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MÁS ALLÁ de Google… Los caminos de la Inteligencia Colectiva – Entrevista con Pierre Lévy

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Traducción: Diego L. Sanromán

El buscador Google no es más que una pieza entre otras de la cuestión mucho más vasta de la navegación y los modos de búsqueda en Internet. Históricamente ha desempeñado un papel más importante por haber sido el primero en integrar las elecciones de los propios internautas en los resultados de sus peticiones por medio de los vínculos hipertextuales que dirigen de un sitio a otro. Ha sido igualmente uno de los pioneros de lo que se llama “cloud computing”, distribuyendo por el tejido de la Red los datos y demás capacidades tecnológicas a los que cada internauta tiene acceso. El más famoso de los motores de búsqueda, sin embargo, alcanza hoy sus límites, en primer lugar, como consecuencia de su posición dominante. Y en segundo lugar, y sobre todo, como consecuencia de las preferencias que comparte con la instancia de gobernanza de la Web, el World Wide Web Consortium o W3C (al que pertenece, al igual que Yahoo o Microsoft). Los estándares de la Web, en efecto, evolucionan poco, como si estuvieran bloqueados por las constricciones comerciales de los “ingresos por clic”. ¿Qué queda, pues, de ese camino hacia cada vez más “inteligencia colectiva” que ha sido uno de los combustibles esenciales de Internet? Pierre Lévy es filósofo y, a la vez, director de investigación, en Canadá, de un proyecto de “metalenguaje” que permitiría a los internautas “codificar el sentido” y no sencillamente los datos. O, en otras palabras, llevar a cabo búsquedas mil veces más afinadas en el océano de la Red. Más allá de la (necesaria) crítica de Google, ¿no resulta indispensable llevar a cabo investigaciones en la confluencia entre la informática y las ciencias sociales con el fin de aumentar ese potencial de inteligencia que sigue siendo Internet? Libre intercambio…

Multitudes: En su opinión, ¿cuáles son o siguen siendo hoy en día las principales cualidades de un motor de búsqueda como Google?

Pierre Lévy: La principal cualidad de Google está en reflejar, aunque sea de manera muy grosera, la inteligencia colectiva de los usuarios de la Web. En efecto, el éxito de Google se ha construido, desde su origen en 1998, sobre el algoritmo de ordenanción de páginas web inventado por Larry Page y Sergey Brin. Según dicho algoritmo, cuyo nombre es “PageRank”, los sitios web correspondientes a una petición se ordenan en función de la cantidad de vínculos que apuntan hacia tales sitios, concediendo un peso más importante a los vínculos que proceden de sitios que, asimismo, disponen de un mayor número de vínculos. Esto supone hacer partícipes a los internautas que lanzan hipervínculos a la Web en la definición del orden de respuestas del motor de búsqueda. Antes de la innovación de Page y Brin, se ordenaban las respuestas en función de la frecuencia de los términos buscados en los sitios. En suma, los motores de búsqueda “pre-Google” estaban únicamente orientados hacia los documentos. Google fue, de hecho, el primer motor de búsqueda que hizo entrar la computación social en su ecuación. La segunda razón del éxito de Google fue (y sigue siendo) su extraordinaria ambición computacional. La loca idea inicial del proyecto era registrar automáticamente la totalidad de la Web en una sola base de datos, base sobre la cual se podrían, a continuación, llevar a cabo cálculos estadísticos a una escala muy grande. La infraestructura técnica de Google descansa en decenas de inmensos centros de cálculo dispersos por todo el planeta, cada uno de los cuales concentra centenares de miles de servidores de bajo precio interconectados mediante fibra óptica y funcionando con Linux. Dichos centros están directamente conectados a los backbones de Internet y consumen cantidades fenomenales de electricidad. La disponibilidad de estos centros de cálculo ha impulsado a Google a proponer una multitud de servicios de cloud computing: vuestros datos, vuestros programas, vuestras infraestructuras de cálculo ya no están en vuestros ordenadores, sino “en algún lugar de la red”, inmediatamente disponibles para cualquier conexión a Internet. El cloud computing, del que Google y Amazon son los principales pioneros, es, ciertamente, una de las principales tendencias de la cibercultura. La memoria y el tratamiento de la información se convierten así en ubicuos. Sigue leyendo

LA CONQUISTA del espacio, los Cyborgs, el poder…

EN EL CUARENTA ANIVERSARIO DEL ALUNIZAJE DE AMSTRONG, COLLINS Y ALDRIN

CYBORG

Multitud conmemora a su manera la llegada del hombre a la Luna. Os ofrecemos dos textos muy dispares, que además se acercan al acontecimiento de forma –por así decir- asintótica, bordeándolo, evitando el enfrentamiento directo.

El primero, por razones, obviamente cronológicas: cuando Clynes y Kline redactaron el texto, la conquista del espacio aún no era una realidad tangible, sino más bien un proyecto a largo o medio plazo en el que, por otro lado, los hombres de ciencia y los ingenieros estadounidenses se disputaban el prestigio internacional frente a la superpotencia enemiga, la URSS. El texto en cuestión (Cyborgs & Space) se publicó en forma de artículo en la revista  Austronautics en septiembre de 1960 y es sobre todo conocido por ser el primero en el que aparece el término Cyborg en un contexto tecnocientífico. En él, los autores argumentan la necesidad de modificar el organismo de los viajeros espaciales por medios electro-químicos con el fin de permitir su adaptación a entornos cuyas condiciones difieren de las terrestres. Que yo sepa, es la primera vez que el texto se ofrece en castellano.

El segundo se publicó exactamente nueve años después del primero y apenas unos tres meses después del primer alunizaje. Apareció en las páginas del último número de la revista internationale situationniste y su autor es el venezolano Eduardo Rothe. Su contexto, perspectiva y orientación son, pues, muy diferentes del anterior. La lectura del acontecimiento es política, más que científico-ingenieril: la ciencia y la técnica modernas –viene a decir Rothe- han sido sometidas a las necesidades del capital; sin embargo, no se trata de una fatalidad:  bastaría con liberarlas y reintegrarlas revolucionariamente en el marco de una comunidad de “amos sin esclavos” para que dejasen de ser instancias alienantes y se convirtieran en instrumentos de emancipación.

[Traducción de los textos: Diego L. Sanromán]

* * *

LOS CYBORGS Y EL ESPACIO

Manfred Clynes & Nathan Kline (1960)

Los viajes al espacio suponen un desafío para la humanidad no sólo tecnológica sino espiritualmente, en tanto en cuanto invitan al hombre a tomar parte activa en su propia evolución biológica. Los avances científicos del futuro podrán ser utilizados para permitir la existencia humana en entornos que difieren radicalmente de aquellos producidos por la naturaleza tal como la conocemos.

La tarea de adaptar el cuerpo humano a cualquier entorno de su elección será cada vez más fácil gracias al creciente conocimiento del funcionamiento homeostático, cuyos aspectos cibernéticos, por el momento, sólo están comenzando a ser comprendidos e investigados. En el pasado la evolución operaba alterando las funciones corporales para adaptarse a diferentes entornos. Desde ahora, será posible conseguirlo hasta cierto punto sin alterar la herencia mediante modificaciones bioquímicas, psicológicas y electrónicas ajustadas al modus vivendi humano actual. [DESCARGAR TEXTO COMPLETO EN PDF]

– ARTÍCULO ORIGINAL EN INGLÉS.

 

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LA CONQUISTA DEL ESPACIO EN EL TIEMPO DEL PODER

Eduardo Rothe (1969)

1
La ciencia  al servicio del capital, de la mercancía y del espectáculo no es otra cosa que el conocimiento capitalizado, fetichismo de la idea y del método, imagen alienada del pensamiento humano.

2
Hace tiempo que el poder del conocimiento se ha transformado en conocimiento del poder. La ciencia contemporánea, heredera experimental de la religión de la Edad Media, cumple –en relación con la sociedad de clases- las mismas funciones: compensa con su eterna inteligencia de especialista la estupidez cotidiana de los hombres. Canta en cifras la grandeza del género humano, cuando no es otra cosa que la suma organizada de sus limitaciones y de sus alienaciones. [DESCARGAR TEXTO COMPLETO EN PDF]

 

[Desearía agradecer la ayuda involuntaria e inconsciente que me ha prestado Igor Sádaba en la traducción del artículo de Clynes y Kline; unos cuatro o cinco párrafos de mi versión no son, en realidad, míos, sino suyos y pueden encontrarse en el segundo capítulo de su libro Cyborg. Sueños y pesadillas de las tecnologías. DLS]

LA MEGAMÁQUINA y la destrucción del vínculo social – Serge Latouche (1998)

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[Traducción del francés: Diego L. Sanromán]

La megamáquina infernal

Lewis Mumford, y aún más Cornelius Castoriadis, nos enseñaron que la máquina más extraordinaria inventada por el genio humano no es otra que la organización social misma. Después de la metáfora del organismo, la metáfora de la máquina ha sido utilizada ad nauseam para referirse a la sociedad. Lo cierto es que, conforme a la visión cartesiana del animal máquina, las dos metáforas remiten a una misma visión mecanicista de la sociedad.

El proyecto de racionalización siempre ha apuntado en último término, bien a través del orden técnico bien a través del orden económico, a la organización de la Ciudad. Frank Tinland señala, con razón, a propósito de la tecno-ciencia, que ésta de hecho siempre tiene que ver con un triángulo tecno-económico-científico [1]. La dinámica tecno-económica planetaria ha adquirido el aspecto de un macrosistema descentralizado bastante diferente de la megamáquina centralizada (como el Estado faraónico o la falange macedonia consideradas por Lewis Mumford), pero de buena gana la calificaría de infernal. Algo que merece ser precisado. Se trata, por un lado, de identificar dicha máquina, de especificar sus características y, por otro, de mostrar qué es lo que puede justificar el calificativo de infernal.

La máquina humana

El carácter maquínico del funcionamiento del mundo contemporáneo se manifiesta por el ascenso de la sociedad técnica y, al mismo tiempo, por el ascenso del sistema técnico, pero también por el hecho de que los hombres mismos se han convertido en engranajes de un gigantesco mecanismo. Cada vez con mayor razón se puede hablar de una cibernética social [2]. Ésta destaca, en un primer momento, por la emancipación, con respecto a lo social, de la técnica y de la economía y, más adelante, por la absorción de lo social por lo tecno-económico.

La emancipación y el desencadenamiento de la técnica y de la economía

Si la técnica es, en su esencia abstracta y, como tal, insignificante, tan vieja como el mundo, la aparición de una sociedad en la que la técnica ya no es un simple medio al servicio de los objetivos y valores de la comunidad, sino que se convierte en el horizonte insuperable del sistema, en un fin en sí misma, data del periodo de la ‘emancipación’ de las regulaciones sociales tradicionales, es decir, de la modernidad. No alcanza toda su amplitud más que con el hundimiento del compromiso entre mercado y espacio de socialidad realizado en la nación, o lo que es lo mismo, con el fin de las regulaciones nacionales, sustitutos provisionales y finalmente últimas secuelas del funcionamiento comunitario. Se puede datar con mucha precisión este salto, paso de la cantidad a la cualidad, de lo que ha dado en llamarse tercera revolución industrial. El coste de las técnicas, sus efectos positivos o negativos (piénsese en Chernobil), sus dinámicas son inmediatamente transnacionales. Si el mundo obedece a las leyes del sistema técnico, tal como las analiza Jacques Ellul, la capacidad de su legislador se encuentra reducida en igual medida. Lo que quiere decir que el soberano, ya se trate del pueblo o de sus representantes, se ve notablemente desposeído de su poder en beneficio de la ciencia y de la técnica. Las leyes de la ciencia y de la técnica se sitúan por encima de las del Estado. Es en gran parte por haber olvidado este hecho por lo que los totalitarismos del Este, que se encontraban en contradicción con las leyes de la ciencia y de la técnica tal como éstas funcionaban en el mundo moderno, terminaron por derrumbarse. Entre las consecuencias de este aumento del poder de la técnica se encuentra la abolición de la distancia, la creación de lo que Paul Virilio llama la ‘teleciudad’ mundial y el surgimiento de la ciudad-mundo, lo que provoca el efecto inmediato de un hundimiento del espacio político. “A partir del momento –declara Virilio- en que el mundo queda reducido a nada en cuanto extensión y duración, en cuanto campo de acción, de forma recíproca, no hay nada que pueda ser mundo; es decir que yo, aquí, en mi torreón, en mi ghetto, en mi apartamento (cocooning), puedo ser el mundo. Dicho de otro modo, el mundo está en todas y en ninguna parte. Esto fue lo que el feudalismo, más tarde la monarquía y finalmente la república rompieron” [3]. Sigue leyendo

EL ÁGORA y el mercado – Ignazio Licata (2004)

Cuarto texto de Ignazio Licata que publicamos en Multitud. Puedes encontrar los otros tres e información sobre el autor AQUÍ, AQUÍ y AQUÍ.

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DISCUTE EL TEXTO EN EL COLABORATORIO DIGITAL ABIERTO

 

[Traducción del italiano: Diego L. Sanromán]

Quien hoy se dispone a calcular el mundo no puede hacerlo con distancia. Está obligado a incluirse a sí mismo en sus propios cálculos.
Ian McEwan, Niños en el tiempo.

 

Han pasado ya muchos años desde la publicación del célebre ensayo de C. P. Snow sobre las dos culturas. La reflexión sobre el papel de la ciencia en la cultura contemporánea se ha enriquecido con nuevos temas y las perspectivas se han multiplicado con el progreso de la investigación y su creciente impacto sobre el contexto socio-económico. Al mismo tiempo, por desgracia, se han ofrecido también soluciones fáciles y conciliaciones nebulosas; las primeras, por lo general, en el ámbito de una visión rígidamente monodisciplinaria de las relaciones entre actividades intelectuales diversas; las otras, inspiradas en un genérico holismo en el que toda especifidad cultural queda ajustada en nombre de una totalidad indiferenciada. Por un lado, las ‘epistemologías totalitarias’, que describen de forma ideal y estilizada la actividad científica, aunque, más bien, dotan de coartada a una industria de la ‘verdad’. Por otro, las posiciones ‘anything goes’, que muestran la desnudez autorreferencial de mucha ciencia hard, pero al precio de un melting-pot cultural que no resulta útil a nadie. Sigue leyendo

LA SOBRECARGA DIGITAL nos está friendo los sesos – Entrevista con Maggie Jackson

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DISCUTE EL TEXTO EN EL COLABORATORIO DIGITAL ABIERTO

[Traducción del inglés: Diego L. Sanromán]

En Distracted: The Erosion of Attention and the Coming of Dark Age, Maggie Jackson explora los efectos de “nuestra hiper-veloz, sobrecargada, desenfocada e incluso cibercéntrica sociedad” sobre la atención. No es un cuadro bonito: una interminable corriente de llamadas telefónicas, correos electrónicos, mensajes instantáneos, SMS y tweets forma parte de una cultura institucionalizada de la interrupción y hacen difícil concentrarse y pensar de forma creativa.

Desde luego, cualquier etapa de la modernidad se ha visto afectada por sus nuevas tecnologías. “El telégrafo debe de haber influido tanto en la psique de los victorianos como la Blackberry lo hace en la nuestra”, afirma Jackson. “Pero, al mismo tiempo, esto no significa que no haya cambiado nada. La cuestión es: ¿cómo afrontamos nuestros retos?”.

Wired.com: ¿Existe una base científica real sobre la atención?

Maggie Jackson: En los últimos 30 ó 40 años, los científicos han hecho incursiones en la comprensión de sus mecanismos subyacentes y su fisiología. La atención se considera ahora un sistema orgánico. Tiene sus propios circuitos en el cerebro y existen redes especializadas que se ocupan de sus diferentes formas. Cada una de ellas es muy específica y puede ser localizada mediante neuroimagen e incluso cierto tipo de investigación genética. Sigue leyendo