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Multitud

…la multitud debe entenderse en tres sentidos. El primero es filosófico y positivo: la multiplicidad se define aquí como una multiplicidad de sujetos. Aquí, a lo que se desafía es a la reducción al uno, a esa tentación permanente que envenena el pensamiento desde la metafísica clásica. La multitud es, al contrario, una multiplicidad irreducible, una cantidad infinita de puntos, un conjunto diferenciado, absolutamente diferenciado. ¿Realmente piensa que el conjunto de los ciudadanos puede reducirse a la unidad? Es absurdo. la multitud de las singularidades no puede reducirse a la idea de pueblo. El pueblo ha representado durante el periodo moderno una reducción hipostática de la multitud. La soberanía ha reconocido su base en el pueblo y ha transferido su imagen en el pueblo. El engaño de la representación política se ha tejido a través de esos conceptos de soberanía y pueblo. Pero ¿adónde ha ido a parar ese pueblo soberano? Está perdido en la bruma del Imperio; su composición ha sido anulada por la corrupción de la representación. Sólo queda ante nosotros la multitud.

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Blog

Los blogs son sistemas personales, automáticos y sencillos de publicación que, al extenderse, han permitido el nacimiento del primer gran medio de comunicación distribuido de la historia: la blogsfera, un entorno informativo en el que se reproducen los presupuestos, las condiciones y los resultados del mundo pluriárquico. Los bloggers representan lo contrario del periodista. Como los hackers de Himanen, rara vez se especializan, escriben por igual sobre los avatares de su vida personal que sobre temas de actualidad internacional o local. El autor es a veces fuente directa, muchas veces analista de otros bloggers y fuentes y casi siempre seleccionador de terceras fuentes para sus lectores. En los blogs, la vida personal del autor no está separada de la información general y la opinión. Y esa no separación entre vida, trabajo e ideas es una traducción directa de la ética hacker, una negación práctica de la división del trabajo propia de las redes jerárquicas descentralizadas.

David de Ugarte

El poder de las redes, p. 44

Referencias:

Simbiontes

Tipo de interacción biológica en la cual una especie no puede vivir sin la otra, es decir, se benefician mutuamente. A los organismos involucrados se les denomina simbiontes.

Referencias:

Efecto red

Cuantos más miembros tiene una red de usuarios, más valor tiene para un no miembro pertenecer a ella. Aunque cada nuevo usuario aporta menos valor extra a la red que el anterior, la cuestión es que el hecho de consumirlo aporta valor al producto. A este fenómeno se le llama «efecto red».

David de Ugarte

El poder de las redes, p. 51

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QUEER (TEORÍA)

Lo que sigue es una de mis aportaciones a la última edición del Diccionario Crítico de Ciencias Sociales (Román Reyes, Ed.), que en breve aparecerá en papel, pero puede servir igualmente para inaugurar nuestro glosario.

Diego L. Sanromán

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Términos relacionados: género, identidad, performatividad, episteme, régimen de la sexualidad, feminismo, “homosexualidad”, heteronormatividad, diferencia, resignificación.

Este diccionario es queer, raro, loca, dis-locado: descompone, borra las matrices semánticas sobre las que se asienta el poder, difumina los límites, los expone en su desnuda condición de construcción social. Lo queer es el goce de la inventiva y la creatividad perpetuas, es ruptura, espiral carnavalesca, un cuestionarse continuo que no adelanta tramposamente las respuestas. Es lo decidida y salvajemente experimental.

Los diccionarios etimológicos nos informan del carácter incierto del origen del término. Muy probablemente está emparentado con el adjetivo alemán quer, que denota lo transversal, oblicuo y torcido. Parece, con todo, que sus primeros registros escritos aparecen en lengua escocesa allá por el siglo XVI y hacen referencia a lo impar, raro o extraño. Diversos corrimientos semánticos van a permitir que lo queer se identifique con lo descoyuntado, lo que está fuera de sí e incluso con la ebriedad (S. XIX). Queer es el antónimo de straight (recto, derecho, normal). Es además lo chocante y ridículo (puzzle, ridicule), pero sin el disfrute de las connotaciones juguetonas que poseen estos vocablos: lo queer está marcado desde el principio por una sospecha de perversión moral. Ya en el siglo XIX aparece en algunos textos como sinónimo de spoil (despojo).

Curiosamente, entre sus contenidos semánticos se encuentran también algunos de cariz económico y comercial. En tales contextos, se hablaba, por ejemplo, de una queer transaction para referirse a un negocio poco limpio y sospechoso, a una transacción que encerraba una trampa misteriosa. En el inglés británico de comienzos del siglo pasado se decía de alguien que pasaba por apuros financieros que se encontraba in Queer Street (en la calle Queer o en la de la Amargura, si se prefiere). Pero es también a lo largo del siglo XX cuando todos estos contenidos se organizan primariamente en torno al núcleo simbólico del sexo y el género, de los deseos y de los afectos.

Va a ser queer a partir de entonces el rarito (o mejor: rarita), el sospechoso de deseos torcidos, el que oculta el carácter nefando de sus transacciones carnales y libidinales, el otro ridículo y estrambótico: aquel que exhibe un comportamiento que se aleja de lo que su género –es decir, tanto la naturaleza como las buenas costumbres, igualmente naturales- le impone. Hablando claro: el marica, sarasa o maricón, porque de momento aquí las mujeres no pintan nada. Lo que el orden de los afectos y los placeres expulsa más allá de sus límites: en este sentido y como se decía más arriba, los despojos, lo desechable. Ya para el señor John Sholto Douglas, noveno Marqués de Queensberry, los excesos a los que se entregaba su hijo Bosie con el escritor Oscar Wilde era cosa de queers.

 

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