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Wittgenstein; Neurath y las ciencias sociales (Observaciones sobre Rusia, el marxismo y las revoluciones) | Ignacio Ayestarán

“…recorrido por la percepción que Wittgenstein tuvo en su época de Rusia, del marxismo y de las revoluciones, aunando lo mismo reflexiones biográficas como filosóficas, tal y como las vivió y expresó el filósofo austriaco. En ello se mostrará la diferencia que hay entre Wittgenstein y el planteamiento del Círculo de Viena y del programa sociológico de Neurath, entre otros ítems.”

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MARX: 11 Tesis (Diego Fusaro) y 6 Escolios (Diego L. Sanromán)

Hace algunos días o semanas, José Luis Redón llamaba la atención del grupo que Multitud mantiene en Facebook sobre la publicación del último libro de Diego Fusaro, Bentornato Marx! Rinascita di un pensiero rivoluzionario. Según señalaba en su comentario, el texto venía apadrinado por Gianni Vattimo y estaba dando algo que hablar en Italia. A mí me entró la curiosidad, decidí indagar en la Red y me topé con las 11 tesis que vienen a continuación en el blog del autor. He de advertir, desde el principio, que aún no he leído Bentornato Marx! y que, en consecuencia, violo con total descaro la recomendación hecha por Fusaro al comienzo del texto que se puede leer aquí; sin embargo, las tesis me resultaron lo suficientemente interesantes como para verterlas al castellano y someterlas a un breve comentario. Propongo ahora a vuestra consideración tanto sus tesis como mis escolios.

11 Tesis sobre Marx

El Marx que encontraréis en mi libro Bentornato Marx! Rinascita di un pensiero rivoluzionario (Bompiani, 2009, http://www.filosofico.net/bentornatomarx.htm) es del todo incompatible con cualquiera de las formas tradicionales de entender a Marx. Mi Marx es filósofo, libertario, discípulo de Fichte y de Hegel; no marxista, sino idealista; pensador no de lo colectivo, sino de las individualidades particulares liberadas de la alienación, y así sucesivamente. Todos los paradigmas aceptados por inercia quedan patas arriba. Lo que yo propongo es, en definitiva, una “reorientación gestáltica” de Marx: donde hasta ahora habíamos visto un ganso, intentemos ver un conejo. En 1845, Marx escribe las famosas 11 Tesis sobre Feuerbach. Me permito enunciar aquí mis once tesis sobre Marx, que encontraréis desarrolladas (y argumentadas) en el libro. Precisamente porque se trata de “tesis” apresuradas y no argumentadas, pido al lector que tenga paciencia para leer el libro antes de “señalarme con el dedo” y acusarme.

1) Marx no fue en absoluto el fundador del Marxismo, pues el Marxismo fue fundado por Engels y Kautsky bajo la forma de una dogmatización doctrinal del pensamiento de Marx, pensador de la crítica y, por esta misma razón, incompatible con cualquier dogmatización. La Kritik marxiana queda transformada (y, en consecuencia, transfigurada) por Engels y Kautsky en una Weltanschauung granítica. El marxismo fue, pues, en realidad, un “engelsismo”.

2) Marx tomó distancias con respecto al marxismo, es decir con respecto a la sistematización dogmática de su pensamiento emprendida cuando aún estaba en vida: “Todo lo que sé es que yo no soy marxista”, dijo una vez, y criticó punto por punto al nuevo movimiento marxista (Crítica del Programa de Gotha, que concluye con la expresión sintomática: “dixi et salvavi animam meam”). Sigue leyendo

“LA FILOSOFÍA consuma la ruptura con los ídolos”. Entrevista con René Schérer (2007)

Traducción del francés: Diego L. Sanromán

Con ocasión del lanzamiento del libro Après tout – Entretiens sur une vie intellectuelle, el filósofo furierista René Schérer repasa una trayectoria marcada por las luchas políticas, las utopías de Mayo del 68, la Universidad de Vincennes, y también por sólidas amistades filosóficas.

La Universidad de Vincennes se creó en 1969. ¿Reunía las condiciones de posibilidad de una filosofía del deseo?

RS.- Vincennes se creó con un espíritu nuevo, tanto en lo que se refería al contenido de los cursos como al funcionamiento de la enseñanza y las relaciones con los estudiantes. A diferencia de las clases que había dado en la Sorbona, en Vincennes elegí de entrada a autores que me apasionaban, como Charles Fourier, y temas como los problemas de la infancia y de la sexualidad. Vincennes constituyó un núcleo central muy atractivo. La presencia de los enseñantes respondía a un deseo. Se trataba, sin duda, de una intención apasionada e intencionadamente nueva, movida por una adhesión profunda. En un sentido más restringido, lo que se llamó “filosofía del deseo” se reagrupó, entre otros, en torno al Anti-Edipo y Mil Mesetas de Deleuze y Guattari y a mis clases con Guy Hocquenghem. Otros como Bensaïd, Châtelet o Henri Weber se vinculaban más cómodamente a la política. Una filosofía política que no habría figurado en ningún otro lugar porque estaba demasiado comprometida. También otras disciplinas, consideradas extra-universitarias, hicieron su entrada en Vincennes, como las ciencias de la educación, del cine o de las artes.

Usted afirma que la filosofía no se reduce al concepto. ¿Cómo define usted la filosofía?

RS.- El uso del término ‘concepto’ es válido a condición de que se incluya en dicha definición a filosofías enemigas y hostiles a la conceptualización, tal como hizo Deleuze. Por ejemplo, Kierkegaard, que siempre luchó contra la idea del concepto para dejar espacio a la vida, a la intuición, a la sensibilidad y a la existencia. Deleuze tampoco limitaba el concepto a esa noción demasiado intelectualizada que puede encontrarse en la definición kantiana, como opuesto a la intuición, y en Hegel, para el cual toda la historia es el desarrollo del concepto. A no ser que se entienda por concepto el pensamiento de la vida misma, la apertura de la filosofía a la comprensión de experiencias. En el fondo, filosofar es introducir permanentemente en la experiencia una comprensión de lo que ésta puede ser. La filosofía es una apertura a la experiencia. Pero la comprensión procede igualmente de esa experiencia a la que uno se abre. Uno se topa así con la cuestión de la formación del concepto. Sigue leyendo

PENSAR la lucha – Daniel Bensaïd

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[Traducción del francés: Diego L. Sanromán]

Hace 25 años, Marx era considerado un perro muerto en el mejor de los mundos liberales posibles. Su espectro sonriente está hoy de regreso. Su actualidad es sencillamente la del capital mundializado.

En la época de la mundialización victoriana, “la inmensa acumulación de mercancías” estaba todavía en sus comienzos. Pero Marx no se contentó con explorar la gran pirámide. Su crítica de la economía política aspiraba a penetrar su secreto, a descifrar sus hieroglifos, a demostrar su lógica. Para superar sus propios límites, el capital está obligado a ampliar sin cesar el círculo de su acumulación y a acelerar el ciclo de sus rotaciones. Al hacer de todo mercancía, el capital devora el espacio y desquicia el tiempo. Sigue leyendo

CONTROL Y DEVENIR. Negri entrevista a Deleuze (1990)

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En su vida intelectual el problema de lo político parece haber estado siempre presente. Por una parte, la intervención en los movimientos de las prisiones, de los homosexuales, de la autonomía italiana, de los palestinos; por otra parte, la problematización constante de las instituciones, que se busca y se entremezcla en su obra desde el libro sobre Hume1 hasta el libro sobre Foucault2 . ¿De dónde viene esta aproximación continua a la cuestión de lo político y cómo tal cuestión logra mantenerse siempre presente en el curso de su obra? ¿Por qué la relación movimiento-instituciones es siempre problemática?

Me interesaban los movimientos, las creaciones colectivas, y no tanto las representaciones. En las “instituciones” hay todo un movimiento que se distingue a la vez de las leyes y de los contratos. Al comienzo me interesé más por el derecho que por la política. Yo encontraba en Hume una concepción muy creadora de la institución y del derecho. Y lo que me gustaba en Masoch y Sade3 eran las concepciones completamente torcidas, del contrato según Masoch y de la institución según Sade, relacionadas con la sexualidad. Aún hoy, el trabajo de François Ewald para restituir una filosofía del derecho me parece esencial. No es que me interese la ley ni las leyes (ley es una noción vacía y leyes son nociones serviles) ni siquiera el derecho a los derechos; lo que me interesa es la jurisprudencia. Porque lo que verdaderamente es creador de derecho es la jurisprudencia. Sería importante que ella no sólo quedara confiada a los jueces. Los escritores deberían leer no tanto el código civil sino, sobre todo, los atados de jurisprudencia. Hoy, por ejemplo, se sueña ya con establecer el derecho de la biología moderna; pero todo en la biología moderna, en las nuevas situaciones que ella crea, en los nuevos acontecimientos que hace posibles, es asunto de jurisprudencia. Y de lo que hay necesidad no es de un comité de sabios, moral y pseudocompetente, sino de grupos de usuarios. Ahí es cuando se pasa del derecho a la política. En cuanto a mi paso a la política lo viví en carne propia en Mayo del 68, a medida que entraba en contacto con problemas precisos y gracias a Guattari, gracias a Foucault, gracias a Elie Sambar. El Anti-Edipo4 fue por completo un libro de filosofía política. Sigue leyendo