RECUERDO DE LUIS MARTÍN SANTOS en el vigésimo aniversario de su muerte – Carlos Gurméndez / Román Reyes

 

Carlos Gurméndez, El País, 24/10/1988:

Era un hombre profundo, rico de saberes múltiples, grave castellano, a veces taciturno, pero también jovial y abierto, un profesor socrático que se adentraba en el espíritu de sus alumnos y les revelaba sus virtualidades ocultas. No es de extrañar que sus clases de Sociología del Conocimiento, en la universidad de Madrid, estuviesen repletas de un público expectante y admirativo. Colaboró en EL PAÍS, durante años, con artículos de certeros análisis sobre los problemas culturales de nuestros días. Al mismo tiempo, fue un gran promotor de cultura. Son inolvidables los ciclos de conferencias que organizó en Burgos con participación de profesores nacionales y extranjeros y, últimamente, en el auditorio del Banco de Bilbao en Madrid. Pero, por encima de todo, fue un pensador riguroso, un filósofo que supo unir la reflexión y la acción. Siempre estuvo comprometido en la lucha por una democracia social auténtica, a la que entregó años de su vida y sus mejores afanes.Señalemos entre sus obras más signifícativas Una epistemología para el marxismo (1976), en la que desarrolla algunas tesis del humanismo marxista. En este sentido, afirma que el sujeto real del conocimiento es el hombre concreto, en el que se unen el yo epistémico y el psicológico. La separación entre ambos lleva al idealismo espiritualista, por una parte, y al objetivismo materialista, por otro, origen de todos los dogmatismos.. En Teoría marxista de la revolución (1977) estudia con rigor el proceso revolucionario, diferenciando sus fases ascendentes y descendentes, y acude a los modelos lingüísticos estructurales para comprender la esencia de la revolución.

Rebelión juvenil

Termina este libro con un espléndido análisis sobre la rebelión Juvenil de 1968, en el que encontramos una definición iluminativa: “Cada uno de estos jóvenes era un actor de sí mismo, el portador de su propia afirmación”. Más tarde, publica Max Scheler (Crítica de un resentimiento, 1981), ensayo lúcido y penetrante sobre el filósofo alemán, donde dice: “Frente al realismo, Scheler da una visión ascética del conocer. Se diría que, para Scheler, la misión de la filosofía es propiciar la vuelta a la Edad de Oro”. Pero la obra de Luis Martín Santos que causó verdadera sensación fue su novela El combate de Santa Casilda (1980), en la que narra, con auténtica belleza descriptiva, la atmósfera religiosa de una Castilla metafísica, esencial y, sobre todo, yerma y silenciosa. La lucha entre una razón científica que amanece y una fe todavía poderosa que comienza a vacilar, acaba en que la razón es vencida por la fe vengadora y la fe derrotada por su propia milagrería. Es esta una narración límpida y objetiva, de contrapuestas visiones del mundo y, como el Concierto para dos violines, de Bach, esta dialéctica de hombre de ideas termina en un armonioso y trágico acorde. Luego escribe una novela filosófica, Encuentro en Sils María (1985), imaginario diálogo entre Nietszche y Freud. El primero aparece patético, trágico ante la presencia de la muerte, y el segundo insiste en la eternidad del deseo. “¿Serían dos grandes falsificadores?”, se pregunta Martín Santos. Estos encuentros continuó elaborándolos en los últimos años con mayor profundidad y vuelo imaginativo. Lo que más me admiraba de su personalidad fue en estos últimos años su estoica y sabia resistencia ante una muerte que sabía inevitable y próxima. Siempre se resistió a creer que moriría y, como afirma Schopenhauer, al formar como partícula de esa eternidad de la vida material, sobreviviría a todos los males.

 

Román Reyes, Diario de Burgos, 19/10/2008:

Compañero del alma, compañero

Sprachlos. Mudo. Me es difícil recuperar en esta ocasión la afonía originaria. Esa afonía que abandonó definitivamente a LMS hace ahora veinte años. In cruce latebat sola deitas. En las encrucijadas juega con nosotros el destino. La séduction, c’est le destin. Porque lo esencial del conocimiento sigue siendo hacer frente al destino, nos engañan quienes pretenden convencernos de que los restos permanecen como cliché de la memoria. La memoria, sin embargo, permanece como memoria seducida, atrapada, jamás rota. Porque la seducción es un (el) destino, pero también un juego, sólo queda aquello que los restos niegan. Nada más. Es decir, quedan los relatos, lo todavía-no definitivamente dicho. Cualquier relato puede ser decodificado (extemporáneamente) al ritmo del interés del oyente/lector, decodificando así aquel discurso que el mensaje oculta, el silencio. Como en la obra de arte, ese arte (preferentemente de vanguardia), que LMS gustaba invocar para hablar de estrategias del conocer para saber actuar. Porque quedan los (sus) relatos, el hombre nunca muere.

Me es difícil recuperar ahora la afonía originaria porque también yo (tal vez, sin saberlo) pertenecía a la misma pandilla de la que LMS era un referente. Necesitábamos demostrar que es posible coincidir en visiones del mundo y prácticas no cautivas, políticamente correctas. Nunca nos agrupábamos para ocupar el poder. El tiempo de la lucha final no coincide con el tiempo de los gestores del cambio. Éramos atípicamente de izquierdas. Nos agrupábamos para denunciar (cada cual desde su posición teórico-profesional e intelectual) el por entonces ya recurrente uso de espacios de poder en su propio beneficio, no como servicio o gestión democrática de los intereses públicos.

Hablar/escribir (recuperando la memoria seducida) es traición. Nada es traducible, ni siquiera los registros más superficiales (la letra pequeña) de los que dan cuenta los libros de texto. Traducimos con categorías nuevas lo que sucedió bajo otras condiciones. Uno tiende a reconstruir el pasado, para que sus fantasmas no le persigan en el presente. Y nuestro (mi) presente es demasiado crítico respecto a los valores de la revuelta. ¿Cómo ocupar el poder si renunciamos a cualquier otra forma de denuncia o compromiso que no sea la imaginación?

Hablar es también marcar distancias. No es siquiera correr un velo para que el misterio permanezca tras lo no dicho. Porque escribir es despojar de aquello que le da sentido al discurso en que uno se apoya y porque lo que se escribe queda, lo que se habla es, al menos, contextualizable. Ya no vale seguir mintiendo para guardar la coherencia: Otro mundo es objetivamente posible. Basta saber transferir las estrategias personales de cambio por si algún día coinciden en un espacio común que active programas de transformación (globalizar no sólo la pobreza) que nos sitúen en esa otra (globalizada) realidad, definitivamente humana y solidaria.

Hace ahora una década, recordando a LMS diez años después, escribía: “… sobre todo y especialmente supo estar allí donde más se le necesitara: convenciendo a cualquiera que cayera bajo su campo de intervención más inmediata de que no había que temer a eso que otros llaman “espíritu crítico”, pero que no se arriesgan a ponerlo en práctica, a defenderlo y potenciarlo. Tal vez porque ello supondría optar por una vía de escape no muy bien vista: dejar de enseñar a aprender los discursos sobre las cosas y sí empeñarse en enseñar a des-aprender discursos sobre las cosas-dichas”. Diez, veinte años después, la vida sigue trágicamente igual. El Geist de LMS, sin embargo, se encarga de recordárnoslo cada vez que entramos en el aula.

[Luis Martín Santos en Theoria]

8 pensamientos en “RECUERDO DE LUIS MARTÍN SANTOS en el vigésimo aniversario de su muerte – Carlos Gurméndez / Román Reyes

  1. jose manuel

    soy adamirador de luis martin santos
    y gran y profundo conocedor de la cultura lastima que ya no este

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  2. Mila Cano Teuler

    Llevo años buscando “El Combate de Santa Casilda” sin éxito, lo leí cuando era joven y cometí el gran error de prestarlo con la consiguiente desaparición del mismo.
    Sólo recuerdo que me encantó.
    Aún sigo intentándolo.

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  3. Angeles Bonachía

    Mi profesor de filosofía en el “Insti”, siguiéndole y persiguiéndole a la salida de clase para escuchar sus pensamientos filosóficos con su ronca voz y profunda mirada… Nunca te olvidaré. Todo un lujo!

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  4. Charlene de Bourbon y Cognac

    Pobre Angie bonachía, o es que no estudio en un colegio privado como ella dice hoy a todo aquel gilipollas que la quiere oír?, lo que no aprendió de su profesor de filosofía fue, a ser una persona sincera, que diga que estudió en un “Insti” público y que fue una persona proveniente de una familia sencilla, no como lo pone hoy, hija de millonarios españoles aristócratas de Burgos jajajajaja

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    1. Angeles

      Charlene de Bourbon y Cognac,le huelo a distancia la cantidad el tufo de alcohol que se ha debido tomar Vd. hoy. Creo que se ha salido de siglo, vigile bien sus neuronas. Angie Bonachía

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    2. Angeles

      Claro que con ese nombre y apellidos debe estar Vd. colocada. desde que se levanta, con lo cual su estéril comentario me lo paso ya sabe por dónde… Yo también le quiero! No sabía que fuera tan importante para tal damisela de tal alta alcurnia. La ignorancia es atrevida hasta para apellidarse de esa guisa.

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  5. Luis Sáez Rueda

    Le agradezco al autor de esta página que me tenga en tanta consideración (lo digo sinceramente, sin ironías) al colocar un enlace a mi página web. Debido a que alguna persona ha creído que yo administro tal página, se ha enfadado mucho conmigo a propósito de ciertos comentarios.
    Le ruego, pues, que elimine el enlace, para evitar confusiones de este tipo, o lo ponga en otro lugar más marginal de la página.
    Le ruego también que acepte publicar este comentario, de modo que la persona ofendida obtenga una prueba de que yo no tengo nada que ver, ni con los contenidos expresos que se presentan en esta página ni con los comentarios concretos que se han realizado acerca de su persona.

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