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“Usamos el terrorismo para crear terroristas y derrocar gobiernos” (Wesley Clark)

 

Wesley Clark

LOS DIGGERS ya están aquí. Dig yourselves!

[…] Septiembre de 1966, los Diggers de San Francisco entran en escena. Con su teatro de calle, se apropian del pequeño barrio de Haight Ashbury, transformando a la juventud allí reunida, gracias a la fuerza atractiva de sus actuaciones y al verbo contestatario de sus octavillas, en una multitud activa ganada para la subversión. Hippies porque viven entre los hippies, consumidores, como ellos, de drogas alucinógenas como vía de emancipación, los Diggers, camellos de «ácido social», escupen vitriolo sobre esta comunidad mitificada por los medios, maldiciendo su apoliticismo y el individualismo extático de su llamada revolución psicodélica.
En su teatro, los Diggers invitan a «cualquier loco de la calle» a venir a tomar un estofado caliente, a liberar las mercancías en sus tiendas gratuitas, a celebrar la Muerte del Dinero, etc. El teatro de los Diggers borra las fronteras entre el arte y la vida, entre el espectador y el actor, entre lo público y lo privado. Socava la autoridad bajo todas sus formas, sabotea la «identidad mental institucionalizada y fija» de cada uno y combina, en una palabra única y mágica, Free, el rechazo a la sociedad consumista y los deseos de liberación personal. […]

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Si lo que fundamenta la humanidad es el intercambio, desmontar las bases del intercambio alienado (y alienante) será el punto de partida de la revolución por venir. En este sentido la experiencia Digger tiene mucho que aportar, dado que con su «¡Todo es gratis porque es vuestro!» pusieron en marcha, a través de multitud de iniciativas, la anulación del dinero.
Convertidos en una leyenda con el paso de los años, los Diggers —que tomaron su nombre de un grupo de campesinos pobres ingleses del siglo xvii que se reapropiaron de tierras baldías con la idea de «que los ricos trabajen solos por su lado y que los pobres lo hagan juntos por el suyo»— fueron la sal arrojada a la herida hippie, en el momento que más sangraba, además de la mala conciencia de aquella comunidad que surgió en el barrio de Haight Ashbury (sf, California).

Presentamos ahora la desconocida (al menos para el lector en castellano), sugerente e irreverente historia de los Diggers de San Francisco: uno de los múltiples «orgasmos de la Historia».

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Alice Gaillard es coautora, junto a Céline Deransart y Jean-Pierre Ziren, del documental Les Diggers de San Francisco, un trabajo cinematográfico que complementa a este libro. Con motivo de su realización, Gaillard se ha reencontrado, cuarenta años después, con la mayoría de los miembros originarios del grupo.

La traducción es responsabilidad mía. Por cierto, si quieres leer algo de los propios Diggers, haz clic AQUÍ.

[Diego Luis Sanromán]

GENET ENTRE los Panteras Negras – Entrevista con Michèle Manceaux (1970)

 
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Traducción del francés: Diego L. Sanromán

El autor de Los Negros acaba de pasar más de dos meses en Estados Unidos con los militantes revolucionarios del “Black Panther Party”. En su entrevista con Michèle Manceaux expresa los motivos que lo han llevado a ponerse al servicio de su causa.

¿Cómo llegó a reunirse con los “Panteras Negras” en Estados Unidos?

Jean Genet.- Dos miembros del “Black Panther Party” vinieron a verme a París y me preguntaron qué podía hacer para ayudarlos. Creo que venían con la idea de que les sirviera de ayuda en París, pero les dije: “Lo más sencillo es ir a América”. Me pareció que mi respuesta les sorprendía un poco. Me dijeron: “Pues entonces, venga. ¿Cuándo le parece bien?”. Y contesté: “Mañana”. Lo cual les sorprendió aún más, pero enseguida reaccionaron: “De acuerdo, vendremos a buscarlo”. Así fue cómo ocurrió. Por otra parte, no tenía visado.

¿No tiene usted visado desde que escribió sobre la Convención de Chicago?

J. G.- No, nunca lo he tenido. Me lo deniegan.

Entonces, ¿cómo se las arregla?

J. G.- Es muy fácil pasar la frontera. Haría falta que escritores y sindicalistas franceses fuesen también a América a dar conferencias para el B.P.P. De todos modos, se acaba de crear un comité de solidaridad con el B.P.P. en París.

Su causa tal vez no sea la de ellos. ¿Por qué es la suya?

J. G.- Si soy sincero, he de decir que lo que me afectó en primer lugar no fue su interés por recrear el mundo. Sin duda es algo que llegará y no soy insensible a ello, pero lo que me hizo sentirme cercano a ellos inmediatamente fue el odio que les inspira el mundo blanco, su interés por destruir una sociedad, por quebrarla. Interés que era el mío cuando yo era muy joven, pero yo no podía cambiar el mundo solo. No podía más que pervertirlo, corromperlo un poco. Lo que procuré hacer mediante una corrupción del lenguaje, es decir, en el interior de esa lengua francesa que aparenta ser tan noble, y que, por otra parte, tal vez lo sea; es algo que uno nunca sabe.

¿Se considera usted un revolucionario?

J. G.- Mi situación es la de un vagabundo, y no la de un revolucionario. ¿Cómo quiere usted que me defina a mí mismo? Y además las palabras con las que se me puede etiquetar no tienen ninguna importancia: ladrón, pederasta… ahora revolucionario. No, no me apetece decir que soy revolucionario. Sigue leyendo