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“Todo sirve a la barbarie futura…”

Todo sirve a la barbarie futura, el arte y la ciencia actuales incluidas. El hombre culto ha degenerado hasta convertirse en el mayor enemigo de la cultura, pues se empeña en disimular la enfermedad general y se torna un obstáculo para los médicos.

Nuestra época,

Nietzsche

Neutralización. Estado de cosas en el que la política se asfixia bajo el dominio del peor de los regímenes conocidos, el último, el actual.

Todavía no tenemos un nombre para esta forma de opresión, de asfixia. Podemos llamarlo fascismo, pero es otra cosa peor. El fascismo es visible; lo que hay hoy en Occidente, es su desarrollo monstruoso enmascarado. Este fascismo, no golpea, no asesina, no encarcela: informa. Construye capas infinitas de discursos, de mundos, de sueños que encadenan con cadenas invisibles. Y lo que es peor, sus víctimas, disfrutan compartiendo esos sueños, las novedades, lo último…

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Commonwealth: El proyecto de una revolución del común

“¿Cómo podemos transformar la indignación y la rebelión en un proceso constituyente duradero? ¿Cómo pueden convertirse en poder constituyente los experimentos de democracia, no sólo democratizando una plaza pública o un barrio, sino inventando una sociedad alternativa que sea verdaderamente democrática? Éstas son algunas de las preguntas que investigamos y que intentamos responder en este libro”

Los lectores de Michael Hardt y Antonio Negri, ya disponemos del tercer libro de la trilogía iniciada con Imperio. Que aproveche.

CINE. Antonio Negri. The Revolt that Never Ends – Alexandra Weltz & Andreas Pichler (2004)

MICHAEL HARDT en entrevista con Harry Kreisler (2004)

SOBRE EL IMPERIO DEL KAPITAL, (Algunos párrafos seleccionados del prefacio del libro “Imperio” de Hardt y Negri)

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Hola. Para todas y todos los que, “gracias” a las nuevas formas de dominación del capitalismo: precariedad en el empleo, cuando no neo-esclavismo en algunos países, producción hasta por parte de los más miserables reciclando basuras, formación continua en tiempo extralaboral para poder seguir accediendo al mercado del trabajo (en realidad eufemismo para no decir el mercado del tiempo irrepetible de nuestra singular vida), compaginación del trabajo mal pagado con la vida familiar en la cual con uno o dos hijos ya basta porque no hay manera, pluriempleo para llegar a fin de mes, empleo basura, agencias de empleo que esquilman vuestro sueldo, empresas de trabajo temporal, subcontratas, privatización de los trabajos públicos eliminando plazas de trabajo público que eran fijas,  jornadas extenuantes a base de horas extras mal pagadas y hechas porque si no te tiran a la calle y traen a otro, para pagar las hipotecas de las burbujas inmobiliarias, persecución de los inmigrantes “ilegales” que solo han venido a labrarse una nueva vida, etcétera, etcétera, etcétera… Y todas estas cosas feas del kapital que cada vez más hacen sonar aquello del “Estado del Bienestar” como algo burlón, una burla a todo lo que significó y consiguió el movimiento obrero en el siglo XX. Para todas y todos los que  gracias a estas nuevas formas de dominación de tiempos y cuerpos, decíamos, no tenéis tiempo para dedicar a leer sobre el tema de las nuevas formas de dominación capitalista, os hemos seleccionado unos parrafitos sencillos de leer del prefacio del libro de Michael Hardt y Antonio Negri, “Imperio”. Rápidamente os pondréis en situación sobre como trabajan ahora los amos. Pero que recuerden:  La partida no ha terminado, el fin de la historia es una mentira de Fujuyama y… ¡Todas y Todos Somos Espartaco!.

 

“El Imperio se está materializando ante nuestros ojos. Durante las últimas décadas, mientras los regímenes coloniales eran derrocados, y luego, precipitadamente, tras el colapso final de las barreras soviéticas al mercado capitalista mundial, hemos sido testigos de una irresistible e irreversible globalización de los intercambios económicos y culturales. Junto con el mercado global y los circuitos globales de producción ha emergido un nuevo orden, una nueva lógica y estructura de mando –en suma, una nueva forma de soberanía. El Imperio es el sujeto político que regula efectivamente estos cambios globales, el poder soberano que gobierna al mundo.

Muchos sostienen que la globalización de la producción capitalista y el intercambio significa que las relaciones económicas se han vuelto más autónomas de los controles políticos, y que, consecuentemente, ha declinado la soberanía política. Algunos celebran esta nueva era como la liberación de la economía capitalista de las restricciones y distorsiones que las fuerzas políticas le habían impuesto, otros se lamentan por el cierre de los canales institucionales a través de los cuales los trabajadores y ciudadanos podían influir o responder a la fría lógica de la ganancia capitalista. Ciertamente es verdad que, frente al proceso de globalización, la soberanía de los Estados-naciones, aunque aún es efectiva, ha declinado progresivamente. Los factores primarios de la producción y el intercambio –dinero, tecnología, gente y bienes– se mueven con creciente facilidad a través de los límites nacionales; por lo que el Estado-nación posee cada vez menos poder para regular estos flujos e imponer su autoridad sobre la economía. Incluso los Estado-nación más poderosas ya no pueden ser consideradas como autoridades supremas y soberanas, tanto fuera como dentro de sus propias fronteras. La declinación de la soberanía de los estados-naciones, sin embargo, no significa que la soberanía como tal haya declinado. De un extremo a otro de las transformaciones contemporáneas, los controles políticos, las funciones del Estado y los mecanismos regulatorios han continuado dirigiendo el reino de la producción económica y social y del intercambio. Nuestra hipótesis básica es que la soberanía ha tomado una nueva forma, compuesta por una serie de organismos nacionales y supranacionales unidos bajo una única lógica de mando. Esta nueva forma global de soberanía es lo que llamamos Imperio.

(…)

El pasaje al Imperio emerge del ocaso de la moderna soberanía. En contraste con el imperialismo, el Imperio no establece centro territorial de poder, y no se basa en fronteras fijas o barreras. Es un aparato de mando descentrado y deterritorializado que incorpora progresivamente a todo el reino global dentro de sus fronteras abiertas y expansivas. El Imperio maneja identidades híbridas, jerarquías flexibles e intercambios plurales por medio de redes moduladoras de comando. Los diferentes colores del mapa imperialista del mundo se han unido y fundido en el arco iris imperial global.

La transformación de la geografía moderna imperialista del mundo y la realización del mercado mundial señalan un pasaje dentro del modo capitalista de producción. Más aún: la división espacial de los tres Mundos (Primero, Segundo y Tercer Mundo) se ha entremezclado de modo tal que hallamos continuamente al Primer Mundo en el Tercero, al Tercero en el Primero, y al Segundo, en verdad, en ningún lado. El capital parece enfrentar a un mundo suavizado –o, realmente, un mundo definido por nuevos y complejos regímenes de diferenciación y homogeneización, deterritorialización y reterritorialización. La construcción de los pasajes y límites de estos nuevos flujos globales ha estado acompañada por una transformación de los propios procesos productivos dominantes, con el resultado que el rol del trabajo fabril industrial ha sido reducido y la prioridad otorgada al trabajo cooperativo, comunicacional y afectivo. En la posmodernización de la economía global, la creación de riqueza tiende cada vez más hacia lo que denominamos producción biopolítica, la producción de la misma vida social, en la cual lo económico, lo político y lo cultural se superponen e infiltran crecientemente entre sí.

(…)

Debemos enfatizar que aquí utilizamos la palabra “Imperio” no como una metáfora, que requeriría demostrar las semejanzas entre el mundo actual y los Imperios de Roma. China, las Américas y demás, sino como un concepto, que pide primariamente un acercamiento teórico. El concepto de Imperio se caracteriza fundamentalmente por una falta de fronteras: el mando del Imperio no tiene límites. Primero y principal, entonces, el concepto de Imperio incluye a un régimen que, efectivamente, abarca a la totalidad espacial, o que, realmente, gobierna sobre todo el mundo “civilizado”. Ninguna frontera territorial limita su reinado. Segundo, el concepto de Imperio no se presenta a sí mismo como un régimen histórico originado en la conquista, sino como un orden que, efectivamente, suspende la historia, y así fija el estado existente para la eternidad. Desde la perspectiva del Imperio este es el modo en que serán siempre las cosas, y el modo en que siempre debió ser. El Imperio presenta su mando no como un momento transitorio en el movimiento de la historia, sino como un régimen sin límites temporales, y, en este sentido, fuera de la historia, o en el fin de la historia. Tercero, el mando del Imperio opera sobre todos los registros del orden social, extendiéndose hacia abajo, a las profundidades del mundo social. El Imperio no sólo maneja un territorio y una población, sino que también crea al mundo que habita. No sólo regula las interacciones humanas, sino que también busca, directamente, regir sobre la naturaleza humana. El objeto de su mando es la vida social en su totalidad, y por esto el Imperio presenta la forma paradigmática del biopoder. Finalmente, aunque la práctica del Imperio está continuamente bañada en sangre, el concepto de Imperio está siempre dedicado a la paz –una paz perpetua y universal, fuera de la historia.

El Imperio que enfrentamos ejerce enormes poderes de opresión y destrucción, pero este hecho no debe hacernos sentir nostalgia por las viejas formas de dominación. El pasaje hacia el Imperio y su proceso de globalización ofrece nuevas posibilidades a las fuerzas de liberación. La globalización, por supuesto, no es una única cosa, y los múltiples procesos que reconocemos como globalización no están unificados ni son unívocos. Nuestra tarea política, argumentaremos, no es, simplemente, resistir a estos procesos, sino reorganizarlos y redirigirlos hacia nuevos fines. Las fuerzas creativas de la multitud que sostienen al Imperio son también capaces de construir un contra-Imperio, una organización política alternativa de los flujos e intercambios globales. Las luchas para contestar y subvertir al Imperio, como asimismo aquellas para construir una alternativa real, tendrán lugar en el mismo terreno imperial –y desde luego esas luchas ya han comenzado a emerger. Por medio de esas luchas y muchas más como ellas, la multitud deberá inventar nuevas formas democráticas y un nuevo poder constituyente que habrá de llevarnos algún día a través y más allá del Imperio.”

Extraído de

http://www.uv.es/~conrad/iesaltopalancia/departamentos/imperio/imperio.html