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¿QUÉ SIGNIFICA hoy autonomía? – Franco Berardi ‘Bifo’ (2003)

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Subjetivación y no sujeto

No pretendo hacer una reconstrucción histórica del movimiento de autonomía, sino tan sólo tratar de comprender su especificidad histórica volviendo sobre conceptos como rechazo del trabajo y composición de clase. Los periodistas usan el término operaismo para designar un movimiento político y filosófico que apareció en Italia en los años 60. A mí no me gusta ese término porque reduce la complejidad de la realidad social al mero dato de la centralidad de los obreros industriales en la dinámica social de la modernidad tardía. La centralidad de la clase obrera ha sido uno de los grandes mitos políticos del siglo XX, pero el problema que nos tenemos que plantear es el de la autonomía del espacio social frente al dominio capitalista, y el de las diferentes composiciones culturales, políticas e imaginarias que elabora el trabajo social. Por eso prefiero emplear la expresión composicionismo para designar ese movimiento de pensamiento.

Lo que me interesa subrayar de la operación filosófica del llamado operaismo italiano es el desmontaje de la noción de sujeto que el marxismo heredó de la tradición hegeliana. En lugar del sujeto histórico, el composicionismo empieza a pensar en términos de “subjetiv/acción”. El concepto de clase social no tiene una consistencia ontológica, sino que debe entenderse como un concepto vectorial. La clase social es proyección de imaginaciones y proyectos, efecto de una intención política y de una sedimentación de culturas. Sigue leyendo

LA SOBRECARGA DIGITAL nos está friendo los sesos – Entrevista con Maggie Jackson

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[Traducción del inglés: Diego L. Sanromán]

En Distracted: The Erosion of Attention and the Coming of Dark Age, Maggie Jackson explora los efectos de “nuestra hiper-veloz, sobrecargada, desenfocada e incluso cibercéntrica sociedad” sobre la atención. No es un cuadro bonito: una interminable corriente de llamadas telefónicas, correos electrónicos, mensajes instantáneos, SMS y tweets forma parte de una cultura institucionalizada de la interrupción y hacen difícil concentrarse y pensar de forma creativa.

Desde luego, cualquier etapa de la modernidad se ha visto afectada por sus nuevas tecnologías. “El telégrafo debe de haber influido tanto en la psique de los victorianos como la Blackberry lo hace en la nuestra”, afirma Jackson. “Pero, al mismo tiempo, esto no significa que no haya cambiado nada. La cuestión es: ¿cómo afrontamos nuestros retos?”.

Wired.com: ¿Existe una base científica real sobre la atención?

Maggie Jackson: En los últimos 30 ó 40 años, los científicos han hecho incursiones en la comprensión de sus mecanismos subyacentes y su fisiología. La atención se considera ahora un sistema orgánico. Tiene sus propios circuitos en el cerebro y existen redes especializadas que se ocupan de sus diferentes formas. Cada una de ellas es muy específica y puede ser localizada mediante neuroimagen e incluso cierto tipo de investigación genética. Sigue leyendo

La Fábrica de la Infelicidad – Franco Berardi ‘Bifo’ (2003)

A diferencia del trabajador asalariado clásico, a quien el empresario debía garantizar una cobertura asistencial, una pensión y vacaciones pagadas, el trabajador autónomo debe hacerse cargo de tal protección, descargando así al capitalista de los costes indirectos del trabajo. Desde el punto de vista cultural, el trabajador autónomo se ve empujado a identificarse psicológicamente con su tarea, a considerar su trabajo como una misión existencial que la sociedad le ha encomendado y a cargar con un logro o un fracaso cuyo significado no es sólo económico. La desafección, que en el caso del trabajador asalariado podía manifestarse frente a su trabajo y a su fábrica, resulta así cancelada de raíz, porque el trabajador se ve empujado a actuar como su propio guardián y a considerar el trabajo como el ámbito de confirmación principal de su vida. En la ideología del trabajo autónomo hallamos huellas evidentes de las culturas que animaron las protestas antiindustriales de los años sesenta y setenta. Pero trabajo autónomo y trabajo creativo no son necesariamente la misma cosa. Al contrario. Podemos definir como autónomo al trabajador que mantiene una relación directa con el mercado, que se dedica a vender directamente el producto de su trabajo a alguien que se lo encarga y que, por tanto, carga sobre sí las funciones económicas y financieras de la empresa. Pero en la mayor parte de los casos, el infotrabajador pone su creatividad y sus conocimientos al servicio de un patrón, según los modos clásicos del trabajo asalariado, a pesar de que no sea personalmente identificable con el viejo patrón de la fábrica, patrón que presenta las características de una sociedad anónima y cuyas decisiones no son discutibles ni cuestionables porque aparecen como el producto de automatismos tecnológicos o financieros. Cuando el trabajo tiende a convertirse en su generalidad en trabajo cognitivo, la cooperación social encuentra en la red su ámbito más adecuado. El trabajo cognitivo se manifiesta como infotrabajo, es decir, como infinita recombinación de miríadas de informaciones que circulan sobre un soporte de tipo digital. Cuando la cooperación social se convierte en transferencia, elaboración y descodificación de informaciones digitalizadas, está claro que la red le sirve de ambiente natural.

El carácter no jerárquico de la comunicación en red se hace predominante en el conjunto del ciclo del trabajo social. Ello contribuye a representar el infotrabajo como trabajo independiente. Pero, como ya hemos visto, tal independencia es una apariencia ideológica, bajo la cual se va formando una nueva forma de dependencia que cada vez tiene menos que ver con la jerarquía formal, con el mando voluntario y directo sobre el gesto productivo. El infotrabajo se encarna cada vez más en la fluidez automática de la red: interdependencia de fragmentos subjetivos separados pero objetivamente dependientes de un proceso fluido, de una cadena de automatismos externos e internos al proceso de trabajo, que regulan cada gesto, cada fragmento de éste. Aquellos que desarrollan tareas ejecutivas, tanto como los que desarrollan tareas empresariales, perciben con agudeza la sensación de depender de un flujo que no se interrumpe y al que no se pueden sustraer sin pagar el precio de la marginación. El control sobre el proceso de trabajo no es realizado por una jerarquía de jefes y jefecillos, como sucedía en la fábrica taylorista, sino que está incorporado al flujo.

Franco Berardi Bifo, La fábrica de la infelicidad. Nuevas formas de trabajo y movimiento global, Traficantes de Sueños, Madrid, 2003, pp. 74-75. Traducción y notas: Manuel Aguilar Hendrickson y Patricia Amigot Leatxe.

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Psicología crítica

Como siempre, muy recomendable el último número de la revista Archipiélago. Por el momento llevo leidas la entrevista a Guillermo Rendueles y el artículo de Franco Berardi sobre las patologías de la hiperexpresividad.

Rendeules habla sobre el tránsito de la “explotación” a la “persecución”, de la individualización del sufrimiento, y de la gestión “psi”, del abuso del sector farmaquímico, y de las soledades y angustias que encuentran como muro de las lamentaciones la figura del psiquiatra actual. Todo ello con la honestidad, contundencia y compromiso que caracteriza a Rendueles y con su perspectiva de psiquiatra catacaldos, que tiene su mente abierta a cualquier lectura, provenga del campo que provenga.

Franco Berardi (Bifo) continuando con temas anticipados ya en La fábrica de la infelicidad, escribe sobre el tránsito de las patologías de la represión (Freud) a las de la hiperexpresividad, debidas en su opinión, al incremento de la cantidad de información que hay que procesar y sus patologías asociadas (estrés, “ansiedades”, ataques de pánico…), y la consecuente medicalización y gestión de ese shock cognitivo.

Como digo, otro excelente número, de una revista imprescindible en el panorama editorial español.

(José Luis)