una máquina infernal. Una máquina puede ser calificada de infernal cuando escapa al control de sus constructores. Ahora bien, esto es precisamente lo que ha ocurrido con la máquina social de la que hablamos: anónima e irresponsable, se ha convertido en indomeñable en la práctica.</p>
<p style="text-align:justify;">Esta rebelión de la máquina se manifiesta de tres maneras diferentes y complementarias: escapa a toda regulación política, conduce a un callejón sin salida y es profundamente injusta. Cuando la dinámica económica funcionaba en el marco de los espacios nacionales, todavía era concebible someter la máquina al control de las fuerzas sociales y políticas y mantener un mínimo de vigilancia de las autoridades políticas; en pocas palabras, una influencia de la sociedad tanto sobre el mercado y el uso de las técnicas como sobre la velocidad, la orientación y las modalidades de la acumulación nacional de capital. Con la mundialización de la economía y la transnacionalización cada vez más avanzada de las fuerzas sociales, desde las telecomunicaciones hasta la cultura, la ilusión de un dominio sobre la megamáquina ya no es posible. Las lógicas de su funcionamiento se sitúan a niveles que superan los de las organizaciones sociales. Éstas no tienen más opción que someterse o dimitir, y generalmente hacen las dos cosas. Ya en su obra <em>Que la crise s’aggrave</em>, François Partant escribía: “La economía francesa no tiene más realidad e independencia que la economía bretona, corsa u occitana… El aparato productivo francés es indisociable del aparato mundial de producción. La economía francesa ya no tiene existencia propia” [4].</p>
<p style="text-align:justify;">Una de las consecuencias de este acontecimiento es un cierto “fin de lo político”, es decir, la pérdida del dominio sobre el propio destino de las colectividades ciudadanas en beneficio de un hipercrecimiento de la administración tecnocrática y burocrática. Las autoridades políticas de los mayores Estados-nación industriales se encuentran ahora en la situación de los subprefectos de provincia de antaño: todopoderosos contra sus administrados en la puntillosa ejecución de reglamentos opresivos, pero totalmente sometidos a las órdenes y estrechamente dependientes del poder central y jerárquico, revocables <em>ad nutum</em> en todo momento. Sólo que, y no es poca cosa, ese poder central a lo <em>Big Brother</em> se ha convertido en un poder completamente anónimo y sin rostro.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>El callejón sin salida</strong></p>
<p style="text-align:justify;">La carrera por el progreso en la que estamos atrapados es, hablando con propiedad, delirante. La acumulación ilimitada de capital, el crecimiento indefinido de las técnicas, la producción por la producción, la técnica por la técnica, el progreso por el progreso, ese ‘siempre más’ que constituye la ley de las sociedades modernas no puede proseguir eternamente. Esta huida hacia delante, necesaria para el equilibrio dinámico del sistema, viene a chocar con la finitud relativa del mundo. Los límites naturales están cerca de ser franqueados, como testimonian la crisis ambiental y el ascenso de las preocupaciones ecológicas. Acaso sea más fundamental la pertinencia misma de esta tensión entre necesidad y escasez en el corazón mismo del sistema, que se alcanza cuando una tasa de crecimiento anual del nivel de vida del 10% durante un siglo multiplica este último por 736. ¿Podemos seguir manteniéndonos ciegos de forma sostenible y no ver que lo mejor es el enemigo del bien? Entiéndase bien, no se trata de cultivar una nostalgia romántica por un universo pre-técnico. En sí mismas, las técnicas actuales, incluso las más audaces, como los proyectos de ciber-ántropos, los cyborgs, las mutaciones genéticas, la colonización del espacio, no son más delirantes, ni más ni menos que la invención de la rueda, del fuego, de la máquina de vapor o que el descubrimiento de América. La inquietud nace de la inadecuación entre el nivel técnico alcanzado y la máquina humana encargada de fabricar socialmente a los ciudadanos. Podemos concebir la idea de fabricar socialmente personas sanas incorporando montones de prótesis en un mundo sano poblado de máquinas. Resulta angustioso ver técnicas superpoderosas utilizables sin control por empresas que no tienen otra ley que el beneficio, a los señores de la guerra que sólo sueñan con su control, a los burócratas que no buscan más que la eficacia, en un mundo sin alma, sin coherencia y sin proyecto.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La injusticia</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Finalmente, la dinámica de la máquina social planetaria es infernal por ser gravemente injusta. Programada para realizar la mayor felicidad para el mayor número, está en trance de realizar la infelicidad de la mayoría, si no de todos, tras haber favorecido de forma escandalosa el bienestar de unos pocos. ¡El millardo de habitantes más afortunado del planeta, según el propio Banco Mundial, dispone de cien veces más recursos que el millardo más pobre! En tales condiciones, el universalismo, que tanto ha puesto en valor Occidente, es una estafa. “El proceso de enriquecimiento del que se han beneficiado hasta hoy las naciones industriales –escribe François Partant- no puede generalizarse y beneficiar a la humanidad entera. Los pueblos del Tercer mundo no pueden superar en ningún caso la brecha que los separa de dichas naciones, es decir, producir tanto como ellas y consumir tanto como ellas” [5]. No es que estén atrasadas, pues esto implica que todavía se puede seguir al pelotón; es que, sencillamente, están fuera de la carrera. Nos topamos aquí con una de las consecuencias más dramáticas de la megamáquina: el hecho de que no sólo produzca la uniformización, sino también la exclusión. La megamáquina uniformiza, desarraiga y, finalmente, destruye lo político.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La uniformización / conformización</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Ya he descrito y analizado con amplitud el proceso de uniformización planetaria en <em>La occidentalización del mundo</em> [6]. La megamáquina tecno-científica, la apisonadora occidental, aplasta culturas, lamina las diferencias y homogeniza el mundo en nombre de la Razón. Dicho proceso tiene efectos desculturizadores en el Sur y acarrea un peligro de conformismo para todos mediante al mundialización de la cultura o de aquello que ocupa su lugar, mediante la pérdida de referentes morales y su sustitución por las modas y los sondeos. Estamos asistiendo a una universalización planetaria de los modos de vida y de consumo, al mismo tiempo que a una dictadura de la mediocridad, junto con la banalización de lo excepcional y la exaltación de lo banal. Esto de nuevo no es más que la realización del programa de la modernidad, en la medida en que la modernidad concibe a la humanidad como una colección abstracta de hombres idénticos, el hombre universal de las Luces. Ya no hay, pues, razón para comer, vestirse y consumir de forma diferente: todo el mundo lleva vaqueros y bebe Coca-Cola. Los acontecimientos ‘culturales’ se convierten en acontecimientos mundiales (<em>Dallas</em>, los Juegos Olímpicos). La universalización cultural no excluye el surgimiento de rivalidades entre iguales, al contrario. Cuanto más se asemejan los hombres, más aparecen las hostilidades, más persisten las diferencias en el seno de la identidad. En todo momento se observa que los conflictos se producen, no cuando las diferencias alcanzan su máximo, sino cuando las condiciones se aproximan (quebequeses y anglófonos en Canadá; descomposición del Imperio otomano; serbios, croatas y bosnios hoy en día).</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>El desarraigo</strong></p>
<p style="text-align:justify;">La dinámica tecno-económica mundial desarraiga a los pueblos y acarrea una desculturización dramática de todas las sociedades ‘tradicionales’. La pérdida de las identidades culturales, el desencantamiento del mundo y la exclusión económica y social mediante la desvalorización de las competencias, la deslegitimación de los estatus y el imposible acceso al nivel de vida americano, favorecen un desencadenamiento desesperado de explosiones identitarias, del que la ex Yugoslavia ofrece un trágico y lamentable ejemplo.</p>
<p style="text-align:justify;">Arrancados de su matriz originaria (la historia europea), el Estado moderno y el orden nacional-estatal son injertos artificiales. El derecho de los pueblos a disponer de ellos mismos sobre el que descansa la Sociedad de Naciones termina con la destrucción de esa misma sociedad debido al vacío de la noción de pueblo. Un pueblo, en efecto, sólo puede definirse por el sentimiento subjetivo de pertenencia. Cada grupo humano, unido por un rasgo cualquiera, lengua, religión, territorio, costumbres… puede reivindicar la etiqueta de ‘pueblo’ y reclamar el reconocimiento como estado, condición de su existencia como sujeto de derecho en el seno del concierto internacional de las potencias. Se acaba así en la degeneración ‘nacionalitaria’ o en el ‘tribalismo’, y a menudo en los dos a la vez.</p>
<p style="text-align:justify;">La reivindicación nacional se confunde con una reivindicación particularista y provoca el nacimiento de un Estado a la vez fantoche y fanático, sin que haya madurado una sociedad civil de ciudadanos. El individualismo, que corroe las sociedades modernas, y la mundialización de la economía hacen que vuelen en pedazos las anteriores agrupaciones históricas y se transformen en grupúsculos cada vez más microscópicos. No hay más límite a esta inevitable tendencia que la unión sagrada de los Estados ya reconocidos, que intentan bloquear por todos los medios el acceso de los demás al muy restringido club de la Sociedad de Naciones. Cada tribu, cada clan, cada capilla puede argüir su particularismo como único fundamento legítimo del vínculo social. La isla de Nauru, en el Pacífico, con sus siete mil habitantes, es un Estado, incluso si la explotación de los fosfatos la vacía de toda sustancia y condena a largo plazo a su población a vivir en Australia.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La destrucción de lo político</strong></p>
<p style="text-align:justify;">La transformación de los problemas por su dimensión y tecnicismo, la complejidad de las intermediaciones y la simplificación mediática de las puestas en escena han desposeído a los electores, y a menudo a los elegidos, de la posibilidad de conocer y de poder decidir. La manipulación combinada con la impotencia ha vaciado a la ciudadanía de todo contenido. El propio funcionamiento de la megamáquina implica dicha abdicación por razones muy pedestres: la desposesión productiva y la ausencia del deseo de ciudadanía.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La desposesión productiva</strong></p>
<p style="text-align:justify;">La abundancia al más bajo coste, condición del mayor bienestar para el mayor número, supone que la máxima energía se despliega y capta en el manejo de las técnicas, y gracias a éstas. Al convertirse en trabajador, consumidor y usuario, el ciudadano se somete en cuerpo y alma a la máquina. Taylor tenía el mérito de la claridad cínica. “No se te pide que pienses; ¡ya tenemos gente a la que pagamos para eso!”, parece que le contestó un día a un obrero. Al separar las tareas de concepción de las tareas de ejecución, el fordismo / taylorismo realiza la producción de masas, condición del consumo masivo, al precio de la reducción del trabajador al estado de servidor ciego de la máquina. ¿Devolverán las nuevas tecnologías la ciudadanía en el interior de las empresas? Tal vez, pero a costa de una exclusión de la vida de la ciudad. En efecto, reclaman un compromiso activo de los trabajadores, una atención voluntaria y, si es posible inteligente. En el taller flexible, la máquina-útil de mando numérico ya no deja libertad de decisión alguna a su servidor. Aquí, como en el resto del sistema, ya ni siquiera hay gentes a las que se pague por pensar; ¡las máquinas se encargan de ello! El trabajador, por su parte, se convierte en su propio “perro guardián, gestor de su auto-explotación y auto-gestor de su explotación [7]”. El trabajador de los círculos de calidad obtiene, sin duda, el sentimiento de un reconocimiento en el colectivo de su empresa, pero a costa de la renuncia a una parte importante de su vida privada. En Japón, como es sabido, la única ciudadanía que queda es la de la empresa, por la que, cada año, morirían 40000 cuadros de una forma de estrés a la que se ha bautizado como <em>karoshi</em>.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La ausencia del deseo de ciudadanía</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Así, en la fábrica, en la oficina, en el mercado, en su vida cotidiana, el ciudadano, convertido en agente de producción, consumidor pasivo, elector manipulado, usuario de servicios públicos, es el simple engranaje de la gran máquina tecno-burocrática. Incluso si su soberanía no estuviera herida de impotencia por todos los mecanismos que hemos analizado, ¿cómo podría tener todavía el tiempo libre y el deseo de ejercerla? Al término de jornadas de trabajo o de ocupaciones que agotan los nervios, el ciudadano vuelve a casa para encontrarse con innumerables problemas que hay que solucionar, desde los estudios de los niños hasta los impresos de la Seguridad Social que es preciso rellenar, pasando por los impuestos que hay que pagar, etc. Sólo piensa en relajarse y, para eso, prefiere los concursos a lo telediarios. ¿Qué tiempo le queda, qué disponibilidad tiene para acercarse al ágora o al forum e informarse de los asuntos de la ciudad, sopesar los argumentos, desmontar discursos retóricos y entregarse a una prudente deliberación para determinar su elección? La avalancha mediática de mensajes, cuya calidad no es momento de discutir ahora, conduce a una desinformación de hecho. Y esto concierne tanto al alto responsable como al elector de base. He llevado a cabo en mi entorno una encuesta sobre el voto de la Ley sobre la Contribución Social Generalizada (C. S. G.). Excepcionalmente, la cuestión había suscitado un debate público en el Parlamento, la aparición de numerosos artículos de prensa e incluso manifestaciones en la calle. Pregunté a mis estudiantes de Derecho público, así como a mis estudiantes de tercer ciclo, todos ellos electores: ¿quién conocía los textos votados? ¿Quién había comprendido los mecanismos de deducción? No apareció más que uno [8]. Y sin embargo, la cuestión afecta a un punto sensible: el bolsillo. Las lógicas de la megamáquina no incitan al ciudadano a cumplir con sus deberes ni a ejercer sus derechos. El hermoso proyecto de la democracia se ve privado así de toda substancia en beneficio de una tecnocracia anónima; ésta hace un uso moderado de un despotismo que consideramos ilustrado porque no es consciente de sí misma y porque nos satisface desembarazarnos, con el menor gasto posible, de preocupaciones suplementarias.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Conclusión</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Quisiera suscitar tan sólo dos problemas: los límites de la megamáquina y las perspectivas abiertas.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>- Los límites</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Le megamáquina no está exenta de fallos, no es totalmente homogénea. Los análisis de Jacques Ellul sobre la sociedad técnica son justos en su conjunto, pero su muy pesimista conclusión me parece un poco excesiva. El hundimiento del mundo soviético demuestra que la sociedad técnica y el totalitarismo ‘duro’ no constituyen la mejor combinación para asegurar la permanencia del sistema técnico. Si es preciso un totalitarismo para asegurar el desarrollo de la sociedad técnica,  se trata más bien de un totalitarismo ‘blando’. El suave condicionamiento de los consumidores-usuarios de la sociedad de mercado le es más conveniente que la burocracia rígida. Tampoco hay que subestimar los resultados de la técnica. Los fracasos y los fallos de los grandes sistemas técnicos son numerosos. Se trata, ciertamente, de catástrofes, y no se puede descartar el riesgo mayor. Con todo, tales catástrofes también suponen otras tantas ocasiones para replantearnos, al menos parcialmente, tanto la técnica como las creencias subyacentes a la ciencia y el progreso. Las ya considerables dudas que han quebrantado la fe tecnicista bien podrían transformarse en una crisis profunda.</p>
<p style="text-align:justify;">Es sin duda en la tecnificación del hombre y en el funcionamiento de la ingeniería social donde tales debilidades resultan más flagrantes. La máquina tecno-burocrática soviética, que era la que más se había aproximado al mito de la cibernética social, se reveló como completamente contraproducente y, finalmente, muy frágil a pesar de las apariencias. Hay que tomarse muy en serio las críticas a las máquinas sociales, incluso si se presentan bajo formas humorísticas como la ley de Parkinson o el principio de Peter. Estos fenómenos acechan, en efecto, a toda organización social, incluso en una economía de mercado ultraliberal. Es en la maquinización de lo social donde los granos de arena más numerosos penetran en los engranajes y amenazan con averiar la mecánica global.</p>
<p style="text-align:justify;">Así pueden explicarse en parte las increíbles debilidades de ciertas realizaciones técnicas por negligencias y errores humanos. Chernobil es un espectacular ejemplo de los estragos que pueden producir la incompetencia combinada con la irresponsabilidad burocrática. Aleksandr Zinoviev ya había puesto en escena este funcionamiento ubuesco en <em>El radiante porvenir</em>. En la sociedad liberal, donde persiste un mínimo de democracia formal, las organizaciones ciudadanas pueden poner en cuestión la concepción y, sobre todo, el uso de la técnica, incluso apoyándose en los propios técnicos. Puede verse una ilustración de lo anterior (con sus límites incluidos) en lo que ocurre con el debate ecológico. La manipulación de la opinión gracias al fulminante desarrollo de los media no es – o no lo es todavía- completa, ni –lo que es más importante- irreversible. Las crisis económicas, los dramas ecológicos, las catástrofes técnicas pueden suscitar el cuestionamiento de la omnipresencia y de la omnipotencia de la técnica. Este cuestionamiento podría verse facilitado tal vez  si el mecanismo analizado por Nicholas Rescher, bajo el nombre de <em>principio de Planck</em>, se viese confirmado. Bajo su forma falsamente rigurosa, dicho principio enuncia lo siguiente: el rendimiento de la investigación científica no se corresponde más que con el logaritmo de la cantidad de los recursos asignados. Lo que significa que asistiríamos a una deceleración ineluctable del progreso científico pesado. Más pronto o más tarde, nos toparíamos con un crecimiento cero del progreso científico, cualquiera que sea el montante de las inversiones [9]. Los investigadores admiten en general esta caída del rendimiento de la investigación científica. Los grandes descubrimientos del siglo XX se produjeron con pocos medios. Los enormes presupuestos de que están dotados los laboratorios han desembocado fundamentalmente en progresos en el campo del software, es decir, de las aplicaciones derivadas de los grandes descubrimientos. Aquí, el terreno está lejos de haberse agotado. Sin embargo, si dicho principio resultase fundado, la huída hacia delante de la técnica no sería ilimitada.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>- Las perspectivas abiertas</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Al evocar estas perspectivas de salida de la sociedad técnica, estoy lejos de caer en los sueños optimistas de esa ‘tecnodemocracia’ tan querida por Pierre Levy [10]. La emancipación de la técnica con relación a la economía, en la que se basan sus análisis, resulta de lo más problemática. Y no traerá necesariamente más libertad; más bien al contrario.</p>
<p style="text-align:justify;">A partir de lo dicho, simplemente quisiera sugerir que la tecnificación total del mundo tiene más que ver con la ciencia ficción y lo fantasmático que con la realidad observable y previsible. Es razonable contar con el fracaso de la organización social para suspender el proyecto del mejor de los mundos, llevarlo hasta el límite e incluso hacerlo funcionar. El hiato entre sistema técnico y sociedad puede ser la fuente de disfunciones trágicas, pero también la ocasión para que los hombres vuelvan a hacerse con las riendas de la técnica con el fin de construir una auténtica posmodernidad, es decir, una sociedad que reintegraría lo económico y lo técnico en lo social, que volvería a encadenar a Prometeo, que devolvería a lo económico y lo técnico al lugar subalterno que le pertenece, antes que confiar a una dominación ilimitada de la naturaleza y a una competencia generalizada y ciega la solución de todos los problemas humanos.</p>
<p style="text-align:justify;">[1] Franck Tinland, <em>L’autonomie technique</em>, en <em>La technoscience. Les fractures des discours</em>, bajo la dirección de Jacques Prades, L’Harmattan, 1992.<br />
[2] En cuanto proyecto, dicha cibernética social en ninguna parte y en ningún lugar fue llevada tan lejos como en la ex URSS. El escritor comunista Lion Feuchtwanger, exiliado por los nazis y convertido en ayudante del fiscal en la URSS durante el segundo proceso de Moscú, escribe en su obra <em>Moscú 1937</em> (publicada en Ámsterdam en 1937) a propósito de los 17 encausados trotskistas del entorno de N. Bujarin después de las deliberaciones: “Los acusados no son verdaderos acusados, sino científicos a los que se exige que expliquen sus errores técnicos relativos a la teoría científica que se está aplicando en la URSS. Jueces, fiscales y acusados están unidos por un fin común. Eran como ingenieros que tuviesen que someter a prueba alguna especie complicada de nueva maquinaria. Algunos de ellos, los acusados, habían deteriorado la máquina, no por maldad, sino por obstinarse en probar concepciones visiblemente falsas. Sus métodos revelaron ser falsos; ésta es la razón por la que habían sido condenados. Y puesto que para la máquina no son más importantes que los jueces, tales científicos aceptan su condena. Ésta es también la razón de que deliberen sinceramente con los otros. Lo que les hace solidarios a todos es el amor a la máquina, el amor a la máquina del Estado y su idolatría por la eficacia”.<br />
[3] Paul Virilio, Entrevista en Le Monde, enero de 1992.<br />
[4] François Partant, <em>Que la crise s’aggrave</em>, Solin, 1978, p. 107.<br />
[5] Op. Cit., p. 77.<br />
[6] Serge Latouche, <em>L’occidentalisation du monde, essai sur la signification, la portée et les limites de l’uniformisation planétaire</em>, La découverte, Paris, l989.<br />
[7] Michel Perraudeau, citado en Michel Kamps, <em>Ouvriers et robots</em>, Ed. Spartacus, Paris, 1983, p. 36.<br />
[8] Y, sin embargo, <em>nemo censetur ignorare legem</em> (no se considera que se ignore la ley).<br />
[9] Se trataría de la formalización de una observación de Planck: “Cada avance de la ciencia acrecienta la dificultad de la tarea”.<br />
[10] Pierre Levy, <em>Vers une citoyenneté cosmopolite</em>, en <em>La technoscience</em>, Op. Cit.</p>
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		<title>¿QUÉ SIGNIFICA hoy autonomía? &#8211; Franco Berardi &#8216;Bifo&#8217; (2003)</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Jul 2009 06:15:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>colaboratorio1</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autonomía]]></category>
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Subjetivación y no sujeto
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<p style="text-align:justify;"><strong>Subjetivación y no sujeto</strong></p>
<p style="text-align:justify;">No pretendo hacer una reconstrucción histórica del movimiento de autonomía, sino tan sólo tratar de comprender su especificidad histórica volviendo sobre conceptos como rechazo del trabajo y composición de clase. Los periodistas usan el término operaismo para designar un movimiento político y filosófico que apareció en Italia en los años 60. A mí no me gusta ese término porque reduce la complejidad de la realidad social al mero dato de la centralidad de los obreros industriales en la dinámica social de la modernidad tardía. La centralidad de la clase obrera ha sido uno de los grandes mitos políticos del siglo XX, pero el problema que nos tenemos que plantear es el de la autonomía del espacio social frente al dominio capitalista, y el de las diferentes composiciones culturales, políticas e imaginarias que elabora el trabajo social. Por eso prefiero emplear la expresión composicionismo para designar ese movimiento de pensamiento.</p>
<p style="text-align:justify;">Lo que me interesa subrayar de la operación filosófica del llamado operaismo italiano es el desmontaje de la noción de sujeto que el marxismo heredó de la tradición hegeliana. En lugar del sujeto histórico, el composicionismo empieza a pensar en términos de “subjetiv/acción”. El concepto de clase social no tiene una consistencia ontológica, sino que debe entenderse como un concepto vectorial. La clase social es proyección de imaginaciones y proyectos, efecto de una intención política y de una sedimentación de culturas.<span id="more-511"></span></p>
<p style="text-align:justify;">Los pensadores que escribían en revistas como Classe Operaia o Potere Operaio no usaban este tipo de lenguaje, no hablaban de inversiones sociales de deseo, y se expresaban de forma mucho más leninista. Pero el gesto que realizaron produjo un cambio importante en el panorama filosófico, que desplazó la atención de la centralidad de la identidad obrera a la descentralización del proceso de subjetivación. Félix Guattari, que entró en contacto con el operaismo después de 1977 y sólo fue conocido por los pensadores de la autonomía italiana después de esa fecha, insistió siempre en la idea de que no se debería hablar de sujeto sino, más bien, de proceso de subjetivación.</p>
<p style="text-align:justify;">Partiendo de estas observaciones podemos tratar de comprender qué significa rechazo del trabajo. Esta expresión no significa tanto el hecho obvio de que a los obreros no les gusta que les exploten, sino algo más. Significa que la reestructuración capitalista, el cambio tecnológico y la transformación general de las instituciones sociales son el producto de una acción cotidiana de sustracción de la explotación, de rechazo de la obligación de producir plusvalor y de aumentar el valor del capital a costa de reducir el valor de la vida.</p>
<p style="text-align:justify;">Como he dicho, no me gusta la expresión operaismo por la implícita reducción a una referencia social restringida, y prefiero la palabra composicionismo. El concepto de composición social o composición de clase, ampliamente utilizado por los pensadores “operaistas”, parece tener más que ver con la química que con la historia social.</p>
<p style="text-align:justify;">Me gusta la idea de que el lugar en el que se desarrollan los procesos históricos no sea el sólido territorio rocoso de origen hegeliano, sino un ambiente químico en el que sexualidad, enfermedad y deseo se combaten, se encuentran y se mezclan y cambian continuamente el panorama. Si usamos el concepto de composición podemos comprender mejor lo que sucedió en Italia en los años 70, y podemos entender mejor qué quiere decir autonomía: no es la constitución de un sujeto, no es la identificación de los seres humanos con una figura social prefijada, sino el cambio continuo de las relaciones sociales, la identificación y la desidentificación sexual y el rechazo del trabajo. El rechazo del trabajo es un producto de la complejidad de las inversiones sociales de deseo.</p>
<p style="text-align:justify;">En este marco, autonomía significa que la vida social no depende sólo de la regulación disciplinar impuesta por el poder económico, sino también de los desplazamientos, los deslizamientos y las disoluciones que constituyen el proceso de autocomposición de la sociedad viva. Lucha, retirada, alienación, sabotaje, líneas de fuga del sistema de dominio capitalista.</p>
<p style="text-align:justify;">Ese es el significado de la expresión “rechazo del trabajo”. Rechazo del trabajo significa muy sencillamente: “no quiero ir a trabajar porque prefiero dormir.” Esta pereza es la fuente de la inteligencia, de la tecnología y del progreso. Autonomía es la autorregulación del cuerpo social, en su independencia y en sus interacciones con la norma disciplinar.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Autonomía y desregulación</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Hay otro aspecto de la autonomía en el que se ha profundizado poco hasta ahora. El proceso de autonomización de los trabajadores de su papel provocó un terremoto social que, a su vez, desencadenó la desregulación capitalista. La palabra desregulación apareció en la escena ideológica a finales de los años 60, e interpretó un espíritu desestructurador que venía del pensamiento libertario y antiautoritario de los decenios precedentes. Hay toda una tradición de “desreglamentación”, que recorre la cultura hippy libertaria californiana, el pensamiento autónomo italiano y la epistemología deseante francesa, que predica la autonomía de la dinámica social frente al dominio estatal y autoritario. El liberalismo recoge el impulso de estas culturas y lo transforma en fanatismo de la economía. La autonomía social desencadenó la potencia del saber y la imaginación colectiva, pero el liberalismo traduce esa liberación al terreno paranoico de la competitividad.</p>
<p style="text-align:justify;">La desregulación que entró en la escena mundial en la época de Thatcher y de Reagan puede verse como la respuesta capitalista a la autonomización respecto al orden disciplinario del trabajo industrial. Los obreros pedían libertad frente a la regulación capitalista, y el capital hizo lo mismo pero a la inversa. La libertad frente a la regulación del Estado ha resultado ser despotismo sobre el tejido social y sobre la vida cotidiana de las personas concretas. Los trabajadores pedían libertad frente a la prisión del trabajo de por vida en la fábrica industrial, y la desregulación respondió mediante la flexibilización del trabajo y la fractalización del trabajo.</p>
<p style="text-align:justify;">El movimiento de autonomía en los años 70 puso en marcha un proceso peligroso pero indispensable. Un proceso que se desarrolló desde el rechazo social del dominio capitalista hasta la revancha capitalista que adoptó la forma de desregulación, de libertad de la empresa frente a todo control estatal, de destrucción de la protección social, de reducción y externalización de la producción, de recorte del gasto social, de desfiscalización y, finalmente, de flexibilización. El movimiento de autonomía puso en marcha, en efecto, la desestabilización del contexto social que había surgido de un siglo de presiones sindicales y regulación estatal. ¿Cometimos, acaso, un terrible error? ¿Deberíamos arrepentirnos de las acciones de disidencia y sabotaje, de autonomía y de rechazo del trabajo que parecen haber provocado la desregulación capitalista?</p>
<p style="text-align:justify;">No, en absoluto.</p>
<p style="text-align:justify;">Es cierto que el movimiento de autonomía anticipó la tendencia, pero la desregulación estaba inscrita en las líneas de desarrollo del capitalismo posindustrial, como le estaba en la reestructuración tecnológica de la globalización productiva.</p>
<p style="text-align:justify;">Hay una relación estrecha entre rechazo del trabajo e informatización de las fábricas, reducción de plantillas y subcontratación, y flexibilización del proceso global de trabajo. Pero esa relación es mucho más compleja que una simple cadena de causas y efectos. El proceso de desregulación estaba ya inscrito en el desarrollo de nuevas tecnologías que permitían a las grandes empresas lanzar el proceso de globalización. Un proceso parecido se produjo en el campo de los medios de comunicación en el mismo período.</p>
<p style="text-align:justify;">Pensemos en las radios libres italianas de los años 70. En aquellos años en Italia existía un monopolio estatal de la telecomunicación y estaba prohibida la emisión privada. La izquierda política, en especial el PCI, denunciaba a los activistas mediáticos de Radio Alice a los que acusaba de romper el sistema público de comunicación y de abrir así el camino a los medios privados. ¿Hay que pensar que tenía razón la izquierda estatista que se oponía a al proliferación comunicativa en nombre de la defensa del sistema público? No lo creo así. Creo que la izquierda tradicional se equivocaba por varias razones. Ante todo, porque el fin del monopolio público estaba ya inscrito en la evolución de la tecnología de la comunicación. En segundo lugar, porque la libertad de expresión es mejor que la centralización estatal de los medios. En ese momento la izquierda representaba una fuerza de conservación estatista, tanto en Italia como en los países del Este de Europa. Representaba un cascarón cultural que no podía sobrevivir a la transición posindustrial. Lo mismo podemos decir respecto al fin del imperio soviético. Sabemos que la población rusa está hoy peor que hace veinte años, y que la llamada democratización ha llevado sobre todo a la destrucción de la protección social, a una pesadilla de competición agresiva, de violencia, de corrupción y de miseria existencial.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero la disolución del régimen socialista era inevitable, porque ese orden bloqueaba la dinámica del deseo social y porque impedía la innovación cultural. La disolución de los regímenes comunistas estaba inscrita en la composición social de la inteligencia colectiva, en el imaginario creado por los nuevos medios globales y en las inversiones colectivas de deseo. Eso explica que la intelectualidad democrática y las fuerzas culturales disidentes tomasen parte en la lucha contra los regímenes socialistas, aunque supieran que el capitalismo no sería ningún paraíso. Hoy la desregulación está devastando la que en tiempos fuera sociedad soviética, y se experimenta la explotación, la miseria y la humillación hasta un punto tal vez nunca alcanzado, pero esta transición era inevitable y, en cierto sentido, ha sido un cambio progresivo.</p>
<p style="text-align:justify;">Desregulación no significa sólo emancipación de la empresa privada frente a la regulación estatal y reducción del gasto público y de la protección social. También significa flexibilización del trabajo. La realidad de la flexibilidad del trabajo es la otra cara de esa emancipación de la disciplina capitalista. No debemos minusvalorar la relación entre el rechazo del trabajo y la flexibilización que le ha seguido. Una de las ideas fuertes del movimiento de autonomía era que “lo precario es bello”. La precariedad del trabajo es una forma de autonomía frente al trabajo regular que dura toda la vida. En los años 70 era habitual trabajar unos meses, dejar el trabajo para irse de viaje, regresar y volver a trabajar unos meses y así sucesivamente. En condiciones de pleno empleo y en presencia de una extendida cultura igualitaria, no competitiva y no consumista, es posible un estilo de vida como ése, y le sienta bien al cuerpo y al espíritu. La ofensiva neoliberal de los años 80 pretendía invertir la relación de fuerzas. Desregulación y flexibilización del trabajo han sido efecto e inversión de la autonomía obrera. Es preciso comprenderlo, y no sólo por razones históricas. Si queremos entender lo que debemos hacer hoy, en la época de la plena flexibilidad del trabajo humano que, sin embargo, es también una fase de crisis del neoliberalismo, debemos comprender cómo pudo producirse, en ese paso de los años 70 a los 80, la ocupación del campo del deseo social por un imaginario economicista y competitivo.</p>
<p style="text-align:justify;">En los últimos decenios la informatización del sistema de máquinas ha jugado un papel crucial en la flexibilización del trabajo, junto con la intelectualización y la inmaterialización de los principales procesos productivos. La introducción de las nuevas tecnologías electrónicas y la informatización del proceso productivo han abierto el camino a la creación de una red global de infoproducción, desterritorializada, deslocalizada y despersonalizada. La red global de infoproducción se ha convertido cada vez más en sujeto del proceso productivo social, y el tejido humano de las personas que lo componen se ha fragmentado hasta disolverse. No hay ya seres humanos que trabajan, sino fragmentos de tiempo sometidos al proceso de valorización, átomos de tiempo recombinados en el proceso productivo global. Los trabajadores industriales rechazaron su papel en la fábrica y ganaron, de ese modo, libertad y autonomía frente al dominio capitalista y frente al control de su tiempo de vida. Pero ello llevó a los capitalistas a invertir en tecnologías que ahorran trabajo y a cambiar la composición técnica del proceso de trabajo, para poder expulsar a los obreros industriales y sus formas de organización autónoma y crear una nueva organización del trabajo que pudiera ser más flexible.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Ascenso y caída de la alianza de trabajo cognitivo y capital recombinante</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Intelectualización e inmaterialización del trabajo son una cara del cambio de las formas de producción social. La otra cara es la globalización planetaria. Inmaterialidad y globalización son complementarias. La globalización es un proceso que conlleva elementos de pesada materialidad, porque el trabajo industrial no desaparece en la época posindustrial, sino que emigra hacia las zonas geográficas en las que es posible pagar salarios bajos, y en las que la legislación no protege el trabajo y favorece a la libre empresa, a costa del medio ambiente y de la sociedad. La perspectiva de una extensión planetaria del proceso de producción industrial fue previsto por Mario Tronti en un artículo aparecido en el último número de la revista Classe Operaia, en 1967. Tronti escribía que “el fenómeno más importante de los próximos decenios hasta el fin del siglo XX será el desarrollo de la clase obrera a escala planetaria”. Esta intuición no se fundaba en el análisis del proceso de producción capitalista, sino en la comprensión de las transformaciones en la composición del trabajo. La globalización y la informatización podían preverse como una consecuencia del rechazo del trabajo en los países industriales de occidente. Durante los dos últimos decenios del siglo XX hemos asistido a una especie de alianza entre capital recombinante y trabajo cognitivo. Llamo recombinante al capital que no está ligado estrechamente a una aplicación industrial particular, sino que es transferible con rapidez de un lugar a otro, de una aplicación industrial a otra, de un sector de actividad económica a otro. Se puede llamar recombinante al capital financiero que desempeñó un papel central en la política y la cultura de los años 90. La alianza de trabajo cognitivo y capital financiero ha tenido importantes efectos culturales, como la identificación ideológica del trabajo y la empresa. Los trabajadores se han visto empujados a verse a sí mismos como autoempresarios. En esa visión había algo de cierto, en el período en el que florecieron las dotcom, cuando el trabajador cognitivo podía crear su empresa invirtiendo su fuerza intelectual (una idea, un proyecto, una fórmula) como un bien que podía valorarse en términos financieros.</p>
<p style="text-align:justify;">Era la época que Geert Lovink, en su importante libro Dark Fiber,[1] llama la de la “dotcomanía”. ¿Qué fue la “dotcomanía”? La participación masiva en el ciclo de inversión financiera de los años 90 puso en marcha un proceso de autoorganización de los productores cognitivos. Los trabajadores cognitivos invertían su experiencia, su saber y su creatividad, y encontraban en el mercado de acciones los medios para crear empresas. Para muchos la forma empresa se convirtió en el punto de encuentro entre capital financiero y trabajo cognitivo de alto potencial productivo.</p>
<p style="text-align:justify;">La ideología libertaria y liberal que dominaba la cibercultura (sobre todo norteamericana) en los años 90 idealizaba el mercado presentándolo como un entorno puro. En ese entorno, natural como la lucha por la supervivencia del más fuerte que hace posible la evolución, el trabajo encuentra los medios necesarios para valorizarse y convertirse en empresa. Una vez dejado a su dinámica propia, el sistema económico de red estaba destinado a optimizar los beneficios económicos para todos, propietarios y trabajadores, entre otras cosas porque la diferencia entre propietarios y trabajadores se hacía cada vez más imperceptible al entrar en el circuito productivo virtual.</p>
<p style="text-align:justify;">Este modelo, teorizado por autores como Kevin Kelly y convertido por la revista Wired en una especie de Weltanschauung liberal–digital, arrogante y triunfalista, entró en quiebra a principios del nuevo milenio, junto con la new economy y buena parte del ejército de emprendedores cognitivos que habían vivido en el mundo de las dotcom. La razón de la bancarrota se halla en el hecho de que el modelo de un mercado perfectamente libre es una falsedad teórica y práctica. Lo que el neoliberalismo reforzó a largo plazo no fue el libre mercado, sino el monopolio.</p>
<p style="text-align:justify;">En la segunda mitad de los años 90 se desarrolló una auténtica lucha de clases dentro del circuito productivo de las altas tecnologías. El devenir de la red se ha visto marcado por esa lucha, cuyo resultado aún hoy es incierto. Desde luego, la ideología de un mercado libre y natural ha resultado un engaño. La idea de que el mercado funciona como un espacio neutro de confrontación entre ideas, proyectos, calidad y utilidad de los productos ha sido barrida por la amarga verdad de la guerra que los monopolios han librado contra la multitud de trabajadores autoempresarios y contra la patética masa de microtraders.[2] La lucha por la supervivencia no ha sido ganada por el mejor o por el más afortunado, sino por el que ha sacado los cañones: los cañones de la violencia, de la rapiña, del robo sistemático, y de la violación de cualquier norma ética o legal. La alianza Bush–Gates ha sancionado la liquidación del mercado, y con ello la fase de lucha interna en la clase virtual se acabó. Una parte de la clase virtual se ha incorporado al complejo militar industrial, mientras otra (la gran mayoría) ha sido expulsada de la empresa y empujada hacia los márgenes de una proletarización abierta. En el plano cultural están emergiendo las condiciones para la formación de una consciencia social del cognitariado. Y éste podría ser el fenómeno más importante de los años próximos, la única clave que podría ofrecer soluciones al desastre.</p>
<p style="text-align:justify;">Las dotcom han sido el laboratorio de experimentación de un modelo productivo y de un mercado. Al final el mercado ha sido conquistado y asfixiado por las grandes empresas monopolistas, y el ejército de autoemprendedores y microcapitalistas de fortuna ha sido desplumado y disuelto. Así ha comenzado una fase nueva: los grupos que alcanzaron el predominio en el ciclo de la net economy se han aliado con el grupo dominante de la old economy (el clan mafioso de Bush y Berlusconi, la industria militar y la petrolera) y el proceso de globalización productiva sufre un bloqueo. El neoliberalismo ha producido su negación y sus más entusiastas defensores se han convertido en sus víctimas marginalizadas.</p>
<p style="text-align:justify;">Con el crash de las dotcom el trabajo cognitivo se ha separado del capital. Los artesanos digitales, los que en los años 90 se sintieron empresarios de su propio trabajo, se han dado cuenta poco a poco de que han sido engañados, desplumados y expropiados, y eso creará las condiciones de una consciencia de nuevo tipo de los trabajadores cognitivos. Se darán cuenta de que a pesar de tener toda la potencia productiva, han sido expropiados de sus frutos por una minoría de especuladores ignorantes pero hábiles en el manejo de los aspectos legales y financieros del proceso productivo. El sector improductivo de la clase virtual, los abogados y los contables, se apropia del plusvalor cognitivo producido por los físicos, los informáticos, los químicos, los escritores y los operadores mediáticos. Pero éstos podrían separarse del castillo jurídico y financiero del semiocapitalismo y construir una relación directa con la sociedad, con los usuarios. Puede que entonces se inicie el proceso de autoorganización autónoma del trabajo cognitivo. Un proceso que ya ha empezado, como lo muestran las experiencias del mediactivismo y la creación de redes de solidaridad con el trabajo migrante.</p>
<p style="text-align:justify;">Era necesario que atravesásemos el purgatorio de las dotcom, la ilusión de una fusión entre trabajo y empresa capitalista, y también el infierno de la recesión y la guerra infinita, para poder ver emerger el problema con claridad. Por una parte, el sistema inútil y obsesivo de la acumulación financiera y la locura de la privatización del conocimiento público, herencia de la vieja economía industrial. Por otra, el trabajo cognitivo que empieza a verse como cognitariado, y empieza a construir instituciones de conocimiento, de creación, de cuidado, de invención y de educación que son autónomas del capital.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Fractalización, psicopatía, suicidio</strong></p>
<p style="text-align:justify;">En la net economy, la flexibilidad ha evolucionado hacia una forma de fractalización del trabajo. Fractalización significa fragmentación del tiempo de actividad. El trabajador ya no existe como persona. Es tan sólo un productor intercambiable de microfragmentos de semiosis recombinante que entra en el flujo continuo de la red. El capital no paga ya la disponibilidad del trabajador a ser explotado durante un período largo de tiempo, no paga ya un salario que cubra todo el campo de las necesidades económicas de una persona que trabaja. El trabajador (máquina que posee un cerebro que puede ser usado por fragmentos de tiempo) recibe un pago por su prestación puntual, ocasional, temporal. El tiempo de trabajo es fractalizado y celularizado. Las células de tiempo están en venta en la red, y las empresas pueden comprar tantas como quieran sin comprometerse en absoluto con la protección social del trabajador. El trabajo cognitivo es un océano de microscópicos fragmentos de tiempo, y la celularización es la capacidad de recombinar fragmentos de tiempo en un determinado semioproducto. El teléfono celular o móvil puede ser visto como la cadena de montaje del trabajo cognitivo.</p>
<p style="text-align:justify;">Este es el efecto de la flexibilización y de la fractalización del trabajo: lo que era autonomía y poder político del trabajo se ha convertido en dependencia total del trabajo cognitivo respecto de la organización capitalista de la red global. Este es el núcleo central de la creación del semiocapitalismo. Lo que era rechazo del trabajo se ha convertido en dependencia completa de las emociones y del pensamiento respecto al flujo de información. Su consecuencia es una especie de desplome nervioso que afecta a la mente global y provoca lo que nos hemos acostumbrado a llamar dotcom crash. La crisis del capitalismo financiero de masas se puede ver como consecuencia del colapso de la inversión económica del deseo social. Uso la palabra colapso en un sentido que no es metafórico, sino más bien una descripción clínica de lo que está sucediendo en la mente occidental. La palabra colapso describe un auténtico hundimiento patológico del organismo psicosocial. Lo que vimos en el período inmediatamente siguiente a los primeros signos de hundimiento económico, en los primeros meses del nuevo siglo, es un fenómeno psicopático: es el colapso de la mente global. Veo la depresión económica actual como un efecto colateral de una depresión psíquica. La intensa y prolongada inversión del deseo y de las energías mentales y libidinales en el trabajo ha producido el ambiente psíquico ideal para un colapso que se está manifestando ahora en el terreno de la economía con la recesión y el retroceso de la demanda, en el terreno político en forma de agresividad militar y en el terreno cultural en forma de una tendencia suicida de masas.</p>
<p style="text-align:justify;">La economía de la atención se ha convertido en una cuestión importante en los últimos años. Los trabajadores virtuales tienen cada vez menos tiempo de atención disponible, porque están implicados en un número creciente de tareas mentales que ocupan todo su tiempo de atención, y no tienen tiempo para dedicar a su vida, al amor, a la ternura y al afecto. Toman Viagra porque no tienen tiempo para los preliminares del sexo. La celularización ha conllevado una especie de ocupación permanente del tiempo de vida. El resultado es una psicopatologización de la relación social. Los síntomas son evidentes: millones de cajas de psicofármacos se venden en las farmacias, la epidemia de trastornos de la atención se extiende entre niños y adolescentes, el uso de fármacos como el Ritalin se hace normal, y parece extenderse una epidemia de pánico.</p>
<p style="text-align:justify;">Una auténtica ola de comportamiento psicopático parece dominar la escena de los primeros años del nuevo milenio. El fenómeno del suicidio se extiende mucho más allá de los límites del fanatismo islámico. Desde el 11 de septiembre de 2001, el suicidio se ha convertido en el acto político crucial en la escena política global. El suicidio agresivo no debe verse sólo como un fenómeno de desesperación y de agresión, sino como una proclamación del fin. La ola de suicidios parece sugerir que el género humano está fuera de plazo, y que la desesperación se ha convertido en el modo predominante de pensamiento sobre el futuro.</p>
<p style="text-align:justify;">¿Y entonces? No tengo respuestas que ofrecer. Lo que podemos hacer es tan sólo lo que ya estamos haciendo: la autoorganización del trabajo cognitivo es la única vía para ir más allá del presente psicopático. No creo que el mundo pueda ser gobernado por la razón. La utopía de la Ilustración ha fracasado. Pero pienso que la difusión del conocimiento autoorganizado puede crear la forma social de un número infinito de mundos autónomos. El proceso de creación de la red es tan complejo que no puede ser gobernado por la razón humana. La mente global es demasiado compleja para ser conocida y dominada por mentes locales subtotales. No podemos conocer, no podemos controlar, no podemos gobernar toda la fuerza de la mente global.<br />
Pero podemos gobernar el proceso singular de producción de un mundo singular de vida social. Eso es hoy autonomía.</p>
<p style="text-align:justify;">Traducción del italiano de Manuel Aguilar Hendrickson</p>
<p style="text-align:justify;">——————————————————————————–</p>
<p style="text-align:justify;">[1] Geert Lovink, Dark Fiber, MIT Press , Cambridge (Mass.), 2002.</p>
<p style="text-align:justify;">[2] N. de T. “Micronegociantes” en acciones, o “microinversores”.</p>
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		<title>DICCIONARIO CRÍTICO de Ciencias Sociales &#8211; Reseña de Isidoro Reguera</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Jun 2009 07:42:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>colaboratorio1</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ciencias Nómadas]]></category>
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En colaboración con la Universidad Complutense la editorial Plaza y Valdés publica en España y México el Diccionario Crítico de Ciencias Sociales, obra imprescindible para entender las posiciones teórico-prácticas en ciencias humanas, sociales y jurídicas, de especial y prioritario impacto en el espacio académico-investigador y profesional contemporáneos. La obra, en cuatro tomos, que se edita [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=colaboratorio1.wordpress.com&blog=1847422&post=506&subd=colaboratorio1&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;"><a href="http://www.todoebook.com/DICCIONARIO-CRITICO-DE-CIENCIAS-SOCIALES_-VOLUMEN-I-ebook-9788496780132.html"><img class="size-full wp-image-507 alignnone" title="Microsoft Word - Plaza y Valdes. Diccionario CCSS0 Final" src="http://colaboratorio1.files.wordpress.com/2009/06/dic.jpg?w=262&#038;h=364" alt="Microsoft Word - Plaza y Valdes. Diccionario CCSS0 Final" width="262" height="364" /></a></p>
<p style="text-align:justify;">En colaboración con la Universidad Complutense la editorial Plaza y Valdés publica en España y México el <em>Diccionario Crítico de Ciencias Sociales</em>, obra imprescindible para entender las posiciones teórico-prácticas en ciencias humanas, sociales y jurídicas, de especial y prioritario impacto en el espacio académico-investigador y profesional contemporáneos. La obra, en cuatro tomos, que se edita también como libro electrónico, está dirigida por Román Reyes, filósofo y sociólogo, rector del Euro-Mediterranean University Institute en la actualidad. Esta obra es fruto de su hercúlea capacidad de trabajo y organización, y lleva su espíritu sincero, lúcido, libre, poco convencional.</p>
<p style="text-align:justify;">Como se afirma, paradójica pero acertadamente, en la presentación, &#8220;ésta pretende ser una edición completa de una obra compleja, por definición inacabada&#8221;. Con 432 firmas y 983 entradas, reedita los dos tomos ya publicados (Anthropos, 1988 y 1991), con un número considerable de actualizaciones y con nuevas entradas que desde entonces se han recibido o solicitado, equivalentes a un 50% de la obra. Es de agradecer que, en consecuencia, la editorial anuncie ya un quinto tomo (Anexo I) para enero de 2010. El mero hecho de que una obra, monumental además, se reedite acrecentada y <em>up-to-date,</em> después de veinte años, habla ya del valor que la comunidad intelectual le asigna.<span id="more-506"></span></p>
<p style="text-align:justify;">En tanto que proyecto de muchos años y en permanente actualización, en esta edición se mantienen entradas redactadas bajo condiciones históricas, académicas y/o sociales diferentes que, en ocasiones, recomendó duplicar algunas de ellas, con idénticas u otras firmas. Es obvio que una obra con explícita voluntad de fragmento (un fragmento de cuatro mil páginas), que hace, en este sentido, y con una superior consciencia, de la necesidad virtud, haya estado abierta a cualquier colaboración que, como señala su director, &#8220;respetando los principios democráticos básicos y los derechos de personas y pueblos, así como un mínimo de rigor científico, se nos ha hecho llegar&#8221;.</p>
<p style="text-align:justify;">Sin renunciar a la dimensión o voluntad académica que toda producción intelectual conlleva, esta obra, más allá de cualquier academicismo, ha debido asumir desde un principio la existencia de lagunas o sesgos con respecto a la expectativa que generará y, especialmente, en relación con los diccionarios convencionales, a los que no pretende suplantar. En este contexto es importante destacar que en 1999 el proyecto, diseñado en el año 1986, al que se habían adscrito por entonces otros docentes e investigadores afines, se transformara en Grupo de Investigación con el nombre de Theoria. Proyecto Crítico de Ciencias Sociales. Ese mismo año se crea uno de los órganos más representativos de ese Grupo de Investigación, <em>Nómadas</em>.<em> Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas</em>, con registros en los más importantes índices de impacto y en cuya presentación se lee, por lo que ahora interesa: &#8220;Con la publicación del <em>Diccionario Crítico de Ciencias Sociales. Terminología Científico-Social</em> abrimos ahora las puertas a otros analistas del lenguaje institucional, especialmente a aquellos que, por su fidelidad a los principios básicos del pensamiento libre y de la creatividad, no consiguen hacerse oír a través de los canales de difusión y medios de promoción instituidos&#8221;. La presente edición recoge también los frutos de esta generosa oferta, incorporando notables entradas de coautores hasta ahora desconocidos, pero fieles a aquellos principios, que sometieron a debate sus ideas a través de<em> Nómadas</em>.</p>
<p style="text-align:justify;">La vida y el pensamiento son sistemas abiertos que sólo se reproducen renovándose sin cesar, sin sedentarismos. Los que han redactado los términos de la presente obra circulan por vías nómadas. Gracias a su trabajo, el lector se puede enterar de los nuevos inventos teóricos y metodológicos en ciencias sociales. Esta obra abre tantas ventanas que el lector corre el peligro de un resfriado mental. Pero la lectura de un libro, si es que éste lo permite por sugerente, no es sólo un acto de consumo. Al hilo de la lectura, el lector construye su propio pensamiento a la intemperie, digamos, porque para ello debe desconstruir el pensamiento del escritor. Parece más fácil desconstruir un pensamiento fragmentario que un pensamiento sistemático, pero seguramente es más difícil, porque el sistema fácilmente se viene abajo como un todo.</p>
<p style="text-align:justify;">Jesús Ibáñez, con motivo de la aparición del primer tomo de esta obra, escribía en 1988 en estas mismas páginas sabias palabras: &#8220;Hay ciencias nómadas y ciencias sedentarias. Las primeras son abiertas, proceden por persecución itinerante (no buscan, encuentran), descubren nuevos horizontes -inventan-, el científico se compromete con su objeto&#8230; Las segundas son cerradas, proceden por reproducción iterativa (buscan: trabajan en laboratorio), sistematizan los descubrimientos de las primeras -archivan lo inventado-, el científico pretende ser neutral respecto a su objeto&#8230; Sólo hay verdadera ciencia si se produce una interacción entre los dos enfoques. De lo contrario, proceden en paralelo el caos y el vacío&#8221;. Que son de siempre los dos retos, tentaciones, riesgos del pensar. Su dialéctica, sin embargo, es la de la grandeza. A ver si hay grandes archiveros de este monumental invento fragmentario.</p>
<p style="text-align:justify;">Fuente: <a href="http://www.elpais.com/articulo/ensayo/monumental/fragmento/elpepuculbab/20090627elpbabens_2/Tes"><em>El País</em>, 27 de junio de 2009.</a></p>
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