La peste (José Luis Villacañas)

No ha sido una buena idea dedicar los últimos días de vacaciones a ver La Peste, la serie televisiva de Movistar. Resulta difícil ver un relato tan opresivo, asfixiante y claustrofóbico como este, en el que Alberto Rodríguez ha querido ofrecer la contra-imagen del Siglo de Oro. Los pocos fotogramas en los que se ve algo de la grandiosa Sevilla pronto se fijan en la retina y hacen exclamar «luz, más luz», dejando al espectador sumido en la más intensa melancolía. El personaje central, Mateo, un librepensador, mira el mundo con los ojos de insomne. El director ha querido que el espectador tenga esa experiencia, mire de esa manera y vea las realidades confusas, fantasmales. En medio de una eterna noche espectral, en la que algunos candiles avisan de las sombras, la bilis negra del espectador crece tanto como la del protagonista. Es una experiencia angustiosa.

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El estallido de la guerra de 1914 (Ernst Jünger)

La ansiada orden llegó por fin; el 6 de octubre debía presentarme en el cuartel. Las semanas de instrucción transcurrieron con rapidez; pasaba los días en el páramo de Vahrenwald o en la Plaza de Waterloo; las noches, como es natural, con buenos camaradas o con una chica. Aprendí a disparar y a desfilar y entablé también conocimiento con la disciplina prusiana. Y si bien es cierto que al principio choqué violentamente con ella, con todas y cada una de sus normas, le debo más que a todos los maestros de escuela y a todos los libros del mundo.

El estallido de la guerra de 1914,

Ernst Jünger

ed. Austral (abril de 2016), p. 448

Come, let us drink (Henry Purcell 1659-1695)

Come, let us drink
Tis in vain to think
Like fools on grief or sadness
Let our money fly
And our sorrows die,
All worldly care is madness.

But wine and good cheer
Will in spite of our fear
Inspire our hearts with mirth, boys:
The time we live
To wine let us give,
Since all must turn to earth, boys.

Hand about the bowl,
The delight of my soul,
And to my hand commend it:
A fig for chink!
Twas made to buy drink
And before we go hence we’ll spend it

***

Vamos, bebamos
No pensemos en vano como tontos
En el dolor y la tristeza:
Dejemos correr el dinero
Y dejemos morir nuestras penas,
Locura son las preocupaciones terrenas.

Que el vino y los brindis
A pesar de nuestros temores
Nos colmarán de alegría, muchachos,
El tiempo que vivamos
Démonos al vino,
Que todos volveremos a la tierra, muchachos.

Haced pasar la copa.
La delicia de mi alma,
Y que vuelva a mi mano;
¡Al diablo con el dinero!
Está hecho para pagarse un trago
Gastémoslo antes de morir.

 

***

 

(JLR)

Tenemos que prepararnos

Timothy Snyder ha hecho una particular relectura y reevaluación de la espeluznante y funesta experiencia del Holocausto (y, en particular, del hecho de que el mal fuese perpetrado por muchos y que solo unos pocos fueran capaces de mantener y exhibir un «instinto moral» y una «bondad humana»):

Quizá nos imaginamos a nosotros mismos como rescatadores en una catástrofe futura. Pero si se destruyesen los Estados, si se corrompiesen las instituciones locales y si los incentivos económicos nos orientasen hacia el asesinato, pocos de nosotros nos comportaríamos como es debido. Apenas hay razón alguna que nos induzca a pensar que somos éticamente superiores a los europeos de las décadas de 1930 y 1940, ni que somos menos vulnerables a ideas como las que Hitler tan eficazmente promulgó y llevó a la práctica.

Lo que hemos comprendido es que, en vez de aspirar a esa batalla que lo decidirá todo en última y victoriosa instancia entre calma/cortesía/mantenimiento de las distancias (por un lado) y violencia (por el otro), tenemos que prepararnos más bien para una sucesión infinitamente larga de acciones «proactivas» neutralizadoras.

Zygmunt Bauman

Retrotopía, p. 12