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La exigencia de un habla plural. literatura, pensamiento y comunidad en la obra de Maurice Blanchot | Idoia Quintana Domínguez

Tesis doctoral

La ilusión democrática – René Schérer (1997)

Traducción del francés : Diego Luis Sanromán.

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Vosotros, pueblos modernos, no tenéis esclavos, vosotros lo sois

El debate sobre la democracia directa sin duda atestigua una profunda inquietud, una legítima sospecha con respecto a la evidencia democrática, a ese consenso del que hacen alarde y se enorgullecen los regímenes occidentales frente al resto del planeta, de esa forma política, en fin, que pretenden propagar e imponer universalmente.

Democracia es una bonita palabra, una palabra ineludible en su oposición al totalitarismo o a la dictadura. Pero ¿es algo aparte de una palabra? ¿Algo aparte de una consigna? Mucho más difícil resulta formar y formular un concepto claro. Un concepto en el centro del cual brille esa noción ambigua y –lo sabemos de sobra- falaz, de “directa”, que a menudo se ha vuelto contra la democracia misma.

Aunque no tengo la pretensión de que la problemática de la “democracia directa” esté ya presente toda entera en J. J. Rousseau, sí creo que el recurso al Contrato Social resulta particularmente esclarecedor si se quieren establecer sus bases conceptuales, deshacer el embrollo y llegar a comprender cuál es aquí, con exactitud, el problema.

Mi propuesta consiste, pues, en referirme enseguida al Contrato Social, apoyándome en sus puntos fuertes y destacados, que constituyen algo más que un trasfondo de interés exclusivamente erudito e histórico, pues siguen estructurando la reflexión actual. Estos puntos –no señalaré sino tres- son la representatividad parlamentaria, la relación de la soberanía popular con el gobierno y la soberanía popular en sí misma; es decir, la voluntad general y su expresión. En todos estos niveles, en torno a estos tres puntos, Rousseau resalta una dificultad inherente a la expresión democrática, una división y una separación que obstaculiza la transparencia de las relaciones; una pantalla que viene a interponerse en el camino de la expresión.

Al mismo tiempo que sitúa en el pueblo la condición misma de posibilidad de un estado racional y libre, Rousseau revela la existencia, en el propio corazón de la democracia, a poco que se quiera expresar ésta en su concepto y su perfección, de una imposibilidad. La democracia está presa en un juego de lo posible y lo imposible, que también puede interpretarse como abriendo y ocupando a su rededor un espacio utópico específico capaz de despertar y de dejar que se despliegue la reflexión.

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TAMBIÉN ha llegado Blanchot

Escritor, crítico y periodista, Maurice Blanchot (1907-2003) es una figura a la vez destacada y enigmática en el pensamiento francés y la literatura del siglo veinte. Su obra ha tenido una gran influencia en la filosofía y la escritura de Foucault, Derrida, Jean-Luc Nancy y muchos otros. Sin embargo, su pensamiento político es menos conocido.

Su violenta radicalidad incomoda incluso a muchos de sus seguidores. Los textos y declaraciones reunidos aquí por primera vez fueron escritos para revistas efímeras e incluso a veces confidenciales y aparecieron firmados por muchas personas (para manifestar así un movimiento colectivo) o por nadie (para que cualquiera pudiera sentirse responsable).

Desde la afirmación del derecho a la insumisión en la Guerra de Argelia hasta la revuelta de Mayo del 68, Blanchot, maestro del lenguaje indirecto e inacabado, escribe palabras cristalinas y directas para invocar la fuerza común y anónima del rechazo, la fuerza amistosa del NO. Ese NO que no es la expresión de un juicio o de una condena desde la distancia, sino que es la efectuación de una ruptura.

Comunidad anónima de nombres, potencia del rechazo, muerte política, palabra infinita e incontrolable… Hoy, cuando se extiende por todas partes una atmósfera gelatinosa de posibilismo y consenso, las intervenciones de Maurice Blanchot tienen el poder de interpelar, interrogar y sacudir nuestro presente como si no hubiese pasado un solo día desde que fuesen escritas. No es poco.

La obra política de Blanchot va precedida de un magnífico texto introductorio de Marina Garcés, de Espai en Blanc. De la traducción sólo se me puede culpar a mí. Podéis leer algunas muestras de lo que os váis a encontrar en el libro AQUÍ, AQUÍ y AQUÍ.

[Diego Luis Sanromán]

¡CORRE, CAMARADA, EL 68 TE PERSIGUE! Afirmar la Ruptura – Maurice Blanchot (1968)

Traducción: Diego L. Sanromán.

1. El fin último, es decir, también inmediato, evidente, es decir, oculto, directo-indirecto: afirmar la ruptura. Afirmarla: organizarla haciéndola cada vez más real y más radical.

¿Qué ruptura? La ruptura con el poder y, en consecuencia, con la noción de poder, y, en consecuencia, en cualquier lugar en que predomine un poder. Esto vale, sin duda, para la Universidad, para la idea de saber, para la relación de la palabra enseñante, dirigente y acaso para cualquier palabra, etc., pero vale todavía más para nuestra propia concepción de la oposición al poder, cada vez que dicha oposición se constituye en partido de poder.

2. Afirmar radicalmente la ruptura: esto equivale a decir (es el primer sentido) que estamos en estado de guerra contra lo que es, en todos lados y en todo momento, que no tenemos relación sino con una ley que no reconocemos, con una sociedad cuyos valores, verdades, ideal y privilegios nos son extraños, que nos las tenemos que haber con un enemigo tanto más temible cuanto más complaciente, con el cual debe quedar claro que, bajo ninguna forma, ni siquiera por razones tácticas, pactaremos jamás.

3. Producir la ruptura no es sólo apartar o intentar apartar de su integración en la sociedad establecida a las fuerzas que tienden a la ruptura; es hacer de tal forma que, cada vez que se lleva a cabo y sin dejar de ser rechazo efectivo, el rechazo no sea un momento solamente negativo. Ahí se encuentra, política y filosóficamente, uno de los rasgos más fuertes del movimiento. En este sentido, el rechazo radical, tal como éste lo produce y tal como también nosotros debemos producirlo, supera con mucho la simple negatividad, por más que sea negación incluso de lo que todavía no ha sido propuesto y afirmado. Poner en claro el rasgo singular de este rechazo es una de las tareas teóricas del nuevo pensamiento político. Lo teórico no consiste evidentemente en elaborar un programa, una plataforma, sino, al contrario, en mantener, al margen de todo proyecto programático e incluso de todo proyecto, un rechazo que afirma, en liberar o mantener una afirmación que no ordena, sino que desordena y se desordena, pues guarda relación con el trastorno y el desasosiego, o incluso con lo no-estructurable. Es a esta decisión del rechazo, que no es un poder, ni poder de negar, ni negación frente a una afirmación siempre previamente planteada o proyectada, a la que se designa cuando, en el proceso “revolucionario”, se hace intervenir a la espontaneidad; con la reserva de que dicha noción de espontaneidad es, en muchos aspectos, poco digna de confianza y vehículo de más de una idea dudosa: por ejemplo, cierta especie de vitalismo, de auto-creatividad natural, etc.

[Fuente: Maurice BLANCHOT, Écrits Politiques (1953-1993), Éditions Gallimard, Paris, 2008, pp. 182-3.]

– MÁS BLANCHOT EN AMPUTACIONES.