GARCÍA CALVO EN SOL

Sois la alegría, es la alegría de lo inesperado, de lo no previsto, ni por parte de las autoridades y gobiernos, ni por parte de los partidos de cualquier color, verdaderamente imprevisto: vosotros los mismos o casi todos, hace unos pocos meses o semanas, tampoco lo preveíais que pudiera surgir. Aunque esto es así, la alegría es lo inesperado y no hay otra alegría, no hay futuro, como repetiré ahora, sin embargo voy a decir algo que parece contradictorio, que es que yo estaba esperando esto desde hace cuarenta y tantos años, cuarentayseis. [vivas y aplausos]

Os cuento un poco cómo: por los años sesenta, como habéis oído los más jóvenes, empezó a levantarse por el mundo una oleada principalmente de estudiantes en las universidades, cámpuses y sitios así de Tokio, California… el sesentaycinco, en febrero, esa oleada llegó a Madrid; yo me dejé arrastrar por ella con mucha alegría, me costara lo que me costara; como sabéis la ola después siguió en Alemania con Rudi Dutschke el Rojo y después finalmente en Francia, con el famoso mayo francés, donde fue más o menos terminando la ola. Os voy a decir cómo entiendo yo que aquello del año 65 se relaciona con esto. Tal vez alguno de los más viejos o no tan viejos os lo podrán decir que aquí seguramente incluso los padres de los más viejos de vosotros eran en aquel entonces estudiantes en la ciudad universitaria de Madrid, corriendo conmigo delante de los guardias, que entonces se llamaban los grises… pero por mi parte os lo voy a decir: es que en aquellos años en el mundo avanzado o “primero” se estaba estableciendo un régimen, un régimen del poder, que es justamente éste mismo que ahora estáis padeciendo conmigo… Me callo un poco mientras… [mucho jaleo. Una voz: “No te calles, sigue!”] …se estaba estableciendo este régimen, que es el que hoy estáis padeciendo conmigo, y que es, para decirlo brevemente, el régimen, la forma de poder en que el Estado, la gobernación, la administración estatal está del todo confundida con el capital, con las finanzas, con la inversión financiera: enteramente confundida. [aplausos, gritos] Por tanto se puede decir que es el Régimen del Dinero, simplificando, y por tanto yo creo que muchos de vosotros por lo bajo estáis sospechando que es contra eso principalmente contra lo que os levantáis, contra lo que sentís ganas de gritar, de decir lo único que el pueblo sabe, que es decir ¡NO! [aplausos largos. Voces: “ahí está”]

Por tanto, aquello que me arrebató a mis treintaynueve años, hace cuarenta y seis, es lo mismo que ahora llega a su culminación, a su casi vejez: el régimen del estado-capital, el régimen del dinero, efectivamente da señas él mismo de estar cansado, con cosas como los cuentos de la larguísima crisis y cualesquiera otros que os lleguen, y con las cifras y estadísticas con las que cada día tratan de entreteneros para que no sintáis, no os deis cuenta de lo que está pasando por detrás de las cifras y de los nombres que gobiernos o partidos sacan para eso, para teneros entretenidos precisamente. De manera que es bastante lógico que me encuentre entre vosotros en este momento de, más que madurez, envejecimiento del régimen, como me encontraba en sus comienzos. Para mí el levantamiento de los estudiantes por el mundo en el 65 obedecía a que se daban cuenta de lo que nos venía encima; ahora vosotros habéis tenido mucha más cantidad de sufrimiento directo de lo que el régimen es, aunque lo llaméis con diferentes nombres a este sufrimiento, y por tanto es, al mismo tiempo que inesperado, lógico que os estéis levantando y voceando contra ello. Sigue leyendo “GARCÍA CALVO EN SOL”

TAMBIÉN ha llegado Blanchot

Escritor, crítico y periodista, Maurice Blanchot (1907-2003) es una figura a la vez destacada y enigmática en el pensamiento francés y la literatura del siglo veinte. Su obra ha tenido una gran influencia en la filosofía y la escritura de Foucault, Derrida, Jean-Luc Nancy y muchos otros. Sin embargo, su pensamiento político es menos conocido.

Su violenta radicalidad incomoda incluso a muchos de sus seguidores. Los textos y declaraciones reunidos aquí por primera vez fueron escritos para revistas efímeras e incluso a veces confidenciales y aparecieron firmados por muchas personas (para manifestar así un movimiento colectivo) o por nadie (para que cualquiera pudiera sentirse responsable).

Desde la afirmación del derecho a la insumisión en la Guerra de Argelia hasta la revuelta de Mayo del 68, Blanchot, maestro del lenguaje indirecto e inacabado, escribe palabras cristalinas y directas para invocar la fuerza común y anónima del rechazo, la fuerza amistosa del NO. Ese NO que no es la expresión de un juicio o de una condena desde la distancia, sino que es la efectuación de una ruptura.

Comunidad anónima de nombres, potencia del rechazo, muerte política, palabra infinita e incontrolable… Hoy, cuando se extiende por todas partes una atmósfera gelatinosa de posibilismo y consenso, las intervenciones de Maurice Blanchot tienen el poder de interpelar, interrogar y sacudir nuestro presente como si no hubiese pasado un solo día desde que fuesen escritas. No es poco.

La obra política de Blanchot va precedida de un magnífico texto introductorio de Marina Garcés, de Espai en Blanc. De la traducción sólo se me puede culpar a mí. Podéis leer algunas muestras de lo que os váis a encontrar en el libro AQUÍ, AQUÍ y AQUÍ.

[Diego Luis Sanromán]

LA IDEOLOGÍA del fracaso – Diggers (1966)

Traducción del inglés: Diego L. Sanromán

[…]

Si hay alguna diferencia, es muy leve. Los valores, objetivos, reacciones y actitudes del hipster y de la clase media (al igual que los de comunistas, fascistas, socialistas y monárquicos), ofrecen diferentes estilos, pero conducen al mismo fin: el éxito personal, nacional o racial. “Rien ne reussi comme le suces” [sic].

El hipster, de todos modos, provoca la indignación de sus aliados con su farsa de la ‘rectitud’ y su alienación de las normas sociales de moralidad y atuendo. Es la perfección del éxito: liberado de la inhibidora existencia de la conformidad burguesa y acomodado en una felicidad plena que combina el más alto placer material con una completa falta de compromiso con el humanismo de clase media.

Se le odia, se le teme y se le envidia. Es un tío que puede cantar sobre los males del mundo, la belleza del contacto, la delicadeza de las flores, y lanzar gritos sistemicidas mientras extrae su margen de ganancia en una economía de guerra y mantiene su confort al nivel de un consumidor de lujo. (Ah, perdona. Ya veo. El hipster educa a la masa y lo que cobra es algo anecdótico… en comparación con los millones de conversos a los que ha inspirado con su amor confeccionado. Eh, pues vale…).

Pues bien, cuando alguno de nosotros cae en la misma situación, bien por fama bien por fortuna, nos miramos y recordamos la ‘movida’ que nos sacó a la luz (0) y reaccionamos. Podríamos abrir centros de paz con nuestro dinero y contribuir a la causa de la libertad, o podríamos dejarnos caer en el “a quién la importa” y amasar fortunas, o podríamos retirarnos de nuevo y volver a los bosques, y contemplar el sinsentido de hacer lo que hacemos fuera del marco de una realidad que puede integrar y mercantilizar a cualquiera, cualquier cosa, en cualquier momento. Y entonces podríamos empezar a comprender que si no se lleva a cabo algún intento de manejar el mundo con amor, se saldrá de quicio y arrasará con todo, incluidos los bosques.

Y así, nos mantenemos al margen. No seguiremos, sencillamente no seguiremos jugando el juego. Regresamos a la próspera sociedad de consumo y nos negamos a consumir. Y nos negamos a consumir. Y hacemos lo que hacemos por nada. Sin duda, vivimos nuestra propuesta. Todo lo que hacemos es gratis porque somos unos fracasados. Como no tenemos nada que perder, nada perdemos.

No volverán a frustrarnos las románticas trampas de los mercaderes de la conciencia expandida. El amor no es un concierto con un bonito juego de luces a 3 pavos por cabeza. No es una Feria “Libre” del Artist Liberation Front (1) con puestos de comida y seudo-psicodelia. Es la Mime Troupe de San Francisco (2) dando Espectáculos Gratuitos en los parques, aunque se viera aplastada por una feroz deuda de 15000 dólares. Es Arthur Lisch, bajo una bandera azul en Hunters Point, rascando la herrumbre del monumento a Matthew Johnson (3), todos los días de dos a cinco. Es la comida gratuita en el Panhandle, donde todo el mundo puede hacer lo que quiera con la comida que se comparte. Es amor. Y cuando el amor hace lo que hace, lo hace por amor y se aleja de los falsos testimonios de los Chupapolis y de los Muertos Felices.

Mostrar amor es fracasar. Amar fracasar es la Ideología del Fracaso. Muestra Amor. Haz lo tuyo. Hazlo GRATIS (4). Hazlo por amor. No podemos fracasar. Y Mr. Jones nunca sabrá lo que está pasando aquí… ¿O sí, Mr. Jones? (5)

[Publicado en Berkeley Barb, Nov. 18, 1966. Firmado: George Metesky (6)]

 

NOTAS

(0) Cinco de los diggers originarios fueron detenidos, juzgados y liberados en noviembre de 1966 por haber interrumpido el tráfico en las calles del barrio de Haight Ashbury de San Francisco con su Intersection Game.

(1) ALF: Organización de artistas fundada en San Francisco en el año 1966 con el fin de prestarse apoyo mutuo y llevar a cabo acciones directas contra el establishment artístico. Su primera Free Art Fair tuvo lugar el 1 de octubre de 1966.

(2) Grupo de teatro-guerrilla encabezado por Ron Davies. Los diggers originarios estuvieron, de un modo u otro, implicados en las acciones de la SF Mime Troupe.

(3) Matthew “Peanut” Johnson: adolescente negro asesinado por la policía. Su muerte se encuentra en el origen de los motines de Hunters Points (San Francisco) y, en cierta manera, de los diggers como grupo autónomo.

(4) El lema de los diggers era, precisamente, “Everything is free, do your own thing”.

(5) Referencia a la canción de Bob Dylan Ballad of a Thin Man, incluida en el álbum de 1965 Highway 61 Revisited, cuyo estribillo dice: “Because something is happening here / But you don’t know what it is / Do you, Mister Jones?

(6) George P. Metesky (1903-1994), conocido también como Mad Bomber. Durante las décadas de los cuarenta y los cincuenta puso 33 bombas en diversos lugares de la ciudad de Nueva York, 22 de las cuales explotaron causando una quincena de heridos.

*

Los diggers fueron un pequeño grupo de activistas del ámbito contracultural del San Francisco de la segunda mitad de los sesenta. Se hicieron sobre todo conocidos por poner en escena, aquí-ahora y sin mediaciones, el sueño de una vida libre y gratuita (free) (distribuyendo comida, abriendo tiendas en las que todo se regalaba, organizando fiestas multitudinarias…) y por reclamar la calle como teatro de sus acciones políticas, críticas, subversivas y festivas.

En fechas cercanas, la editorial Pepitas de Calabaza publicará Los Diggers. Revolución y contracultura en San Francisco (1966-1968) de Alice Gaillard. 

 

Texto original en inglés en www.diggers.org