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EN LOS ORÍGENES del pensamiento autónomo: obrerismo, post-obrerismo, composicionismo – Franco Berardi ‘Bifo’

Traducción del italiano: Diego L. Sanromán.

La corriente de pensamiento que viene a definirse como “obrerismo” toma forma en Italia a partir de los primeros años sesenta, en un contexto de transformación cultural profunda: por un lado, la crisis del marxismo historicista y dialéctico abre el camino a nuevas formas de pensamiento social. Por otro, surgen formas de lucha obrera que no son reductibles a la tradición de la Tercera Internacional. La vieja división entre lucha sindical y lucha política, tan fundamental para la tradición del movimiento obrero y comunista de observancia leninista, se disuelve y se vuelve imposible distinguir de forma rígida la dimensión económica y la dimensión política de la lucha de clases. De hecho, la integración creciente de los procesos de producción industrial, y sobre todo la integración entre la fábrica y la sociedad, ponen en cuestión durante estos años la vieja distinción y revelan la inmediata vocación política del movimiento de los obreros industriales.

Nuevas temáticas coloreaban el horizonte del pensamiento durante aquellos años: la distinción escolástica entre estructura económica y superestructura ideológica estaba siendo criticada y superada por un pensamiento crítico con vocación humanista, que descubría en la alienación del obrero constreñido a repetir una infinidad de veces gestos sin sentido la principal dimensión del rechazo obrero y de la rebelión contra la organización fordista del trabajo.

El concepto de alienación derivaba su importancia del encuentro entre la fenomenología existencialista y el llamado humanismo marxista, y también del descubrimiento de los Manuscritos económico-filosóficos de Marx. Dicho concepto iluminaba con una luz nueva el proceso de formación de la conciencia social antagonista, anticapitalista y revolucionaria. El conflicto no tenía únicamente sus raíces en la rígida contradicción económica (estructural) ni tenía su razón de ser y su fundamento en la adhesión a la ideología del comunismo y a las formaciones políticas revolucionarias. El rechazo de la explotación y el conflicto social nacían antes que nada de la condición existencial, del tiempo vivido de los trabajadores, de su fatiga, de su tristeza, de su consciencia de que la vida no podía reducirse al trabajo. Sigue leyendo

DICCIONARIO. Obrerismo – François Matheron (1999)

François Matheron es profesor de filosofía en París. Ha traducido varios libros de Toni Negri al francés y se ha ocupado de la publicación de la obra póstuma de Louis Althusser. Es además Co-secretario de Redacción de la revista Multitudes.

El texto que puede leerse a continuación se publicó originariamente en Georges Labica et Gérard Bensussan, ed. Dictionnaire critique du marxisme, pp. 49-56. Paris : Presses Universitaires de France, 1982 y se encuentra AQUÍ en su versión francesa.

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Movimiento teórico y político italiano, el operaísmo es fundamentalmente activo durante los años sesenta y el comienzo de los setenta. En una época donde el movimiento obrero en crisis está dominado por los debates excesivamente « ideológicos », el operaísmo se caracteriza esencialmente por proponer un « retorno a la clase obrera ». Se caracteriza por :

1) Un método. – « También nosotros hemos considerado en primer lugar el desarrollo capitalista, y sólo después las luchas obreras. Esto es un error. Es necesario invertir el problema, cambiar el signo, y recomenzar : y el comienzo es la lucha de la clase obrera » (M. Tronti, p. 105). Por lo tanto, no sólo la lucha de clases es el motor de la historia, sino que, sobretodo, la relación es asimétrica. Son los movimientos, siempre visibles, de la clase obrera los que explican los del Capital y de la sociedad capitalista, y no a la inversa.

Esta idea abstracta adquiere su sentido con la introducción del concepto composición de clase. La clase obrera no es una noción mitológica, sino un conjunto construido históricamente. Composición técnica : análisis del proceso de trabajo, de la tecnología, no en términos sociológicos, sino como sanción de las relaciones de fuerza entre las clases. Ejemplo : fordismo y taylorismo existen desde el principio para aplastar la resistencia de los obreros de oficio y de sus sindicatos imponiendo un nuevo tipo de proceso de trabajo. Conviene, pues, analizar en detalle el proceso de trabajo, sus modificaciones, para comprender lo que significa « lucha de clases » : « evidencia » marxista que no lo ha sido más. Composición política : en el seno de la clase obrera ciertas fracciones juegan un papel político menor. La clase obrera no se contenta con reaccionar frente al dominio del Capital, está inmersa en proceso continuo de recomposición política, y el Capital se ve obligado a responder con una continua reestructuración del proceso de trabajo. Conviene, por lo tanto, analizar esta recomposición política, la circulación de las luchas.

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Teoría y praxis. La experiencia del obrerismo italiano – Máximo Modonesi

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A Bernardo Bader, amigo entrañable

“Decisiva fue, entonces, la percepción de una posibilidad: la de concebir el trabajo asalariado como el episodio de una biografía, en lugar que una como cadena perpetua.”

Paolo Virno

“Alguien era comunista porque estaba tan fascinado con los obreros que quería ser uno de ellos.

Alguien era comunista porque estaba harto de ser obrero.”

Giorgio Gaber

Los años sesenta y setenta fueron los años de la llamada “nueva izquierda”, de la difusión -en el torrente de las luchas sociales- de las heterodoxias marxistas y socialistas, una época crucial cuyo análisis es indispensable para entender a la izquierda actual: sus miserias, sus riquezas y sus potencialidades. En estos veinte años de luces y sombras, de victorias y derrotas, en Italia destacó una experiencia política que, en la mejor tradición del marxismo, combinaba teoría y praxis: el obrerismo.

El obrerismo, como perspectiva teórica y como movimiento político, durante dos decenios cimbró la hegemonía del Partido Comunista Italiano (PCI), “el más poderoso de occidente” y marcó la historia del movimiento socialista en Italia, dejando huellas que llevan hasta nuestros días.

En una de las mejores historias de la Italia republicana, Enzo Santarelli sintetiza así el alcance del obrerismo: “un valor disruptivo: algo similar al sindicalismo revolucionario en otros tiempos, rehabilitan el debate y estimulan la acción. No hay sólo una intuición segura –el potencial despertar de la clase obrera–, sino también un método –la encuesta social– y una perspectiva –la democracia obrera–”.

En estas pocas páginas, trataré de dar cuenta de esta experiencia, articulando sus inseparables dimensiones teóricas y políticas, para esbozar unas reflexiones que la pongan en perspectiva.

El obrerismo, como toda corriente de pensamiento, puede reconocerse en función de dos niveles paralelos y articulados de debate: el debate hacia fuera que lo delimita como propuesta teórica y el debate interno que marca las líneas de tensión que lo caracterizan en su desarrollo. En la economía de este ensayo, privilegiaré el primer nivel, buscando sintetizar las coordenadas fundamentales que hicieron del obrerismo una página importante en la historia del pensamiento socialista que no deja de ser sugerente.

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Si es que somos humanos – Yves Le Manach

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Yves Le Manach es un tipo curioso: eso que en otros tiempos solía llamarse un ‘espíritu libre’ y, por lo tanto, incómodo. Obrero-ajustador que fue incapaz de encontrar acomodo en los espacios escolares y académicos, participó en algunas de las experiencias contestatarias más interesantes de la segunda mitad del pasado siglo. Huyendo de la esclerosis ideológica, saltó de las filas del PCF a organizaciones de izquierda comunista de tonalidades más o menos trotskistas y se acercó a los medios ácratas; después se sintió atraído por las propuestas de los socialbarbares y de los situacionistas, con los que se encontrará en diferentes lugares durante las movidas de Mayo. Tras el reflujo de las revueltas publica Bye-bye turbin (Editions Champ libre, 1973), que será uno de los libros más robados en las tiendas del Barrio Latino.

El texto que viene a continuación es una traducción de un artículo aparecido en el número 180 (enero de 1996) de la revista belga Alternative Libertaire. La versión original en francés puede encontrarse AQUÍ.

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Traducción: Diego L. Sanromán. 

Por instinto, la bestia inteligente se anticipa al deseo de su amo”.
Lu Xun, Huída hacia la luna.

La bestia arrebata a su amo el látigo y se fustiga a sí misma para transformarse en amo…”
Kafka, Diarios.

El militante no conoce la duda

Más allá de nuestras convicciones, los hábitos que heredamos de nuestro medio social, de nuestra escolarización, de nuestras lecturas, de nuestros encuentros… influyen en nuestra manera de aprehender el mundo. Y así divulgamos un conjunto de ideas, en las cuales creemos con certeza, pero que acaso son irracionales pues rara vez son objeto de un debate particular.

Puede percibirse un comportamiento semejante en lo que concierne a una noción como ideología. Algunos parecen pensar que la ideología es un útil del cual debemos servirnos (1), mientras otros parecen pensar que una actitud ideológica es criticable (2). En función de nuestra posición respecto a esta noción, tendremos actitudes diferentes frente a nociones tales como militantismo, trabajo o clase obrera.

La noción de ideología fue desarrollada por Marx y, en consecuencia, han sido los marxistas quienes más se han enfrentado en torno a esta cuestión. Según defiendan la necesidad de poseer una ideología marxista o critiquen toda ideología como expresión de una separación social, los marxistas se dividen en marxista ortodoxos (marxistas-leninistas) o marxistas no-ortodoxos (a menudo cercanos al espíritu libertario). Wilhelm Reich decía que “la ideología de una sociedad no sólo refleja sus procesos económicos, sino que tiene también como función la de inculcar los procesos económicos en la estructura psicológica de cada elemento que compone dicha sociedad” (3). Y Fredy Perlman que “el papel de la ideología capitalista es mantener el velo que impide a la gente ver que sus propias actividades reproducen la forma de su vida cotidiana” (4).

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