MULTITUD / CLASE OBRERA – Paolo Virno (2002)

 

Traducción: Diego L. Sanromán.

Existen algunas analogías y muchas diferencias entre la multitud contemporánea y la multitud estudiada por los filósofos de la política del siglo XVII.

En los albores de la modernidad, los ‘muchos’ coinciden con los ciudadanos de las repúblicas comunales anteriores al nacimiento de los grandes Estados nacionales.  Esos muchos se servían del ‘derecho de resistencia’, del ius resistentiae. Tal derecho no significa, banalmente, legítima defensa; es algo más fino y complicado. Utilizar el ‘derecho de resistencia’ es hacer valer, contra el poder central, las prerrogativas de una singularidad, de una comunidad local, de un gremio, es salvaguardar formas de vida ya plenamente afirmadas, es proteger costumbres ya enraizadas. Se trata, pues, de defender algo positivo: es una violencia conservadora (en el buen sentido, en el sentido noble del término). Tal vez sea el ius resistentiae, es decir, el derecho de proteger algo que ya existe y que parece digno de perdurar, lo que más acerque a la multitud del siglo XVII y a la multitud postfordista. Tampoco para esta última se trata de ‘tomar el poder’, de construir un nuevo Estado, un nuevo monopolio de la decisión política, sino de defender experiencias plurales, embriones de esfera pública no estatal, formas innovadoras de vida. No guerra civil, sino ius resistentiae.

Otro ejemplo. Típico de la multitud postfordista es provocar el hundimiento de la representación política; no como una gesta anarquista, sino como una búsqueda sosegada y realista de instituciones políticas que escapen a los mitos y ritos de la soberanía. Ya Hobbes hacía advertencias contra la tendencia de la multitud a dotarse de organismos políticos irregulares, que “no son por naturaleza otra cosa que alianzas, incluso, en ocasiones, una mera reunión de gentes que no están unidas por designio particular alguno, ni por obligaciones de los unos con respecto a los otros” (Leviatán, capítulo XXII). Pero es obvio que la democracia no representativa basada en el general intellect tiene una alcance distinto: nada de intersticial, marginal, residual; más bien, la concreta apropiación y rearticulación del saber / poder, hoy congelado en los aparatos administrativos de los Estados.

Vayamos ahora a la diferencia capital. La multitud contemporánea lleva consigo la historia del capitalismo. Lo que es más: se identifica con una clase obrera cuya materia prima está constituida por el saber, el lenguaje y los afectos. Quisiera disipar, en cuanto me sea posible, una ilusión óptica. Se nos dice: en el universo de los ‘muchos’ ya no hay lugar para los cuellos azules, todos unidos en un mismo cuerpo, poco sensibles al calidoscopio de las “diferencias”. Se equivoca quien afirma tal cosa. Es un error falto de imaginación: cada veinte años hay alguien que anuncia el fin de la clase obrera. Y, sin embargo, esta última no se identifica, ni en Marx ni en la opinión de cualquier persona seria, con una específica organización del trabajo, con un complejo específico de hábitos, o una mentalidad específica. La clase obrera es un concepto teórico, no una foto de recuerdo: designa al sujeto que produce plusvalía absoluta y plusvalía relativa. La noción de ‘multitud’ se opone a la noción de ‘pueblo’, no a la de ‘clase obrera’. Pertenecer a la multitud no impide en modo alguno producir plusvalía. Y, a la inversa, producir plusvalía no implica en modo alguno la necesidad de ser, políticamente, ‘pueblo’. Sin duda, desde el momento en que la clase obrera ya no es pueblo, sino multitud, cambian muchísimas cosas; para empezar, en las formas de organización y en el conflicto. Todo se complica y se vuelve paradójico. Cuánto más sencillo sería contarnos que ahora existe la multitud y no la clase obrera… Pero si lo que se quiere es simplicidad a toda costa, basta con echarse una botella de vino tinto al coleto.

Además, y dicho sea de paso, hay pasajes en el propio Marx en los cuales la clase obrera pierde los rasgos fisonómicos del ‘pueblo’ y adquiere los de la ‘multitud’. Tan sólo un ejemplo: el último capítulo del Libro I de El Capital (La teoría moderna de la colonización), en el que Marx describe la condición obrera en los Estados Unidos. Hay aquí grandes páginas sobre el Oeste americano, sobre el éxodo, sobre la iniciativa individual de los ‘muchos’. Los obreros europeos, expulsados de sus países por las epidemias, las hambrunas y las crisis económicas, van a trabajar a los grandes centros industriales de la costa este de los EE. UU. Pero, atención: se quedan allí algunos años, sólo algunos años. Después desertan de la fábrica y se adentran en el Oeste, en las tierras libres. Lejos de ser una cadena perpetua, el trabajo asalariado se presenta como un episodio transitorio. Aunque sólo fuese durante un ventenio, los asalariados tuvieron la posibilidad de sembrar el desorden en la férreas leyes del mercado de trabajo; abandonando la propia condición de salida, determinaron la escasez relativa de mano de obra y, en consecuencia, el aumento de los salarios. Al describir tal situación, Marx ofrece un muy vívido retrato de una clase obrera que es igualmente multitud.

– LEER VERSIÓN ORIGINAL EN ITALIANO.

2 pensamientos en “MULTITUD / CLASE OBRERA – Paolo Virno (2002)

  1. Crates

    Interesantísimo este texto de Virno, como siempre. Y muy acertada la traducción, por cierto. Mi más sincera enhorabuena por el “colaboratorio”. Lo recomendaré.

    Un saludo,
    Crates de Tebas

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