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LA IDEOLOGÍA del fracaso – Diggers (1966)

Traducción del inglés: Diego L. Sanromán

[…]

Si hay alguna diferencia, es muy leve. Los valores, objetivos, reacciones y actitudes del hipster y de la clase media (al igual que los de comunistas, fascistas, socialistas y monárquicos), ofrecen diferentes estilos, pero conducen al mismo fin: el éxito personal, nacional o racial. “Rien ne reussi comme le suces” [sic].

El hipster, de todos modos, provoca la indignación de sus aliados con su farsa de la ‘rectitud’ y su alienación de las normas sociales de moralidad y atuendo. Es la perfección del éxito: liberado de la inhibidora existencia de la conformidad burguesa y acomodado en una felicidad plena que combina el más alto placer material con una completa falta de compromiso con el humanismo de clase media.

Se le odia, se le teme y se le envidia. Es un tío que puede cantar sobre los males del mundo, la belleza del contacto, la delicadeza de las flores, y lanzar gritos sistemicidas mientras extrae su margen de ganancia en una economía de guerra y mantiene su confort al nivel de un consumidor de lujo. (Ah, perdona. Ya veo. El hipster educa a la masa y lo que cobra es algo anecdótico… en comparación con los millones de conversos a los que ha inspirado con su amor confeccionado. Eh, pues vale…).

Pues bien, cuando alguno de nosotros cae en la misma situación, bien por fama bien por fortuna, nos miramos y recordamos la ‘movida’ que nos sacó a la luz (0) y reaccionamos. Podríamos abrir centros de paz con nuestro dinero y contribuir a la causa de la libertad, o podríamos dejarnos caer en el “a quién la importa” y amasar fortunas, o podríamos retirarnos de nuevo y volver a los bosques, y contemplar el sinsentido de hacer lo que hacemos fuera del marco de una realidad que puede integrar y mercantilizar a cualquiera, cualquier cosa, en cualquier momento. Y entonces podríamos empezar a comprender que si no se lleva a cabo algún intento de manejar el mundo con amor, se saldrá de quicio y arrasará con todo, incluidos los bosques.

Y así, nos mantenemos al margen. No seguiremos, sencillamente no seguiremos jugando el juego. Regresamos a la próspera sociedad de consumo y nos negamos a consumir. Y nos negamos a consumir. Y hacemos lo que hacemos por nada. Sin duda, vivimos nuestra propuesta. Todo lo que hacemos es gratis porque somos unos fracasados. Como no tenemos nada que perder, nada perdemos.

No volverán a frustrarnos las románticas trampas de los mercaderes de la conciencia expandida. El amor no es un concierto con un bonito juego de luces a 3 pavos por cabeza. No es una Feria “Libre” del Artist Liberation Front (1) con puestos de comida y seudo-psicodelia. Es la Mime Troupe de San Francisco (2) dando Espectáculos Gratuitos en los parques, aunque se viera aplastada por una feroz deuda de 15000 dólares. Es Arthur Lisch, bajo una bandera azul en Hunters Point, rascando la herrumbre del monumento a Matthew Johnson (3), todos los días de dos a cinco. Es la comida gratuita en el Panhandle, donde todo el mundo puede hacer lo que quiera con la comida que se comparte. Es amor. Y cuando el amor hace lo que hace, lo hace por amor y se aleja de los falsos testimonios de los Chupapolis y de los Muertos Felices.

Mostrar amor es fracasar. Amar fracasar es la Ideología del Fracaso. Muestra Amor. Haz lo tuyo. Hazlo GRATIS (4). Hazlo por amor. No podemos fracasar. Y Mr. Jones nunca sabrá lo que está pasando aquí… ¿O sí, Mr. Jones? (5)

[Publicado en Berkeley Barb, Nov. 18, 1966. Firmado: George Metesky (6)]

 

NOTAS

(0) Cinco de los diggers originarios fueron detenidos, juzgados y liberados en noviembre de 1966 por haber interrumpido el tráfico en las calles del barrio de Haight Ashbury de San Francisco con su Intersection Game.

(1) ALF: Organización de artistas fundada en San Francisco en el año 1966 con el fin de prestarse apoyo mutuo y llevar a cabo acciones directas contra el establishment artístico. Su primera Free Art Fair tuvo lugar el 1 de octubre de 1966.

(2) Grupo de teatro-guerrilla encabezado por Ron Davies. Los diggers originarios estuvieron, de un modo u otro, implicados en las acciones de la SF Mime Troupe.

(3) Matthew “Peanut” Johnson: adolescente negro asesinado por la policía. Su muerte se encuentra en el origen de los motines de Hunters Points (San Francisco) y, en cierta manera, de los diggers como grupo autónomo.

(4) El lema de los diggers era, precisamente, “Everything is free, do your own thing”.

(5) Referencia a la canción de Bob Dylan Ballad of a Thin Man, incluida en el álbum de 1965 Highway 61 Revisited, cuyo estribillo dice: “Because something is happening here / But you don’t know what it is / Do you, Mister Jones?

(6) George P. Metesky (1903-1994), conocido también como Mad Bomber. Durante las décadas de los cuarenta y los cincuenta puso 33 bombas en diversos lugares de la ciudad de Nueva York, 22 de las cuales explotaron causando una quincena de heridos.

*

Los diggers fueron un pequeño grupo de activistas del ámbito contracultural del San Francisco de la segunda mitad de los sesenta. Se hicieron sobre todo conocidos por poner en escena, aquí-ahora y sin mediaciones, el sueño de una vida libre y gratuita (free) (distribuyendo comida, abriendo tiendas en las que todo se regalaba, organizando fiestas multitudinarias…) y por reclamar la calle como teatro de sus acciones políticas, críticas, subversivas y festivas.

En fechas cercanas, la editorial Pepitas de Calabaza publicará Los Diggers. Revolución y contracultura en San Francisco (1966-1968) de Alice Gaillard. 

 

Texto original en inglés en www.diggers.org

SPINOZIANA III. Tener comercio: Spinoza y los modos del intercambio – Maxime Rovere (2007)

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Traducción del francés: Diego L. Sanromán.

Resumen: Spinoza no elaboró un gran pensamiento sobre el comercio, pero lo practicó activamente. El presente artículo mide el impacto de dicha práctica sobre su filosofía política, tomando en consideración el modo en que la historia de las ideas se articula con la historia del autor e investigando cómo la elaboración de una metafísica del comercio le lleva a evacuar los negocios de su antropología.

 

“[…] en esta gran ciudad en que me encuentro, no habiendo hombre alguno, salvo yo, que no se dedique a los negocios, cada cual se halla tan atento a su provecho que bien podría yo permanecer aquí toda mi vida sin ser jamás visto por nadie. Me paseo todos los días entre la confusión de este gran pueblo, con tanta libertad y relajo como podríais hacerlo vos por vuestras alamedas, y no considero a los hombres que veo de manera distinta a como haría con los árboles que se hallan en vuestros bosques o a los animales que en ellos pacen”. (1)

Cuando Descartes habla de Ámsterdam, es para maravillarse de que haya tantos comerciantes. Lo que le maravilla de los comerciantes es que no son ni filósofos ni teólogos; no son, a sus ojos, más que una multitud sin unidad, en la que cada cual se preocupa de sus propios asuntos. En la medida en que la actividad filosófica no afecte a sus beneficios, no representan ninguna amenaza para el pensador. De esta completa alteridad entre los comerciantes y el filósofo puede, pues, nacer una suerte de idilio en negativo, un amor en ausencia en el que los unos y los otros gocen de esa libertad que se reconocen en una recíproca indiferencia.

Ahora bien, es en este medio de una inocencia tan bucólica en el que nace Spinoza un año más tarde, de un padre al que Descartes pudo haberse encontrado por la calle: un comerciante que, a partir de 1620, se dedica a la importación de frutos secos y de cítricos de España y Portugal, de aceite de Argelia, de pipas y de otras mercancías. Se sabe que el propio Spinoza dirigirá el negocio entre la muerte de su padre en 1654 y su excomunión de la comunidad judía en 1656. Durante dos años, pues, la sociedad Bento y Gabriel Espinoza fue dirigida por un futuro filósofo y, a la recíproca, se puede decir que el Tratado teológico-político y la Ética fueron escritos por un antiguo comerciante. Sigue leyendo

LAS MILITANTES anarquistas individualistas: mujeres libres en la Belle Époque – Anne Steiner (2008)

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[Traducción: Diego L. Sanromán]

En los trabajos que reconstruyen la génesis del movimiento feminista apenas se citan las figuras de las mujeres anarco-individualistas de principios del siglo XX. Tal vez, porque, siendo hostiles tanto al régimen parlamentario como a la relación salarial, se mantuvieron al margen de los combates emprendidos por las feministas de la Belle Époque para la obtención del derecho al voto y por la mejora de las condiciones de trabajo de las mujeres; y acaso también porque, con excepción de artículos publicados en la prensa libertaria y de algunos panfletos hoy olvidados, dejaron pocas huellas escritas.

Estas mujeres, que no fueron ni reformistas ni revolucionarias, expresaron esencialmente su rechazo de las normas dominantes mediante prácticas tales como la unión libre, a menudo plural, la participación en experiencias de vida comunitaria y de pedagogía alternativa y, en fin, mediante la propaganda activa a favor de la contracepción y el aborto al lado de los militantes neo-malthusianos. Al evocar sus itinerarios y sus escritos, nos gustaría dotar de algo de visibilidad a estas “marginales” que desearon, sin dejarlo para hipotéticos mañanas de utopía, vivir libres aquí y ahora.

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CLÁSICOS SUBVERSIVOS. El Sindicato o la Muerte – Albert Libertad (1906)

‘Multitud’ acaba de cumplir un añito. En estos días ando preparando, junto a Julián Lacalle -de la Editorial Pepitas de Calabaza-, una selección de textos del anarquista francés Albert Libertad, y se me ha ocurrido que un pequeño adelanto de lo que -si todo va bien- se convertirá en libro podría ser un buen regalo de aniversario. Ahí va.

[Traducción: Diego L. Sanromán]

Dicen que los lobos no se devoran entre sí.

Tengo muy pocos conocimientos personales sobre las costumbres de tales bestias como para permitirme creer que este dicho es menos idiota que la mayoría de los dichos.

Si, por casualidad, fuese exacto, para nosotros no probaría más que una cosa: que entre los hombres y los lobos hay, amen de las disparidades zoológicas, una fenomenal diferencia de apetitos.

Es probable, y hasta seguro, que la civilización, tan maravillosamente favorable al desarrollo de nuestros más salvajes instintos, haya destruido en nosotros los escrúpulos que nuestra ferocidad acaso tenía en común, en mejores tiempos, con la de los lobos.

Ya no nos hallamos, ay, en la antropofagia vulgar; aquella que se contenta precisamente con degollar, trinchar, cocinar y digerir carne humana. Tales procedimientos simplistas han quedado relegados a ciertas latitudes tropicales, en las cuales, aunque al parecer cada vez menos, siguen aplicándose.

En nuestro caso, en los buenos países privilegiados, donde el progreso se ha abierto paso, nos devoramos con una glotonería tanto menos escrupulosa cuanto que podemos cocinarnos de mil fáciles maneras, por no decir de lo más agradables.

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CLÁSICOS SUBVERSIVOS – Cesare Beccaria (1733-1781)

“[…] Los entendimientos comunes no acostumbran […] a discurrir sobre los objetos; por tradición, no por examen reciben de una vez por todas las impresiones, de modo que sólo se mueven a reconocer y remediar el cúmulo de desórdenes que los oprime cuando han pasado por medio de mil errores en las cosas más esenciales a la vida y a la libertad, y cuando se han cansado de sufrir males sin número.

Las historias nos enseñan que debiendo ser las leyes pactos considerados de hombres libres, han sido pactos casuales de una necesidad pasajera; que debiendo ser dictadas por un desapasionado examinador de la naturaleza humana, han sido instrumento de las pasiones de pocos. La felicidad dividida entre el mayor número debiera ser el punto a cuyo centro se dirigiesen las acciones de la muchedumbre.”

Cesare BECCARIA, Dei Delitti et delle Pene (1764). Traducción de Juan Antonio de las Casas (1774).

Beccaria en la Wikipedia.