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NOVEDAD. ‘Crédito a muerte’ – Anselm Jappe

Editorial: Pepitas de Calabaza. Traducción: Diego Luis Sanromán.

El declive del capitalismo, convertido ya en una evidencia, no siempre constituye la confirmación de las críticas que le han dirigido sus adversarios tradicionales. Se diría, por el contrario, que los viejos antagonistas caminan de la mano hacia el mismo vertedero de la historia. La cuestión de la emancipación social empieza a plantearse de una forma nueva. Hay que volver a pensarla. Y esto es lo que se ha propuesto la «crítica del valor» […]Ha surgido una crítica del capitalismo contemporáneo muy diferente de las evocadas hasta ahora. Una crítica que se pregunta: ¿y si la financiarización, lejos de haber arruinado la economía real, la hubiese, por el contrario, ayudado a sobrevivir más allá de su fecha de caducidad? ¿Y si le hubiese insuflado aliento a un cuerpo moribundo? ¿Por qué estamos tan seguros de que el capitalismo haya de escapar al ciclo del nacimiento, el crecimiento y la muerte? ¿No podría ser que contenga unos límites intrínsecos de su desarrollo, unos límites que no residen solamente en la existencia de un enemigo declarado (el proletariado, los pueblos oprimidos) ni en el simple agotamiento de los recursos naturales? […]

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Teórico del valor y especialista en Guy Debord, Anselm Jappe es autor de: Guy Debord (Anagrama, 1998); Les Aventures de la marchandise. Pour une nouvelle critique de la valeur (Denoël, 2003) y Les Habits neufs de l’empire, con R. Kurz (Lignes, 2004). En Pepitas de calabaza publicó en 2009, junto a Robert Kurz y Claus-Peter Ortlieb, El absurdo mercado de los hombres sin cualidades. Ensayos sobre el fetichismo de la mercancía.El presente volumen reúne sus últimos trabajos de investigación. Revisados y enriquecidos para esta edición, los textos aquí incluidos se esfuerzan por exponer sus propios presupuestos teóricos y constituyen un primer acercamiento a la teoría del valor y, al mismo tiempo, su aplicación a diferentes propósitos.

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[…] La actual descomposición del sistema no es en modo alguno resultado de los esfuerzos de sus enemigos revolucionarios, ni siquiera de cierta resistencia pasiva —por ejemplo, frente al trabajo—. Se deriva más bien del hecho de que la base de la vida de todos y cada uno de nosotros en la sociedad mercantil, es decir, la perpetua transformación de trabajo en capital y de capital en trabajo —en consecuencia, el consumo productivo de la fuerza de trabajo y la valorización del capital— está agotándose a ojos vista, a causa esencialmente de la sustitución de la fuerza de trabajo vivo por las tecnologías. […]

JAIME SEMPRUN ‘IN MEMORIAM’ (1947-2010): El Fantasma de la Teoría. Notas sobre el ‘Manifiesto contra el Trabajo’.

Quisiera exponer aquí las razones por las cuales diversos ensayos recientes de “teoría radical” me parecen tener algo de irreal, de hueco, y en cualquier caso de fantasmal, en el sentido de que en ellos falta, en mi opinión, lo que era la carne y la sangre, o el nervio, si se prefiere; en resumidas cuentas, la vida de las teorías revolucionarias de la sociedad. Ello me llevará evidentemente a decir algo de lo que es, o más bien de lo que era, la teoría revolucionaria, en la época en que existía tal cosa, y por qué creo que ya no sucede así.

Pero antes tengo que considerar dos objeciones susceptibles de pasarle por la cabeza al lector. La primera es que los textos que he tomado como ejemplo son demasiado disímiles, tanto por su contenido como por su tono, por no hablar de su calidad, para poder ilustrar ninguna consideración sobre “la teoría”. Responderé que precisamente, esta innegable diversidad permite darse cuenta mucho mejor de hasta qué punto la ambición teórica que les es común constituye un escollo para encarar lúcidamente algunos de los aspectos principales de la realidad presente (lo que no obstante debería ser la función de una teoría crítica de la sociedad).

La segunda objeción posible es que al tachar así de irrealidad, o incluso de artificiosidad, unos ensayos de teoría que representan más bien la flor y la nata de este género, me presto a una especie de alegato pro domo, con toda la mala fe que ello puede implicar, puesto que hace ya algunos años [1] sostuve que la imagen de un cadáver en descomposición bastaba para hacerse una buena idea de una sociedad cuyas corrupciones variadas y cambiantes, “mezclándolo todo y desfigurándolo todo”, nos la tornan tan penosamente ilegible; y añadía que, en efecto, ya no era el momento de analizar en detalle el funcionamiento de algo que básicamente no funciona: “no se hace la anatomía de una carroña cuya putrefacción borra las formas y confunde los órganos”[2]. Sigue leyendo

LA IDEOLOGÍA del fracaso – Diggers (1966)

Traducción del inglés: Diego L. Sanromán

[…]

Si hay alguna diferencia, es muy leve. Los valores, objetivos, reacciones y actitudes del hipster y de la clase media (al igual que los de comunistas, fascistas, socialistas y monárquicos), ofrecen diferentes estilos, pero conducen al mismo fin: el éxito personal, nacional o racial. “Rien ne reussi comme le suces” [sic].

El hipster, de todos modos, provoca la indignación de sus aliados con su farsa de la ‘rectitud’ y su alienación de las normas sociales de moralidad y atuendo. Es la perfección del éxito: liberado de la inhibidora existencia de la conformidad burguesa y acomodado en una felicidad plena que combina el más alto placer material con una completa falta de compromiso con el humanismo de clase media.

Se le odia, se le teme y se le envidia. Es un tío que puede cantar sobre los males del mundo, la belleza del contacto, la delicadeza de las flores, y lanzar gritos sistemicidas mientras extrae su margen de ganancia en una economía de guerra y mantiene su confort al nivel de un consumidor de lujo. (Ah, perdona. Ya veo. El hipster educa a la masa y lo que cobra es algo anecdótico… en comparación con los millones de conversos a los que ha inspirado con su amor confeccionado. Eh, pues vale…).

Pues bien, cuando alguno de nosotros cae en la misma situación, bien por fama bien por fortuna, nos miramos y recordamos la ‘movida’ que nos sacó a la luz (0) y reaccionamos. Podríamos abrir centros de paz con nuestro dinero y contribuir a la causa de la libertad, o podríamos dejarnos caer en el “a quién la importa” y amasar fortunas, o podríamos retirarnos de nuevo y volver a los bosques, y contemplar el sinsentido de hacer lo que hacemos fuera del marco de una realidad que puede integrar y mercantilizar a cualquiera, cualquier cosa, en cualquier momento. Y entonces podríamos empezar a comprender que si no se lleva a cabo algún intento de manejar el mundo con amor, se saldrá de quicio y arrasará con todo, incluidos los bosques.

Y así, nos mantenemos al margen. No seguiremos, sencillamente no seguiremos jugando el juego. Regresamos a la próspera sociedad de consumo y nos negamos a consumir. Y nos negamos a consumir. Y hacemos lo que hacemos por nada. Sin duda, vivimos nuestra propuesta. Todo lo que hacemos es gratis porque somos unos fracasados. Como no tenemos nada que perder, nada perdemos.

No volverán a frustrarnos las románticas trampas de los mercaderes de la conciencia expandida. El amor no es un concierto con un bonito juego de luces a 3 pavos por cabeza. No es una Feria “Libre” del Artist Liberation Front (1) con puestos de comida y seudo-psicodelia. Es la Mime Troupe de San Francisco (2) dando Espectáculos Gratuitos en los parques, aunque se viera aplastada por una feroz deuda de 15000 dólares. Es Arthur Lisch, bajo una bandera azul en Hunters Point, rascando la herrumbre del monumento a Matthew Johnson (3), todos los días de dos a cinco. Es la comida gratuita en el Panhandle, donde todo el mundo puede hacer lo que quiera con la comida que se comparte. Es amor. Y cuando el amor hace lo que hace, lo hace por amor y se aleja de los falsos testimonios de los Chupapolis y de los Muertos Felices.

Mostrar amor es fracasar. Amar fracasar es la Ideología del Fracaso. Muestra Amor. Haz lo tuyo. Hazlo GRATIS (4). Hazlo por amor. No podemos fracasar. Y Mr. Jones nunca sabrá lo que está pasando aquí… ¿O sí, Mr. Jones? (5)

[Publicado en Berkeley Barb, Nov. 18, 1966. Firmado: George Metesky (6)]

 

NOTAS

(0) Cinco de los diggers originarios fueron detenidos, juzgados y liberados en noviembre de 1966 por haber interrumpido el tráfico en las calles del barrio de Haight Ashbury de San Francisco con su Intersection Game.

(1) ALF: Organización de artistas fundada en San Francisco en el año 1966 con el fin de prestarse apoyo mutuo y llevar a cabo acciones directas contra el establishment artístico. Su primera Free Art Fair tuvo lugar el 1 de octubre de 1966.

(2) Grupo de teatro-guerrilla encabezado por Ron Davies. Los diggers originarios estuvieron, de un modo u otro, implicados en las acciones de la SF Mime Troupe.

(3) Matthew “Peanut” Johnson: adolescente negro asesinado por la policía. Su muerte se encuentra en el origen de los motines de Hunters Points (San Francisco) y, en cierta manera, de los diggers como grupo autónomo.

(4) El lema de los diggers era, precisamente, “Everything is free, do your own thing”.

(5) Referencia a la canción de Bob Dylan Ballad of a Thin Man, incluida en el álbum de 1965 Highway 61 Revisited, cuyo estribillo dice: “Because something is happening here / But you don’t know what it is / Do you, Mister Jones?

(6) George P. Metesky (1903-1994), conocido también como Mad Bomber. Durante las décadas de los cuarenta y los cincuenta puso 33 bombas en diversos lugares de la ciudad de Nueva York, 22 de las cuales explotaron causando una quincena de heridos.

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Los diggers fueron un pequeño grupo de activistas del ámbito contracultural del San Francisco de la segunda mitad de los sesenta. Se hicieron sobre todo conocidos por poner en escena, aquí-ahora y sin mediaciones, el sueño de una vida libre y gratuita (free) (distribuyendo comida, abriendo tiendas en las que todo se regalaba, organizando fiestas multitudinarias…) y por reclamar la calle como teatro de sus acciones políticas, críticas, subversivas y festivas.

En fechas cercanas, la editorial Pepitas de Calabaza publicará Los Diggers. Revolución y contracultura en San Francisco (1966-1968) de Alice Gaillard. 

 

Texto original en inglés en www.diggers.org

GÜNTER ANDERS, la bomba en bikini – Fabrice Hadjaj (2006)

anders

 
Visit Multitud

El 5 de julio de 1946, una bailarina del Casino de París, llamada Micheline, presenta el “más pequeño traje de baño del mundo”: fue diseñado por Louid Réard, especialista en maquinaria recicladora de ropa interior, y lo llamará Bikini, nombre del atolón donde los americanos acababan de realizar sus nuevos ensayos nucleares. Nagasaki no había sido suficiente. Los tests se habían demostrado finalmente letales por la carbonilla radioactiva para personas que se encontraban muy alejadas del lugar de la explosión. El locutor de radio Kuboyama, además, falleció en el acto. ¿Nuestro fabricante no vio acaso una oportunidad comercial? ¿No demostraba que las cenizas radioactivas podrían llegar hasta nuestras playas? Los americanos llamaron a sus bombas, “Little Boy” o “Grandpa”. Ahora se imponía una familiarización inversa: no era la bomba la que tenía un nombre común, era la bañista quien debía convertirse en una “bomba sexual”. Designar el objeto no en términos de vida y de intimidad sino de explosión y muerte no es para nada inocente. Es cuando menos un mal augurio, y convendría escribir toda una estética sobre el “pasárselo bomba”, desde la juerga entre amigos hasta el atentado suicida pasando por el dripping y el zapping, para comprender hasta que punto los tres pequeños triángulos sostenidos por hilos son el signo, como una estrella de David explotada, de la desesperante amenaza atómica.

Sucede que ya no vivimos en una época, sino en su prórroga. Günther Anders ya nos advirtió: nuestra existencia transcurre no solo bajo la inminencia de una muerte individual, sino de una destrucción planetaria. Su obra se esfuerza por sacar todas las consecuencias posibles de lo dicho. Como ya tiene sus años, sobre una cuestión tan actual, la podríamos creer obsoleta. Pues ni mucho menos. Durante mucho tiempo guardada en la sombra, como un gran vino de reserva, ha mejorado para ahora ofrecernos la sobriedad propia del momento de resaca de una borrachera. No es el entusiasmo ni el furor del momento lo que nos preocupa sino la excepcional pertinencia de conceptos que dominan el panorama actual y señalan a lo esencial. A este rigor se une la grandeza de un estilo que sabe conjugar la exposición con la palabra, el silogismo con la anécdota, la seriedad con el humor, con una mezcla de profundidad sutil y de alegría angustiosa que recuerda a Kierkegaard.
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LA CONQUISTA del espacio, los Cyborgs, el poder…

EN EL CUARENTA ANIVERSARIO DEL ALUNIZAJE DE AMSTRONG, COLLINS Y ALDRIN

CYBORG

Multitud conmemora a su manera la llegada del hombre a la Luna. Os ofrecemos dos textos muy dispares, que además se acercan al acontecimiento de forma –por así decir- asintótica, bordeándolo, evitando el enfrentamiento directo.

El primero, por razones, obviamente cronológicas: cuando Clynes y Kline redactaron el texto, la conquista del espacio aún no era una realidad tangible, sino más bien un proyecto a largo o medio plazo en el que, por otro lado, los hombres de ciencia y los ingenieros estadounidenses se disputaban el prestigio internacional frente a la superpotencia enemiga, la URSS. El texto en cuestión (Cyborgs & Space) se publicó en forma de artículo en la revista  Austronautics en septiembre de 1960 y es sobre todo conocido por ser el primero en el que aparece el término Cyborg en un contexto tecnocientífico. En él, los autores argumentan la necesidad de modificar el organismo de los viajeros espaciales por medios electro-químicos con el fin de permitir su adaptación a entornos cuyas condiciones difieren de las terrestres. Que yo sepa, es la primera vez que el texto se ofrece en castellano.

El segundo se publicó exactamente nueve años después del primero y apenas unos tres meses después del primer alunizaje. Apareció en las páginas del último número de la revista internationale situationniste y su autor es el venezolano Eduardo Rothe. Su contexto, perspectiva y orientación son, pues, muy diferentes del anterior. La lectura del acontecimiento es política, más que científico-ingenieril: la ciencia y la técnica modernas –viene a decir Rothe- han sido sometidas a las necesidades del capital; sin embargo, no se trata de una fatalidad:  bastaría con liberarlas y reintegrarlas revolucionariamente en el marco de una comunidad de “amos sin esclavos” para que dejasen de ser instancias alienantes y se convirtieran en instrumentos de emancipación.

[Traducción de los textos: Diego L. Sanromán]

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LOS CYBORGS Y EL ESPACIO

Manfred Clynes & Nathan Kline (1960)

Los viajes al espacio suponen un desafío para la humanidad no sólo tecnológica sino espiritualmente, en tanto en cuanto invitan al hombre a tomar parte activa en su propia evolución biológica. Los avances científicos del futuro podrán ser utilizados para permitir la existencia humana en entornos que difieren radicalmente de aquellos producidos por la naturaleza tal como la conocemos.

La tarea de adaptar el cuerpo humano a cualquier entorno de su elección será cada vez más fácil gracias al creciente conocimiento del funcionamiento homeostático, cuyos aspectos cibernéticos, por el momento, sólo están comenzando a ser comprendidos e investigados. En el pasado la evolución operaba alterando las funciones corporales para adaptarse a diferentes entornos. Desde ahora, será posible conseguirlo hasta cierto punto sin alterar la herencia mediante modificaciones bioquímicas, psicológicas y electrónicas ajustadas al modus vivendi humano actual. [DESCARGAR TEXTO COMPLETO EN PDF]

– ARTÍCULO ORIGINAL EN INGLÉS.

 

astronaut

 

LA CONQUISTA DEL ESPACIO EN EL TIEMPO DEL PODER

Eduardo Rothe (1969)

1
La ciencia  al servicio del capital, de la mercancía y del espectáculo no es otra cosa que el conocimiento capitalizado, fetichismo de la idea y del método, imagen alienada del pensamiento humano.

2
Hace tiempo que el poder del conocimiento se ha transformado en conocimiento del poder. La ciencia contemporánea, heredera experimental de la religión de la Edad Media, cumple –en relación con la sociedad de clases- las mismas funciones: compensa con su eterna inteligencia de especialista la estupidez cotidiana de los hombres. Canta en cifras la grandeza del género humano, cuando no es otra cosa que la suma organizada de sus limitaciones y de sus alienaciones. [DESCARGAR TEXTO COMPLETO EN PDF]

 

[Desearía agradecer la ayuda involuntaria e inconsciente que me ha prestado Igor Sádaba en la traducción del artículo de Clynes y Kline; unos cuatro o cinco párrafos de mi versión no son, en realidad, míos, sino suyos y pueden encontrarse en el segundo capítulo de su libro Cyborg. Sueños y pesadillas de las tecnologías. DLS]