Archivo de la etiqueta: Biopolítica

SOBRE FOUCAULT – Toni Negri (2004)

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Traducción: Diego L. Sanromán

Pregunta 1: ¿Los análisis de Foucault mantienen su actualidad para comprender el movimiento de las sociedades? ¿En qué terrenos le parece que deberían ser renovados, reajustados, prolongados?

Respuesta 1: La obra de Foucault es una extraña máquina; en realidad, no permite pensar la historia más que como historia presente. Probablemente, una buena parte de lo que Foucault escribió (Deleuze lo subrayó muy acertadamente) debería hoy ser reescrito. Lo que resulta asombroso –y conmovedor- es que en ningún momento cese de buscar; hace aproximaciones, deconstruye, formula hipótesis, imagina, construye analogías y cuenta fábulas, lanza conceptos, los retira o los modifica… Es un pensamiento de una inventiva formidable. Pero esto no es lo esencial; yo creo que lo fundamental es su método, porque éste le permite estudiar y a la vez describir el movimiento del pasado al presente y del presente al porvenir. Es un método de transición del cual el presente representa el centro. Foucault está ahí, en ese hueco, ni en el pasado, del que hace la arqueología, ni en el futuro, del que a veces esboza la imagen –“como en los límites del mar, un rostro sobre la arena”-. Es a partir del presente como resulta posible distinguir los demás tiempos. A menudo se le ha reprochado a Foucault la legitimidad científica de sus periodizaciones; es comprensible la actitud de los historiadores, pero al mismo tiempo me gustaría decir que no se trata de un verdadero problema: Foucault se encuentra allá donde se instale la problemática, y esto partiendo siempre de su propio tiempo.

El análisis histórico se convierte, con Foucault, en una acción; el conocimiento del pasado, en una genealogía; la perspectiva futura, en un dispositivo. Para quienes proceden del marxismo militante de los años 60 (y no de las tradiciones dogmáticas caricaturescas de la Segunda y la Tercera Internacional), el punto de vista de Foucault se percibe, de forma natural, como absolutamente legítimo; se corresponde con la percepción del acontecimiento, de las luchas, y de la alegría de arriesgarse fuera de toda necesidad y de toda teleología preestablecida. En el pensamiento de Foucault, el marxismo queda completamente desmantelado, ya sea desde el punto de vista del análisis de las relaciones de poder o de la teleología histórica, del rechazo del historicismo o de cierto positivismo; pero, al mismo tiempo, el marxismo se ve también reinventado y remodelado desde el punto de vista de los movimientos y de las luchas, es decir, desde el punto de vista, en realidad, de los sujetos de tales movimientos y tales luchas: porque conocer es producir subjetividad. Sigue leyendo

REVISTA De/rotaR. Nueva revista de pensamiento crítico desde Chile

Nuestro amigo y buen camarada, el sociólogo chileno Rodrigo Sepúlveda, nos anuncia la aparición de la revista De/rotaR. Su primera entrega incluye un dossier dedicado al tema Representación y formas de vida, de cuya presentación hemos extraído lo que sigue:

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“De los treinta y cinco años transcurridos desde la trágica inflexión del 11 de septiembre de 1973, emerge la imposibilidad de representarnos en la autosuficiencia de un pensamiento político trascendente. Es el mismo tiempo que ha descontado la categorías de un conocimiento seguro sobre la dirección del acontecimiento político. Pensar lo contrario, poner en práctica la representación sin cuestionarla, es negar el problema mismo de lo político, problema que paradógicamente domina aún el propio pensamiento autoprocalmado como radical. Sin una representación del mundo, efectivamente vivimos a la deriva, bajo el desgaste de las miradas programáticas y de las fórmulas para la acción; pero hay que calibrar las dificultades y las posibilidades implicadas en ésta pérdida. De ahí, entonces, que no pretendamos realizar una constatación o dignóstico acomodaticio de la “actualidad”, sino plantear la pregunta por su habitabilidad, teniendo claro que este es un ejercicio radicalmente implicado en la alteración de todo presente cerrado sobre sí mismo.

Esta llamada crisis de representación atraviesa las ofertas de sentido disponibles tanto por y para el campo de la/o política/o institucional, como por y para el campo de la producción de saberes (académicos). No se trata, sin embargo, de una problemática que afecte al saber (teoría) y la política (práctica) por separado, pues es dudoso que tal distinción haya alguna vez existido. El sujeto de la política o la política misma es una producción discursiva toda vez que ésta se juega en la materialidad de las relaciones sociales. De ahí que, como ha señalado Homi Bhabha, el “¿qué hacer? debe reconocer la fuerza de la escritura, su metamorfosidad y su discurso retórico , como una matriz discursiva que define a lo “social” y lo hace disponible como un objeto de y para la acción”. Sigue leyendo

DE LA CIVILIZACIÓN como crash-test – Frédéric Neyrat (2007)

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Frédéric Neyrat (1968 ) es un filósofo francés. Fue director de programas del Colegio Internacional de Filosofía y, en la actualidad, forma parte del comité de redacción de la revista Multitudes. Es además colaborador habitual de Rue Descartes y de Ctheory, de donde se ha extraído el texto que puede leerse a continuación. Sus dos últimas obras publicadas son Biopolitique des catastrophes (2008 ) y Instructions pour une prise d’âmes. Artaud et l’envoûtement occidental (2009).

[Traducción del francés: Diego L. Sanromán.]

Democracia, cooperación, confianza, educación ‘sostenibles’… nunca antes se había oído, leído, sufrido tanto este predicado desde que fuera originariamente adherido al sustantivo ‘desarrollo’. Tomada al pie de la letra, la noción de ‘desarrollo sostenible’ es más bien inquietante, si de lo que se trata, en definitiva, es de mantener el desarrollo eco-técnico tal como es por todos los medios posibles (1). Pero la proliferación de este predicado bueno-para-todo debe, sin embargo, ser interpretada como algo bastante más real que una máscara ideológica o una técnica de marketing; traduce de forma manifiesta una angustia contemporánea: por ejemplo, el hecho, precisamente, de que nada parezca capaz de persistir de verdad. “Nada dura”, nos decimos y añadimos enseguida: “y esto parece que tampoco va a durar mucho tiempo”. Tal es la íntima formulación de nuestra relación paradójica con el tiempo, aquella que contiene tanto nuestras posibilidades políticas más fatalistas como las más revolucionarias.

Cronopatología

Nada muy nuevo, en apariencia. Desde la época moderna, lo inmortal y lo estable parecen haberse deslizado por la piel de las presencias efímeras, y lo efímero resistir con dificultad ante la atracción hacia la nada. Científico, político, artístico, económico… bajo todos sus aspectos, la modernidad podría ser considerada como un gran proyecto de liquidación; de las tradiciones, por ejemplo, algo que los reaccionarios deploran. “Época de la superación, de la novedad que envejece y se ve inmediatamente remplazada por otra novedad aún más nueva”, la modernidad, dice Gianni Vattimo, cede hoy su lugar a la posmodernidad en cuanto época en la que ya no se concede ningún crédito a lo inédito (2). De la modernidad a la posmodernidad, la temporalidad se habría reducido poco a poco al supuesto tiempo presente, sin tiempo diferido ni futuro. En léxico heideggeriano, diríamos que el Dasein de los seres humanos cada vez tiene más dificultades para ‘proyectarse’ más allá del Gestell, del Gran Dispositivo, del circuito eco-técnico. Los agentes de dicha cronopatología parecen perfectamente localizados: por un lado, las tecnologías de la información y de la comunicación productoras de ‘tiempo real’; por otro, las normas del capitalismo consumista de la ‘era del acceso’, en la que los objetos se transforman en actualizaciones de corta duración en el seno de flujos de servicios propuestos a los consumidores y medidos por el rasero de un ‘lifetimevalue’ que expresa el conjunto de servicios que la empresa podría asegurar durante una vida entera. De este modo, queda sin duda asegurada una duración económica que atraviesa la obsolescencia programada de los objetos y es capaz de adaptarse y mantener los contornos de una subjetividad metamórfica; pero se trata de una duración que parece haber abandonado la posibilidad de apropiación de los individuos. Sigue leyendo

MULTITUDES QUEER. Notas para una política de los “anormales” – Beatriz Preciado (2004)

Beatriz Preciado nació en 1970. Actualmente enseña Teoría del Género en diferentes universidades nacionales y extranjeras, entre las que cabe destacar la Universidad de París VIII, L’Ecole de Beaux Arts de Bourges o el Programa de Estudios Intependientes del Museu d’Art Contemporani de Barcelona. Es autora del Manifiesto contra-sexual y acaba de publicar Testo yonqui.

Este artículo trata de la formación de los movimientos y de las teorías queer, de la relación que mantienen con los feminismos y del uso político que hacen de Foucault y de Deleuze. Analiza también las ventajas teóricas y políticas que aporta la noción de “multitudes” a la teoría y al movimiento queer, en lugar de la noción de “diferencia sexual”. A diferencia de lo que ocurre en EEUU, los movimientos queer en Europa se inspiran en las culturas anarquistas y en las emergentes culturas transgénero para oponerse al “Imperio Sexual”, especialmente por medio de una des-ontologización de las políticas y de las identidades. Ya no hay una base natural (“mujer”, “gay”, etc.) que pueda legitimar la acción política. Lo que importa no es la “diferencia sexual” o la “diferencia de l@s homosexuales”, sino las multitudes queer. Una multitud de cuerpos : cuerpos transgéneros, hombres sin pene, bolleras lobo, ciborgs, femmes butchs, maricas lesbianas… La “multitud sexual” aparece como el sujeto posible de la política queer. 

A la memoria de Monique Wittig

« Entramos en una época en que las minorías del mundo comienzan a organizarse contra los poderes que les dominan y contra todas las ortodoxias » Félix Guattari, Recherches (Trois Milliards de Pervers), 1973.

La sexopolítica es una de las formas dominantes de la acción biopolítica en el capitalismo contemporáneo. Con ella el sexo (los órganos llamados « sexuales », las prácticas sexuales y también los códigos de la masculinidad y de la feminidad, las identidades sexuales normales y desviadas) forma parte de los cálculos del poder, haciendo de los discursos sobre el sexo y de las tecnologías de normalización de las identidades sexuales un agente de control sobre la vida.

Al distinguir entre « sociedades soberanas » y « sociedades disciplinarias » Foucault ya había señalado el paso, que ocurre en la época moderna, de una forma de poder que decide sobre la muerte y la ritualiza, a una nueva forma de poder que calcula técnicamente la vida en términos de población, de salud o de interés nacional. Por otra parte, precisamente en ese momento aparece la nueva separación homosexual/heterosexual. Trabajando en la línea iniciada por Audre Lorde [1], Ti-Grace Atkinson [2] y el manifiesto « The-Woman-Identified-Woman » [3] de « Radicalesbians », Wittig llegó a describir la heterosexualidad no como una práctica sexual sino como un régimen político [4], que forma parte de la administración de los cuerpos y de la gestión calculada de la vida, es decir, como parte de la “biopolítica” [5]. Una lectura cruzada de Wittig y de Foucault permitió a comienzos de los años 80 que se diera una definición de la heterosexualidad como tecnología bio-política destinada a producir cuerpos heteros (straight).

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