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HACIA LA INSURRECCIÓN EUROPEA – Franco Berardi ‘Bifo’

[Traducción: Diego L. Sanromán]

Europa es un producto de la mente

Primavera de 2011: Europa está al borde de la catástrofe porque el dogmatismo neoliberal impone el diktat de la clase financiera sobre los intereses de la sociedad. ¿Qué sucederá en los próximos meses, en los próximos años? En Italia estamos hasta tal punto (y es comprensible) concentrados en la bufonada que sigue representándose ante nuestros ojos que corremos el riesgo de pensar que el enemigo de la sociedad es Silvio Berlusconi, y que una vez nos libremos del bribón todo marchará decentemente. La realidad es muy diferente. El centro-izquierda, si es que logra vencer en las próximas elecciones, será, en manos de la clase financiera, un instrumento mejor afilado para llevar a término el crimen que se está cometiendo contra la civilización social.

El enemigo de la sociedad es el Banco central. Es el dogmatismo neoliberal el que está provocando una catástrofe sin precedentes.

En 1933, en su Discours à la nation européenne, Julien Benda escribe las siguientes palabras: “Construiréis Europa gracias a lo que digáis, y no a lo que seáis. Europa será un producto de vuestra mente, no un producto de vuestro ser. Y si me respondéis que no creéis en la autonomía de la mente, que vuestra mente no puede ser otra cosa que un aspecto de vuestro ser, entonces declaro que jamás construiréis Europa. Porque no existe un ser europeo”.

Benda afirma que no existe una identidad europea: ni étnica, ni religiosa, ni nacional. Ésta es la fuerza y la belleza del proyecto europeo. Afirma que Europa solo puede ser producto de nuestra mente. Yo quisiera añadir: producto de nuestra imaginación. Y es que el problema de Europa está hoy precisamente aquí: la clase dirigente europea, y también la intelligentsia europea, si es que algo semejante existe todavía, ha perdido toda visión, toda capacidad de imaginar el futuro, y solo es capaz de reafirmar los viejos dogmas fracasados de la acumulación capitalista, del crecimiento económico obligatorio y del beneficio financiero. Esto está conduciendo claramente a la sociedad europea hacia la catástrofe.

¿Qué fue Europa en el siglo pasado? Como previó Benda, fue el producto de una visión. En 1945, Europa fue la visión de una construcción política que superaba la oposición filosófica entre ilustración y romanticismo, la oposición entre Razón universal e identidad cultural. Era la visión y el sueño de un mundo de paz, el sueño de un proceso posnacional. Ésta fue la fuerza y el atractivo de la idea europea. Sigue leyendo

LLAMAMIENTO A LA ACCIÓN. El Saber Común contra el Capitalismo Financiero

[Traducción del francés: Diego L. Sanromán]

La insurrección no ha hecho más que comenzar: los estudiantes y los trabajadores precarios de Europa y del mundo entero luchan contra las políticas de austeridad, contra la precariedad y contra los recortes presupuestarios en la educación. Hoy, gracias a las revueltas en el Magreb y en el norte de África, sabemos como vencer y derribar a los tiranos de la globalización. En el contexto de las revoluciones mediterráneas está naciendo una nueva Europa.

El Knowledge Liberation Front –una red compuesta por varios centenares de grupos, organizaciones y luchas- convoca a una CONFERENCIA DE PRENSA en BRUSELAS el próximo MIÉRCOLES 23 de MARZO, de 11 a 13 horas, en el 9º piso de la International Trade Union House, 5 boulevard du Roi Albert II.

Precisamente en el feudo de las uniones sindicales, situado en el centro simbólico de la burocracia europea del capitalismo financiero, vamos a impulsar tres jornadas de acciones -24, 25 y 26 de marzo- contra los bancos y la financiarización de nuestras vidas.

No tememos a la crisis porque somos vuestra crisis y vuestro miedo. ¡Alcémonos! Permaneced a la escucha: ¡la revolución es en marzo!

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¿QUÉ SIGNIFICA hoy autonomía? – Franco Berardi ‘Bifo’ (2003)

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Subjetivación y no sujeto

No pretendo hacer una reconstrucción histórica del movimiento de autonomía, sino tan sólo tratar de comprender su especificidad histórica volviendo sobre conceptos como rechazo del trabajo y composición de clase. Los periodistas usan el término operaismo para designar un movimiento político y filosófico que apareció en Italia en los años 60. A mí no me gusta ese término porque reduce la complejidad de la realidad social al mero dato de la centralidad de los obreros industriales en la dinámica social de la modernidad tardía. La centralidad de la clase obrera ha sido uno de los grandes mitos políticos del siglo XX, pero el problema que nos tenemos que plantear es el de la autonomía del espacio social frente al dominio capitalista, y el de las diferentes composiciones culturales, políticas e imaginarias que elabora el trabajo social. Por eso prefiero emplear la expresión composicionismo para designar ese movimiento de pensamiento.

Lo que me interesa subrayar de la operación filosófica del llamado operaismo italiano es el desmontaje de la noción de sujeto que el marxismo heredó de la tradición hegeliana. En lugar del sujeto histórico, el composicionismo empieza a pensar en términos de “subjetiv/acción”. El concepto de clase social no tiene una consistencia ontológica, sino que debe entenderse como un concepto vectorial. La clase social es proyección de imaginaciones y proyectos, efecto de una intención política y de una sedimentación de culturas. Sigue leyendo

POR UNA NUEVA política de ‘welfare’ – Andrea Fumagalli (2008)

Andrea Fumagalli enseña Economía Política en la Universidad de Pavía. Sus investigaciones se centran en la transformación del capitalismo y en la hipótesis del capitalismo cognitivo. Ha sido de los primeros que ha defendido en Italia el establecimiento de una renta garantizada. Participa en la organización de la red EuroMayday. Recientemente ha publicado Bioeconomia e capitalismo cognitivo. Verso un nuovo paradigma di accumulazione, (Rome, Carocci, 2007) y, junto a Stefano Lucarelli, Basic Income and Productivity in Cognitive Capitalism ( Review of Social Economics, vol. 68, n° 1, marzo de  2008).

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[Traducción del italiano: Diego L. Sanromán]

Las transformaciones del mercado de trabajo de los dos últimos decenios han hecho urgente una redefinición de conjunto y una rearticulación de las políticas de welfare. Dicha cuestión no siempre ha suscitado el interés adecuado del pensamiento económico de izquierdas y alternativo. En el debate socio-económico actual, dos son las concepciones del welfare que, sobre todo, atraen la atención de los estudiosos y de la política: por un lado, el workfare y, por otro, el welfare público de inspiración keynesiana. Con el término workfare se hace referencia a un sistema de welfare no universalista de tipo contributivo (esto es, en el que cada uno recibe en función de cuánto da, como ya ocurre hoy con la reforma de la seguridad social), estructurado en torno a la idea de proveer una ayuda en última instancia allá donde se den condiciones existenciales que no permiten trabajar y, en consecuencia, acceder a aquellos derechos que sólo la prestación laboral está en condiciones de garantizar. La idea de workfare es, por otra parte, complementaria de los proyectos de privatización de buena parte del welfare público, empezando por la sanidad, la educación y la seguridad social. Tales proyectos encuentran hoy su fundamento en el llamado ‘principio de subsidiariedad’, según el cual, en las materias que no son de competencia propia exclusiva, pueden intervenir niveles superiores de gobierno (i.e., el Estado) sólo y en la medida en que se considera que los niveles inferiores (i.e., las Regiones) no están condiciones de conseguir los objetivos previstos de manera satisfactoria. Traducido a la práctica, esto significa que la intervención pública puede tener razón de ser sólo donde la iniciativa privada no está en condiciones o no considera conveniente intervenir. Mientras, por otro lado, el workfare tiene como objetivo inmediato y parcial sólo a quien se encuentra fuera del mercado de trabajo, como los parados y los jubilados que cobran las pensiones más bajas, y se basa en la neta distinción entre políticas sociales y políticas laborales. Un concepto, pues, meramente fordista con el añadido de un marco neoliberal conforme al modelo anglosajón: incentivos al trabajo y estado social mínimo. El protocolo sobre welfare, competitividad y mercado de trabajo del 23 de julio de 2007, destilado por el entonces ministro de Trabajo Cesare Damiano, quería representar su aplicación en Italia. El decreto 112 del último agosto, que anticipa las líneas de la Ley Presupuestaria para el trienio 2009-2011, sanciona su realización. Lo confirman los recortes en el gasto destinado a ciertos ministerios en el desarrollo de sus competencias: 8400 millones de menos para 2009, que se convertirán en 15600 millones en 2011. Lo confirma la reescritura del pacto de estabilidad con los entes locales (reducción de cerca de 3000 millones en 2009 y de 9000, en 2011) que traerá consigo la simpática consecuencia de aumentar las tarifas de los servicios públicos en perjuicio de los residentes o de proceder a ulteriores privatizaciones. Lo confirman también los recortes al fondo nacional para el sistema sanitario nacional, que conocerá, en 2009, una reducción del gasto sanitario de casi el 3% en términos reales y del 2% en 2011, con la consiguiente reducción de camas hospitalarias y de gastos para el personal (bloqueo de los turnos, redimensionamiento de los fondos para la contratación complementaria, etc.). Lo confirma el inicio de un principio de desmantelamiento de las universidades públicas en beneficio de su transformación en fundaciones de derecho privado (¡ni siquiera de derecho público!). Pero esto no basta, aún hay más. Como toda buena política de workfare exige, también están obviamente presentes las intervenciones en el ámbito del mercado de trabajo y de la subsistencia (aunque sólo para los ciudadanos italianos autóctonos). Y ahí tenemos, entonces, la controvertida norma sobre los trabajadores precarios, que tan sólo prevé una escasa compensación monetaria para los trabajadores con contrato de duración determinada en contencioso con los empleadores, y ya no su contratación, con lo que vuelve ‘legalmente’ estructural, vitalicia, la precariedad. Y, paralelamente, hace su aparición la limosna de una ‘social card’ (según el modelo de las cartillas de racionamiento del período bélico) que permite la adquisición de bienes alimentarios de primera necesidad a los indigentes. Sigue leyendo