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MÁQUINAS RADICALES contra el Tecno-Imperio – Matteo Pasquinelli (2004)

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* VERSIONE IN ITALIANO.

* ENGLISH VERSION.

Cada uno de nosotros es una máquina del real,
cada uno de nosotros es una máquina constructiva.
— Toni Negri

Las máquinas técnicas no funcionan, evidentemente, más que con la condición de no estar estropeadas. Las máquinas deseantes, por el contrario, al funcionar no cesan de estropearse, no funcionan más que estropeadas.El arte a menudo utiliza esta propiedad creando verdaderos fantasmas de grupo que cortocircuitan la producción social con una producción deseante, e introducen una función de desarreglo en la reproducción de máquinas técnicas.
— Gilles Deleuze, Félix Guattari, El Anti-Edipo

¿Qué es la cooperación (1) de los saberes? ¿Cómo funciona la economía del conocimiento? ¿Dónde está el general intellect trabajando? Acérquense a un distribuidor de cigarrillos. La maquinita que ven es la encarnación de un saber científico en dispositivos hardware y software, generaciones de ingeniería estratificadas al uso del comerciante: gestiona automáticamente los flujos de dinero y mercancías, sustituye al ser humano con una interfaz user-friendly, defiende la propiedad privada, funciona gracias a una mínima rutina de control y abastecimiento. ¿Dónde ha terminado el tabaquero? A veces disfruta de su tiempo libre. Otras veces es suplantado por la sociedad que posee la cadena de distribuidores. En su lugar es entendible encontrar a un técnico. Lejos de querer imitar el Fragmento sobre las máquinas de Marx con un Fragmento sobre los distribuidores de cigarrillos, este ejemplo anti-saludable muestra que las teorías del postfordismo cobraron vida en torno a nosotros. Y que las máquinas materiales o abstractas constituidas por la inteligencia colectiva están concatenadas orgánicamente a los flujos de la economía y de nuestras necesidades.

Se habla de general intellect, pero deberíamos hablar en plural. Las formas de la inteligencia colectiva son múltiples. algunas pueden devenir formas totalitarias de control, como la ideología militar-administrativa de los neocons de Bush o del imperio Microsoft. Otras todavía se encarnan en las burocracias socialdemócratas, en los aparatos de control policiales, en la matemática de los especuladores de bolsa, en la arquitectura de la ciudad (paseamos cada día entre concreciones de inteligencia colectiva). En las disutopías de 2001 Odisea en el espacio y Matrix, el cerebro de las máquinas evoluciona en autoconciencia hasta desembarazarse de los seres humanos. Las inteligencias colectivas “buenas”, sin embargo, producen redes internacionales de cooperación como las redes [network] del movimiento global, de los trabajadores precarios, de los desarrolladores de free software, del mediactivismo, producen la cooperación de los saberes en las universidades, las licencias abiertas Creative Commons y hasta proyectos urbanísticos participativos, narraciones e imaginarios de liberación. Sigue leyendo

La Fábrica de la Infelicidad – Franco Berardi ‘Bifo’ (2003)

A diferencia del trabajador asalariado clásico, a quien el empresario debía garantizar una cobertura asistencial, una pensión y vacaciones pagadas, el trabajador autónomo debe hacerse cargo de tal protección, descargando así al capitalista de los costes indirectos del trabajo. Desde el punto de vista cultural, el trabajador autónomo se ve empujado a identificarse psicológicamente con su tarea, a considerar su trabajo como una misión existencial que la sociedad le ha encomendado y a cargar con un logro o un fracaso cuyo significado no es sólo económico. La desafección, que en el caso del trabajador asalariado podía manifestarse frente a su trabajo y a su fábrica, resulta así cancelada de raíz, porque el trabajador se ve empujado a actuar como su propio guardián y a considerar el trabajo como el ámbito de confirmación principal de su vida. En la ideología del trabajo autónomo hallamos huellas evidentes de las culturas que animaron las protestas antiindustriales de los años sesenta y setenta. Pero trabajo autónomo y trabajo creativo no son necesariamente la misma cosa. Al contrario. Podemos definir como autónomo al trabajador que mantiene una relación directa con el mercado, que se dedica a vender directamente el producto de su trabajo a alguien que se lo encarga y que, por tanto, carga sobre sí las funciones económicas y financieras de la empresa. Pero en la mayor parte de los casos, el infotrabajador pone su creatividad y sus conocimientos al servicio de un patrón, según los modos clásicos del trabajo asalariado, a pesar de que no sea personalmente identificable con el viejo patrón de la fábrica, patrón que presenta las características de una sociedad anónima y cuyas decisiones no son discutibles ni cuestionables porque aparecen como el producto de automatismos tecnológicos o financieros. Cuando el trabajo tiende a convertirse en su generalidad en trabajo cognitivo, la cooperación social encuentra en la red su ámbito más adecuado. El trabajo cognitivo se manifiesta como infotrabajo, es decir, como infinita recombinación de miríadas de informaciones que circulan sobre un soporte de tipo digital. Cuando la cooperación social se convierte en transferencia, elaboración y descodificación de informaciones digitalizadas, está claro que la red le sirve de ambiente natural.

El carácter no jerárquico de la comunicación en red se hace predominante en el conjunto del ciclo del trabajo social. Ello contribuye a representar el infotrabajo como trabajo independiente. Pero, como ya hemos visto, tal independencia es una apariencia ideológica, bajo la cual se va formando una nueva forma de dependencia que cada vez tiene menos que ver con la jerarquía formal, con el mando voluntario y directo sobre el gesto productivo. El infotrabajo se encarna cada vez más en la fluidez automática de la red: interdependencia de fragmentos subjetivos separados pero objetivamente dependientes de un proceso fluido, de una cadena de automatismos externos e internos al proceso de trabajo, que regulan cada gesto, cada fragmento de éste. Aquellos que desarrollan tareas ejecutivas, tanto como los que desarrollan tareas empresariales, perciben con agudeza la sensación de depender de un flujo que no se interrumpe y al que no se pueden sustraer sin pagar el precio de la marginación. El control sobre el proceso de trabajo no es realizado por una jerarquía de jefes y jefecillos, como sucedía en la fábrica taylorista, sino que está incorporado al flujo.

Franco Berardi Bifo, La fábrica de la infelicidad. Nuevas formas de trabajo y movimiento global, Traficantes de Sueños, Madrid, 2003, pp. 74-75. Traducción y notas: Manuel Aguilar Hendrickson y Patricia Amigot Leatxe.

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CINE. ‘Il Trasloco’ de Renato de Maria (1991)

[Hacer click sobre la imagen para descargar la película]

Un documental portátil e imprescindible. La mudanza forzada del viejo apartamento de Franco Berardi ‘Bifo’ sirve como punto de partida y excusa para la reconstrucción, a través de la voz y la presencia de algunos de sus protagonistas, del Movimiento boloñés de 1977. Se trata de la primera película de Renato de Maria, autor también de la muy recomendable Paz! (2002), basada en los tebeos de Andrea Pazienza.

El programa puede completarse con: Lavorare con Lentezza – Guido Chiesa (2004).

Psicología crítica

Como siempre, muy recomendable el último número de la revista Archipiélago. Por el momento llevo leidas la entrevista a Guillermo Rendueles y el artículo de Franco Berardi sobre las patologías de la hiperexpresividad.

Rendeules habla sobre el tránsito de la “explotación” a la “persecución”, de la individualización del sufrimiento, y de la gestión “psi”, del abuso del sector farmaquímico, y de las soledades y angustias que encuentran como muro de las lamentaciones la figura del psiquiatra actual. Todo ello con la honestidad, contundencia y compromiso que caracteriza a Rendueles y con su perspectiva de psiquiatra catacaldos, que tiene su mente abierta a cualquier lectura, provenga del campo que provenga.

Franco Berardi (Bifo) continuando con temas anticipados ya en La fábrica de la infelicidad, escribe sobre el tránsito de las patologías de la represión (Freud) a las de la hiperexpresividad, debidas en su opinión, al incremento de la cantidad de información que hay que procesar y sus patologías asociadas (estrés, “ansiedades”, ataques de pánico…), y la consecuente medicalización y gestión de ese shock cognitivo.

Como digo, otro excelente número, de una revista imprescindible en el panorama editorial español.

(José Luis)