Del suicidio lógico

“Ergo: Como a mis demandas de dicha la Naturaleza sólo me responde, mediante mi razón, que no puedo ser feliz sino en la armonía del Cosmos, y yo esta armonía no la entiendo, ni hay nadie que pueda entenderla nunca…

Como la Naturaleza no sólo me niega el derecho a pedirle cuentas, sino que sencillamente se niega a contestarme…, y no porque no quiera contestarme, sino porque no puede…

Estando convencido de que la Naturaleza ha delegado en mí para responder a mis preguntas (inconscientemente) y a mis preguntas responde por conducto de mi razón (pues todo esto me lo digo yo solo)…

Teniendo, finalmente, en tal estado de cosas, que hacer yo mismo de demandado y demandante, de juez y parte, y encontrando esa farsa de la Naturaleza tan estúpida y dura de aguantar y hasta tan vejatoria…

En mi indiscutible calidad de demandado y demandante, de juez y parte, condeno a esa Naturaleza, que de modo tan desconsiderado e insolente me ha creado para el dolor…, y fallo que debe perecer conmigo… Y no pudiendo yo aniquilar a la Naturaleza, me aniquilo a mí mismo por la sencilla razón de que me carga padecer esa tiranía, de la que nadie es culpable.”

Fiódor Dostoievski, en, “Veredicto”, Diario de un escritor,  octubre de 1876

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(Citado en La persuasión y la retórica, me ha parecido oportuno relacionarlo con este texto de Vattimo, de 1979. Me queda pendiente la lectura de Michelstaedter)

(José Luis Redon)

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