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EN LOS ORÍGENES del pensamiento autónomo: obrerismo, post-obrerismo, composicionismo – Franco Berardi ‘Bifo’

Traducción del italiano: Diego L. Sanromán.

La corriente de pensamiento que viene a definirse como “obrerismo” toma forma en Italia a partir de los primeros años sesenta, en un contexto de transformación cultural profunda: por un lado, la crisis del marxismo historicista y dialéctico abre el camino a nuevas formas de pensamiento social. Por otro, surgen formas de lucha obrera que no son reductibles a la tradición de la Tercera Internacional. La vieja división entre lucha sindical y lucha política, tan fundamental para la tradición del movimiento obrero y comunista de observancia leninista, se disuelve y se vuelve imposible distinguir de forma rígida la dimensión económica y la dimensión política de la lucha de clases. De hecho, la integración creciente de los procesos de producción industrial, y sobre todo la integración entre la fábrica y la sociedad, ponen en cuestión durante estos años la vieja distinción y revelan la inmediata vocación política del movimiento de los obreros industriales.

Nuevas temáticas coloreaban el horizonte del pensamiento durante aquellos años: la distinción escolástica entre estructura económica y superestructura ideológica estaba siendo criticada y superada por un pensamiento crítico con vocación humanista, que descubría en la alienación del obrero constreñido a repetir una infinidad de veces gestos sin sentido la principal dimensión del rechazo obrero y de la rebelión contra la organización fordista del trabajo.

El concepto de alienación derivaba su importancia del encuentro entre la fenomenología existencialista y el llamado humanismo marxista, y también del descubrimiento de los Manuscritos económico-filosóficos de Marx. Dicho concepto iluminaba con una luz nueva el proceso de formación de la conciencia social antagonista, anticapitalista y revolucionaria. El conflicto no tenía únicamente sus raíces en la rígida contradicción económica (estructural) ni tenía su razón de ser y su fundamento en la adhesión a la ideología del comunismo y a las formaciones políticas revolucionarias. El rechazo de la explotación y el conflicto social nacían antes que nada de la condición existencial, del tiempo vivido de los trabajadores, de su fatiga, de su tristeza, de su consciencia de que la vida no podía reducirse al trabajo. Sigue leyendo

POR UNA NUEVA política de ‘welfare’ – Andrea Fumagalli (2008)

Andrea Fumagalli enseña Economía Política en la Universidad de Pavía. Sus investigaciones se centran en la transformación del capitalismo y en la hipótesis del capitalismo cognitivo. Ha sido de los primeros que ha defendido en Italia el establecimiento de una renta garantizada. Participa en la organización de la red EuroMayday. Recientemente ha publicado Bioeconomia e capitalismo cognitivo. Verso un nuovo paradigma di accumulazione, (Rome, Carocci, 2007) y, junto a Stefano Lucarelli, Basic Income and Productivity in Cognitive Capitalism ( Review of Social Economics, vol. 68, n° 1, marzo de  2008).

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[Traducción del italiano: Diego L. Sanromán]

Las transformaciones del mercado de trabajo de los dos últimos decenios han hecho urgente una redefinición de conjunto y una rearticulación de las políticas de welfare. Dicha cuestión no siempre ha suscitado el interés adecuado del pensamiento económico de izquierdas y alternativo. En el debate socio-económico actual, dos son las concepciones del welfare que, sobre todo, atraen la atención de los estudiosos y de la política: por un lado, el workfare y, por otro, el welfare público de inspiración keynesiana. Con el término workfare se hace referencia a un sistema de welfare no universalista de tipo contributivo (esto es, en el que cada uno recibe en función de cuánto da, como ya ocurre hoy con la reforma de la seguridad social), estructurado en torno a la idea de proveer una ayuda en última instancia allá donde se den condiciones existenciales que no permiten trabajar y, en consecuencia, acceder a aquellos derechos que sólo la prestación laboral está en condiciones de garantizar. La idea de workfare es, por otra parte, complementaria de los proyectos de privatización de buena parte del welfare público, empezando por la sanidad, la educación y la seguridad social. Tales proyectos encuentran hoy su fundamento en el llamado ‘principio de subsidiariedad’, según el cual, en las materias que no son de competencia propia exclusiva, pueden intervenir niveles superiores de gobierno (i.e., el Estado) sólo y en la medida en que se considera que los niveles inferiores (i.e., las Regiones) no están condiciones de conseguir los objetivos previstos de manera satisfactoria. Traducido a la práctica, esto significa que la intervención pública puede tener razón de ser sólo donde la iniciativa privada no está en condiciones o no considera conveniente intervenir. Mientras, por otro lado, el workfare tiene como objetivo inmediato y parcial sólo a quien se encuentra fuera del mercado de trabajo, como los parados y los jubilados que cobran las pensiones más bajas, y se basa en la neta distinción entre políticas sociales y políticas laborales. Un concepto, pues, meramente fordista con el añadido de un marco neoliberal conforme al modelo anglosajón: incentivos al trabajo y estado social mínimo. El protocolo sobre welfare, competitividad y mercado de trabajo del 23 de julio de 2007, destilado por el entonces ministro de Trabajo Cesare Damiano, quería representar su aplicación en Italia. El decreto 112 del último agosto, que anticipa las líneas de la Ley Presupuestaria para el trienio 2009-2011, sanciona su realización. Lo confirman los recortes en el gasto destinado a ciertos ministerios en el desarrollo de sus competencias: 8400 millones de menos para 2009, que se convertirán en 15600 millones en 2011. Lo confirma la reescritura del pacto de estabilidad con los entes locales (reducción de cerca de 3000 millones en 2009 y de 9000, en 2011) que traerá consigo la simpática consecuencia de aumentar las tarifas de los servicios públicos en perjuicio de los residentes o de proceder a ulteriores privatizaciones. Lo confirman también los recortes al fondo nacional para el sistema sanitario nacional, que conocerá, en 2009, una reducción del gasto sanitario de casi el 3% en términos reales y del 2% en 2011, con la consiguiente reducción de camas hospitalarias y de gastos para el personal (bloqueo de los turnos, redimensionamiento de los fondos para la contratación complementaria, etc.). Lo confirma el inicio de un principio de desmantelamiento de las universidades públicas en beneficio de su transformación en fundaciones de derecho privado (¡ni siquiera de derecho público!). Pero esto no basta, aún hay más. Como toda buena política de workfare exige, también están obviamente presentes las intervenciones en el ámbito del mercado de trabajo y de la subsistencia (aunque sólo para los ciudadanos italianos autóctonos). Y ahí tenemos, entonces, la controvertida norma sobre los trabajadores precarios, que tan sólo prevé una escasa compensación monetaria para los trabajadores con contrato de duración determinada en contencioso con los empleadores, y ya no su contratación, con lo que vuelve ‘legalmente’ estructural, vitalicia, la precariedad. Y, paralelamente, hace su aparición la limosna de una ‘social card’ (según el modelo de las cartillas de racionamiento del período bélico) que permite la adquisición de bienes alimentarios de primera necesidad a los indigentes. Sigue leyendo

MÚSICA. Comuntwist – 99 Posse (2001)

[Vídeo de Antonio Bocola & Paolo Vari]

Perché quando il compagno Marx / si portava ancora non male / il nemico del popolo era / il padrone ed il capitale, / ma adesso che non va più / e lo stato sociale è finito / il nemico del povero è / il più povero e così all’infinito

Quando era piccolino papà
tutta la gente onesta e timorata
con lui nun ce vuleva parlà
e se ne allontanava skifata
Papà non era brutto però
studiava tra i borghesi più in vista
pe lloro era ’o culera pecché
papà era un convinto comunista
Sono passati trent’anni e più
e oggi pure un nullatenente
non é più comunista perché
non è di moda, non è più trend
Ma il trend l’informazione lo fa
e siamo tutti quanti borghesi
borghesi un poco maso pecché
ce piace ’e abbuscà â fine r’ ’o mese

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CINE. ‘Il Trasloco’ de Renato de Maria (1991)

[Hacer click sobre la imagen para descargar la película]

Un documental portátil e imprescindible. La mudanza forzada del viejo apartamento de Franco Berardi ‘Bifo’ sirve como punto de partida y excusa para la reconstrucción, a través de la voz y la presencia de algunos de sus protagonistas, del Movimiento boloñés de 1977. Se trata de la primera película de Renato de Maria, autor también de la muy recomendable Paz! (2002), basada en los tebeos de Andrea Pazienza.

El programa puede completarse con: Lavorare con Lentezza – Guido Chiesa (2004).

Teoría y praxis. La experiencia del obrerismo italiano – Máximo Modonesi

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A Bernardo Bader, amigo entrañable

“Decisiva fue, entonces, la percepción de una posibilidad: la de concebir el trabajo asalariado como el episodio de una biografía, en lugar que una como cadena perpetua.”

Paolo Virno

“Alguien era comunista porque estaba tan fascinado con los obreros que quería ser uno de ellos.

Alguien era comunista porque estaba harto de ser obrero.”

Giorgio Gaber

Los años sesenta y setenta fueron los años de la llamada “nueva izquierda”, de la difusión -en el torrente de las luchas sociales- de las heterodoxias marxistas y socialistas, una época crucial cuyo análisis es indispensable para entender a la izquierda actual: sus miserias, sus riquezas y sus potencialidades. En estos veinte años de luces y sombras, de victorias y derrotas, en Italia destacó una experiencia política que, en la mejor tradición del marxismo, combinaba teoría y praxis: el obrerismo.

El obrerismo, como perspectiva teórica y como movimiento político, durante dos decenios cimbró la hegemonía del Partido Comunista Italiano (PCI), “el más poderoso de occidente” y marcó la historia del movimiento socialista en Italia, dejando huellas que llevan hasta nuestros días.

En una de las mejores historias de la Italia republicana, Enzo Santarelli sintetiza así el alcance del obrerismo: “un valor disruptivo: algo similar al sindicalismo revolucionario en otros tiempos, rehabilitan el debate y estimulan la acción. No hay sólo una intuición segura –el potencial despertar de la clase obrera–, sino también un método –la encuesta social– y una perspectiva –la democracia obrera–”.

En estas pocas páginas, trataré de dar cuenta de esta experiencia, articulando sus inseparables dimensiones teóricas y políticas, para esbozar unas reflexiones que la pongan en perspectiva.

El obrerismo, como toda corriente de pensamiento, puede reconocerse en función de dos niveles paralelos y articulados de debate: el debate hacia fuera que lo delimita como propuesta teórica y el debate interno que marca las líneas de tensión que lo caracterizan en su desarrollo. En la economía de este ensayo, privilegiaré el primer nivel, buscando sintetizar las coordenadas fundamentales que hicieron del obrerismo una página importante en la historia del pensamiento socialista que no deja de ser sugerente.

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