“Todo sirve a la barbarie futura…”

Todo sirve a la barbarie futura, el arte y la ciencia actuales incluidas. El hombre culto ha degenerado hasta convertirse en el mayor enemigo de la cultura, pues se empeña en disimular la enfermedad general y se torna un obstáculo para los médicos.

Nuestra época,

Nietzsche

Neutralización. Estado de cosas en el que la política se asfixia bajo el dominio del peor de los regímenes conocidos, el último, el actual.

Todavía no tenemos un nombre para esta forma de opresión, de asfixia. Podemos llamarlo fascismo, pero es otra cosa peor. El fascismo es visible; lo que hay hoy en Occidente, es su desarrollo monstruoso enmascarado. Este fascismo, no golpea, no asesina, no encarcela: informa. Construye capas infinitas de discursos, de mundos, de sueños que encadenan con cadenas invisibles. Y lo que es peor, sus víctimas, disfrutan compartiendo esos sueños, las novedades, lo último…

Cuando en la calle, escuchas las conversaciones, las palabras que hay en circulación, observas la neutralización. El hábito de consumo mediático, delimita lo que es pensable, al delimitar sus universos de discurso. Todo va muy deprisa, muy deprisa y mañana habrá más información, novedades, cosas sorprendentes, nuevos avances tecnocientíficos, gafas con las que grabarnos unos a otros, por ejemplo, para así luego, más tarde, reírnos un rato. Veamos qué se cuece, veamos el muro en Facebook, qué películas habrán hoy en la televisión, qué nuevo documental sobre supervolcanes o sobre la existencia de vida extraterrestre, nos ofrecen…

De vez en cuando, es cierto, se oyen palabras como “revolución”, “cambio”. Ya las hemos leído, escuchado otras veces. Lo que nos deja perplejos es que todo proceso revolucionario termina siendo una neutralización todavía más monstruosa. Si nos rebelamos, terminamos siendo opresores, si no nos rebelamos nos asfixian y oprimen. En esta situación cada uno hace sus apuestas de fondo: Antonio Negri-Michael Hardt, por ejemplo: hay que rebelarse, hacer una revolución; Gianni Vattimo-Santiago Zabala: la deconstrucción de la metafísica evapora la idea de una revolución (y su necesario uso de la violencia); Giorgio Agamben: la modernidad es un circulo vicioso en el que caemos proponiendo un poder constituyente que siempre es capturado y neutralizado: hay que trabajar en la línea de un poder destituyente. Así podríamos mencionar y mencionar posiciones diversas….

Mientras tanto, todo sirve a la barbarie futura. Para las personas comunes y corrientes todavía no lobotomizadas-informadas, en el sistema neutralizado, todos son enemigos: los de arriba y los de abajo: desde los banksters hasta el lumpen -por no hablar de los sobrantes-, pues bajo el imperio de la corrupción, ontológica o no -elíjase al gusto metafísico o nihilista de cada cual- nadie espera nada de nadie, a no ser, siendo muy optimistas, y como mal menor, la indiferencia. Por su parte, en el escenario político neutralizado, cada cuatro años, se representa el carnaval de las elecciones. Carnaval en el que ya nadie en privado creé, salvo los interesados y los lobotomizados (informados).

La neutralización, por su parte, en vista de la siempre anticipada y prevista barbarie futura, avanza aceleradamente hacia estrategias securitarias cada vez más exhaustivas: signo neurótico de una oligarquía tecno y posthumana que siente amenazados sus privilegios. Pero no cabe esperar mucho desafío por parte de una masa lobotomizada-informada. Las posibilidades siempre están abiertas, porque hay mucho más que sólo entes que pueden ser científicamente descritos, y así seguir y seguir con el cierre, con la administración total (Totale Verwaltung). Pero el problema sigue siendo qué horizonte tendrían masas lobotomizadas-informadas, qué plan, que propuestas de fondo propondrían. Sin duda, lo que parece ser una invariante antropológica depredadora que caracteriza a lo “humano”, invita a pensar que no habría más horizonte que proseguir con el “desarrollo”, que como sabemos, necesariamente conduce a una lógica de guerra: más y más barbarie futura, por tanto.

La situación epocal en la que al menos yo interpreto que me encuentro, es la de la total asunción de la neutralización. Y ya es ridícula por mi parte, la enésima “toma de partido” que reproduzca más de lo mismo, para finalmente lo mismo, de otra forma (¿nueva?). En el límite, nos queda la supervivencia,  la supervivencia como el que quiere respirar cuando se está ahogando. Nada me lleva a pensar que mañana pueda haber algo mejor en algún sentido tradicionalmente entendido, porque las gafas con las que vemos el mundo, siguen siendo y serán todavía metafísicas: imposiciones de verdades-intereses que carecen de fundamento (menos todavía, de un fundamento moral).

Hacia qué me pueda conducir esta asunción, lo ignoro, pero desde luego, lo que no quiero es contribuir a la barbarie futura bajo las diferentes formas de autoengaño. Bajo la neutralización, la principal guerra, tiene que ser contra uno mismo, en cuanto cuerpo objetivado y neutralizado por la tecnociencia. Sólo puedo invitaros, posibles lectores, a que reflexionéis sobre la neutralización, y cómo sería posible seguir haciendo política en estas condiciones epocales y más allá de las consabidas vías del autoengaño.

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