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Katehon Think Tank

El Centro de análisis “Katehon” es una comunidad independiente de expertos de diferentes países dedicados a la investigación en diversos campos, incluyendo el análisis político, geoestratégico y geopolítico de eventos internacionales. El grupo está formado por pensadores políticos, investigadores en el campo de las relaciones internacionales, expertos en seguridad y actividades en la lucha contra el terrorismo y periodistas que trabajan en el campo de las relaciones internacionales: la geopolítica, la política étnica y el diálogo interreligioso. En el Centro de análisis “Katehon” somos firmes partidarios de un mundo multipolar y por lo tanto defendemos un visión del mundo pluricéntrica definida a partir de un equilibrio internacional de poderes. Rechazamos y desafiamos cualquier tipo de orden mundial unipolar y la hegemonía mundial.

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SERVIRSE DE los escritos de Carl Schmitt… – Jean-François Kervegan (2005)

Traducción del francés: Diego L. Sanromán.

Periódicamente, la cuestión vuelve a salir a la superficie. ¿Hay que leer a Carl Schmitt y a Heidegger? O mejor dicho: ¿se les puede leer y discutir como pensadores de envergadura cuando se conoce (¿y cómo no conocerlo?) la intensidad y, en el caso de Schmitt, la duración de su adhesión activa al nacional-socialismo, así como su contribución a su parte peor, un delirante antisemitismo? Por haber consagrado algunos años a estudiar en particular los escritos del primero de dichos autores (y leído atentamente, como cualquier filósofo de profesión, los del segundo), me gustaría señalar algunas razones por las que estos “casos” exigen una respuesta matizada y argumentada. Me limitaré únicamente a Schmitt, dejando a los numerosos especialistas en Heidegger (que, por otro lado, no se expresan con voz unánime sobre este tipo de temas) la tarea de proveer argumentos apropiados a este último caso, en parte diferente.

1. ¿Carl Schmitt fue nazi y antisemita? Evidentemente, y todo el mundo (es una manera de hablar…) lo sabe o debería saberlo desde hace tiempo. Por otro lado, él mismo hizo todo lo que estaba en su mano, en particular entre los años 1933 y 1938, para que tal cosa se supiese. El hecho de que éste haya sido también el caso de más del 80 % de los universitarios alemanes, especialmente entre los juristas y los filósofos, es un elemento que conviene tener presente, pero que en modo alguno constituye una circunstancia atenuante. Durante este periodo (aunque también más tarde: Schmitt sólo atemperó su abierta adhesión al nazismo después de Stalingrado, y aún se encuentran trazos antisemitas en algunos de sus escritos de posguerra), los textos que conforman su contribución al esfuerzo hitleriano de movilización de las conciencias son perfectamente conocidos por los juristas y los filósofos. Hace tiempo que han sido leídos, comentados y denunciados; pienso en particular, por lo que se refiere a lo años 1930-1940, en las reacciones de Löwith, de Marcuse o Lukàcs. Estos escritos nazis constituyen, en efecto, un monumento a la abyección: así lo señalaba en 1992, en mi libro sobre Hegel y Schmitt, y lo he analizado con detalle en un artículo aparecido en 1991 y, más recientemente, en otro artículo publicado en Le Débat. ¿Por qué, entonces, aquellos que, como yo mismo, han creído que, a pesar de todo, debían cierta atención a la obra de Schmitt, no han situado estos textos en el centro de sus investigaciones, como se sugiere deberían haber hecho? Sencillamente, porque estimaban (tal es, en todo caso, mi posición) que si Schmitt no hubiese escrito más que esto, no habría que dedicarle ni una sola hora de esfuerzo. Sigue leyendo