El Diablo según el cura Jean Meslier

“Os hablan del diablo, queridos amigos, os asustan con el mero nombre del demonio porque os hacen creer que los diablos son lo peor y lo más espantoso que puede haber, os obligan a creer que los demonios son los peores enemigos de los hombres, ya que sólo viven para perderlos y hacer que sean desgraciados por toda la eternidad en el infierno.

Pero tenéis que saber, queridos amigos, que no tenéis peores diablos más reales que temer, que los individuos de quienes os acabo de hablar pues no tenéis ni mayores ni peores adversarios que temer que los poderosos, los nobles y los ricos de la Tierra, ya que son ellos efectivamente quienes os pisotean, os saquean, os oprimen, os atormentan y os hacen ser todo lo desgraciados que sois. Por esta razón los pintores se engañan y equivocan cuando representan en sus cuadros a los diablos como unos monstruos espantosos. Se engañan, y también os engañan, los predicadores cuando os los presentan en sus sermones como unos seres feos, horrorosos, deformes y espantosos. Unos y otros deberían representároslos más bien como esos bellos señores que son los grandes y nobles, y como esas hermosas damas y damiselas que veis tan bien vestidas, acicaladas, rizadas, empolvadas, perfumadas y tan refulgentes de oro, plata y piedras preciosas. Porque ésos y ésas son los verdaderos diablos y las verdaderas diablesas, porque ellos son vuestros peores enemigos, vuestros mayores adversarios y quienes os causan más daño. Los diablos que os pintan y representan los predicadores y los pintores, unos en sus sermones y otros en sus cuadros, bajo una forma y un aspecto tan feos y espantosos, no son más que diablos imaginarios que sólo dan miedo a los niños y a los ignorantes y que sólo podrían causar daños imaginarios a quienes creen en ellos. Pero esos otros diablos y diablesas que son las señoras y los señores, los grandes y los nobles de los que estoy hablando, no son diablos o adversarios únicamente imaginarios sino diablos y adversarios bien reales y realmente visibles que saben atemorizar muy bien y causar a la gente daños verdaderamente reales y sensibles.

Por tanto, es un abuso y, más aún, un abuso terrible ver, como vemos, una desproporción tan extraña y enorme entre los diferentes estados y condiciones de los hombres. Y como la religión cristiana, aprueba y hasta autoriza que exista una desproporción de estados y condiciones tan extraña y enorme entre los hombres, tan injusta y odiosa, todo eso constituye una prueba evidente de que no proviene de Dios ni constituye un mandato divino, porque la recta razón nos hace ver de manera evidente que un Dios infinitamente bueno, infinitamente sabio e infinitamente justo no habría querido establecer ni autorizar ni mantener tampoco una injusticia tan grande e indignante.”

(Memoria de los pensamientos y sentimientos de Jean Meslier, cura de Étrépigny y Balaives, (1664-1729), publicada en español con el título Memoria contra la religión,  , ed. Laetoli, 2010, pp. 324-325)

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